La propuesta

El domingo por la tarde, cuando Emma llevaba de vuelta a Henry a casa, Emma se sorprendió al ver a Regina en el umbral de la puerta, esperándola.

«No me he retrasado, espero» dijo Emma, algo inquieta por la presencia de la joven.

«En absoluto, Miss Swan, por una vez, ha sido puntual»

«Bien, Henry ha merendado y ha hecho sus deberes»

«Perfecto. Miss Swan, desearía que mañana al mediodía venga a casa, me gustaría conversar con usted sobre algunos temas»

«¿Cuáles?»

«Varias cosas y creo que su presencia es absolutamente necesaria porque necesitará su opinión sobre cierto tema»

«¿Mi opinión?»

Emma elevó una ceja mostrando sus sospechas. Regina la miraba de una manera extraña, como si tuviera una idea terrible en mente.

«¡Hasta mañana, Miss Swan!» dijo la morena sonriendo felizmente y cerrando la puerta en la cara de una intrigada rubia.

La noche fue difícil para la sheriff imaginándose que finalmente Regina se había decidido a hablarle de la custodia de Henry y de la manera de proceder con ello, pero ¿por qué esa mujer que se había mostrado intransigente sobre ese tema se mostraba de repente tan conciliadora? Emma sospechaba de un tejemaneje maquiavélico como solamente la alcaldesa sabía hacer.

Para Regina fue de manera completamente diferente, vio el film por segunda vez, sintió una vez más la necesidad de satisfacer su deseo, pero era sobre todo para convencerse de una cosa. La noche transcurrió para ella sosegada después de una larga ducha caliente bajo la que se puso a pensar en cada palabra que utilizaría al día siguiente.

Cuando Emma tocó al día siguiente al mediodía en la mansión, lo hacía habiéndose vestido de una forma más correcta a como lo hacía habitualmente, quizás con la flaca esperanza de ganarse el favor de Regina apareciendo un poco más presentable. De todas maneras, sentía una intensa inquietud.

Regina, por su parte, no había salido de casa en toda la mañana, había avisado a su secretaria de que trabajaría en casa. La verdad es que no había hecho nada, como un depredador en su jaula, daba vueltas esperando a Emma. Cuando la escuchó tocar a la puerta, se alegró. Abrió la puerta e hizo entrar a la rubia. Esta última la siguió hasta el despacho, donde se quitó el abrigo y lo dejó sobre una silla.

«No voy a retenerla mucho tiempo, querida, así que no le voy a proponer que se ponga cómoda, estoy segura de que no me lo echara en cara»

Susurró entre dientes Regina, que estaba espléndida, se había puesto una blusa muy escotada y se podía oler un caro perfume emanar de su persona. Emma estaba mareada, aunque el perfume era ligero y no embriagaba mucho, era sugestivo.

«Bien» comenzó la morena

«¿Puedo sentarme al menos?» pidió educadamente Emma

«Sí, claro. Entonces, querida voy a pedirle algo y no quiero sino una respuesta, un sí o un no, no deseo una diatriba sobre el tema, ni preguntas personales sobre el asunto que me trae hoy aquí»

«Ya veo, estamos en un intercambio igualitario, como siempre Regina» suspiró la joven rubia

«Para que haya un intercambio igualitario, sería necesario que lo fuéramos»

«¿Perdón?»

«Pues que no estamos en igualdad, querida, poseo una cosa que me coloca definitivamente por encima de usted, diga lo que diga…y haga lo que haga»

«Bien, conocía sus actitudes, aptas para la dominación de sus empleados, pero me gustaría saber qué haría de mí su devota sheriff»

«Le voy a esclarecer la situación, querida»

Regina, entonces, giró el portátil y le dio al play en el film en cuestión. Dejando que avanzara en un silencio mortal, Emma miró la pantalla, su mirada era fría y apagada.

