¡Hola amadísimos lectores!
Antes que nada, muchísimas gracias por vuestros reviews, like y follow. Saber que estáis ahí para leer esta historia es lo que me anima a escribir ;)
Seguramente os estéis preguntando: "¿qué hace publicando una semana antes?","¿esto significa actuación más frecuente?"... O puede que no os lo preguntéis, vamos, pero yo os lo explico igualmente -3- Estoy entrando en plena etapa de exámenes, lo cual quiere decir que apenas me acordaré de comer y dormir, mucho menos de actualizar. Así que para no olvidarme, os subo el segundo capítulo ahora que todavía puedo respirar. ¿Que por qué os cuento mi vida? Pues porque este espacio es mío y hago lo que quiera, eh
¿Advertencias del capítulo? No sé, la verdad XD Es algo más largo que el anterior, claro, tiene bastante monólogo interno y trata un período de tiempo considerablemente largo. Aun con eso, espero que lo disfrutéis. ¡Os veo abajo! ^^
Shikamaru se paró frente a la puerta de su casa. Estaba atardeciendo y una suave brisa soplaba en la aldea de Konoha. Sus calles resultaban una mezcla de sentimientos buenos y malos. Había reencuentros llenos de lágrimas de felicidad, otros cargados de dolor. Personas que corrían para reunirse con sus familias, y otras que corrían al hospital. Madres que se derrumbaban al ver a sus hijos entre los supervivientes, otras que lo hacían al ser informadas de su muerte.
El Nara no había encontrado a su madre al llegar a la aldea. ¿Se lo habría dicho alguien? Él mismo había pedido que no lo hicieran, igual que había sido el deseo de Ino. Los miembros del equipo 10 habían vuelto juntos a Konoha después de su misión de reconocimiento y de servir de apoyo en el traslado de heridos. Al no encontrar a sus familias entre las que esperaban a las afueras del edificio donde los heridos llegaban, supusieron que estaban esperando en casa. Al fin y al cabo sus madres estaban casadas con shinobis, eran mujeres fuertes que tenían la certeza de que volverían a ver a sus maridos e hijos. Shikamaru se preguntó cómo iba a ser capaz de decirle a su propia madre que su padre no iba a volver a casa cuando ni él mismo era capaz de asimilarlo todavía.
Los caminos de los tres compañeros se habían separado antes; Chouji, acompañado por su padre, Chouza, el único superviviente del anterior trío Ino-Shika-Chou. Mientras avanzaba por las calles de la aldea hacia su casa, Shikamaru no había dejado de pensar en las últimas palabras de su padre. Se mordió el labio y apretó los puños para controlar las lágrimas. No podía derrumbarse ahora. En su lugar, puso una mirada de determinación y abrió la puerta de su hogar. Al principio no escuchó nada, solo un silencio nada habitual en su casa. Después, unos pasos se acercaron de la cocina mientras él se descalzaba en la entrada. A sus oídos llegaron los tan conocidos gritos de Yoshino.
-¡Por fin volvéis! Había hecho la comida para tres pensando en que estaríais aquí para mediodía, pero claro, seguro que hay algo más importante que venir a ver como estoy, ¿verdad? -la mujer dobló la esquina de la habitación para encontrarse con la única figura de su hijo-. ¿Shikamaru?, ¿dónde está tu padre? ¡No me digas que ha decidido ir a celebrar la victoria de la guerra con sus amigos! Ya verá cuando vaya al bar y…
-Mamá -le interrumpió, acercándose a ella y mirándola directamente a los ojos-. Papá… No va a volver.
El silencio volvió a establecerse en la casa. Shikamaru vio las lágrimas de su madre empezar a acumularse en sus ojos mientras su cuerpo entero temblaba. No pudo evitar recordar aquella misma situación hacía menos de un año, cuando su sensei había muerto y él había hablado con Kurenai. Esta vez no esperó a que la mujer frente a él se derrumbara. No, envolvió a su madre en un abrazo mientras la dejaba llorar contra su pecho y sujetaba su cabeza. Inevitablemente, las lágrimas empezaron a deslizarse también por sus mejillas.
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Cuando su madre se durmió en el sofá después de pasar alrededor de una hora llorando, Shikamaru decidió llevarla a la cama para que pudiera descansar. La cargó en sus brazos con cuidado de no despertarla y subió con ella al piso superior de la casa, hacia la habitación que su padre y ella compartían. Fue cuidadoso a la hora de taparla con las sábanas y luego se quedó mirando la luz de la luna penetrar en el cuarto.
De repente, el armario frente a la cama llamó su atención y se acercó a él sin hacer ruido. Movió la puerta corrediza hacia la derecha para tener a la vista las baldas del lado opuesto. En la más alta había una caja de madera oculta tras unos jerseis negros de su padre. La tomó en sus manos y se marchó de la habitación, encaminándose a la suya propia. Cerró la puerta al pasar, se quitó el chaleco y lo lanzó sobre la cama. Tomó asiento sobre el colchón, con la caja sobre sus piernas y la mirada perdida en el cielo que veía al otro lado de la ventana. Cuando sus dedos se deslizaron hacia la apertura de la caja para revelar sus contenido, sonrió al recordar la primera vez que lo había descubierto. Tenía catorce años por entonces y su madre le había pedido que guardase las ropas lavadas de su padre. Él obedeció temiendo el castigo que Yoshino podría imponerle si se oponía, y entonces la descubrió. Como un adolescente curioso, miró en su interior, pero el interés desapareció rápido.
