Una serie de historias cortas (oneshots) sin relación entre si, sobre las SwanQueen. Tengo ya bastantes ideas en mente y trataré de actualizar con regularidad, tanto esto como mis otros dos fics. Si alguien tiene ideas puede mandármelas por mensaje y así ir añadiendo historias =)!
Este necesita una pequeña explicación, y es que a mi nadie me quita que en el capitulo de Going Home (3x11) cuando Regina se desmayó al tocar el pergamino vio algo, un futuro con Emma y Henry, o algo así, no se, pero algo. Por eso estaba tan convencida de que Emma no volvería también como los demás a pesar de haber nacido en el Bosque Encantado, porque tenia que renunciar a ella tanto como a Henry. ByeBye happy ending. Y nadie puede convencerme de lo contrario xD
Los personajes de OUAT no me pertenecen. Contadme que os parece y espero que os guste :)!
SQT 3: Going Home.
Emma cogió el rollo de la maldición de las manos de Henry y se lo pasó a Regina.
- Ahora depende de ti.
La morena lo sostuvo en la mano apenas unos segundos antes de desmayarse.
- ¡Regina!
.
.
.
- ¿Regina? Regina, despierta.
Decía una suave voz junto a su oído. La reina abrió los ojos desconcertada, ya no estaba en la calle, ni rodeada de gente, estaba en su casa, concretamente en el sofá de su salón, y la voz que escuchaba a su lado era ni más ni menos que la de Emma, que había apoyado los brazos cruzados a su lado en el sofá y la observaba con la barbilla entre las manos y una sonrisita en la cara.
- ¿Qué ha pasado?
Pregunto la alcaldesa sin comprender como había llegado allí.
- Te has quedado dormida.
Dijo la rubia cogiendo un libro que había sobre el regazo de Regina y dejándolo en la mesa que tenía detrás sin apartar la vista de la mujer tumbada en el sofá.
- Pero si no te levantas no podrás despedirte de Henry.
Añadió dándola un rápido beso en la frente antes de levantarse que dejó a Regina con los ojos como platos por la sorpresa de ese gesto tan personal.
- ¿Por qué tengo que despedirme de Henry?
Pregunto otra vez la morena con cierto tono asustado, no sabía dónde estaba su hijo ni porque se suponía que tenía que separarse de él. Emma rio volviendo hacia el sofá, levantó las piernas de Regina para poder sentarse y luego las dejó otra vez sobre sus rodillas.
- Ya lo hemos hablado y tú estuviste de acuerdo.
- Yo no he estado de acuerdo con nada.
Dijo a la defensiva cada vez más sorprendida por la familiaridad que Emma tenía con ella, la rubia giró los ojos sin dejar de reír.
- Solo se va a la universidad, y Boston no esta tan lejos. Tú estuviste de acuerdo cuando decidimos que nosotras seguiríamos viviendo aquí. Y eso da a Henry más libertad, sin tener todo el día a sus madres detrás de él como si fuese un niño.
¿"Universidad"? ¿"Nosotras"? Regina cada vez entendía menos, ni siquiera sabía que hacia allí, Pan ya había lanzado su maldición y tenían que actuar rápido, ya habría tiempo para hablar con Henry de universidades, aún era joven para ello.
- Además las dos queremos criar al bebe aquí, o eso me dijiste. Y no me parece bien meternos en una mudanza con embarazo incluido.
Los ojos de la reina volvieron a abrirse de la sorpresa. ¿Embarazo? ¿Qué ellas querían criar al bebe allí? Miró el estómago de Emma, que estaba tan liso como siempre.
- ¿Quién está embarazada?
Dijo Regina mirando a su alrededor, aun tratando de averiguar lo que pasaba. Sin duda era su salón, aunque había pequeños cambios en los que no se había fijado al principio.
- No te hagas la reina dura conmigo, aunque no te guste pienso cuidarte y darte mimos todo lo que dure el embarazo.
