CAPITULO 3

Ya había pasado más de un mes desde que Daryl había encontrado el rastro, pero una vez llegó a la carretera lo había perdido. Había seguido la carretera unos quilómetros, hasta el primer pueblo que había encontrado, pero no halló ninguna pista. No estando seguro de si el rastro podía ser el bueno y estando cerca el invierno sabía que no podía arriesgarse a alejarse cada vez más.

En la granja habían empezado a aprovisionarse para el invierno. Aunque todos estaban tristes y lamentaban la desaparición de la niña, ahora lo prioritario era buscar comida, ropa de abrigo y medicamentos para pasar el invierno. Daryl parecía ser el único que se resistía a creer que Sophia hubiese muerto, pero tras tanto tiempo sin encontrar pistas de ella, lo más fácil es que ya no la encontrase.

- Rick me ha pedido que salga a revisar las trampas del bosque.- Le dijo Daryl a Carol, la madre de la niña.- Pero tan pronto pueda haré una última salida antes de que empiecen las primeras nieves.

- Gracias Daryl, no sabes cuánto significa para mí que sigas intentándolo.- Y diciéndole esto Carol le besó con afecto en la mejilla.

- Déjalo.-contestó apartándose de la mujer, molesto e incomodo por su muestra de afecto.

Daryl era hombre de pocas palabras, distante y hosco. Nunca nadie le había demostrado cariño o amor y no se manejaba muy bien con los sentimientos y emociones, tanto propias como ajenas.

Podía llegar a ser irritante su mal humor, y sus comentarios eran mordaces, a veces incluso desagradables, pero se había convertido en un miembro importante del grupo por sus bastos conocimientos de rastreo y caza. Aunque no demostrase sus sentimientos y fuese de carácter rudo y rebelde, debido a una infancia y adolescencia falta de cariño, se preocupaba por el grupo. De hecho era la primera "familia" que había tenido, y el grupo se preocupaba por él. Le respetaban y apreciaban y él a su modo les correspondía. Con Rick y su gente, ya no estaba solo, y aunque le costara admitirlo, era bueno y agradable saber que alguien se preocupaba por él y que contaban con él. No como el paleto de pueblo que siempre había sido toda su vida a la sombra de su hermano mayor, si no que contaban con él por sus conocimientos y opiniones.

Al día siguiente cogió su Harley, provisiones para tres o cuatro días y armado con la ballesta salió dirección sur, hacia donde había perdido el rastro, con la esperanza de encontrar a Sophia escondida en algún sitio. Sabía que después de esa salida ya no habrían más, con el invierno encima la búsqueda se detendría, y con ella toda esperanza de encontrarla.


Habían seguido carretera adelante y habían encontrado una casa apartada del pueblo en medio de un pequeño prado. Joana pensó que sería un buen sitio para pasar el invierno. Pese a que sólo había pasado poco más de un mes desde que empezó a enseñar a Sophia, ésta era una buena alumna y aprendía era capaz ella sola de limpiar de zombis una casa, y tenía buena puntería con la pistola. En la comisaría del pueblo habían encontrado más armas y había podido practicar, tanto con blancos inmovibles, como con caminantes.

Habían salido en busca de provisiones para poder aguantar el frío invierno y estaban guardando la comida en la cocina cuando oyeron el ruido de un motor a lo lejos, proveniente de la carretera del pueblo. Las dos se quedaron heladas, pero sin dudarlo pusieron comida y agua en las mochilas, cogieron las armas y se dispusieron a salir corriendo de la casa si era necesario.

El ruido del motor pareció alejarse y entonces las dos se relajaron.

Daryl vio la casa de campo en la distancia. Quedaba apartada del pueblo, un camino de tierra llevaba hasta allí. No quiso arriesgarse a acercarse con la moto por miedo a que hubiese alguien. Dejo su Harley bajo unos árboles, y con cuidado se acercó a la casa ocultándose entre la alta hierba, la ballesta preparada. Quería inspeccionar la casa, por si encontraba más suministros y porque tenía una corazonada.

Dio la vuelta a la casa, desde la puerta trasera vio movimiento en el interior. Vio a una chica de unos 35 años llevando unas cajas y oyó la voz de una niña. Se quedó inmóvil, casi aguantando la respiración.. ¿era posible? ¿Podía tratarse de Sophia?. Como la chica estaba trasteando en la cocina, Daryl bajó con cuidado las escaleras de madera y se dirigió otra vez a la entrada principal.

Joana oyó un leve ruido en las escalera de madera de la parte trasera y luego le pareció ver a alguien dirigiéndose hacia la puerta principal . Sin perder tiempo hizo señas a Sophia para que subiese al piso de arriba. La niña cogió sus cosas y subió las escaleras. Mientras , Joana, con un amasador que había cogido de la cocina, se puso detrás de la puerta principal, esperando.

El pomo de la puerta giró, pero ésta estaba cerrada con llave, alguien intentaba forzar la cerradura. Hubo un momento de silencio y luego el intruso giró el pomo y entró en la casa. Desde detrás de la puerta, Joana lo primero que vio asomarse fue la punta de una flecha cargada en una ballesta.

