3. Reencuentro
Hoy es mi primer día en la escuela Inazuma, y nada podría empeorar más las cosas. No he desayunado, mi madre se pasa las horas llorando en su habitación o en el baño, y el uniforme es lo más horrible que he visto nunca. ¿Acaso hay alguien con una suerte peor? Yo creo que no. Encima, me tengo que presentar delante de toda la clase, y no es que sea tímido, pero no me gusta hablar en público, y menos si es delante de gente que no conozco. Pero no hay manera de librarse, así que cojo aire y entro en el aula, con resignación. Me pongo frente a los alumnos y los observo, uno a uno, y cuál no es mi sorpresa al encontrarme con la cara de la chica que salvé ayer. La saludo, pero al verme, palidece, ¿qué le pasará? Da igual.
-Hola, soy Fubuki Atsuya, pero llamadme Atsuya –me presento de mala gana. El profesor me dice que me siente donde yo quiera. No sé si ponerme al lado de esa chica. Vamos a ver, lo haría, pero es que odio con toda mi alma la primera fila. Aunque, de todos modos, no conozco a nadie más aquí, así que… me pongo a su lado-. Hola.
-H-Hola… A-Atsu-suya… -dice, asustada. Pero ¿cómo? ¿Ya se asusta de mí? Joder, y eso que acaba de conocerme, no quiero imaginármela dentro de unos meses…
-Vaya, qué raro, ¿recuerdas mi nombre o es porque lo acabo de decir?
-Como para olvidarlo… -murmura por lo bajo, pero no lo suficiente, la he oído.
-¿Y eso por qué? –este asunto empieza a mosquearme. No contesta-. Te he preguntado algo.
-¿Podríamos hablar luego? Es que es largo de explicar… y necesito atender en clase para enterarme de la lección.
-Ya… -respondo, algo molesto. En fin, dejaré que "atienda", pero no estoy muy seguro de que de verdad quiera hablar conmigo después.
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-¡Eh, oye, espera! –vale que no quiera hablarme, pero al menos que me lo diga a la cara, no me gusta que me den largas.
-Ah, perdona, lo olvidaba, yo… -seguro ¬¬.
-No importa. Bueno, dime, ¿qué es lo que te asusta tanto de mí?
-Ah, no –se ríe nerviosamente-. No es eso, es…
-¡Haruna! ¿Con quién estás? –la peli azul pone cara de terror. Madre mía, esta chica tiende mucho a asustarse, por lo que estoy viendo…
-¡Shiro-kun…! –ese nombre. Me doy la vuelta.
-¿¡SHIRO! –él me mira también, asombrado.
-¿¡ATSUYA! Pero…
-¿¡PERO TÚ NO HABÍAS MUERTO! –grito, en medio del patio, consiguiendo que cientos de pares de ojos se vuelvan hacia nosotros, extrañados. El que debe de ser mi hermano mayor, supuestamente fallecido a los ocho años en una avalancha, junto con nuestros padres, se sonroja debido a toda la multitud que le observa, curiosa, coge del brazo a Haruna y me indica que les siga. Vamos hasta el barracón del club de fútbol, allí podremos hablar tranquilos.
-Pero tú… tú… ¿no habías… muerto…? –me pregunta, con un hilo de voz.
-Pues no lo sé, pero me parece que aún sigo vivo, porque estoy aquí, hablando contigo y tal… pero vamos, que no me hagas mucho caso, ¿eh? –contesto, irónicamente-. Es solo una teoría… eh, ¿qué haces?
-Atsuya, hermano… -mi hermanito mayor me da un fuerte abrazo, fruto de la emoción, supongo. Por ser quien es, le voy a dejar, pero más tarde le recordaré que NO me gustan los abrazos, NUNCA me han gustado y NUNCA me gustarán. Se separa de mí, al fin corre el aire-. No puedo creer que hayas vuelto.
-En realidad, nunca me fui –me encojo de hombros.
-Eso solo podrías decirlo tú –sonríe.
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-¿Ahora entiendes por qué estaba tan asustada? –me pregunta la chica, mientras caminamos juntos hacia nuestras casas. Ella vive más cerca que la mía, así que en vez de irse con Shiro, a partir de ahora se vendrá conmigo.
