Disclaimer: InuYasha, su historia y sus personajes son propiedad exclusiva de Rumiko Takahashi, yo simplemente los tomé prestados por un tiempo para escribir esta historia sin fines de lucro.
Negocios Prohibidos
Por: Samantha Blue1405
Capítulo 3
Negociaciones Peligrosas
Rin estaba justo frente a Sesshomaru, que no dejaba de observarla con suficiencia, emanando majestuosidad por cada uno de sus poros. Su cabellera caía libremente a su espalda y algunas hebras platinadas se deslizaban sutilmente sobre su rostro de finas facciones endurecidas gracias a su implacable seriedad. Sus ojos dorados relucían en medio de la luz mortecina de la oficina, brillando de modo extraño y cautivante al mismo tiempo.
No podía negar que Sesshomaru era apuesto… Y eso era obvio hasta para un ciego, pero había algo en él que le infundía temor y desconfianza. Algo que le decía a gritos desesperados que debía tener cuidado, que no podía confiar plenamente en él. Sesshomaru no era una blanca paloma, por el contrario, era un hombre cruel, prepotente y déspota, que no se había detenido a pensar ni un solo minuto cuando su gigantesco imperio hizo añicos a tantas empresas pequeñas, ni tampoco cuando paso por encima de tantos negociantes ingenuos y poco habilidosos. Él era alguien que no se arrepentía de nada de lo que había hecho, y para asombro de todos, se enorgullecía de ello.
Sesshomaru era un negociante hábil y rudo, un perro viejo y experimentado en las estrategias corporativas. Alguien que siempre guardaba un as bajo la manga.
― No tan rápido, señor Ishinomori. Explíquese – exigió endureciendo su suave voz lo más que podía para tratar de infundirle algo de respeto…, aunque fuera en vano.
― No tengo nada más que explicar. Te casaras conmigo…
― ¿A cambio de qué? – le atajó, interrumpiendo su nuevo mandato dictatorial.
― De lo que pidas - siseó, exasperado por la interrupción.
― Eso es muy ambiguo – alegó irritada. – ¡Hable de una vez! Necesito saber cuáles son las clausulas exactas de nuestro contrato – demandó, tratando de ocultar su nerviosismo y ansiedad.
― Nos casaremos como manda la tradición, y a cambio de hacer que todo funcione a la perfección y que el resto del planeta se crea esta la farsa, recibirás una merecida recompensa.
Rin entrecerró los ojos, observando aquellas perfectas facciones con incredulidad. Le parecía inhumano que fuera tan extremadamente frío y calculador, para él todo no era más que un negocio. ¿Qué tendría de importante que se casaran? No le veía sentido.
― Una fuerte suma de dinero será consignada en tu cuenta personal mes a mes desde el día mismo de la boda hasta la finalización del contrato. Además, durante aquel tiempo gozaras de todos los privilegios y responsabilidades de ser una Ishinomori…
― Un momento, señor Ishinomori. Más despacio – le atajó de nuevo, intentando seguir el hilo de toda esa maraña absurda de información – ¿De cuánto…? – Tan sólo con escuchar aquellas palabras mágicas, Sesshomaru enarcó una ceja, sin poder ocultar su expresión de soberbia. Pero Rin inmediatamente le dejó en claro cuál era su verdadera inquietud – ¿De cuánto tiempo estamos hablando? - Sesshomaru entrecerró un poco los ojos antes de responder.
― El que sea necesario – Luego convirtió sus ojos en un par de líneas doradas, tan resplandecientes como el sol –. Será un contrato a tiempo indefinido.
― Es decir que… que vamos a estar… - tragó en seco, obligándose a continuar – a-a estar casados hasta que usted quiera – Sesshomaru asintió una sola vez. – ¿Y luego?
― Será el fin del contrato: Divorcio… Obviamente, haremos un contrato prenupcial…
― No me interesa quedarme con nada que sea suyo – le dejó claro arrugando el entrecejo.
― Prefiero no arriesgarme. Tal vez te quede el gusto por la buena vida – le atacó en un desborde de imponencia y altivez.