Al igual que entonces, la caja contenía dos botellas de sake muy caro y varias cajetillas de tabaco. Sin embargo, Shikamaru nunca había visto a su padre fumando. Cualquiera hubiera pensado miles de cosas inapropiadas que Shikaku podía haber guardado en aquella caja, pero él era un hombre de principios y que amaba a su mujer. Si no quería que esta encontrase su contenido, era porque a Yoshino no le gustaba que su marido se trajese el vicio del bar a casa. Tenía una norma muy estricta respecto a eso, y Shikaku no había dudado en ningún momento de su vida en seguirla. Así que guardaba aquella caja con cautela, solo para darle uso en casos extremos o para alguna celebración con sus amigos.
Shikamaru tomó una de las botellas, la destapó y de inmediato el olor de alcohol llegó a su nariz. Hizo una mueca; no era propenso a beber sake, principalmente porque no tenía la edad necesaria para hacerlo legalmente, pero también porque no le gustaba el sabor. No obstante, al igual que aquella vez en la que probó los cigarros de Asuma para mantener su recuerdo vivo, ahora se llevaba la botella a la boca. Dejó que el líquido ardiente se deslizase por su garganta y tras un largo trago volvió a cerrar la botella. Esta vez no tenía nada que vengar; el Juubi ya había sido destruído, al igual que Madara y Kaguya, aquella divinidad de la que la Hokage le había hecho un comentario superficial. Lo único que podía hacer ahora era continuar esforzándose. Había crecido viendo a su padre caminar delante de él, aprendiendo sobre sus acciones, ahora era momento de que Shikamaru le sobrepasara.
Volvió a mirar la caja otra vez, percatándose esta vez de un papel blanco que había debajo de las cajas de cigarros. No estaba seguro de que estuviera ahí la vez que abrió la caja de niño. Al sacarlo pudo leer una inscripción en una de sus esquinas: "Familia". Le dio la vuelta y descubrió que se trataba de una foto, una en la que aparecían Shikaku, Yoshino y un Shikamaru de unos nueve años. El Nara sonrió, recordando aquel día; él estaba enfadado por no poder ir a ver las nubes con Chouji y esa era la razón por la que salía enfurruñado. Su padre colocaba una mano sobre su cabeza y su madre una sobre el hombro. Podría decir que era una de las pocas fotos de la familia en la que salían los tres juntos.
No sabía por qué Shikaku la había guardado en aquella caja. Quizá fuera para recordarse a sí mismo que la familia era lo primero antes de empezar a beber. Tal vez fuera por otra razón, pero Shikamaru no podría saberlo. Tras observar unos segundos más la fotografía, la dejó sobre su mesilla de noche, junto al despertador. A continuación apoyó la espalda en la pared contra la que estaba su cama y miró al cielo, perdiendo la vista en las estrellas, la luna y las delgadas nubes que hacían variar la cantidad de luz que iluminaba el cuarto. Permaneció así, sin pensar en nada, hasta que el agotamiento pudo con él y se durmió con las primeras luces del amanecer.
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Sus ojos se abrieron unas horas más tarde, cansados por el llanto y el poco descanso de la noche anterior. No había recogido las botellas de sake ni los cigarrillos, así que lo hizo entonces, ocultando la caja debajo de su cama. Podía oler el hedor que su propio cuerpo desprendía, por lo que se dio una ducha por primera vez desde el final de la guerra y cambió sus ropas. Antes de salir de su habitación introdujo la foto descubierta la noche anterior en uno de los bolsillos del chaleco de chunin. En la parte inferior de la residencia Nara su madre sostenía una taza de té entre las manos, sentada en la cocina. Cuando Shikamaru hizo su aparición, ella levantó la vista y le dirigió una débil sonrisa.
-Me he preparado un té, ¿quieres algo?
Él negó con la cabeza, observando unos segundos a su madre. No recordaba haberla visto llorar nunca, al menos no tanto como la noche anterior. Sintió la necesidad de decir algo, pero nada bueno le venía a la cabeza. Finalmente, desistió.
-Voy a dar una vuelta por la aldea, volveré antes de la hora de comer.
Yoshino asintió, incapaz de decir nada, y vio marchar a su hijo mientras el té le calentaba las manos. En cuanto se hubo ido, rompió a llorar otra vez.
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Las calles de Konoha estaban prácticamente vacías; solo unos pocos comercios habían abierto y contadas personas hacían presencia en ellas. Shikamaru no tenía ningún objetivo en mente, solo el pasear en silencio, con las manos en los bolsillos y la mirada al frente. El cielo estaba gris, tanto que apenas se podía distinguir de dónde venía la luz del sol. Cuando llevaba unos minutos caminando, una suave voz llamó al joven.
-Shikamaru.
Él se dio la vuelta para encontrarse con su compañera de equipo, que tenía una pinta similar a la suya y una mirada de tristeza en los ojos.
-Ohayo, Ino -saludó.
-Debo de tener una pinta horrible, ayer… -suspiró notablemente agotada-. No fue fácil, esto no...
-Lo sé, con mi madre fue igual -hablaba más despacio de lo normal, aunque no por pereza-. ¿Sabes cuándo serán los funerales?
-Sakura me ha informado de que aún están llegando heridos del frente -respondió la Yamanaka-. Tsunade-sama cree que lo más adecuado sería que se hicieran dentro de dos días. Quieres estar seguros de que… se han recuperado todos los cuerpos posibles.
