Capítulo 3

Traspiés

(Hola, soy Ren, el paréntesis del capítulo anterior, hmmmm ¿soy yo o los capítulos se alargan por momentos? Bueno no importa mientras puedan digerir este pedazo de… digo mientras disfruten de su longevidad, espero que lo disfruten.

¡Ah! Y casi se me olvida el próximo capítulo tendrá un 5% más de Pandora).

Después de comer Pit tomó el camino hasta el interior del templo, tras recorrer un gran pasillo llegó a una sala con un gran portón de plata en el centro. Como si ya hubiera hecho esto un millón de veces se colocó delante de él, cogió una llave pequeña de madera apoyada contra una columna y la giró en una pequeña cerradura.

-Una a la derecha para hacerla estrecha y dos a la izquierda para que no muerda-murmuró el chico como si recordara una lección que le enseñaron-. Y… ¡ábrete!

Una serie de chasquidos provenientes de detrás del portón se dejaron oír, como si muchos engranajes se encajaran entre ellos, momentos después la fina muesca que había entre las dos puertas brilló y ambas se abrieron en silencio. Pit cruzó la puerta y se encontró en un campo de trigo.

-Vaya, parece que este lugar ha cambiado algo de cuando no era más que una pieza de joyería barata…

Pit se dio la vuelta, empujó ambas puertas y las cerró con la llave que llevaba.

-Ah, y hablando de joyería barata…

El chico presionó una pestaña que sobresalía de su brazalete derecho, este emitió dos destellos y las alas de Pit empezaron a brillar hasta desvanecerse.

-Jeje, esta vez Lady Palutena no tendrá motivos para echarme un rapapolvo-dijo él satisfecho—bueno y ahora vayamos a com… Ugh…

El ángel sintió que todo daba vueltas, su vista se nubló y el corazón se le aceleró de repente, no sabía qué hacer. Estaba confuso y sentía incluso que su pecho le iba a explotar.

-Agggg… las tostadas no hacen esto…. Lady Palutena… Lady Palute… -jadeaba él-.

Un montón de imagines invadieron su mente todas ellas relacionadas con la misma persona, Dark Pit, alias Pitoo, fue solo por un segundo pero escuchó una risa fría que a él le resultaba familiar. Estaba a punto de desmayarse cuando una voz le sacó del trance.

-Oye, eh, campeón, ¿vas a estar todo el día ahí tumbado? Lo digo por traerle un racimo de uvas a su majestad.

La mente del chico parecía aclararse y sus latidos normalizarse. Pit abrió los ojos. Lo primero que vio fue a un hombre enfrente suya, mirándolo con una expresión confusa y de risa contenida. El hombre debía de rondar los veinte años, era alto y rubio pero no demasiado robusto, no tenía barba y se le veía una expresión picaresca en el rostro, era lo que se dice apuesto, iba vestido con ropa de campesino de labrar el campo. Aquel hombre le transmitía una sensación familiar.

-¿Qué me ha pasado?—preguntó el ángel mientras se tocaba la frente empapada en sudor-.

-Pues mira chico,-empezó a hablarle el desconocido- hasta lo donde yo sé debiste llegar aquí usando esa puerta-dijo apuntando al portón de plata-e ibas a irte cuando de repente vi que te caías al suelo y empezabas a temblar como un loco, pensé que a lo mejor estabas haciendo el tonto pero como no parabas decidí venir a echar un vistazo. ¿Estás mejor ahora?

-Si, gracias, estoy mucho mejor.

-Oye muchacho, si todavía no estás del todo bien puedes quedarte en mi casa a descansar, no vivo lejos de aquí está en…

-¡No gracias, tengo prisa!-cortó Pit mientras se incorporaba para irse-tengo que comprar fruta del mercado para un recado.

-Entonces te interesará saber que el mercado cerró hace un buen rato, chaval, ya está oscureciendo. Pero anda, ja ja, si lo que has dicho rima me lo apunto, te sorprendería saber cómo sienta un poema bien hecho.

-¡Espera, espera, esperaaaaaaa!-le volvió a cortar él-¿ya ha cerrado el mercado? ¡No puede ser, tengo que llevar la fruta para esta noche!

-Tranquilo muchacho, que hay otro sitio. Un buen amigo mío lo lleva y estoy seguro que si le dices que vas de mi parte te hará un buen descuento.

-¡Gracias! Pero emmmm esto… ¿puedes decirme dónde está?

-Claro, ¿ves ese sendero, el que se integra en el bosque?

-Si, lo veo.

-Pues sigue por él todo recto, hasta que llegues a un gran claro, allí mi amigo monta su puesto cada día, su fruta es la mejor que he tenido la suerte de probar, jojo. Dile que vas de parte de Delos.

Después de hablar un rato se presentaron, el quedó como Pit, el chico de los recados de un gremio de escultores y el desconocido se introdujo como Delos, un campesino normal. Al rato se despidieron y Pit se encaminó al sendero del bosque.

Después de andar un buen rato (quejándose por supuesto) vio que el camino se ensanchaba y más adelante no había árboles, corrió y llegó a una pequeña pradera rodeada de árboles. El sitio estaba casi desierto excepto por una especie de mesa medio podrida llena de cestas con un cartel de madera clavado al lado. No había nadie. A medida que Pit se acercaba vio lo ruinoso que estaba aquello. El cartel de madera tenía moho que cubría parte de las letras, ahora solo podía leerse parcialmente.

-"De- h-rto d- Fe-o Ap-l-"-murmuró el chico exprimiéndose la cabeza-esto no se entiende y no pienso ponerme a rascar moho del cartel de otros.

El ángel se acercó más a la mesa y miró dentro de las cestas. Había casi todo tipo de fruta y otros vegetales: manzanas, peras, limón, olivas y muchas otras que no supo reconocer.

-Veo que tienes buen gusto para los vegetales—resaltó una voz proveniente de los alrededores-.

-¡Quién eres! ¡Voy armado, no tengo miedo!-exclamaba el chico enfadado enseñando un pequeño cuchillo para pelar fruta-.

-Lástima que el mío para la decoración no lo sea tanto.

La voz habló por segunda vez y Pit pudo situar un hombre detrás suya, sentado delante de la mesa jugueteando con un par de uvas.

-¿Qué te cuentas, campeón?-dijo el hombre.

-¿Delos…? ¿¡Pero cómo has…?!

-¿Llegado antes que tú? Jaja, este bosque no tiene secretos para mí, campeón.

-¡Pero si me dijiste que el puesto era de un amigo tuyo!

-¿Y qué mejor amigo que uno mismo, Pit?

-Vale, esa me la apunto. Aunque me tranquiliza que seas tú el que esté aquí y no cualquier chiflado.

-¿Vas a estar lo que queda de día mirando o vas a comprarme algo ya? Voy a cerrar, aviso.

-Vale, vale-se apresuró Pit-quiero emm... media docena de manzanas y otra media de plátanos, por favor.

-Maaaaarchando—dijo jovialmente el tendero-.

-Parece ser que lo que vendes no está tan mal comparado con el cómo lo haces.

-Desde luego,-decía mientras agarraba las frutas y le tendía dos cestas—puede que no sea un experto decorador pero todo lo que cultivo no tiene igual.

-Bueno yo me voy ya-se despidió Pit moviendo el brazo-espero volver a verte.

-Por supuesto,-se despidió el en voz alta y a continuación bajando la voz-eso tenlo por seguro.

Pit caminaba tan rápido mirando las cestas que no se dio cuenta del encapuchado que le seguía entre los árboles.