Solo en la nieve

Kristoff entendía muy bien el concepto de la muerte a sus cortos cinco años de vida: significa que una persona se va para nunca más volver por más que llores para que eso no suceda. Eso le dijo su padre con respecto a la madre que nunca conoció, ella se fue al nacer Kristoff sin embargo no se fue porque no los amara, al contrario, su madre lo amaba tanto que no le importó dar su vida por él. Christer se lo repetía constantemente a su hijo, especialmente cuando lo veía triste al ver a todos los demás niños paseando con sus madres en el mercado de Arendelle cada vez que lo llevaba consigo.

Ahora su hijo enfrentaba otro duro golpe: su abuelita había muerto. Esta ocasión no había muchas explicaciones sobre su repentino deceso a diferencia de las que podía darle con respecto a su madre. Él le preguntaba el por qué y la única respuesta que Christer podía dar a un par de enormes ojos cubiertos de lágrimas era: "Había llegado su momento de partir Kristoff, la gente muere cuando ya es muy mayor. Cuando ha vivido lo que tenía que vivir". El niño no pensaba igual, a su abuelita aún le quedaban muchos días por los cuales vivir, él aún quería salir con ella al bosque para pasear, llevarle la leña para mantener el hogar caliente, quería mostrarle que ya era muy bueno leyendo como ella le había enseñado y sobre todo, deseaba probar que él a pesar de su tamaño podía protegerla de todo. Pero no pudo, de la muerte no se puede proteger a nadie, era una dura lección que aprendió de todo esto.

Su padre se quedó largo rato esperando a que el niño terminará todo lo que tuviese que llorar sobre la tumba de su abuela, en él se veía a sí mismo hace algunos años; como alguien tan pequeño y frágil sin saber qué hacer.


Ahora que eran sólo ellos dos, Christer ya no podía dejar al pequeño sólo en casa así que se dispuso a llevarlo consigo a las montañas. Además tarde o temprano tendría que enseñarle cómo es que un recolector de hielo trabaja, a pesar de la corta edad de Kristoff su padre creía que con el tiempo dominaría este oficio sin problema. El gran parecido que tenían padre e hijo hacía intuir a Christer que su niño al crecer, tendría la misma complexión que él: grande, fuerte y astuto. Se necesitaban de esas tres cualidades si es que quería ser el mejor recolector de hielo de Arendelle y como todo padre, Christer tenía grandes esperanzas en su hijo.

Él le enseñaría todo lo que se debía saber sobre el hielo y Kristoff no podía sentirse más emocionado ante tan fantástica noticia.


Su primera visita a la montaña había sido para Kristoff una experiencia increíble pero un poco aterradora a la vez, ya que por un descuido del pequeño al resbalar en el lago congelado, casi caía por uno de los huecos que hicieron los compañeros de su padre para extraer el hielo ¡casi caía dentro del agua helada! Por suerte su padre lo atrapó justo antes de que eso pasara. El susto se lo llevó no sólo él, sino todos sus compañeros que presenciaron el incidente.

Después de ese desastroso descuido, Kristoff prometió ser más cuidadoso y mantenerse alejado de los huecos que realizaban los demás recolectores. En su lugar, ayudaba a llevar los cubos de hielo que podía empujándolos sobre su trineo. Los acomodaba de a uno por uno junto con los demás en las grandes carretas de sus nuevos compañeros y en el mismo trineo de su padre. Christer veía con una sonrisa el trabajo duro del pequeño, del cual ya se sentía bastante orgulloso al ver que trataba de imitar a los demás.

Kristoff quedaba impresionado por la fuerza de los hombres así como de su propio padre. La forma en la que rompían el hielo, lo sacaban y jalaban con fuerza parecía tener una sincronía perfecta. Un error como el que cometió al resbalar podía costarles la vida y eso lo tenían los hombres siempre presentes. Al terminar de cargar con todos los bloques, Christer y sus compañeros hicieron una fogata, se sentaron en grupo y cada quien sacó sus alimentos, el niño se sentó al lado de su padre para partir una hogaza de pan y poder calentarla al fuego.

- "Lo hiciste muy bien hoy pequeño. Christer deberías traer a tu hijo más seguido, nos ha sido de mucha ayuda."