Ambos apartaron la vista un instante; sus padres habían sido borrados completamente con una biju-dama. No había ningún cuerpo que enterrar. Al final, la rubia volvió a hablar.
-Voy a regresar a casa, no debería dejar a mi madre sola mucho tiempo -susurró-. Solo había salido a comprar un par de cosas, te he visto y…
Shikamaru asintió y la miró marchar en dirección opuesta a la suya. Por su parte, él permaneció un rato más paseando sin rumbo hasta que decidió que también debería volver, pues no quedaba mucho para la hora de la comida. En su camino de vuelta, se topó con su mejor amigo. No lo saludó, sino que apoyó la mano en su hombro para llamarle la atención. Chouji se dio la vuelta sorprendido, pero sonrió amablemente cuando vio quién era.
-Shikamaru, justo iba camino a tu casa para pasar un rato contigo -dijo sin borrar su sonrisa-. He pensado que podíamos ir a mirar las nubes mientras comemos patatas, ¿qué te parece?
El Nara sabía bien lo que su amigo estaba intentando hacer por él. En cualquier otro momento hubiera dicho que sí, pero no aquella vez. Simplemente no podía quedarse quieto y sin hacer nada, mirando al cielo como si el tiempo no pasase a su alrededor.
-Gomen, Chouji, pero el cielo está demasiado gris como para disfrutar de las nubes -respondió, mirando arriba-. Quizá otro día. Voy a volver a casa ya, le he dicho a mi madre que no tardaría mucho.
Antes de que el Akimichi pudiera replicarle nada, Shikamaru siguió andando en silencio. A sus espaldas, Chouji dejó de sonreír y sus ojos reflejaron tristeza. Aunque su padre seguía vivo, podía entender por lo que estaban pasando sus compañeros ya que Asuma había sido también un padre para él y perderlo había sido doloroso. Sin embargo, no podía soportar la idea de ver a su mejor amigo, aquel que lo había defendido desde niño, sufrir de aquella forma.
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La comida fue silenciosa y tranquila. No hablaron de la guerra, ni de las batallas, ni siquiera de los sueños del Tsukuyomi o la victoria. Una vez Shikamaru terminó su parte y ayudó a recoger, fue al jardín trasero, que conectaba su casa con el bosque de su clan. Ahora que su padre había muerto, era su deber desempeñar el papel de líder y cuidar de los ciervos.
Mientras avanzaba entre los árboles algo empezó a romperse en su interior. Era la misma sensación que había tenido cuando Asuma fue asesinado; el mismo dolor, la misma tristeza, el mismo enfado. Quería sacarse todos esos sentimientos de dentro, pero no sabía cómo. Justo cuando empezaba a sentir que acabaría explotando, una voz se reprodujo en su cabeza. Sonaba tan real que se dio la vuelta para asegurarse que su padre no estaba detrás de él.
"Déjalo salir. Deja salir toda esa tristeza, miedo e ira que se acumula en tu interior. Ése es el primer paso."*(1)
Permaneció unos segundos con la mirada perdida en los árboles, mirando a la nada, y de repente sus ojos se llenaron de lágrimas. Una molesta sensación se acumuló en su garganta hasta que acabó gritando. Varios pájaros salieron volando de las ramas cercanas al oírlo. Descargó todo lo que tenía dentro hasta que quedó completamente vacío de sensaciones, con la mente en blanco. Pero esta vez no sintió la calma que había experimentado tras llorar la muerte de su sensei.
Sacó el mechero de Asuma de sus bolsillos, lo abrió y trató de prender la mecha. No se encendió. Lo intentó de nuevo. No pasó nada. Todos sus intentos por encender la llama fueron inútiles. Terminó cerrando el mechero, lo apretó en su mano y luego lo lanzó lejos. Las lágrimas seguían cayendo por sus mejillas pese a que trataba de hacer que pararan, frotándose los ojos con la manga. Apoyó la espalda en el árbol más cercano y se deslizó contra él hasta acabar sentado, con los brazos sobre las rodillas y el rostro oculto. La diferencia respecto a la muerte de su sensei era que esta vez no tenía a nadie que recogiera las piezas.*(2)
El tiempo pareció detenerse; el viento dejó de soplar y los insectos dejaron de hacer ruido. Unos pasos lentos, tranquilos y pausados se acercaron a él. Cuando levantó la vista, Shikamaru se encontró con un gran ciervo, probablemente el de mayor tamaño del bosque. Su cornamenta tenía muchas astas y era de gran envergadura, señal de su avanzada edad. En su hocico parecía sujetar algo. Golpeó varias veces el suelo con una de sus pezuñas delanteras, pidiéndole algo al ninja. Este estiró su mano hacia el ciervo y una pequeña caja metálica aterrizó en su palma. Era el mechero de Asuma. Los ojos del animal lo observaban atentamente y Shikamaru no dudó en volver a abrir el encendedor y tratar de hacer salir una llama. No tuvo que intentarlo una segunda vez.
Una media sonrisa se formó en su rostro mientras guardaba el mechero de nuevo en su bolsillo. Sus ojos conectaron una vez más con los orbes negros del ciervo, luego el animal se dio la vuelta y desapareció entre los árboles. Mientras volvía a ponerse en pie, Shikamaru creyó ver dos figuras frente a él, y antes de que desapareciesen les hizo una promesa: "Voy a esforzarme para proteger aquello por lo que disteis la vida."