-Sí, más o menos… -contesto a la de gafas rojas-. Oye, ¿podrías decirme tu nombre? Yo… en fin.
-Otonashi Haruna. Un placer haber llegado al fin a conocerte.
-Para mí también lo fue salvarte la vida.
-Gracias de nuevo. Ha sido toda una casualidad que fueras hermano de Shiro, yo sabía que él tenía un hermano y que lo pasaba muy mal, pero no supe que eras tú hasta que me dijiste tu nombre. Así que lo siento… no sabía qué hacer, ni cómo decírselo, mi novio tuvo muchos problemas de personalidad cuando aún creía que estabas muerto…
-¿Eres la novia de Shiro?
-Sí –responde, sonrojada-. Mañana hace un mes que salimos…
-Ah –no sé por qué, pero siento algo en el estómago, y no es hambre-. Bueno… esto, yo… me voy, mi casa es por ahí, ya… nos veremos. Adiós, Otonashi.
-Por favor, llámame sólo Haruna –pide ella, sonrojada.
-Jaja, vale. ¡Adiós, cuñada!
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Mi madre se ha quedado casi igual de sorprendida que yo. Ciertamente, es increíble que, de entre todas las personas que hay en este mundo, haya tenido que salvar a la novia de mi hermano. No quiero reconocerlo, pero me alegro mucho de que esté bien. Y ya le dejaré claro lo de los abrazos.
-¿Y es guapa? –me ha preguntado, un poco mejor de ánimos.
-¿A qué esa pregunta? –contesto yo, acalorado.
-Ah, no, nada… -dice, con una sonrisilla-. Es que estás distinto, hijo, desde que volviste ayer de la calle, te veo más… sonriente y… como justo ahora ha aparecido esa niña… bueno, tú ya me entiendes…
-¡Qué dices! ¡Haruna es mi cuñada, ni pensaría en eso!
-¿Y entonces como explicas esa sonrisilla tonta que te sale desde ayer?
Resoplo.
-¿Es que uno no puede ser feliz y ya está?
-Tú no.
-Hombre, gracias… tendré en cuenta eso que has dicho cuando vaya a hacerte algún favor.
-Ya puedes ir pidiendo una pizza.
-¡Bien! Oye, ¿y eso?
-Es una noche especial, tenemos invitado.
-Ah, y lo primero que piensas cuando invitas a alguien a casa es en darles pizza…
-Cocinar no es lo mío, y quiero que no le importe volver por aquí.
-Vaya, vaya, así que te has echado nuevo novio…
-¡Qué dices! Solo es un amigo… de la infancia.
-Por eso la pizza.
-No ¬¬. Mira, limítate a pedirla, ya te lo explicaré mañana… no creo que tarde mucho en llegar.
-Vale –se encierra en su habitación a arreglarse, y yo en la mía, a continuar despellejando la lagartija que empezamos a diseccionar Tobitaka y yo hace unas semanas. Qué recuerdos tan tiernos me vienen a la cabeza…
Media hora más tarde, suena el timbre de casa.
-¡Voy yo! –digo. Abro la puerta y me encuentro a un señor moreno de piel oscura y con gafas, a una niña de aproximadamente nueve años con trenzas castañas y vestido rosa, y a un chico de mi edad, con el cabello de punta y mirada seria. Antes de que pueda decir nada, aparece mamá por detrás y me aparta bruscamente-. ¡Eh, eso es maltrato infantil! –me quejo. Ella me mira con cara de cállate-ahora-mismo-o-te-mato-. Vale…
-Hola, Goenji –sonríe mi madre, con cara de idiota-. Eh, pasad… no sabía que ibas a traer a tus hijos…
-Ah, no importa, seguro que en la tienda habrá pizza para todos… -digo. Vuelve a fulminarme con la mirada-. Vale…
Entran.
Por fin actualizo, no sé qué me pasa con este fic que me da una pereza terrible subir los capítulos… Bueno, aquí os dejo esto, comentad y eso…
Besos, wena suerte, xaoo!