Sonó una carcajada de uno de los compañeros de su padre, era un hombre algo mayor con unas cuantas canas en su cabellera, quien a pesar de la edad tenía una apariencia musculosa y fornida. Kristoff sabía que tal vez lo decía para sonar amistoso con él, con todos los esfuerzos que hizo apenas y logro subir unos cuantos bloques a los trineos, pero se alegraba al notar que para los demás hombres él no significaba una molestia.

- "Lo traeré mucho más seguido Bulfrek, creo que hay muchas cosas que aprender del oficio y a ti hijo ¿te ha gustado venir conmigo?"

- "Por supuesto que sí, el hielo es increíble. No es como ser leñador o algo así, porque al cortar el hielo se siente su presencia, te hiela los huesos y sabes que debes temerle sin embargo no por ello dejas de sentirte fascinado."

Chirster asintió con la respuesta tan atinada de su hijo, tenía razón: el hielo era como si tuviera alma, por decirlo de alguna forma. Puedes sentirlo, no es como cortar madera para nada. Bulfrek también quedó impresionado por la respuesta del pequeño.

- "Veo que piensas igual que nosotros pequeño. Aunque a decir verdad no has visto aún lo más increíble de trabajar en la montaña."

- "¿Y qué cosa es lo más increíble señor Bulfrek?"

Bulfrek vio hacia el cielo con asombro.

- "Mira eso pequeño y dime si has visto algo más bello en tu vida."

Kristoff vio como todos empezaron a levantar su mirada al cielo nocturno, estaba lleno de colores resplandecientes ¡Era una aurora boreal! Nunca había visto algo tan hermoso, ni siquiera cuando su padre lo llevó por primera vez a Arendelle y admiró los fuegos artificiales, inclusive era mucho más hermoso que un arcoiris. A diferencia de aquella ocasión en la ciudad, la aurora era una maravilla de la naturaleza.

- "Tienes suerte niño, no siempre se puede admirar una."

- "¿Por qué señor Bulfrek?"

- " Porque se necesitan ciertas condiciones para que se den, una de las más importantes es que cuanto más baje la temperatura será más probable que aparezcan. También cuenta la época del año, por supuesto."

Eso era verdad, la temperatura era tan baja que helaba los huesos. Si no fuese porque estaba con todos los hombres cerca de una fogata, Kristoff ya estaría hecho un cubito de hielo. Inclusive Christer le había puesto un cobija extra a su hijo y lo atrajo hacía sí para pasar la noche, si seguía descendiendo la temperatura lo mejor sería regresar a casa lo antes posible.


Con el pasar de los meses, Kristoff pudo manejarse con más habilidad en la recolección de hielo siempre guiado por su padre y sus amigos. Lo único malo de la situación es que él no tenía un compañero que lo ayudase como todos los demás, los demás recolectores tenían fuertes caballos que tiraban de las carretas, Christer tenía a su amiga reno Runa. Kristoff no quería un caballo, le parecían bastante comunes y sin gracia, lo que realmente deseaba era tener su propio reno para poder charlar con él como su papá lo hacía con Runa cuando estaba a solas, aunque él a veces lo negaba rotundamente. Kristoff pensaba que su padre se llegaba a sentir solo, en una ocasión lo encontró abrazando a Runa y llorando, era el día de su anterior cumpleaños cuando cumplió cinco. Le escuchó decir cuánto extrañaba a Eyja.

Kristoff pensaba que debía ser terrible para él tener que estar feliz compartiendo un trozo de pastel con su hijo y al mismo tiempo reprimir su tristeza por ser el aniversario de la muerte de su esposa. El no conoció a su madre, sin embargo todo lo que padre le contaba sobre ella creaba en él un sentimiento de nostalgia y alegría. Ahora que sólo eran ellos dos, Kristoff trataba de estar en todo momento con su padre, tal vez de esa forma lo haría sentir mejor.

Esa mañana antes de dirigirse a la montaña para recolectar hielo, su padre lo abrigó más de lo acostumbrado.

- "Esta es la temporada en la que se está más frío allí arriba, tenemos que salir ahora que la tormenta se ha calmado."

- "Duró varios días esa tormenta ¿verdad papá?"