Respondió Emma inclinándose hacia ella para rozar su nariz con la de la morena, que instintivamente echó la cabeza hacia atrás, poco acostumbrada a esa clase de acercamiento, y menos de la sheriff, quien la miro extrañada, frunciendo el ceño, como si de repente se diese cuenta de que algo no iba bien. Casi temiendo lo que iba a ver, Regina apartó la manta con la que estaba arropada y dio un gritito cuando vio su barriga más abultada de lo normal. No debía de estar de más de cuatro meses según sus cálculos. Se levantó de un salto, tirando la manta y corriendo hacia el espejo más cercano para levantarse la camisa y mirar su barriga con cara de susto.
Escuchó a Emma acercarse por su espalda, la morena se giró con ambas manos en su barriga y expresión de terror.
- ¿Qué está pasando?
La rubia la observo por un segundo antes de acercarse lentamente a ella.
- ¿No te acuerdas de nada?
Regina dio un paso atrás, alejándose un poco de Emma, que levanto las manos en un gesto tranquilizador.
- Vale, cariño, cálmate, arreglaremos esto.
La morena estaba al borde un ataque de nervios.
- ¿Por qué me llamas cariño? ¿Por qué hablas de un nosotras? ¿De dónde ha salido esto?
Se señaló la embarazada barriga, Emma dio otro tentativo paso hacia ella y al ver que no se alejaba caminó más confiada hasta llegar a su lado y colocar una cálida mano sobre la tripa de Regina.
- Es nuestro.
Por un momento la morena se quedó paralizada por la impresión, con la mandíbula literalmente colgando, antes de darle un empujón a Emma y ponerse a la defensiva, alzó las manos por las que ahora corrían pequeños rayos morados, la rubia dio un paso atrás con cautela, sin apartar la vista de Regina.
- Regina, cálmate. Me conoces, sabes que soy yo.
Volvió a levantar las manos para mostrarse desarmada y se mantuvieron la mirada por un momento antes de que la morena bajase las suyas, vencida.
- ¿Qué está pasando?
- ¿Qué es lo último que recuerdas?
Pregunto Emma acercándose otra vez a ella y pasándola una mano por la cintura para guiarla otra vez al sofá y arroparla con la manta que había tirado, a Regina seguía sorprendiéndole el cuidado y cariño que la rubia ponía en esos pequeños gestos.
- Estábamos…en la calle. Rumpel acababa de sacrificarse para vencer a Pan, la maldición se acercaba…
Se apretó el puente de la nariz, cerrando los ojos con frustración. No entendía que había pasado con todo aquello.
- ¿Pan? Eso pasó hace años, Regina.
La morena miro a Emma buscando algún signo de broma o engaño, pero no lo había, sabía que estaba diciendo la verdad.
- Me diste el pergamino con la maldición... Lo cogí y…lo siguiente que se es que estoy aquí.
Siguió explicando sin encontrarle todavía explicación.
- Vencimos a Peter Pan, cuando él no estuvo la maldición se debilito lo suficiente para que tu pudieses hacerla desaparecer. Ganamos. ¿No te acuerdas?
Dijo Emma pasándola un brazo por los hombros y frotando cariñosamente uno de sus brazos en un intento de reconfortarla, Regina apenas se dio cuenta de ese gesto mientras miraba a la rubia totalmente shockeada.
- La maldición no se debilita solo porque la persona que la haya lanzado muera. Además eso no explica porque estoy aquí.
- ¿Has estado jugando con tus hechizos? A lo mejor alguno te ha hecho perder la memoria.
Sugirió Emma, la morena le dio un liguero manotazo en la rodilla.
- Yo no juego con hechizos, y aunque lo hiciese no sería tan estúpida de quitarme la memoria a mí misma.
La rubia rio ligeramente.
- Esta ya se parece más a mi Regina.