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Dos días más tarde los equipos de búsqueda se retiraron del campo de batalla, incapaces de encontrar ningún cuerpo más entre los escombros. El cielo había permanecido gris todo el tiempo, todavía sin soltar una gota. Solo esa mañana, cuando un grupo de gente vestida de negro se movilizaba hacia el cementerio, la lluvia empezó a caer. Era fina, suave, y se clavaban como agujas en la piel. Sin embargo, nadie llevaba paraguas, nadie se quejaba del clima. Nadie hablaba. El grupo de personas reunidas era mucho mayor de lo que nunca había sido, reflejo de la gran cantidad de víctimas por las que el cielo estaba llorando.
Tsunade se encontraba frente a todos los reunidos, con la vista hacia el frente, pensando en la Piedra de los Héroes, donde mucho nombres habían sido añadidos durante los pasados días. Las distintas familias rodeaban las lápidas con los nombres de aquellos miembros que habían perdido. El grupo de antiguos novatos permanecía unido, sin mirarse. Sus ojos estaban fijos en los nombres grabados en roca del suelo. Era evidente que estaban agotados de la guerra y sus rostros reflejaban las horas de llanto. Frente a la tumba de Hyuga Neji, Hinata y Naruto permanecían juntos en completo silencio. La kunoichi había perdido a su primo, casi a un hermano, que se había sacrificado por ella y por la persona de la que estaba enamorada. No podía estarle más agradecido, pero no podía evitar pensar en cómo iba a ser todo sin él. El rubio, por su parte, revivía el momento una y otra vez en su mente. Aunque sabía que había sido su decisión y que Neji ahora era libre… verlo morir, ser salpicado por su sangre… Casi se había rendido ante Obito al asumir que realmente su amigo estaba muerto. Miró entonces a la chica frente a él; si no hubiera sido por Hinata, se hubiera dejado llevar por la oferta del enemigo y nadie estaría allí entonces. Tenía mucho que agradecerles a los Hyuga.
A unos metros de ellos, el equipo diez encaraba dos tumbas: Nara Shikaku y Yamanaka Inoichi. Las viudas se encontraban arrodilladas frente a las lápidas, bajo la atenta mirada de sus hijos. Ver los nombres grabados confirmaba del todo la situación y reabría la herida. Esta vez, sin embargo, ni Shikamaru, ni Ino lloraron. Se lo debían a sus padres y sus madres. Ahora eran ellos los pilares del hogar.
La Hokage hubiera deseado no tener que dar un discurso en ese momento. De poco o nada servían unas palabras de apoyo ahora. Aun así, su voz resonó por todo el cementerio.
-Quedará grabado para siempre en la historia cómo la Alianza Shinobi salvó al mundo de la destrucción, pero no se hará sin recordar el nombre de los shinobis que murieron en esta guerra. Hemos ganado muchos compañeros y perdido otros tantos. Su recuerdo quedará grabado en nuestra memoria, sus rostros no se olvidarán. Sus nombres inscritos en la Piedra de los Héroes asegurarán que las nuevas generaciones los conozcan. La Voluntad de Fuego en la que creían permanecerá en cada uno de nosotros mientras mantengamos la paz por la que dieron sus vidas. Ahora nuestro deber es protegerla.
No hubo aplausos ni respuesta, solo el silencio y alguna que otra sonrisa triste. Tsunade cerró los ojos y se introdujo entre la multitud para hablar con los familiares de los caídos y darles el pésame. Ella misma había estado al otro lado en muchas ocasiones, y ahora, como Hokage, cada vida perdida de Konoha era igual de dolorosa, un miembro menos de la familia que había jurado proteger al aceptar su cargo. En cierto momento, su vista se perdió en el cielo, dejando que las gotas mojasen libremente su rostro. Entonces pensó que no estaría mal retirarse, pasar la Voluntad de Fuego a otra persona y disfrutar del resto de su vida apostando, bebiendo y ayudando en el hospital.
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El cementerio estaba casi vacío cuando Kurenai se acercó al joven. Shikamaru la observó por el rabillo del ojo, con Mirai en brazos, dormida y con la boca abierta sobre el hombro de su madre. Pese a todo lo que había sucedido, el Nara sonrió ante la escena. Se encontraba frente a la tumba de su sensei, su última parada antes de volver a casa con su madre.
-Siento mucho lo de tu padre, Shikamaru.
Él no dijo nada, solo inclinó levemente la cabeza y se acercó a la mujer. Acarició con suavidad la cabellera de Mirai, provocando que esta emitiese un sonido inconsciente y una sonrisa se formase en su labios.
-Ahora solo puedo dedicarme a proteger aquello por lo que él y Asuma-sensei se sacrificaron, ¿no? -dijo, soltando un suspiro-. Va a ser un poco problemático.
Kurenai sonrió al oírlo decir esa última palabra. Luego miró a su hija, dormida en sus brazos, y no pudo evitar acordarse de Asuma y lo mucho que Mirai se parecía a él. Le dio un beso en la coronilla a la niña y después se encaminó junto a Shikamaru hacia la salida, dando la espalda a la tumba del hombre que amó.
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A casi cuatro días de distancia de Konoha se encontraba la aldea de la Arena. En Sunagakure el clima no acompañaba al sentimiento de los habitantes. El cielo era de color azul claro, apenas manchado por unas pocas nubes blancas. El Kazekage volvía del cementerio junto a sus hermanos, no sin antes haber hablado en nombre de los ninjas y kunoichis de la aldea que habían perdido la vida en la Cuarta Guerra Ninja.