Una vez abierta la puerta, con cuidado Daryl dio un paso hacia el interior de la casa, la ballesta por delante, cargada y apunto. En la casa no se oía nada .-"Mierda", se dijo intuyendo que le habían oído, pero no tuvo tiempo de echarse atrás. Notó un fuerte golpe en la cabeza, pero no llegó a perder el sentido, se tambaleó por el golpe pero no soltó su arma, sin tener tiempo de reaccionar alguien le empujó tirándolo al suelo, y la misma persona saltó por encima suyo dirigiéndose hacia las escaleras que subían al piso de arriba.

- Corre, por la ventana.- gritó la chica a alguien que estaba en el piso superior.

Joana ya estaba en la habitación con Sophia, atrancó la puerta y las dos salieron por la ventana, deslizándose por el canalón del desagüe y saltando al suelo. Luego empezaron a correr prado a través.

Daryl reacciono rápido, se levantó y subió las escaleras, de una patada abrió la puerta, en medio de la habitación en el suelo, había una muñeca de trapo.

- Joder, es ella.- dijo, y saliendo por la ventana empezó a gritar aún a riesgo de ser oído por los caminantes.

- Sophia, Sophia!.- Acto seguido siguió los pasos de las dos mujeres

Sophia se detuvo ante los gritos del hombre y se giró, intentando reconocer a quien le gritaba.

- ¿Conoces a ese hombre?.- le preguntó Joana también deteniéndose

- Si.- dijo la niña con emoción.-

Daryl se detuvo ante ellas, jadeaba por la carrera, pero en sus ojos había alegría y alivio.

- Sophia, estas bien.- Mas que una pregunta era una afirmación.

- Lo está, ¿quién coño eres tú?.- preguntó la chica poniéndose delante de la niña a modo de protección.

- Soy Daryl. Somos del mismo grupo, hace más de un mes que la busco-. Dijo el hombre sin apartar la vista del cuchillo que Joana tenía en la mano.

La chica se lo quedó mirando, evaluándolo. Sus ojos se dirigieron hacia la ballesta que colgaba de la espalda del hombre y hacia el cuchillo de caza que pendía de su cinto. Se dio cuenta de que el hombre también la observaba con atención. Finalmente tomó una decisión.

- Está bien. – dijo por fin Joana, y Sophia salió corriendo y se lanzó a los brazos de un desconcertado y azorado Daryl.

- Joder, sois muy escurridizas.- dijo el hombre

- Y tú eres muy bueno.- dijo Joana secamente guardando el cuchillo en su funda.

Los tres se dirigieron hacia la casa. Una vez allí Daryl la puso al día de lo que había pasado desde que se separaron en la carretera y Sophia le explicó su desventura sola por el bosque hasta que encontró a Joana.

- Pasaremos aquí la noche y mañana te llevaré a la granja. Cuando te vean no se lo creerán.- dijo el hombre sin casi creérselo él mismo.

- ¿Nos has rastreado hasta aquí?.- le preguntó Joana al hombre una vez Sophia se fue a dormir.

- Encontré tus huellas en el rio y lo seguí hacia una cabaña, también vi un rastro más pequeño. Os perdí el rastro en la pista forestal.- contestó el hombre.- Por cierto ¿cómo va la herida de la pierna?

- Joder, eres bueno.- dijo Joana mirando al hombre fijamente a los ojos.- Estoy bien. Pero ¿cómo sabías que no habíamos cambiado de dirección o que el rastro que seguías era el adecuado o..?

- No lo sabía, sólo seguí mi instinto.- dijo llanamente Daryl.

- Pues debes de querer mucho a esta niña como para continuar con una búsqueda casi imposible.- dijo Joana con admiración y respeto en su mirada.

- Joder, no es eso, solo me negaba a creer que estuviera muerta, además le prometí a su madre que haría todo lo posible por encontrarla.

- Y hombre de palabra.- contestó la chica con una media sonrisa.

Daryl se removió inquieto en la silla. Joana le miraba fijamente, intentando leer en sus ojos. No pudiendo aguantar su escrutinio, Daryl carraspeó y se levantó con el pretexto de ir a comprobar que la puerta estuviera bien cerrada.

- Aquí tienes tu mochila y tus armas.-le dijo Joana a la niña

- ¿Cómo, no vienes con nosotros?.- le preguntó perpleja la niña.

- Te irá bien sin mí, recuerda, eres una superviviente.- contestó Joana

- Pero tienes que seguir enseñándome.- insistió Sophia.- Sin ti no lo habría conseguido, por favor..

- No me necesitas, ya no. Ahora debes ir con tu gente, ellos cuidarán de ti.- Dijo la chica dándose media vuelta, pero Sophia se abrazó a ella

- Por favor Sophia, ya me conoces. Yo no encajo en un grupo, no creo que sea buena idea

- Rick es un buen líder.- intervino Daryl.- A mí tampoco me gusta mucho la compañía, pero me he dado cuenta que es mejor contar con alguien. Yo no puedo hablar por el resto del grupo, pero creo que podrían aceptarte.

- No sé.- dudo Joana

- Por favor Joana, tienes que venir conmigo, tienes que conocer a mi madre.- le suplicó la niña

La chica estaba indecisa, no tenía ganas de crear lazos afectivos con nadie, pero se daba cuenta de que ya lo había hecho con Sophia, y en el fondo estaba cansada de estar sola. Al fin tomó una decisión

- Qué demonios.- exclamó la chica y cogiendo sus armas y su mochila se dispuso a ir con la niña y el hombre.