Disclaimer: Ni Death Note ni sus personajes me pertenecen, y no percibo ingreso alguno ni beneficios por escribir esta serie de relatos.
Notas: No tengo Beta, por lo que cualquier crítica constructiva me vendrá bien para mejorar.
-...THE FRAGILE...-
Los primeros meses en Wammy´s House no había pronunciado una sola palabra.
Se sentaba siempre cerca de la ventana, o donde le diera algo de la luz del sol. Tenía frío, mucho frío.
Una vez, creía recordar, su madre le había dicho eso, que la tristeza hacía sentir frío. Pero eso, si había realmente ocurrido, ya no era capaz de decirlo. Todo era muy confuso. Sólo tenía noción de ciertas cosas de las que lo rodeaban, de algunas de las voces que se dirigían a él, siempre con un timbre extraño en sus voces que le producía una ligera molestia.
Desde la ventana, Matt vió el Verano convertirse en Otoño con una percepción alterada del tiempo que transformaba los días en meses y las horas en segundos. Se envolvió más en su camisa, demasiado grande para un niño de su edad. Su tacto afranelado le producía una cierta sensación de pertenencia, como si pudiese recordar algo. De alguna manera le identificaba más que el rostro que veía en el espejo cuando las enfermeras lo llevaban a asearse. Y era por eso que se debatía tan furiosamente cuando trataban de quitarle la camisa.
¿Acaso alguien se sacaba la cara para lavarse?
Matt se sentó en la ventana a recibir los rayos del sol, tratando de encontrar ese punto en el cual las imágenes difusas en su mente tomarían algún sentido. Hacía cinco minutos de los exámenes y ya había olvidado el rostro de aquel anciano tan amable. Tan cálido. Se abrazó más fuerte, apretando la tela de las mangas.
Tras la puerta había un singular barullo, pero le llegaba tan distorsionado que bien lo podría estar imaginando.
El llanto de un niño. No sabía cómo pero recordaba aquel sonido.
El corazón le comenzó a latir rápido en su pequeño pecho. El llanto se iba haciendo más nítido, y podía distinguir palabras, apreciar la voz furiosa y desesperada del otro niño.
"¡No están muertos! ¡Es mentira!"
El rostro furioso de un chico rubio apareció de pronto frente a él. Tenía los ojos rojos de llanto, la cara surcada por lágrimas frescas. Se miraron unos segundos, hasta que unos adultos llegaron a la sala y se lo llevaron, entre los gritos del rubio.
Muertos. Mentira.
Sin recordar qué era, Matt sintió deseos de llorar.
Ya no había sol en la ventana.
Se acercaba ya el mes de Noviembre, y los días se hacían más sombríos. A pesar de la insistencia de los doctores y de aquel viejito, Roger, Matt se negaba a vestir otra cosa que su camisa de franela, y se pasaba el día frente a la chimenea.
Esta tarde en particular no había nadie en aquella sala. La primera nevada del año los tenía ocupados en los jardines.
Matt contemplaba el fuego en la chimenea, y de pronto fue conciente de la presencia de otro chico en la habitación, y de la molesta sensación de estar siendo observado.
Levantó la mirada y lo encontró, al chico rubio. Este le mantuvo la mirada un momento, como si lo evaluase. Vestía completamente de negro, y tenía los ojos rojos. Pese a estar frente al fuego, Matt sintió un escalofrío.
-¿Tienes frío?- la voz de ese niño era firme y algo agresiva- deberías ponerte algo más encima, sabes- y sin dar tiempo a réplica, se despojó del chaleco que llevaba encima y se acercó al pelirrojo el cual lo observaba en silencio.
Cuando se agachó para pasarle el chaleco por la cabeza, notó algo, y sacudió la cabeza con disgusto.
-Tienes que sacarte la camisa-acto seguido hizo ademán de desabrochar los botones, pero Matt retrocedió con rapidez, escapando de sus manos.
-No- dijo con una voz demasiado ronca para un niño.
-¿Qué te pasa? No seas necio, déjame quitártela- comenzó a forcejear con el otro niño, pero éste parecía una fiera, intentando patearle para alejarlo de él. El rubio perdió la paciencia y le sujetó con demasiada fuerza la muñeca derecha, acercándola a la cara del pelirrojo.
-¡Mira estúpido! ¡Está manchada!- tomó el rostro de Matt con la mano libre para obligarlo a fijar su mirada en la manga- ¡Está manchada con sangre!
Y Matt vió, por primera vez, las manchas en la camisa, manchas de sangre seca en las mangas, en el pecho. Su respiración se agitó mientras una náusea le ascendía por la garganta.
Matt recordó. La risa del tipo alto que había golpeado a su papá hasta dejarlo quieto, y los gritos antes de eso. Su propio llanto, el olor rancio que desprendían las ropas del hombre, el dolor. El cuchillo en sus manos tan pequeñas, y luego el silencio. Luego, el frío.
Gritó, destrozando la garganta que no había pronunciado palabras en meses. Gritó hasta que se quedó sin aire, y puntitos blancos bailaron frente a sus ojos, y siguió gritando y llorando hasta que los doctores lo pusieron a dormir.
N.T.: Pido disculpas si no ha quedado bien desarrollado.