Gaara mantenía un rostro sereno, habitual en él, mientras que sus hermanos mantenían algún tipo de discusión a sus espaldas, un murmullo al que ya se había acostumbrado. Temari lo había encontrado poco después de que regresase al campo de batalla principal, cargando con Lee y su maestro. Pese a que como Kazekage toda la aldea -ahora todos los shinobis-, eran familia suya, una sensación de mayor alivio le inundó al ver a su hermana con vida. Debido a la gran cantidad de trabajo allí donde había estado el Juubi -había permanecido ayudando con su arena al transporte de heridos-, no supo nada de Kankurou hasta que el mismo marionetista dio con él. Para sorpresa de Gaara, su hermano lo abrazó, y le acudió a la mente el recuerdo de su sueño.
Una vez todos los shinobis heridos y fallecidos de Suna fueron recogidos, los tres hermanos volvieron a la aldea. Antes de ello acordaron con los otros kages y sus guardaespaldas reunirse una vez las aldeas se hubieran recuperado y reconstruido. Se estimaba que la fecha sería dentro de algunos meses y de nuevo acudirían a la tierra de los samuráis, territorio neutro donde la Alianza podía confiar en reunirse sin disturbios. Sin embargo, durante ese periodo se mantendrían en contacto permanente como aliados.
La mente de Gaara volvió al mundo real -olvidándose por un momento de su posición- poco antes de regresar a su oficina. Prestó atención a la conversación a sus espaldas. Al parecer, Temari le recriminaba a Kankurou que este hubiera pasado demasiado tiempo arreglando sus marionetas aquella mañana, razón por la cual habían estado a punto de llegar tarde al cementerio. Por su parte, el castaño se defendía diciendo que no podría realizar su labor de proteger al Kazekage si no tenía sus armas funcionales. Sin que nadie se percatara, Gaara sonrió para sí mismo.
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El sol iluminaba el cielo de Konoha como si hubiera olvidado las lluvias de los últimos meses. Apenas unos pocos charcos persistían en las calles y el humor de los habitantes parecía empezar a animarse tras un largo tiempo de luto. Shikamaru caminaba con las manos en los bolsillos hacia la oficina del nuevo Hokage. Después de los funerales se había abierto un periodo de colaboración con todas las aldeas, ofreciendo shinobis para la reconstrucción de aquellas afectadas por las bijuu-dama. No fue fácil recuperar el ritmo previo a la guerra, menos al tiempo que se trataban de firmar nuevos acuerdos y formar nuevas alianzas; las aldeas de menor tamaño empezaban a desear unirse a la Alianza. El ajetreo había sido tal que la reunión de los kages se había atrasado más de lo previsto hasta el punto de que el Hokage que acudiría a esta no sería otro que Hatake Kakashi.
El hijo del Colmillo Blanco había heredado -casi por obligación-, el puesto de Kage de Konoha después de que Tsunade decidiese que era tiempo de retirarse. El cambio había pillado por sorpresa a muchos habitantes, pero habiendo sido Kakashi un ninja conocido por sus habilidades, no se opusieron. Ni siquiera cuando había perdido su sharingan.
Con el tiempo, las aldeas se habían ido recuperando de la guerra. Se había empezado a formar un camino que seguir, un nuevo objetivo: mantener la paz. Los métodos para realizar este deseo serían discutidos en la reunión de los kages dentro de unos días, al mismo tiempo que se trataban otros temas como la formación de un Consejo de la Alianza o el futuro del preso Uchiha Sasuke. En los meses de transición sus heridas habían sido curadas, aunque al igual que Naruto su brazo perdido seguía suponiendo un problema. Sus ojos, además, permanecían sellados pese a estar encerrado en una celda protegida por Anbus.
El ninja del clan Nara no lograba aclarar su mente; en los últimos meses había estado constantemente viajando y ofreciendo ayuda con los acuerdos. Si lo analizaba, era lo que deseaba: colaborar en el mantenimiento de la paz. Sin embargo, para su gusto las ideas estaban demasiado desordenadas, como si la Alianza fuese incapaz de coordinarse ahora que su padre no estaba como consejero.
Sus nudillos provocaron un sonido seco en la puerta de la oficina del Hokage. Apenas escuchó el "adelante", su mano se cerró entorno a la manilla y entró en la habitación. Kakashi estaba, como era habitual, rodeado de pergaminos, rollos y documentos apilados. En ese momento parecía estar escribiendo una carta, pero Shikamaru no le prestó atención.
-Hokage-sama, ¿por qué me has mandado llamar?
-¿Cuántas veces tendré que deciros que dejéis el "sama" atrás? -suspiró Kakashi-. La razón por la que quería hablar contigo es porque la reunión de los kages se acerca, y como bien sabes se discutirá la creación de un Consejo de la Alianza que se encargará de dividir las misiones, valorar los tratados con aldeas inferiores, vigilar el comercio… Y creo que serías la persona adecuada para liderar el Consejo, igual que Shikaku lo hizo en su tiempo.
Shikamaru permaneció en silencio unos instantes, sorprendido. Luego valoró mentalmente la situación; era cierto que aquella posición era algo de lo que podía hacerse cargo para asegurar que las cinco grandes aldeas permanecían unidas, pero también suponía un gran número de nuevas responsabilidades.
-No le des muchas vueltas aún, es solo una propuesta, aunque no creo que el resto de kages vayan a oponerse -continuó el Hokage-. Una alianza de este nivel va a necesitar el trabajo de muchas personas para poder mantenerse, así que no trabajarás solo. Tus habilidades, no obstante, podrían ser clave para mantener la paz. No tienes por qué responderme ahora…
-Está bien, Kakashi -respondió Shikamaru, rascándose la nuca-. Estoy seguro de que será problemático, pero creo que es una tarea de la que puedo hacerme cargo.