- "Ya lo creo, por eso no pudimos salir a la montaña por un tiempo. Espero que las vacaciones te hayan repuesto las fuerzas amiguito."

- "¡Claro que sí! ¡Ya verás que pronto recolectaré más hielo que tú!"

- "¿Es ese un reto? ¡Ese es mi pequeño!"- Christer tomó a su hijo y comenzó a lanzarlo al aire, eso hacía que Kristoff reventará en carcajadas.

Ambos subieron al trineo para comenzar su día de trabajo.


Definitivamente no había sido una buena idea salir a la montaña ese día, si bien habían conseguido que les fuese excelente en la montaña al recolectar hielo, cuando el trineo fue descendiendo la tormenta que pensaron que ya había pasado arreció con fuerza de un momento a otro. Runa apenas y podía ver el camino ya que la nieve nublaba su vista, iba lo más rápido que sus patas le permitían. Inlcusive Christer quitó algunos cubos de hielo para aminorar la carga de la reno.

- "¡Vamos Runa! ¡Tú puedes!"- dijo Kristoff con preocupación.

- "No te preocupes hijo, Runa a logrado salir de tormentas peores que esta. No tienes nada que temer, recuerda que estás conmigo ¿de acuerdo?"

- "Lo sé papá, es sólo que hace mucho frío"- el niño se estremecía cada vez que pasaba una ráfaga helada cerca del trineo.

- "Aquí tienes, toma este abrigo. Te ayudará un poco."

- "Gracias papá."

Siguieron abriéndose paso entre la nieve, parar a medio camino sería una pésima idea en es momento. El único sonido que se escuchaba era el azotar del viento, la nieve y un árbol que caía, por suerte no había lobos ese día. De pronto se escuchó un rugido que provenía de las montañas.

- "¿Qué fue eso?"- preguntó Kristoff a su padre, quien ahora sí se mostraba preocupado.

- "Avalancha"- dijo Christer angustiado- " ¡Corre Runa, lo más rápido que puedas!"

Kristoff vio cómo todo se estremecía, a lo lejos una enorme masa de nieve bajaba a toda velocidad ¡si llegaba hasta donde ellos quedarían sepultados! Su padre le habló de repente.

- "!Kristoff, tira los bloques de hielo! ¡Runa debe ganar velocidad!"

El niño no espero a que se lo dijeran dos veces y comenzó a hacer lo que su padre le ordenó, pero no era suficiente. Runa estaba ya muy cansada por el viaje, corría tan rápido como podía. Christer notó eso con horror a medida que la avalancha se acercaba más y más, la pobre no podía llevar a los dos en el trineo, tal vez si sólo llevaba una carga pequeña lograría salir sana y salva. Vio a Kristoff que continuaba tirando la carga y tomó una decisión drástica. Agarró al pequeño de sus ropas y lo lanzó a la espalda de Runa.

- "¡¿Papá qué haces?!"- Kristoff estaba aterrado y confundido.

- "¡Runa ponlo a salvo por favor! ¡Kristoff, te amo hijo! ¡Todo estará bien!"- diciendo eso, tomó un cuchillo y cortó las riendas del trineo.

- "!Noo! ¡Papá noooooo!"- Kristoff gritaba con todas sus fuerzas, viendo como su padre quedaba atrás junto en su trineo.

Runa salió disparada y lograba esquivar con facilidad los árboles para poner al niño a salvo. La avalancha terminó después de unos minutos, Kristoff bajó de la espalda de Runa y empezó a correr entre la nieve.

- ¡Papaaaaá! ¡Papaaaaá! ¿Dónde estaaaás?- el niño buscaba por todas partes rastros de su padre. Nada.

El manto de nieve cubría todo alrededor. Kristoff volvió sobre sus pasos, calculó el lugar donde se separo de su padre y con sus pequeñas manos comenzó a cavar y cavar y cavar, Runa sólo miraba con tristeza. Las horas pasaron en vano.

Espero que les haya gustado este capítulo, todas las sugerencias son bienvenidas. Los nombres que doy a los personajes que van apareciendo los saco del videojuego Elder Scrolls Skyrim, ya que los paisajes nevados me recuerdan mucho a Frozen. Gracias por sus comentarios y saludos a todos.