Fue en ese momento cuando la reina se dio cuenta de que estaba prácticamente abrazada a la Salvadora, sobre todo porque sintió sobre si misma vibrar el pecho de la otra mujer al reírse. Inexplicablemente tampoco intentó apartarse, allí se sentía segura, a salvo.
- Bueno, lo arreglaremos, siempre lo hacemos. Pero Henry estará aquí en cualquier momento y si se entera de esto no querrá irse, y ya ha retrasado bastante el momento. ¿Crees que podrás esperar hasta que se vaya después de comer?
Regina se quedó sin palabras, ahora entendía aún menos ¿de verdad habría perdido la memoria? ¿Había viajado en el tiempo? ¿A una dimensión alternativa? ¿O simplemente se había vuelto loca por fin?
- No quiero que pienses que no me preocupo por ti, amor. Te prometo que lo arreglaremos, de verdad, pero preocupar a Henry solo liaría más las cosas. Yo te mantendré a salvo.
Prometió Emma cogiéndola las manos y clavándole una intensa mirada. Regina no conocía nada de esa vida de la que le había hablado la Salvadora, y aun así la creía, confiaba en ella. Asintió lentamente y la otra mujer sonrió, besándola en la mejilla. Regina se llevó inconscientemente la mano a esa misma mejilla, sin poder dejar de sorprenderse por esos gestos.
- Perdona, es la costumbre, no lo puedo evitar. Ya lo recordaras.
Se excusó la sheriff con su sonrisa de cachorrito. Regina murmuro un ausente "no pasa nada" casi sin darse cuenta y Emma la puso un poco al día para no levantar muchas sospechas cuando estuvieran con Henry. Su hijo estaba ahora mismo despidiéndose de los amigos que iba a dejar en la ciudad, se iba a la universidad a estudiar psicología, lo que no sorprendía a Regina en absoluto, lo que si la sorprendió fue que al parecer Emma y ella llevaban años casadas.
- ¿Cómo pasó eso?
Pregunto la morena con poco tacto, sin llegar a creérselo del todo.
- Como pasa siempre, nos enamoramos. O al menos una de nosotras lo hizo.
Respondió la morena con una risita, aunque el tono de la otra mujer la había herido un poco, como si le pareciese imposible que algo así pudiese llegar a pasar.
- O quizá nos pasó a las dos.
Murmuro Regina ausente otra vez, recordando como era su relación con Emma desde hacía ya un tiempo. La ruptura de la maldición había traído algo más que recuerdos y magia, pero no era momento de pensar en eso. Tenía que resultar creíble delante de Henry, Emma le contó que ellas dos habían decidido quedarse en Storybrooke, que al fin y al cabo era su hogar y era donde querían criar a su futuro bebe, que iba a tener Regina.
- Dijiste, literalmente, que así cuando decidiese dejarte no podría quitarte a este.
Rio la sheriff todavía acariciando el brazo de la que era su mujer casi sin darse cuenta, como algo natural.
- Eso suena a algo que yo diría…
Dijo Regina tratando de procesar información, no le parecía posible que hubiese olvidado todo eso.
- Tú no te acuerdas, pero te dije que nunca iba a dejarte.
Añadió Emma cariñosamente, con una tierna sonrisa, y Regina podría jurar que si hasta ese momento aún le quedaba alguna duda de si sentía algo o no por la rubia, todas desaparecieron al mirar esa sonrisa, ya no podía negarlo. Si todo eso era mentira, acababa de condenarse por una sonrisa, ya no podría escapar de ello.
Escucharon la puerta abrirse y unas llaves tintinear.
- ¿Mamas?
La voz de Henry sonaba más grave, más profunda, mas crecida. Inconscientemente apretó la camiseta de Emma, temiendo irracionalmente ver a su hijo ya crecido, no sabía si sabría cómo reaccionar. Pero unas tranquilizadoras manos se pusieron sobre las suyas, deshaciendo la tenaza sobre la camiseta.
- No pasara nada.