Los ojos del Hokage se abrieron sorprendidos; no esperaba una respuesta tan rápida ni decidida como aquella. Desde luego, el joven Nara parecía haber cambiado desde el final de la guerra.
-Me alegra que eso sea lo que has decidido -dijo, sonriendo bajo la máscara-. La reunión de los kages se celebrará dentro de cinco días en el País del Hierro. Yamato me acompañará como guardaespaldas, he pensado que tú podrías hacerlo como consejero.
El joven Nara asintió y procedió a realizar algunas preguntas sobre la reunión. Cuando salió del edificio del Hokage ya era mediodía y llegaba tarde a comer.
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Cinco días más tarde, tres figuras llegaban a las puertas del País del Hierro, tapadas con capas para protegerse del frío y el vaho saliendo de su boca. Los ninjas de Konoha eran los últimos en llegar a la reunión, lo que supuso una queja sobre la puntualidad por parte del Tsuchikage. No era difícil descubrir cuál de los tres ninjas tenía la culpa de llegar tarde; ser Hokage no hacía que Kakashi dejase de inventar falsas excusas para disculparse por su tardanza. Aquella vez no fue diferente.
La reunión inició después de ponerse al día sobre la situación de las distintas aldeas. Como era costumbre, Mifune moderaba la discusión entre los kages mientras que los guardaespaldas y consejeros de estos observaban desde lo alto.
-El primer asunto a tratar de esta reunión es la formación de un Consejo de la Alianza para poder iniciar de forma inmediata la colaboración entre los distintos países -empezó diciendo el líder de los samuráis.
-La creación de esta institución es algo que la Alianza necesita con urgencia -intervino Kakashi-. Su base debería encontrarse aquí, en tierra neutral para evitar conflictos.
-Estoy de acuerdo con el Hokage, pero tenemos que considerar también cuáles serán las funciones del Consejo, qué decisiones podrá tomar cada aldea sin ponerlas en colaboración antes y quiénes serán las personas que participen en este nuevo grupo -el Tsuchikage levitaba con los brazos cruzados sobre la silla, resaltando su posición.
-Ninjas de cada una de las aldeas integrarán el Consejo -dijo el Kazekage-. Esto no deja de ser una colaboración de los miembros de la Alianza.
-El Kazekage tiene razón, al fin y al cabo las decisiones que el Consejo tome afectará a cada una de nuestras aldeas, por lo que las opiniones y votos deberían ser equitativos -la Mizukage hizo una pausa-. Sin embargo, también debe haber una jerarquía que mantenga el orden y reparta el trabajo.
Los Kages se observaron unos momentos; jerarquía suponía encasillar a los shinobis en distintas posiciones y nombrar a uno de ellos líder del grupo. Dicha persona debería permanecer imparcial a la hora de tomar decisiones, no favoreciendo a ninguna aldea. Si se pensase detenidamente, un samurai del País del Hierro hubiera sido la mejor opción, pero la voz de Kakashi se adelantó.
-Si se me permite, me gustaría proponer a Nara Shikamaru de Konoha como uno de los cabecillas del nuevo consejo.
-¡Ja! -exclamó el Raikage-. No es de extrañar que quieras a uno de tus ninjas liderando el Consejo, Hokage, pero creo que al resto de kages también nos gustaría tener a alguien de nuestra aldea como líder.
-El shinobi del que Kakashi-san habla es hijo de Shikaku, el hombre que brindó a la Alianza la estrategia para acabar con el Juubi -intervino Gaara, levantando la voz de forma casi imperceptible-. Nara Shikamaru posee unas habilidades similares a las de su padre. Si el Hokage cree que sería el shinobi adecuado para el puesto, Suna apoyará su propuesta.
Desde lo alto, Shikamaru pudo sentir las miradas del resto de ninjas sobre él. Yamato ya estaba al tanto de la situación, por lo que se mantuvo en silencio. Sin embargo, al levantar la vista y cruzar la mirada con el resto de guardaespaldas, se percató de que Temari le sonreía orgullosa. Él, sorprendido y avergonzado, se rascó la nuca y apartó la vista, dirigiéndola de nuevo hacia la reunión. Esta continuó definiendo las funciones del Consejo y se concretó que cada aldea seleccionaría a una serie de shinobis que podrían formar parte del equipo y de los cuales un número equitativo de cada aldea sería elegido. Mifune accedió además a que los cuarteles de la Alianza Shinobi se mantuviesen en el País del Hierro.
-Bien, ahora procedamos al segundo punto de esta reunión -anunció el moderador-. El juicio contra Uchiha Sasuke.
El aire pareció hacerse denso por unos momentos. Hasta entonces el mencionado ninja había permanecido preso, aunque no olvidado como se creía. Era evidente que más de uno de los kages reunidos ansiaba que el joven recibiese un castigo duro, pero otros ya se habían opuesto anteriormente a ello.
-Si juzgásemos al muchacho en función de los crímenes cometidos, la ley dicta que debería pagar con su vida.
-No debemos olvidar que Uchiha Sasuke colaboró con la Alianza Shinobi en la guerra, Tsuchikage -intervino Gaara-. Además ayudó a vencer a Otsutsuki Kaguya.
-Tsk, eso no cambia el hecho de que tratase de luchar y secuestrar a mi hermano, Kazekage -dijo A, golpeando la mesa con el puño-. No podemos dejarlo ir libremente.
