Como habían acordado dos días después Severus y Regulus llegaron al despacho de abogados, la secretaria los hizo pasar a una sala donde varios hombre estaban hablando.

Reconoció al instante a Sirius Black, su futuro daddy, y este se separó del resto para ir a saludarlo.

Acarició su hombro en signo de saludo y miró a su acompañante.

—Él es Regulus, mi amigo— dijo sencillamente Severus.

—Encantado, Regulus—dijo estrechándole la mano.

—Igualmente—dijo este sonriendo como solo él sabía hacerlo sin dejar de mirarse, Severus se sintió incómodo.

En ese momento otro hombre se acercó a ellos rompiendo al extraña situación, Severus sabía que al lado de Regulus él no tenía nada que hacer, ¿quizás Sirius preferiría realizar el contrato con él? Los motivos por los que accedía a ello eran económicos, pero su ego se resintió, nunca había tenido una gran autoestima.

—Os presento a mi amigo, Remus Lupin—el hombre debía de tener la edad de Sirius, y si pensó que este se veía amenazador, este nuevo con aquel rostro apacible y unos hermosos ojos ámbar le parecía aún más peligroso. Era extraño porque su expresión no lo demostraba, era algo difícil de explicar.

—Encantado de conoceros—el recién llegado le sonrió, y pensó que ese hombre era un auténtico lobo camuflado. Que se quedara mirando fijo a Regulus no le gustó, y a pesar de no ser mucho mayor que él, Severus tuvo el instinto de protegerlo.

—¿Leemos el contrato, Severus?—dijo Sirius rompiendo de nuevo el ambiente tenso entre ellos.

—Claro. — Y desde ese momento tuvo los ojos del moreno sobre sí, ese hombre tenía la curiosa cualidad de hacer que te olvidaras de cualquier cosa cuando ponía su foco en ti.

Severus tomó los papeles entre las manos y comenzó a leerlo, salvando la jerga legal los puntos parecían ser claros incluso para él.

Sirius se comprometía a pagarle la Universidad hasta finalizarla, a pesar de que el tiempo que compartieran fuera de menor duración. Todo estaría en un fondo a su nombre y que solo se usaría para ese menester. Tendría una cuenta de gastos a parte todo el tiempo que estuvieran juntos.

El punto más importante para él, período de prueba de una semana, si finalmente extendía el contrato la deuda de su padre sería pagada en los siguientes seis meses.

Seis meses, pensó Severus, ese era el tiempo que duraría ese contrato. Podía hacerlo.

El siguiente punto eran los requerimientos de Sirius hacia él, cambio de domicilio y prestaciones sexuales consentidas y de mutuo acuerdo. Una detallada lista de prácticas que Severus se ruborizó al leer, puesto que todos los presentes las leerían también, se contentó pensando que no había ninguna que no estuviera dispuesto a realizar.

Luego pasaron a las disposiciones legales sobre la cláusula de confidencialidad, en esta se comprometía a guardar silencio sobre todo lo que viviera durante su relación, así como datos que pudiera llegar a conocer sobre los negocios de Sirius, bajo pena de una sanción económica por el triple de la deuda de su padre.

Severus miró al moreno, realmente se tomaba todo aquello muy en serio, pero si era capaz de pagar por todo aquello sin despeinarse tendría motivos para no querer escándalos.

Regulus lo leyó, y supuso que Remus ya lo habría hecho y solo estaba allí como acompañante.

Antes de firmar tomó varias respiraciones, miró al hombre con el que al menos compartiría una semana de su vida y finalmente firmó.

Si Tom llegaba a enterarse le iba a matar.

—¿Te importa si discutimos en privado los pormenores de tu traslado?—le preguntó Sirius, pero como la última vez aquello no tenía nada de pregunta, era una orden velada y ambos lo sabían.

—Claro—dijo Severus mirando a su amigo.

Una fuerte mano tomó a Severus de la cadera haciéndolo andar a otra habitación.

Sintió como la puerta se cerraba tras ellos. Y Severus se comenzó a poner nervioso, no es como si no supiera lo que acababa de firmar, solo que no se había preparado mentalmente aún.

Sirius se sentó en una sillón y le hizo un gesto a Severus para que se acercara, el hombre vestía traje de chaqueta como la última vez, él en cambio unos vaqueros oscuros y un jersey.

Cuando iba a tomar asiento a su lado, este se lo negó.

—Ven aquí—le indicó palmeándose sus propias piernas, Severus enrojeció levemente, pero obedeció.

Era extraño estar sentado sobre su regazo y encontrarse tan tenso, las veces que había estado sentado así sobre alguien o era muy pequeño o se estaban besando.

—¿Cuánto vas a necesitar para tener todas tus cosas listas?—preguntó Sirius acariciándole la espalda.

—No lo sé, no tengo muchas cosas—dijo Severus—quizás un día, dos a lo sumo.