Dijo calmadamente Emma besándola los nudillos primero y dejando un rápido e inconsciente beso sobre los labios de Regina después. La sonrió y la levanto del sofá al mismo tiempo que ella para ir a ver a su hijo.
.
.
.
La comida fue mejor de lo que la morena había esperado, Emma llevo el peso de la conversación y se encargó de todo, Henry notaba a Regina extrañamente callada, pero la rubia también excuso eso con un simple:
- Ya conoces a tu madre, le cuesta dejarte salir del nido.
Los tres rieron. Finalmente David se pasó con su furgoneta a recoger a su nieto para llevarle él en persona hasta Boston. Regina no podía creerse que de verdad se estuviese despidiendo de su hijo, que se iba a la universidad.
- Crecen tan deprisa.
Comentó Emma viendo alejarse la furgoneta y pasando un brazo por los hombros de Regina para que apoyase la cabeza en su hombro.
- Y que lo digas.
Murmuró la morena. Había pasado de recuperar a su hijo de once años del cuerpo de Pan a despedirle para la universidad en el mismo día.
- Cierto, vamos a ocuparnos de tu memoria.
Dijo la Salvadora volviendo dentro de la casa.
- No creo que sea cosa de mi memoria, parece…algo más. No lo sé.
Regina aún seguía apoyada contra Emma y cada vez se le hacía menos extraño. Su olfato mágico le decía que allí había algo más que una pérdida de memoria, no podía ser que hubiese olvidado tantos años sin motivo ninguno y a partir de una fecha tan concreta. Aun así no perdía nada por hacer una poción con la que recuperar sus recuerdos. Pero no funcionó.
- No lo entiendo.
Dijo Emma mirando el fondo de la botellita de poción vacía, como si los recuerdos se hubiesen quedado allí.
- No he recuperado los recuerdos porque no hay nada que recuperar.
Respondió Regina empezando a desesperarse, miro los ingredientes que había usado para preparar la poción pensando en otras alternativas, pero no podía meterse en la cabeza recuerdos que nunca había tenido. Ella no había vivido esa vida de la que hablaba Emma, había llegado allí, a ese cuerpo futuro o hipotéticamente futuro suyo y no sabía cómo ni porque.
- Vale, repasemos, cuéntame otra vez lo que sabes.
Pidió Emma calmadamente para calmar también a Regina, fuese lo que fuese lo solucionarían más tarde o más temprano.
- Estábamos en la calle, Pan acababa de morir, y al coger el pergamino…
Recordó la morena cerrando la mano inconscientemente como si estuviese cogiendo el pergamino otra vez. Sabía que había algo ahí, que la explicación estaba en eso, pero se le escapaba por los pelos.
- ¿Sentiste algo al coger el pergamino?
Pregunto la rubia mirando como su mujer paseaba por la habitación cada vez más irritada.
- Me desmaye y aparecí…aquí.
Respondió la morena peinándose el pelo nerviosamente.
- Bueno, debe de haber alguna conexión entre el pergamino y eso.
Dijo Emma. Las dos mujeres se miraron esperando a que la otra dijese la solución.
- Tú siempre has sido la más lista de las dos.
Añadió la rubia con un encogimiento de hombros.
- Pan uso mi misma maldición para crear la suya, yo iba a usar el pergamino para deshacerla, era la única que podía hacerlo…Gold dijo que había un precio…
Regina intentaba unir todas las piezas, y entonces se dio cuenta de que faltaba esa: el precio. Tenían el pergamino, pero no sabía que iba a costarle, y entonces apareció allí, con Emma.
- ¿Cuál fue el precio?
Pregunto a la rubia con un temor que no sabía de donde venía.
- ¿Qué precio? Pan ya no estaba así que…
- No. Siempre hay un precio. Gold dijo que sería uno alto.
Cortó Regina mirando a su alrededor como si estuviese dándose cuenta por fin de algo.
- Esto es una visión.
- ¿Qué?