-Entonces el castigo adecuado sería meterlo en la Prisión de Sangre de forma indefinida -la voz de la Mizukage se abrió paso entre los hombres-. Al fin y al cabo ahí será seguro que no podrá usar su chakra ni sus poderes oculares.
-Estoy de acuerdo con que las acciones de Sasuke no pueden ser pasadas por alto y que lo más lógico sería encerrarlo de por vida, pero… -Kakashi descruzó los dedos, extendiendo las palmas de las manos sobre la mesa-. Estando aquí no solo como Hokage, sino también como antiguo sensei de Sasuke y portavoz de Naruto… Pido la amnistía de Uchiha Sasuke.
Las risas del Tsuchikage y del Raikage resonaron por las paredes. Los dos hombres cruzaron sus brazos y observaron al último que había hablado, cuestionándolo con la mirada.
-No puedes estar hablando en serio, Hokage -exclamó Oonoki-. ¡Muchos ninjas han sido encarcelados por mucho menos!
-Entiendo su enfado, Raikage, Tsuchikage. Pero si no fuera por Sasuke, todo el mundo seguiría hundido en el Tsukuyomi infinito. Después de haber caído en la oscuridad, Naruto ha conseguido traer a su amigo de vuelta -continuó diciendo Kakashi-. Por ello me ha pedido explícitamente que demos la amnistía a Sasuke y se le conceda su petición.
-¿Encima pretendes que le hagamos favores al muchacho? -replicó A con una vena marcada en la frente.
-Sasuke quiere ver el mundo tal y como es ahora -explicó el Hokage-. A cambio, trabajará en cualquier misión para la Alianza y se asegurará de que ningún peligro altere la paz que estamos tratando de mantener.
El silencio reinó de nuevo en la sala. Tener al Uchiha encerrado ahorraría una gran cantidad de posibles problemas futuros, pero tenerlo trabajando para la Alianza suponía un beneficio diferente. Había aldeas descontentas con la situación, ninjas que se estaban movilizando… La paz no era tan real como se creía, y tener una potencia así como defensor era… tentador.
-Tener al crío a nuestra disposición podría ser un buen recurso para el futuro -meditó Mei-. Pero en caso de que algo salga mal, ¿quién lo parará y cargará con la culpa?
-Naruto ha asegurado que luchará de nuevo con Sasuke si es necesario. Y si se llega a tal punto, yo pagaré las consecuencias de los daños que haya podido ocasionar -sentenció Kakashi.
Los kages cruzaron miradas. Era bastante obvio que el Hokage realmente pretendía liberar al Uchiha. Además, Naruto, héroe de la guerra, lo deseaba igualmente. El Raikage sabía personalmente cuán lejos podía ir el rubio por su amigo y debía reconocer que aquello hacía de él un gran shinobi.
-Si algo sale mal, yo mismo me encargaré de enterrar al Uchiha -soltó con voz potente.
El resto de líderes lo observaron sorprendidos; de todos los presentes él era el que más en contra parecía estar de la idea. El hecho de que la aceptase era… difícil de creer. Tanto, que hizo que el resto de indecisos cambiasen también de opinión.
-¿Alguno de los kages desea aportar otra idea? -ninguno dijo nada, por lo que Mifune continuó a dar el veredicto-. En ese caso, Uchiha Sasuke será puesto en libertad bajo las condiciones aquí tratadas.
Unos segundos después de que aquellas palabras fueran pronunciadas, Kakashi soltó un largo suspiro agotado. De alguna forma, esa discusión había ido mucho mejor de lo que esperaba. En ningún momento olvidó los gritos de Naruto, reclamando una y otra vez que si él no lograba convencer a los kages, el mismo rubio se llevaría a Sasuke de viaje. Estaba aliviado de no haber tenido que llegar a tal límite.
-Por último, por los caídos en la Cuarta Guerra Shinobi -el ambiente cambió de nuevo con ese tema. El líder de los samuráis siguió hablando-. Se propuso poco después del final de la batalla construir aquí, en el País del Hierro, un monumento conmemorativo para todos aquellos que dieron la vida. Si ningún kage tiene nada que objetar al respecto, se procederá como se acordó a su construcción. Si es posible, sería adecuado tener una lista con los nombres a grabar al final de la semana.
Los kages asintieron en silencio y a continuación procedieron a ponerse en pie, dando por finalizada la asamblea. En la parte superior de la sala, Shikamaru continuaba sorprendido. En primer lugar, no terminaba por creer que a Sasuke se le hubiera concedido la amnistía. Además, era la primera vez que oía sobre el monumento hablado.
Tardó en reaccionar antes de seguir a Yamato hacia la salida, pero una voz que lo llamó por su nombre le detuvo. Con una seña le indicó a su compañero que continuase su camino para reunirse con el Hokage mientras que él se giraba para encarar a Temari. La ninja de la Arena llevaba, como era habitual en ella, el pelo rubio recogido en cuatro coletas cortas. Sus ojos verdes parecían varios tonos más oscuros por la escasa iluminación. Pese a las bajas temperaturas del País del Hierro, la kunoichi llevaba solo unos cortos pantalones de rejillas bajo la falda negra, una camiseta del mismo color con mangas también de rejilla y una capa blanca sin mangas.
-No sabía que pretendías formar parte del Consejo de la Alianza, Shikamaru.
-Ah… Hai… -respondió él, rascándose de nuevo la nuca-. Será problemático, pero creo que es algo por lo que empezar para mantener la paz.