― ¡Oh! – exclamó encolerizada con una ruidosa inhalación – ¡Está bien! – resopló –, si eso lo hace sentir más seguro, entonces haga el maldito contrato, ¡pero no me insulte! Yo no soy una "caza fortunas", ni una mujer esperanzada en vivir de las sobras de su ex marido.
Sesshomaru abrió ligeramente los ojos, enigmático como siempre, sin hacer esfuerzo alguno por ocultar su minúscula incredulidad por la actitud altanera de la chica.
― ¿En qué consiste en contrato prenupcial? – preguntó cautelosa, haciendo caso omiso a la mirada penetrante de Sesshomaru, esa misma que tantas veces antes la había perturbado y acallado.
― Nada de lo uno de los dos obtenga durante el tiempo que estuvimos… "casados", le pertenecerá al otro. Sencillo – le informó, terminando la última palabra en un siseo. Rin asintió un par de veces, sin apartar su mirada de él, y tras una corta pausa dijo:
― Y… después seré libre… ¿cierto?
― Podrás hacer lo que se te antoje –. Rin asintió nuevamente, manteniendo su expresión seria.
― ¿Lo que yo quiera? – preguntó de nuevo, y él asintió. Ella hizo una breve pausa pesando en cómo preguntar lo siguiente, hasta que se decidió, era mejor tomar el toro por los cuernos y no andarse con rodeos –: Hay algo que no me queda claro… ¿Por qué? ¿Qué gana casándose?... E-específicamente, ¿qué gana casándose conmigo? Simplemente n-no lo entiendo.
― Casándome contigo nada – admitió con naturalidad y frialdad –. Casándome con alguien como tú, gano demasiado – Rin entrecerró los ojos confusa e incrédula –. Eres el prototipo de mujer que los inversionistas desean ver a mi lado. Prefieren a una mujer insípida y sin mayor gracia, a una modelo despilfarradora y torpe, cuya belleza física cuesta… y mantenerla intacta con el paso de los años cuesta aun más.
― ¡Oh! ¡Oiga! E-es decir que… que soy una mujer… económica – dijo con evidente sarcasmo, intentando digerir.
― Sí – aseguró sin mayor entusiasmo, como si fuera algo obvio.
― ¡Usted no tiene el más mínimo tacto! ¡Es un… - Rin se acalló, apretando los labios y tragándose sus insultos – un-una persona cruel! – Hizo una breve pausa en la que él no hizo más que vanagloriarse con lo que ella pensó que sería un insulto, pero fue como si lo hubiera alagado –. Aun no ha terminado de responder mi pregunta… - continuó atacándolo, indignada. No podía creer que se hubiera atrevido a decirle fea e insípida… Aquellas palabras eran justo lo que su carcomida y casi inexistente autoestima necesitaba, sólo faltaba que le dijera que no era suficientemente inteligente como para trabajar en su edificio. – ¡¿Por qué? – siseó.
― Les aseguraré que su dinero no será mal invertido en colágeno, prótesis de silicona y botox para preservar la belleza de mi esposa y así poder lucirla en cada coctel del año.
― ¡Es absurdo y ridículo! – chilló – ¿Desde cuándo le importa la opinión de los demás? ¡Usted es Sesshomaru Ishinomori! – dijo irritada, estampando sus manos con fuerza en el escritorio de madera, arrancándole un sonido fuerte y seco –. Cualquier otra mujer, excepto yo, estaría dispuesta a aceptar sin chistar su oferta… ¿Porqué yo? Apuesto a que hay cientos de chicas "insípidas y feas" por ahí, aparte de mí.
― La decisión está tomada, Blake – siseó amenazante –. Felicitaciones, eres la elegida – dijo con evidente ironía en su voz, y sorna en su expresión. Rin abrió la boca tratando de decir algo, pero estaba demasiado asombrada como para poder pronunciar palabra. Entonces, sólo una explicación lógica a todo esto llegó a su cabeza.