Pregunto Emma con su eterna cara de desconcierto, a pesar de los años que llevaba metida en el mundo de la magia y los cuentos aún seguía sorprendiéndose.
- No he viajado al futuro, no he perdido la memoria. Esto es una especie de visión.
Explico la morena sentándose por fin junto a la rubia, con los hombros caídos. Si eso era una visión significaba que no era real.
- ¿Y porque ibas a tener una visión al tocar el pergamino?
Volvió a preguntar la rubia sin terminar de aceptar del todo esa teoría.
- Para conocer el precio a pagar.
Respondió Regina girando la cabeza para poder mirar a Emma a los ojos, la rubia no entendía la tristeza que veía en la cara de la reina.
- Si el precio fue enamorarnos, casarnos y tener otro hijo yo estaría dispuesta a pagarlo otra vez.
Rio Emma haciendo una divertía mueca que hizo reír un poco a Regina también.
- No, ojala fuese tan sencillo. El precio es esto, todo esto. Henry. Tú.
La morena no apartaba la vista de la otra mujer, jamás imagino que Emma Swan entrase dentro de su sacrificio, del precio a pagar.
- Pero eso no es posible, estamos aquí, ya tenemos esto. No pudo ser el precio por deshacer la maldición.
La rubia se negaba a creer eso, era imposible, era su vida, ya la tenía, ella la había vivido, no podía ser todo mentira.
- ¿Me estás diciendo que todo esto no es real? ¿Qué esta todo en tu imaginación?
Añadió entre molesta y triste, le temblaban los labios y Regina puso una mano en su mejilla, acariciándoselos con el pulgar.
- Créeme que nunca habría podido imaginar algo así.
Esa respuesta no pareció servir de mucho a la rubia.
- Pero no, no creo que nada de esto sea real.
Dijo por fin pestañeando muy rápido para no dejar caer dos pequeñas lágrimas. En algún momento despertaría y todo ese mundo se desvanecería.
- Creé Storybrooke para tener mi final feliz, y ahora que por fin lo conozco tengo que renunciar a él.
Rio un poco con ironía, sin gracia ninguna.
- Pero ahora estamos aquí, supongo que tenemos hasta que despiertes.
Susurro Emma inclinándose hacia delante para besar a Regina sin más, la morena se sorprendió, ese era su primer beso con la rubia, su primer beso de verdad, al menos para ella, para la Salvadora ese sería otro de tantos, solo que ahora sabiendo que eso terminaría. No le resultó nada difícil dejarse llevar, fue como si las manos de Emma ya hubiesen recorrido su cuerpo un millón de veces antes, como si Regina hubiese desnudado a la Salvadora un millón de veces antes. La morena temía que ahora que sabía cuál sería el precio fuese a despertar en cualquier momento, así que tenía que disfrutar cada instante, absorberlo, guardarlo para siempre porque era todo lo que le quedaría, solo el recuerdo.
.
.
.
Algunas horas después tenia a Emma abrazada a su espalda mientras ella jugueteaba con sus dedos, sentía el aliento de la rubia tras la oreja, entre el pelo, por el cuello, la estaba recorriendo con los labios toda la piel que tenía a su alcance sin soltarla. Regina no podía creerse que se sintiese así de feliz, en brazos de la Salvadora nada menos. Emma le había dicho que así era como se sentía ella todos los días, le había contado que había pasado mucho tiempo enamorada de ella antes de atreverse a confesarlo, habían sido amigas, había visto a Regina intentar relaciones con otras personas antes de rendirse a la evidencia.
- Mi madre se quedó prácticamente muda dos días antes de venir a vernos y decirnos que lo entendía y que le parecía bien si éramos felices con ello.
Le contó Emma riendo cuando le pregunto por la reacción de Mary Margaret, eso la decepciono un poco, esperaba que al menos la hubiese molestado un poquito. Al principio por lo menos. Aunque suponía que así era lo mejor, no quería que la rubia tuviese problemas con su familia.
