Disclaimer: Los personajes de Harry Potter no me pertenecen, todo es de JK Rowling y de la Warner Brothers. No gano nada con esto, salvo mera satisfacción.

Dissipo

Capítulo III

A esa hora de la tarde la sala común de Slytherin estaba abarrotada de alumnos que hacían sus tareas, parloteaban animadamente o simplemente dormitaban en los sillones. En la gran chimenea no solo ardían leños, también había un sinnúmero de pergaminos arruinados con tachones y manchas de tinta.

"Todavía no sé que usar. Qué color crees que me siente para un reunión tan…eh…selecta, como esa?" Narcissa inclinó levemente su cabeza y el largo cabello rubio se deslizó por sus hombros.

"Rojo, te aseguro que serás el centro de atención" Fanka le pasó una revista en donde se apreciaba una bruja con una lujosa túnica carmín. Narcissa la examinó por un momento y luego negó con la cabeza.

"Me haría ver sumamente gorda" contestó decepcionada mientras le cedía la revista a Fanka. Desde hace un par de horas estaba analizando junto a ella qué podía ponerse para la reunión de la próxima semana. Le había dicho que era algo de Lucius, algo sumamente privado y que no sabía casi nada, pero que quería lucir hermosa. Lucius le había dicho que fuera discreta y tal como le dijo, ella no había dicho ni una sola palabra sobre Octave Gropius, ni siquiera a la adorable Fanka Caldwell.

Fanka buscó más diseños en la revista. Le mostró una túnica de un naranja otoñal, y luego una verde.

"Ninguna" dijo después de observarlas detenidamente. Narcissa dio un suspiro impaciente y se llevó las manos a la pálida frente. "¿Qué voy a hacer? No puedo ir vestida como si fuera cualquiera."

"La revista es terrible, hay que decirlo. Deberías enviar una lechuza al editor". Fanka alargó el brazo en el que sostenía la revista y la lanzó hacia la chimenea con certeza. El fuego la abrazó rápidamente y mientras las llamas empezaban a consumir el papel, la modelo de la portada gritaba horrorizada y se removía con desesperación golpeando a su alrededor y tratando de escapar sin ningún resultado.

"Por poco y me olvido!" Fanka chasqueó la lengua (algo que Narcissa consideraba una clara falta de clase) y empezó a rebuscar en su maletín de cuero. El cabello de Fanka era exactamente del mismo color que el antiguo tocador de caoba que había en la habitación de sus padres. Fanka estaba en sexto año, pero por su vivacidad nadie hubiera pensado que aún no tenía la mayoría de edad. Era sangre limpia- por supuesto, Narcissa nunca, jamás se codearía con alguien de dudosa ascendencia- y tenía una sonrisa tan apacible que si no fuera por su insignia de Slytherin la gente pensaría que era una Hufflepuff.

"Aquí está" dijo mostrándole otra revista. Al igual que en la anterior, la portada tenía a una modelo y títulos similares "Consigue a tu hombre ideal", "Últimas tendencias de temporada". Pero fue un microsegundo después que Narcissa cayó en cuenta de que la bruja tenía una túnica extraña, sin mangas, que la fotografía no se movía y que la bruja no era una bruja.

"Muggle!" chilló a la vez que su cara adoptaba una mueca digna de alguien que ha visto una bashee.

"Es inofensiva y muy útil, tienes que verla. Quién diría el buen gusto que tienen algunos muggles" dijo Fanka mientras le guiñaba un ojo descaradamente.

Narcissa arrugó el ceño y se prometió alejarse lo más posible de Fanka Caldwell ahora que había descubierto su desviación por las porquerías muggles. Viéndolo bien, su cabello era bastante rojizo, lo suficiente como para que tuviera parentesco con algún Weasley. Que tarde vine a conocerla, pensó.

"Voy a revisar algunas cosas, en mi dormitorio" Narcissa tomó su maletín rápidamente y sin dirigirle la mirada a Fanka hizo su camino hasta la habitación de las chicas de séptimo año.