― Señor Ishinomori…, estamos en época de vacas flacas, ¿cierto? – inquirió entre susurros, genuinamente preocupada y tratando de no sonar agria.
Si Sesshomaru Ishinomori estaba dispuesto a sacrificar su soltería para retener unos cuantos inversionistas, quería decir que la situación era delicada, sumamente delicada. Eso explicaría el ajetreo de Totosai y Jaken, y el regreso del resto de la familia Ishinomori a Tokio, quienes habían vuelto de Londres hacía algunos meses luego de casi dos años fuera.
― Sesshomaru Ishinomori no necesita la ayuda económica de unos cuantos miserables – aseguró con arrogancia, luciendo casi omnipotente desde la silla negra de su oficina, tras su escritorio antiguo en madera de palisandro India.
― ¿Entonces qué…?
― Tengo infinidad de compañías de inversiones, Blake. Son firmas de inversiones – dijo con obviedad y fastidiado con su insistencia, como deseando que aceptara y dejara de hacer preguntas estúpidas –, más que su dinero me interesa la reputación que ganaremos con la firma de esos contratos.
― ¡Oh! Ya… Ya veo - masculló, aunque en realidad no comprendía del todo.
Pero tenía algo de sentido. A Sesshomaru no le importa el dinero tanto como el poderío de sus empresas. Él tenía suficiente dinero como para quedarse tendido en una cama sin hacer nada el resto de su miserable vida… Sin embargo, algo le decía que no era todo...
― Es tu decisión, Blake – volvió a insistirle, interrumpiendo el hilo de sus razonamientos.
― Es que… aun me sigue pareciendo demasiado… extraño – confesó aturdida.
El cerebro de Rin pensaba de manera rápida. Si era sincera, aceptar era la mejor opción que tenía. En realidad, no es que tuviera muchas opciones… Pero si aceptaba sería todo bajo sus términos, no permitiría que él ganara todos los beneficios con el mentado negocio.
Rin se puso de pie y Sesshomaru la imitó, atravesándola con su penetrante y fría mirada. Lo observó fijamente hasta que le extendió la mano derecha, con la barbilla en alto y sin despegar su mirada de aquellos ojos ambarinos.
― Trato hecho – dijo con voz firme.
Sesshomaru apretó su mano con firmeza, asintiendo suavemente sin dejar de verla de pies a cabeza, examinando cada una de sus facciones y sin perder de vista ninguno de sus movimientos.
― Tengo tu palabra, Rin Blake.
― Y yo la suya, Sesshomaru Ishinomori.
Justo en aquel instante la puerta de la oficina se abrió sin aviso, sorprendiéndola... Inmediatamente rompió todo contacto con Sesshomaru, dejándolo con la mano extendida, y se enfocó en la persona que permanecía apoyada despreocupadamente en el marco de la puerta, sonriendo ancha y suspicazmente, al tiempo que enarcaba una platinada ceja .
― ¡Por fin aceptaste, Rin! – exclamó jocosamente, clavando sus ojos dorados en ella y luego en Sesshomaru.
Rin lo vio con mil interrogantes, pero él sólo sonrió aun más con aquella risa burlona y socarrona que tanto conocía.
― ¡Feh! Era de esperarse. No sé porqué la lagartija verde que tienes por asistente estaba tan preocupado – agregó viendo a Sesshomaru y haciendo un gesto extraño.
Rin no dejaba de observarlo totalmente perpleja, mientras que los ojos ambarinos del joven brillaban con júbilo, y la expresión de Sesshomaru permanecía imperturbable.
― ¿Tú… tú estás al tanto de todo? – balbuceó con un tinte de histeria en su voz.
― Claro que sí, tonta – Se acercó al escritorio de palisandro y tomó asiento en la silla junto a Rin. Ella lo imitó sintiendo que sus piernas ya no podía sostenerla más, y Sesshomaru la siguió sin despegar sus ojos dorados del joven que acaba de entrar –. !Yo mismo propuse la idea.! – anunció con orgullo, hinchando su pecho hasta más no poder.