- Si te sirve de consuelo a David le costó más aceptarlo, llegó a preguntarme si me habías hechizado de alguna manera.
Continuo la rubia riendo en la oreja de la reina suavemente, sonido que Regina lamentaba no haber oído más a menudo, era horrible saber que no podría escucharlo siempre.
- Cada vez que te veía te miraba como si hubieses destrozado la tierna inocencia de su hija.
Seguía diciendo Emma, mordisqueándole el lóbulo lentamente, lujuriosamente, como para demostrarle esa tierna inocencia que había destruido.
- Intentó emparejarme con algunos tipos, incluso con Hook.
- Debo de gustarle muy poco.
Rio Regina, haciendo una mueca al imaginarse a Emma con Hook, luego se llevó la mano de la rubia a los labios para besarle la palma y la muñeca tiernamente.
- Al principio no, ahora ya lo ha asumido, le parece genial. Incluso quiso ser él quien te entregase en la boda.
La Salvadora rompió a reír cuando Regina se giró a toda velocidad para mirarla con pánico ante la sola idea de David Nolan llevándola hasta el altar.
- Si, pusiste esa misma cara. Henry te llevo hasta el altar.
Tranquilizó Emma dándola un rápido beso en la nariz antes de que la morena devolviese su atención al jugueteo con los dedos de su mujer.
- En realidad ahora os lleváis bastante bien, somos una familia. Todos.
La felicidad era palpable en el tono de la sheriff y Regina no pudo evitar sonreír por ello.
- ¿Quieres ver el DVD de la boda?
Pregunto de pronto levantándose un poco para poder mirar a la cara de la morena.
- Eso nos llevaría mucho tiempo.
Rio la otra mujer echando hacia atrás el cabello rubio que había caído sobre la cara de Emma, que se levantó igualmente de la cama de un salto, corriendo fuera de la habitación completamente desnuda. La morena se rio sola al contemplar ese espectáculo, Emma Swan era incorregible, al parecer, era su incorregible. Y no había sabido lo mucho que podía llegar a gustarle esa idea. La rubia volvió a la habitación llevando un álbum de fotos en las manos, se sentó en la cama y Regina se incorporó también, abrazándola la cintura y apoyando la barbilla en su hombro para ver el álbum.
- Al menos tienes que ver las fotos.
Dijo Emma con una sonrisa a la que era imposible resistirse. Aunque una parte de Regina prefería no ver esas fotos, sabía que eso solo sería echarle sal a su posterior herida, cuando toda esa realidad desapareciese. Pero allí estaban ellas, vestidas de blanco, grabadas en fotografías, riendo felices, con un Henry más alto que el que ella había dejado en su Storybrooke vestido de esmoquin y con una brillante sonrisa, abrazando a sus dos madres, David y Mary Margaret también estaban por allí, al parecer el Príncipe Encantador no había podido contener las lágrimas en la boda de su hija. Ruby, la abuelita, Belle, Archie, Marco, incluso Neal. Había fotos con todos ellos en el día de su boda, y al final del álbum había pegado un pedazo de papel.
"Creo que una vez leí que un alma gemela no es alguien que llega a tu vida pacíficamente. Es quien llega y te hace cuestionarte las cosas, quien cambia tu realidad, alguien que marca un antes y un después en tu vida. No es el ser humano que habías idealizado, sino una persona ordinaria que logra revolucionar tu vida en un segundo. Es una descripción que representa perfectamente tu llegada a mi vida, alteraste todo mi mundo, destrozaste todo lo que había construido y me sacaste a la luz. Rompiste mi maldición, y me salvaste."
Regina podía reconocer su propia letra en la hoja, miro a Emma con la boca ligeramente abierta.
- Fueron los votos que usaste el día de nuestra boda. Por supuesto te los aprendiste de memoria, pero quise guardarlos.