Se dejó caer en su cama, corrió el pesado dosel verde y, todavía incrédula, volvió a pensar en lo sucedido mientras miraban revistas de moda. Fanka Caldwell, a quién conocía desde hace años, resultó ser una admiradora de los muggles!
Ahora ella sola tendría que encontrar la pieza ideal para la reunión de Gropius…

Narcissa se lamentó en su interior. En esos momentos le hubiera gustado tener a su lado a Bellatrix para que le ayudase. Ella ni siquiera había debutado en sociedad y no estaba acostumbrada a reuniones políticas ni a sus formalidades. Debutar en sociedad, pensó. Su acto de debutante sería sumamente corto y pequeño: lo más probable es que esa misma noche anunciaran su compromiso con Lucius. Y a ella esa idea no le gustaba en absoluto. No entendía por qué sus padres querían que todo fuera tan rápido¿no podían esperar unos meses para que ella pudiera debutar en sociedad con todo el lujo y esplendor que se merece una Black? Ella siempre había soñado con debutar en una fiesta colosal y elegante, como la de Andrómeda.

"Andrómeda" murmuró Narcissa tumbándose despreocupadamente sobre las almohadas, porque en el oscuro y vacío dormitorio de las chicas de séptimo no importaba si decía aquel nombre prohibido. En cambio, cuando regresaba a casa se cuidaba mucho de no mencionarla.

Desde el día que en que se fue de casa sus padres pretendían que no existía. Bellatrix la nombraba a veces, sólo para hacer hincapié en lo estúpida que era y en la vergüenza que había derramado sobre el nombre de la familia Black. Y cuando eso sucedía su padre alzaba la voz parar decirle, no, para ordenarle a Bella que cerrara la boca y que no la abriera hasta que él la autorizara y¡Merlín! Narcissa sabía muy bien que solo algo muy grave podía hacer que su padre se dirigiera de esa forma a una de sus hijas. Y ese algo era, aunque todos quisieran ocultarlo, Andrómeda.

Oh, Andrómeda! Ella fue la favorita de su padre. Fue, porque desde que se marchó con ese sangresucia ella había muerto para todos y ahora papá se volvía desagradablemente gris cada día que pasaba. Era tan encantadora, tan lista. Y algo tímida, pero eso solo la hacía más grande a los ojos de papá: Tiene vena de diplomática, decía. Y es verdad. Andrómeda era agradable, nunca hacía comentarios mal intencionados o mordaces a diferencia de Bella prefería un silencio discreto a una mala palabra. Ahora que lo pensaba bien, aquello era lo que más la describía: era silenciosa. Narcissa pensó por un momento en sus conversaciones con Andrómeda; eran sobre situaciones cotidianas, libros, fiestas y vestidos. Nunca habló con ella sobre nada importante, sobre sus pensamientos. Quizás nunca la conoció ¿tienes novio Andrómeda, quiénes son tus amigos¿Qué te gusta hacer¿Con qué sueñas?

Recordó los momentos en los que hablaban frente a un espejo. Andrómeda en una antigua y valiosa silla y ella sentada sobre la alfombra, apoyando su cabeza en las rodillas de su hermana. Sentarse en el piso es algo sumamente vulgar, pero durante los veranos en casa algunas veces Narcissa podía dejar de ser una joven y educada bruja para actuar de vez en cuando como una muchacha cualquiera. Por lo que sabía, ahora Andrómeda estaría cuidando a un hijo suyo y del muggle, una semilla podrida que había crecido dentro de ella. Era terrible que su hermana se hubiera marchado para casarse con un sangresucia, y al hacer eso ella dejó muy en claro que era igual que él, que no valía nada. Ojalá sea un maldito squib, dijo Bella al enterarse. Y Bellatrix mostró a todos su desagrado cortándose su hermoso, brillante y largo cabello negro. Lo hice porque es exactamente igual que el de esa escoria de bruja, le comentó Bella unos días después.

Que cosa tan estúpida, pensó Narcissa, todos los Black tienen el cabello así. Todos, menos yo.

Desde chica Narcissa había notado las pequeñas diferencias entre ella y el resto de su familia. La primera fue su cabello rubio que contrastaba tanto con las espesas cabelleras negras de sus hermanas y primos. De niña esto la hacía sentir muy mal, tanto que una vez intentó pintárselo negro con una botella de sangre de acromántula que encontró en las cosas de su padre. Una vez que creció, entendió que su melena rubia, igual que la de su madre, era un regalo de la naturaleza que la hacia diferentey hermosa.