«Bueno, creo que sobran los comentarios, así que le voy a decir lo que va a pasar. Tengo sobre la mesa dos contratos, y uno no funciona sin el otro»

Regina evitó voluntariamente la mirada de Emma para no sentir remordimientos. Esperaba protestas y llantos, pero nada vino. La rubia la miró fríamente, habría podido leer una furiosa cólera y profundo desprecio. Regina colocó frente a Emma una copa de alcohol.

«Así que, la voy a sorprender, no se trata de negociar su marcha de Storybrooke»

«Me sorprende, en efecto» respondió la otra mujer con un tono glacial

«Oh, creo que en el día de hoy va a tener bastantes sorpresas. Veamos, he aquí el primer contrato, la dejo que lo lea»

Empujó el contrato hacia Emma. Este solo estipulaba una cosa: el número de días que Emma estaría disponible por las tardes para "hacerle compañía" a Regina. El contrato era corto, sin clausulas particulares, ni estipulaba lo que quería decir con "hacer compañía".

«¿Qué es esta broma?» preguntó Emma

«Imagino que quiere explicaciones, bien, ese contrato la une a mi durante un período de seis meses, yo puedo romperlo en cualquier momento, usted también, pero usted no lo hará, porque si no, haré público lo que usted sabe, de un momento a otro. Por otro lado, hacer compañía es el equivalente a lo que parece que usted sabe hacer mejor que su trabajo de sheriff, es decir, satisfacerme sexualmente durante seis meses y después, si las dos sentimos placer en ello, ya veríamos, quien sabe si ya no fuera necesario ese contrato, pero… Creo que lograré rápidamente darle la vuelta a lo que quiero con usted sobre ese tema»

Emma, que había cogido el vaso diciéndose que en ese momento lo necesitaba, se atragantó con la bebida.

«¿Pe…perdón? ¿Se quiere acostar conmigo? ¿Durante seis meses a razón de tres veces a la semana como máximo si usted lo desea?»

«Sí, y si lee bien el contrato, me propongo remunerarla por eso. Un precio bastante honorable, pero no la primera vez porque necesitaré saber si está a la altura…»

Regina esbozó una sonrisa. A pesar del ligero color que tomaban sus mejillas ante tal pedido, lo estaba menos que Emma, que estaba de un rojo escarlata.

«Pero…¡Pero está totalmente enferma!» gruñó Emma, totalmente indignada «¿Por quién me toma? ¡Nunca firmaré eso! ¡Nunca!»

«Siéntese, Miss Swan e intente razonar un momento. Ese contrato tiene un bonus que es el permitirle el derecho de visita de Henry dos fines de semana al mes y una semana cada tres meses, me parece honesto, ¿no?»

«¿Se atreve…a mezclar a Henry en sus cuestionables transacciones? ¿En serio?»

«Digamos que pensé que usted quería sacar algún provecho de la situación»

Emma intentó mantener toda su calma y sacar pensamientos coherentes de su cerebro.

«Bien, ¿qué ocurre, Regina? No comprendo…¿Por qué quiere acostarse conmigo? No creo que una corta carrera en la industria del porno haga de mí una…»

No conseguía decir la palabra que se bloqueaba en su garganta

«Dije sin preguntas, Miss Swan, no es necesario, firme y vaya a seguir con su trabajo»

El tono autoritario de la alcaldesa indicaba claramente que deseaba que el trato tuviera lugar rápidamente y sin discusión.

«Si me dijera el verdadero problema, quizás podría ayudarla, antes que pedir servicios cuestionables»

«¿Acaso tiene miedo de no estar a la altura?»

«No creo que aquí sea yo la que tenga un problema con "eso". Deje de esquivar la situación, dígame por qué ha llegado a este extremo…»

«¿Está atónita porque tiene una alta opinión de mi moralidad, Miss Swan?»

«Digamos eso, ha criado a Henry con unos fuertes valores que también comparto, no la veía solicitando mis "servicios" para este tipo de cosas, y aún menos proponerme remunerarme por ello»

«Olvide mi pedido si no le conviene, y todo estará bien, le aseguro que no la tomo por una…»

«¿Una prostituta?»