En la página de al lado había otra hoja de papel, algo más descuidada y con un par de tachones aquí y allá.
"Las palabras no siempre se me dan bien, sabes que soy una mujer de acción, tu eres el cerebro de la operación. La gente cree que un alma gemela es alguien con quien encajas perfectamente, se supone que es lo que quiere todo el mundo, pero una autentica alma gemela es como un espejo, quien te saca todo lo reprimido y te hace mirar hacia dentro para que puedas cambiar tu vida. Seguramente es la persona más importante que vayas a conocer, te tira todos los muros y te despierta de un porrazo. Cuando nos conocimos literalmente me diste ese porrazo. No sabía lo cansada que estaba de huir, de correr, no sabía lo mucho que quería pertenecer a alguna parte hasta que no te pertenecí."
- Estos son los mi…
El final de la frase se le quedo en la boca cuando Regina se lanzó sobre ella, tirándola en la cama y cortándola lo que fuese que estaba diciendo.
- Lo cierto es que en parte lo cogí de un libro.
Confesó con una risita entre beso y beso.
- Lo sé, está en mi biblioteca.
Rio también Regina, enganchándose en su pelo para profundizar el beso.
.
.
.
Emma le propuso a la morena salir de casa, pero la reina no quería, si esa visión iba a terminar pronto no quería compartirla con nadie más, así que hicieron todo lo que se les ocurrió, Regina le preguntó que solían hacer cuando estaban solas, e incluso vieron una película antigua. No querían irse a dormir, sabían que la próxima vez que Regina abriese los ojos todo eso se habría ido. Pero llego el momento.
- No quiero cerrar los ojos.
Dijo la reina cuando se acostaron, nariz con nariz, pasándole los brazos por la cintura.
- Más tarde o más temprano tendrás que hacerlo. Yo no dejare de mirarte incluso aunque todo esto desaparezca.
Murmuro Emma con una triste sonrisa.
- No puedo creer que tenga que renunciar a esto.
Regina tenía un nudo en la garganta, la rubia le acaricio la mandíbula con un dedo.
- No importa lo que pase cuando despiertes, no importa que esta vida nunca llegue a ser real ¿me oyes? No importa, te quiero.
Dijo Emma con la voz un poco tomada, sonrió con tristeza y beso la frente de la reina con cariño.
- Y ahora duerme, despiertes donde despiertes te seguiré queriendo y nada ni nadie podrá cambiar eso. Recuérdalo siempre, vayas a donde vayas.
Se dieron un último beso, desesperado, con sabor a final, y Regina se abrazó a la Salvadora antes de cerrar los ojos.
.
.
.
Emma agitaba a Regina con impaciencia, empezaba a asustarse de que la morena no despertase.
- Regina. ¡Regina!
No dejaba de llamarla, y finalmente abrió los ojos con una honda bocanada de aire, agarrándose con fuerza automáticamente al brazo de la rubia.
- Emma.
Fue apenas un susurro. Aunque había más gente allí, solo era capaz de mirar a la Salvadora, desde una perspectiva totalmente nueva. Ahora sabía.
- ¿Qué ha pasado? ¿Estás bien?
Pregunto la mujer que hacia un tiempo había dicho que no la importaba lo que la pasara.
- Sí, estoy bien, es solo…
No podía acabar la frase, aún estaba procesando todo lo que había pasado, todo lo que había visto y vivido.
- ¿Qué ha pasado? ¿Qué paso cuando lo tocaste?
Preguntó Mary Margaret.
- He visto lo que necesitaba para hacerlo.
Respondió lanzando una rápida mirada a Henry, notando la mirada de Emma clavada en ella.
- Mama, ¿estarás bien?
- Lo que importa es que tú lo estarás.
Dijo agarrándole la barbilla a su hijo con expresión rota. Ahora sabía que tenía que renunciar a él. A él y a Emma, a la vida que podrían tener los tres juntos. Tenía que renunciar a lo que más quería, lo que resultaba que no incluía solo a Henry, también, por más tiempo que hubiese querido negarlo, a Emma Swan. Tenía que deshacer lo que empezó.