—Perfecto, no hace falta que traigas todo, en mi casa tendrás todo lo que necesites. Tu residencia seguirá siendo pagada—las caricias en su espalda una vez pasada la incomodidad eran bastante placenteras.—En este sobre tienes mi teléfono, mi dirección y una tarjeta de crédito a tu nombre. Me avisaras cuando estés listo y un coche irá a buscarte.

Su mano había ido bajando de su espalda hasta acabar en el inicio de sus nalgas, Severus intentó no tensarse, mientras Sirius seguía hablando.

—No serás ningún prisionero, irás a tus clases, estarás con tus amigos, y podrás salir de la casa a tu antojo, pero cuando yo te solicite—su mano abarcó completamente su nalga amasándola—estarás para mí. ¿Lo has entendido?

—Sí—dijo suavemente, las caricias no cesaron sino que se intensificaron.

—Los sugar baby suelen ser chicos cariñosos y mimosos, no voy a pedir de ti algo que no esté en tu carácter pero valoraré tus esfuerzos—en ese punto la mano de Sirius había separado la tela de su pantalón buscando su piel, las caricias se centraban al rededor de su ano, y Severus se esforzó por atender lo que le decía.

—Sí, daddy—dijo sintiéndose extraño, pero el brillo complacido en lo ojos grises le dijo que hizo lo correcto.

—Muy bien, pequeño, creo que vas a aprender muy rápido—Severus jadeó cuando le introdujo lento pero constante su dedo corazón. Y cuando comenzó a moverlo dentro de él, se agarró a sus hombros para no caerse.

Cualquier tipo de reticencia Severus la olvidó dejándose llevar por el placer que le estaba dando, nunca había estado tan excitado con un simple dedo masturbándolo. Pero justo estaba acariciando su próstata, su pene estaba completamente duro dentro de sus pantalones y le molestaba. Sirius le abrió los pantalones liberándolo, y Severus se mordió los labios para no gemir.

—No, tus gemidos son míos y quiero escucharte siempre—le amonestó agarrando su mandíbula sin dejar de penetrarlo. Los ojos de Severus se dirigieron a la puerta, los demás estaban allí.

—Ellos no importan, céntrate en mí, gime para mí—dijo Sirius mientras comenzaba a masturbar su pene.

Aquello era demasiado para Severus y se dejó ir gimiendo cerca de la boca de Sirius.

—Así es pequeño, gime para mí—le decía sin dejar de atenderle cada vez más rápido, Severus no iba a aguantar mucho más, y eso parecía saberlo el hombre sobre el que estaba sentado.

—Estoy deseando probarte en mi cama, bebé—le dijo Sirius lamiendo sus labios, el toque tan caliente le hizo venirse a Severus en la mano de Sirius.

No cayó hacia atrás en mitad de su orgasmo por los brazos de Sirius agarrándole a pesar de que sus manos estaban ocupadas. Cuando Severus abrió los ojos se avergonzó completamente, todo era demasiado. Sirius mirándole tan caliente que intimidaba, su semen manchando la elegante chaqueta de este, mientras aún no era ni siquiera dueño de sí mismo.

—Delicioso—dijo Sirius mientras saboreaba el esperma que había quedado en sus dedos. No es que Severus fuera alguien remilgado en el sexo, pero jamás había hecho eso para otro. Y ver que ese casi desconocido le saboreaba de ese modo le abochornó.

Y solo acababan de empezar.

Fuera Regulus miraba la puerta por la que su amigo se había ido. Reconocía que no esperaba que eso ocurriera, y ahora no sabía bien que debía hacer.

El abogado se había ido a atender una oportuna llamada y él se había quedado con ese hombre extraño. Tan afable por fuera pero tenía algo salvaje que le ponía en alerta.

No negaba que fuera caliente. Lo era y mucho, pero también tenía algo peligroso más allá de los tipos con los que se hubiera acostado.

Sus bonitos ojos ámbar le estaban mirando con curiosidad.

—No recuerdo tu apellido—le dijo.

—Eso es porque Severus no lo dijo, es Christopher.

Los ojos de Remus se abrieron imperceptiblemente, siempre y cuando no fueras Regulus no te hubieras dado cuenta. Pero él llevaba registrando ese dato desde que tenía uso de razón, motivo por el cual sus amigos solían no decir su apellido.

—Sí, como los huérfanos de Sain't Christopher—dijo él para acabar con el tema.

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¡Un nuevo capítulo!

Os hablé sobre unas mini-guías sobre los personajes pero luego me di cuenta que haciéndolo iba a revelar cosas que aún no creo que sea el momento. Los personajes nos van a contar sus propias historias a medida que vayan apareciendo.

Bueno lo del contrato dado mi nulo conocimiento sobre el tema imagino que no existiría en la vida real, pero a nuestro Severus le viene de perlas, todo sea por la trama jajajaja.

Este fic va a tener bastante carga sexual, por si alguien tenía alguna duda.

Pues nada más, nos leemos el martes que viene.

Os adelanto, conoceremos un poco más a Regulus :)