― ¡Ah, ya veo! !La locura es de familia! – refunfuñó totalmente fuera de sus cabales.
De inmediato Sesshomaru clavó su mirada fría y hostil en ella, mientras que el joven arrugó el entrecejo, adoptando una postura defensiva.
― ¡Hey, niña! Sigo siendo uno de los dueños para ti – dijo tan infantil como siempre.
― ¡Hump! – respondió Rin arrugando la boca - ¿Desde cuándo haces alianzas con tu hermano, InuYasha? – demandó, logrando sorprender al menor de los Ishinomori – ¡Oh, ya entiendo! Ahora eres el reemplazo de Jaken – se burló, con una nota de ira en su dulce voz – ¡Traidor!
― ¡Enana, te voy a…!
― Te falto hacer la reverencia cuando entraste..., InuYasha - continuó atacándolo.
― ¡Voy a hacer que...!
― ¡Basta! – interrumpió Sesshomaru irritado y viéndolos con desaprobación.
Ambos quedaron viéndolo como un par de niños regañados, acusándose mutuamente con la mirada cada cierto tiempo.
¿Cómo podía haberla traicionado de esa manera? Eran amigos desde que InuYasha llegó de Londres unos cuatro meses atrás, y aunque en un principio sólo los unió el desagrado por Sesshomaru Ishinomori, con el paso de los días el lazo entre ambos se fortaleció, convirtiéndolos en amigos inseparables y confidentes… ¡Y esto era alta traición!
― ¡No sé cómo pude confiar en ti, InuYasha! – le recriminó en voz baja, ante la mirada fría de Sesshomaru –. Debí suponer que semejante idea tan absurda era tuya… - Alzando un poco la voz para que dejara de ser un susurro, continuó –: Lo que no entiendo aun es porqué el señor Ishinomori decidió hacer caso a una de tus ridículas idioteces.
― ¡Hump! Eres una niña tonta… – exclamó entre avergonzado y molesto.
― Silencio, InuYasha– le reprendió Sesshumaru, acallando también a Rin, quien se preparaba para arremeter contra su ex amigo.
― No vengas a regañarme, imbécil, ¿o vas a negar que fue una estupenda idea? – Sesshomaru entrecerró los ojos, fulminándolo con la mirada - ¡Feh! – exclamó con expresión triunfal, cruzándose de brazos infantilmente.
― Ok, ok. No quiero ser testigo de conflictos familiares. Sólo… sólo necesito explicaciones – demandó viendo específicamente a InuYasha, quien esquivó su mirada.
― Ahora serás parte de esta familia – le aclaró Sesshomaru más irritado que antes.
― Sólo de nombre – le informó, evitando que en un futuro tratará de involucrarla más en los asuntos de la familia. Apartando la mirada de Sesshomaru, volvió sus ojos acusadores hacia InuYasha –. Y, ¿qué ganas tú, InuYasha? Porque dudo mucho que le dieras gratis aquella… "brillante idea" a tu hermano – dijo con sarcasmo –. Aquí hay algo más… Y si voy a ser parte fundamental de esto, quiero estar enterada de todo –. Rin observaba a InuYasha fijamente, exigiendo la verdad en nombre de la buena amistad que habían tenido. –. Estoy metida en esto hasta el cuello, al igual que ustedes... Si voy a aguantarme el martirio de estar casada con tu hermanito…, necesito la verdad – suplicó, empuñando las manos fuertemente, olvidándose de la mirada colérica que le lanzó Sesshomaru.
― Rin… - intentó decir, pero fue acallado por la ruda mirada de Sesshomaru –, no es algo que necesitemos mi medio hermano y yo, es algo que necesitan las empresas propiedad de la familia Ishinomori, y eso me incluye a mí… aunque a ciertas personas no les agrade la idea – comentó viendo a Sesshomaru –. Rin, sólo piensa en las familias de las cientos de personas que trabajan en las empresas inversionistas... - dijo tratando de persuadirla, apelando al punto débil de Rin, su gran corazón, confiado de dar justo en el blanco.