Tanto tiempo queriendo que esa mujer saliese de su vida y ahora daría cualquier cosa por mantenerla a su lado junto con su hijo.
.
.
.
Estaban todos reunidos en el límite de Storybrooke mientras la maldición de Pan se echaba sobre ellos, imparable. Veía como Emma y Henry se despedían de todos con tristeza. Había cierta ironía en ver aquello de la mujer que había vagabundeado voluntariamente de un lado a otro durante casi toda su vida.
Henry se acercó a ella después de despedirse de sus abuelos, a pesar de todo lo que había luchado por él, de todas las cosas buenas y malas, ahora tenía que decirle adiós a su hijo. Casi rompía el corazón ver como el chico se echaba la culpa de todo, pero la culpa era suya, ella era la villana.
- No eres una villana, eres mi madre.
Respondió Henry fundiéndose con ella en un abrazo mientras Emma se despedía de Neal. Tenía que decirla algo, tenía que despedirse de ella, aunque nunca fuesen a tener la vida que había visto no podía negar que Emma y ella habían vivido mucho, para bien o para mal, a su pesar quería a aquella testaruda rubia, aunque ya nunca pudiese decírselo. Pero el pirata se le adelanto y tuvo que esperar hasta que el hombre del abrigo de cuero terminase de lloriquear, rezando porque no cometiese la estupidez de besarla.
- Emma…
Llamo en cuanto Hook termino.
- Hay algo que no te he dicho.
- ¿Ahora qué?
Pregunto la rubia totalmente derrotada.
- Cuando la maldición este sobre nosotros Storybrooke ya no existirá, nunca habrá existido, así que estos últimos años se irán de tus recuerdos. Y nosotros volveremos a ser solo cuentos.
Nunca pensó que iba a dolerle tanto la idea de que Emma se olvidase de ella, de que no supiese que existía, que olvidase los años que habían pasado juntas, las peleas, la confianza… Casi la envidiaba, no recordar parecía una opción mucho menos dolorosa. La reina no podía apartar la mirada de Emma mientras la rubia preguntaba que iba a pasarles y le prometía un final feliz. Para ella y Henry. Era lo menos que podía hacer. Regina había visto el suyo, había visto su final feliz con Emma, Henry, un anillo en el dedo y un bebe en camino. Y tenía que renunciar a él, pero por lo menos podía darle a su familia otro final feliz, sin ella.
Emma parecía totalmente rota, y habría dado cualquier cosa por abrazarla, pero se limitó a cogerle la mano, poco la importaba quien estuviese mirando.
- Mi regalo para ti son buenos recuerdos, una buena vida para ti…y Henry. Nunca lo habrías abandonado, siempre habréis estado juntos.
La Salvadora parecía más devastada con cada palabra que Regina decía, igual que la morena. Claro que haría eso, renunciaría a sus recuerdos con su hijo, a toda su vida pasada y futura por la felicidad de ambos. Si no podía darles la vida que debían vivir, les daría la que podrían haber vivido.
- Pero no será real.
Susurro Emma.
- Tú pasado no, pero tu futuro sí.
Sin mí, pensó Regina tratando de sonreír para darles ánimos, tratando de mantener la compostura un poco más, solo un poco más. Henry la abrazó otra vez, y por un momento pareció que Emma iba a hacerlo también, pero Mary Margaret se adelantó a despedirse en silencio de su hija, con un beso en la frente.
Emma y Henry montaron en el escarabajo amarillo mientras la maldición tronaba a sus espaldas, y Regina deshizo su maldición, dejándolos ir, preguntándose si en aquel momento la Salvadora la quería o eso era algo que habría llegado con el tiempo. Preguntándose si Emma estaría sintiendo lo mismo que ella antes de sus recuerdos cambiasen.