Después fue su nombre. Esa vieja costumbre Black de tener nombre de estrellas, pero su nombre era diferente también, ella se llamaba Narcissa igual que una flor. Y después, claro, vinieron los intereses. Bellatrix tan explosiva, tan iracunda se atrevería a decir. Andrómeda tan buena y compasiva –y estúpida, comprobó más tarde- incluso hacía buenas migas con el mocoso Sirius! No, no…y Sirius su primo, un chiquillo insoportable. Regulus todavía era muy pequeño para determinar pero Narcissa deseaba que el cielo tuviera piedad de él y fuera diferente a su hermano.

A veces era difícil entender por qué todos estaban emparentados y como era posible que fueran familia. Hasta que llegaban las grandes fiestas.

Las grandes fiestas! En el enorme salón de la antigua mansión de sus abuelos, ahí era donde todo cobraba sentido. Narcissa y sus hermanas se envolvían en finísimos vestidos y encima se ponían, como dictaba la tradición, delicadas túnicas vaporosas. Su madre les recogía el cabello con la varita y con un par de hechizos aquí y allá les adornaba el pelo con tocados de flores cristalizadas, pero la mejor parte de todas era cuando bajaba la escalera imperial que daba al salón. Los invitados hablaban y revoloteaban, los elfos se movían cargando aperitivos en enormes bandejas de plata que los ocultaban y los más jóvenes estaban mirando por el gran ventanal mientras esbozaban sonrisas de autosuficiencia y socarronería.
Y de pronto, cuando ella bajaba escalón por escalón hasta quedar en el plano de vista del salón, entonces todo y todos se detenían para mirarla. Y sus ojos se abrían, como si la imagen de la hermosa Narcissa fuera tan grande y magnífica que no podía entrar por las pupilas de los presentes, y uno que otro elfo trastabillaba bajo la enorme bandeja y la dejaba caer. Oh, cuantos elfos habían sido sacrificados porque se tambalearon al verla! Aún podía acordarse de la anciana Orly y sus enormes ojos llorosos: "Después de ver a mi ama tan hermosa moriré muy feliz!". Desagradable, los elfos le parecían criaturas sumamente repugnantes aunque necesarias. Pero Orly estaba en lo cierto: Narcissa se veía preciosa. Cuado sus pies llegaban al último escalón los más cercanos hacían una pequeña reverencia y murmuraban algo sobre su fino vestido y su gran belleza, y entonces Narcissa se sentía tan feliz, una felicidad deliciosa que le hacía cosquillas en el estómago y teñía sus mejillas ligeramente, una sensación tan agradable que le avergonzaba: simplemente no podía ser normal que alguien disfrutara tanto. Y su goce no se detenía aunque después le hicieran los mismos cumplidos a su madre, Andrómeda y Bellatrix. Narcissaa sabía que cuando iban dirigidos a ella eran especiales.

Empezaba un cotillón francés, música ridículamente vieja pero alegre, y cuando bailaban todos parecían transfigurados. Bellatrix tomada de la mano de su esposo Rodolphus parecía tranquila. Sirius le contaba algo a Andrómeda y al tío Alphard que los hacía reír abiertamente, y por primera vez no parecía un mocoso rebelde sino un gracil y pícaro jovencito. Y todos bailaban, cambiaban de hileras y de parejas, y sonreían mientras el resto de los invitados veía bailar animadamente los Black, y Narcissa casi podría jurar que Bellatrix le guiñó un ojo a Sirius, a quien usualmente molestaba hasta hacerle gritar.

Pero de pronto alguien la tomó de la mano sacándola de su posición en la cuadrilla y Narcissa vio a un muchacho rubio de su edad, que empezaba a bailar solo con ella ignorando que el cotillón se baila en grupos. Y giraron y giraron y giraron, hasta que todo lo demás se hizo borroso menos la cara del muchacho, menos la cara de Lucius.

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Perdón por la demora! Espero que valga la pena..
Gracias a Cristina que ha hecho las veces de beta para este capítulo con mano dura.