-Supongo que tienes razón… En cualquier caso, parece que volveremos a trabajar juntos -el Nara le cuestionó con la mirada. Ella se explicó-: Como embajadora de Suna, Gaara ha pensado que podría hacer un buen trabajo en el Consejo. Es agradable saber que al menos habrá una cara conocida entre tanto papeleo.
Shikamaru sonrió, asintió y empezó a caminar hacia la salida con la kunoichi a su lado. Se mantuvieron en silencio unos segundos, hasta que la kunoichi volvió a hablar, esta vez más seria.
-¿Cómo estás, Shikamaru? -preguntó, observándolo con detenimiento-. Respecto a tu padre, tú…
-Estoy bien -le cortó él, cambiando el tono de voz. No estaba molesto, más bien sorprendido porque ella le preguntara por el tema. Como siempre, resultaba ser un genio en muchos aspectos, pero no en hablar sobre cómo se sentía-. Mi madre todavía se está adaptando, pero con el tiempo uno se… acostumbra.
Ella asintió, empatizando con su situación. Cuando ella tenía tres años había perdido a su madre, y aunque no pudiera recordar mucho del tiempo que había pasado a su lado, la echaba de menos. Tiempo después su padre había sido asesinado por Orochimaru y ella se había quedado sola con sus hermanos. Por entonces la relación que tenía con ellos era distante, como compañeros de armas más que de sangre. Si no hubiera sido por Naruto, posiblemente no hubiera llegado a tener la familia que tenía en ese momento. Temari más que nadie estaba en condiciones de decirle a Shikamaru que el tiempo podía ayudar a sanar las heridas.
Llegaron a la sala principal del edificio, donde solo el Kazekage y el Hokage faltaban por partir. Este último parecía estar discutiendo algún tema con Yamato, mientras que Gaara observaba a los recién llegados con los brazos cruzados. Su otro hermano miraba distraído a la salida, abrazándose para soportar el frío.
-Te mandaré un halcón cuando se seleccionen los shinobis de Suna que podrían formar parte del Consejo -sugirió ella-. De esa forma podremos mantenernos al día de las situaciones de cada aldea, ¿te parece?
El Nara pareció sorprenderse al principio frente a la propuesta. Incluso un sonrojo casi imperceptible llegó a sus mejillas. Finalmente asintió, y unos segundos después sus caminos se separaron.
Notas:
*(1) Esta frase es citada tal cual de anime, en el momento en el que Shikaku habla con Shika tras morir Asuma (no sucede en el manga, pero lo considero un momento importante uwu)
*(2) Por si no lo habéis pillado (no me extrañaría, que yo tengo una obsesión con Shika xD). Esto es una referencia al final de la charla de Shikaku y su hijo, cuando Shika lanza las piezas de shogi a tomar por saco y empieza a llorar (esto es de la muerte de Asuma, por si acaso -3-), antes de irse Shikaku le dice que él "recogerá las piezas", haciendo referencia al propio Shika. ¿Triste cuando se analiza, verdad? Lo sé, a mí siempre se me sale la lagrimilla u.u
Bueeeeno, no ha estado tan mal, ¿ne? Sé que no tiene acción y la única interacción ShikaTema se da al final, pero recordad que estoy tratando de explicar todos los eventos desde el final de la guerra hasta Boruto (incluyendo mis propias ideas). Esto incluye la explicación de cómo Shikamaru pasó de ser... él, a una persona que carga con todo e incluso acepta una misión de asesinato (Shikamaru Hiden). Realmente quería explorar cómo afectaron los eventos de la guerra a nuestro pobre Shika u.u
Ahora sí, me podéis lanzar tomates (que yo daré a Sasuke uwu), darle a like, ponerme un reviewcito o si todavía no lo has hecho, darle a follow para recibir la siguiente actualización ^^ También acepto cualquier regalo que queráis, preferiblemente un Kakashi tamaño real o un patito amarillo de hule(?) uwu Ya sé que estoy loca, pero gracias mi tenéis este fic
Sobre el siguiente capítulo: Es como este de largo (lo de 5k por cada cap lo estoy mandando a la shit, ya lo sé xD). Además es mucho más fluido ya que abarca desde Shikamaru Hiden hasta la cita que queda acordada por Shikamaru y Temari, pasando por The Last. Debo avisar que no voy a replicar la novela de Shika, sino que escribiré los momentos no especificados en la novela pero que considero importante (ejemplo, ida de Temari a Konoha para saber qué pasa con Shika). Y si habéis llegado hasta aquí en esta nota de la autora... ¡tenéis recompensa! Adelanto:
-Entiendo… ¿Y… te marcharás pronto?-cuestinó el Nara.
La kunoichi negó, apoyó una mano en su cadera y dejó caer parte de su peso en la pierna izquierda.
-Aún hay un par de papeles que el Hokage quiere revise y rellene, así que me quedaré aquí un par de días más -explicó.
Shikamaru asintió sin saber qué más decir; hace un momento iba a mandarle una carta y ahora… bueno, ahora la tenía delante y a él no se le ocurría ninguna palabra. Menudo estratega era. Se rascó la nuca nervioso, sintiéndose algo estúpido y finalmente habló, primero en un tono bajo y luego más audible.
-En ese caso… ¿te apetece ir a comer?
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Y ahora sí, ¡eso es todo por hoy! La siguiente publicación será a finales de abril, justo antes de mi siguiente ronda de exámenes (los últimos T.T)
Laura~