«Sí, digámoslo así, nunca le he demostrado una gran estima, pero no opino así»

«Es un poco tarde para decir eso, he creído comprender que pensaba que yo no iba a rechazar su trato…¿Se da cuenta? ¿Y si Henry se entera? ¿Cree que va a pasar por la heroína? ¿La madre honorable? ¡No, porque todos, TODOS sabrán que es idea suya! ¡Y tendrá más enemigos que aliados! Me toma por una imbécil, Regina, pero sé lo que valen las personas aquí y sin duda, mejor que usted. ¡No son todos unos cretinos que me juzgarán mal porque con 18 años haya tenido una reprobable experiencia! ¿Quién en esta ciudad no la ha tenido? ¡Tengo también en mi posesión las infracciones de unos y otros…! ¡Nunca, entiende, NUNCA dejaré que me dicte lo que debo hacer o dejaré que me ponga a su merced, sus asquerosos delirios no son y NUNCA serán aceptables y es lamentable, la creía mejor que esto, Regina!»

Emma cogió su abrigo, dispuesta a salir de la mansión antes de lo previsto.

«Bien, entonces, ¿qué propone usted, Miss Swan? ¿Como trato que pueda interesarme en algo? ¿Qué gano yo si le concedo tiempo con mi hijo?»

Emma no dijo nada, se giró hacia la alcaldesa, se volvió a sentar y la miró durante un largo instante. Regina estaba desconcertada por la suficiencia que mostraba la mujer que tenía delante, que parecía lejos de ser el prototipo de persona sumisa que ella se figuraba, quizás con razón o no, que sería.

«¿Qué quiere? ¿Excusas quizás?»

La ceja de Regina se arqueó ante la pregunta

«Podría ser un comienzo, pero prefiero hacer otro pedido» replicó fríamente Emma

«Diga entonces…»

«Me gustaría que…que dejemos de pelear delante y sobre Henry, eso le perturba y yo estoy cansada. Pongámonos de acuerdo sobre mis derechos de visita de manera oficial si lo desea, eso evitará las fugas y su necesidad constante de comprobar si yo no voy a conspirar contra usted, su paranoia es agotadora, Regina…»

«Vale, ¿otra queja?»

«Es la única, por supuesto me gustaría que nos lleváramos mejor y con un respeto mutuo que podría conducirnos a…»

«¿Una bella y franca amistad como con su "amigo" Killian?»

La morena interrumpió a la rubia contestando de manera sarcástica mientras miraba fijamente su vaso sobre la mesa. Emma se quedó asombrada ante su respuesta. Se echó a reír, incapaz de contenerse.

«No veo lo que es tan divertido…»

«No, es patético…De verdad, está celosa»

«¿Celosa? Pero está soñando, querida»

«Ah no, ¿no es así cuando está cerca Neal, Killian o Ruby? Deje, por favor, de negarlo o hable de ello con su psiquiatra…de verdad, Regina…»

Emma suspiró mientras reía. Al comprender que, al final, no tenía nada de divertido, se detuvo y miró a Regina.

«Soy su tipo, eh…»

«¿Perdón?»

«Su tipo de mujer…»

«Está divagando, querida, confunde atracción sexual y atracción romántica…»

«Tonterías…Ni siquiera soporta a mis amigos hombres»

«¿Sus amigos? Sus "amigos" sueñan con meterla en sus camas, ¿está ciega o idiota? Su Killian la desviste con la mirada constantemente, llega a ser incómodo…En cuanto a Neal, piensa, sin duda, que usted es su…»

Estaba irritada y ya no controlaba realmente lo que decía. Emma la miraba e inclinaba la cabeza, dejando que Regina se hundiera ella misma, esperando, secretamente, que se diera cuenta por ella misma de lo cómico de la situación. Pero ese no era el camino.

«Ok, no soy su tipo, solo está celosa porque sí…por principio»

«Swan…yo…»

«Sí, lo comprendo, no soy lo suficientemente buena para usted, quizás una aventura de una noche, así…una experiencia»

Emma sonrió tristemente y comenzó a creer que, quizás, era el fondo del problema.