Rin lanzó un hondo suspiro de resignación, sabiendo que InuYasha tenía algo de razón en la última parte. Muchas personas dependían de las inversiones que recibieran las empresas, y Sesshomaru sería el menos afectado si aquellas inversiones no llegaban a las cuentas. Por otro lado, aunque nada de lo que esos dos dijeron antes tuviera sentido alguno, no tenía una mejor opción. Además, la decisión estaba tomada desde antes de entrar por esa puerta, solamente tanteaba el terreno antes de aceptar definitivamente.
― Supongo que haremos una especie de… contrato, ¿no? – Sesshomaru asintió severamente.
― Jacken y yo seremos los testigos – completó InuYasha.
― Aquí tienes el contrato… Firma – le ordenó Sesshomaru, deslizando sobre la pulida superficie una sobria carpeta blanca marcada con la insignia de la familia Ishinomori, un enorme canino blanco sobrepuesto a la imagen de tres espadas japonesas entrecruzadas.
― Un segundo – dijo cuando la carpeta llegó a su extremo de la mesa. Rin la lanzó de vuelta hacía Sesshomaru e inhaló hondo antes de continuar –. No creas que tu explicación me convenció, InuYasha – El aludido endureció su mirada –. Si no pueden buscar a alguien más que haga esta parte su maravilloso plan y toda la familia Ishinomori saldrá beneficiada con esto, aunque aun no me explico cómo…, exijo más beneficios – anunció levantando la barbilla, viendo a Sesshomaru fijamente.
Sesshomaruo agudizo su mirada, pero Rin se la sostuvo con altanería, sin menguar ni un ápice su postura altiva e insolente.
― Usted lo dijo… "Es sólo un negocio." – agregó astutamente, sonriendo a medias mientras enarcaba una ceja azabache.
Hola de nuevo chicos,
Les dije que el tercer capítulo estaba listo para salir del horno… :P
¿Qué tendrá pensado Rin? ¿Creyeron que solamente aceptaría el negocio por miedo a Sesshy o por darle su merecido a Kohaku (aunque me encantaría verle la cara cuando se entere xD)?... Ambas fueron razones fundamentales para que tomara su decisión, pero nuestra Rin es una chica muy inteligente, no por nada estudia ingeniería en la Universidad de Tokio, una de las más prestigiosas del mundo, ¿eh?
Además, después de semejante día se merece sacar algo provechoso de semejante locura… ¿Qué será?
Sé que Sesshomaru es muy cruel… Demasiado soberbio y prepotente, diría yo. Sin embargo, tan sólo imagínenlo en otro contexto sin perder completamente su personalidad..., y luego imaginen que en lugar de poseer los poderes y habilidades de un Inu Daiyōkai, tuviera el poder de manejar un emporio multimillonario con sus propias manos… Creo que se comportaría de manera similar, o peor…
Y ¿qué tal el traidor de InuYasha? Jajaja Tan infantil como siempre y ahora poniéndose de lado de Sesshy... Extraño, ¿no? Más adelante veremos cómo ha sido la relación de Inu y Rin, y les prometo que habrá otras tantas locuras de este personaje.
Al siguiente capítulo sólo tengo que echarle una "manito de gato", y estará listo para publicar.
Agradecimientos:
Quiero agradecer a todos los que pasaron y leyeron. Acepto sugerencias y pido disculpas si se me escapó algún errorcito por ahí… xD
Dedicó este capítulo a virginia260 por dejarme el primer review del año! :D Mil gracias por agregar el Fic a tus favoritos! Espero que te encante el InuYasha del Fic, y te prometo sorpresas de él… Agradezco muy especialmente a Miara Makisan, te prometo que Kohaku recibirá su buen merecido por ponerle el cuerno a nuestra Rin :P
Mil y mil gracias a todos.
Como siempre: por favor lean y dejen uno que otro review..., se los agradeceré inmensamente!
Nos leemos en otra ocasión. Un abrazo para todos...
Sammy Blue