«Yo…nunca he dicho nada parecido…está tergiversando mis palabras»

«Pero ahí están los hechos, está celosa de las relaciones sexuales que yo podría tener, tiene fantasías con mis logros en ese terreno…Pero no soy a sus ojos más que un trozo de carne en una pantalla a quien se le propone un…»

«¡Nunca he pensado eso!» se enervó la alcaldesa

«¡Entones deme una explicación válida!»

«Yo no…No la tengo Miss Swan, la considero…De verdad, yo…Soy yo la que me comporto como la última de las últimas, pero…»

«Pero, ¿qué?» casi gritó Emma «¿Se cree por encima de todo el mundo? Killian es mi amigo, un amigo que, sí, quizás tiene sentimientos hacia mí, pero él sabe que yo no lo quiero, se lo he dicho y vuelto a decir, si se queda es bajo su responsabilidad, en cuanto a Neal, solo es mi ex, yo no le pertenezco y nunca más me tendrá, perdió su oportunidad hace mucho tiempo»

«¡Bien! ¿Algo más que decirme?» se enervó de nuevo Regina

«Sí, para acabar también, podría preguntarle lo que trama con Robin que da vueltas alrededor de usted»

La cuestión bajó los humos a la morena que parecían habérsele subido.

«¡Ah! Ya veo, ¡nada que decirme! Así que, ¿qué era nuestra posible experiencia sexual? ¿Una prueba para concluir que le gusta o prefiere un hombre? Levantar cabeza después de meses…años…sin…» dijo Emma en tono sarcástico.

La mano de Regina se abatió contra la mejilla de Emma produciendo una sonora bofetada. La joven se llevó la mano a su mejilla ardiente y dejó escapar una risa fría.

«Veo que el argumento final está a la altura de sus sentimientos hacia mí»

«Emma…» suspiró Regina

«Ah, y ahora me llama por mi nombre, definitivamente…hace todo al revés»

La rubia sentía que las lágrimas afloraban, pensó que ya era el momento de desaparecer…Esa mujer la volvería loca antes de que acabase el día, y sus ideas iban desde devolverle la bofetada hasta tirarla al suelo y darle lo que ella reclamaba. Evitó prudentemente la mirada de la otra mujer porque si se la hubiera cruzado, su cólera quizás habría aumentado al segundo.

«¡Salga!» gritó Regina, ella también al borde de las lágrimas

Emma se encogió de hombros y se dirigió hacia la puerta. La morena temblaba a la vez de rabia y de desespero, acababa de ponerse en ridículo delante de Emma, peor, se había puesto como una cliente de baja ralea que consideraba a las mujeres como objetos. Y por supuesto, ella detestaba eso, ¿se estaba haciendo peor que Leopold?

En último momento, quiso alcanzar a Emma, excusarse, pedirle volver a hablar más adelante. Pero la puerta de la entrada sonó y ella se quedó petrificada por todo lo que acababa de pasar. Estaba deshecha, Emma había mantenido el control de la situación totalmente y la había empujado a sus trincheras, mejor aún, le había ofrecido la posibilidad de explicarse y ella lo había rechazado.

Emma se dirigió a la comisaria, maldijo a Regina una buena decena de veces durante el camino. No comprendía cómo esa mujer se había atrevido a hacerle tal proposición, y lo que era peor, ella estaba conmocionada por ese pasado que acababa de salir a la superficie. ¿Cuántas personas conocerían esas películas? ¿Henry podría algún día conocerlas? No se había atrevido a preguntarle a Regina por el contenido del expediente y sin embargo lo hubiera querido hacer. Golpeó el volante del coche con la palma de la mano llena de enfado. Se echaba en cara no haber robado esas películas y haberlas destruido para siempre. La productora había exigido una gran suma de dinero que Emma, mes tras mes, ahorraba para borrar ese pasado no muy glorioso del que no estaba orgullosa.