CAPITULO 3
El viaje hasta Mistic Falls no fue tan trágico como creí en un principio, a medida que nos adentrábamos en el camino, tuve que reconocer que el lugar me gustaba. Sus enormes árboles, y construcciones eran atemporales, pero cálidas.
Cuando apagamos los autos cerca de un restaurante llamado, Mistic Grill, y me bajé de mi Prosche, vi en una de las ramas de un poste al cuervo de ayer.
Me sonrojé, se me había olvidado su silenciosa compañía. Fue tan amable, aunque fuese un animal.
Siempre decían que era un poco rara, porque parecía que los animales me entendían, además de que me gustaba lo que a otros no; sin embargo no podía evitarlo, así que saludé con la mano y le sonreí a mi cuervito.
Damon POV
Esa chica era extraña.
¿Quién en su sano juicio saludaría a un cuervo, que aparte de todo era un vampiro?
Sin embargo, me agradaba.
Cuando me saludó tras un sonrojo inicial, mientras la contemplaba desde un poste, resistí el impulso de seguirla hacia dentro del Grill.
De acuerdo, iba acompañada por ese tal Matt, pero seamos honestos, era un simple humano. Me mantuve atento a sus movimientos y me relajé al notar que ambos solamente hablaban de cosas triviales, como la coincidencia de que se encontraran en la carretera.
El cielo lo seguí manipulando para que fuese opaco; así no se debilitarían mis poderes. A veces era tan fastidioso ser una criatura atada a las normas de la oscuridad.
Mmmm, se me hacía raro que esa chica, que por lo que oí se llamaba Elizabeth, anduviese por aquí, aunque dijese que era una periodista. Mi paciencia se vio recompensada tras un rato, en la que la escuché decirle al humano, que su viaje se debía a un artículo que tenía que hacer para un tal Harold.
Al parecer no le agradaba mucho el tipo. Se me salió una carcajada, simulada como graznido.
Se veía tan relajada comiendo papas fritas con hamburguesas. Excelente, tenía buen apetito.
En sí no era una belleza despampanante, pero irradiaba misterio y cierta inocencia. Era alta, pálida, de corto y rizado cabello pelirrojo, y ojos castaño oscuros. Su nariz era perfilada, y sus labios; oh, se veían tan rosados y suaves.
En un principio había volado sobre la carretera para buscar un aperitivo, mas al oír y sentir la frustración de una damisela, me sentí atraído. ¿Quién iría en ese Porsche 911 Turbo negro, tan despampanante?
Era ella, y sentí el inexplicable impulso de protegerla, no de comerla ¿Qué me sucedía?
Me engañé a mi mismo diciéndome que sólo esperaba mi oportunidad de que saliera del automóvil y atacarla, no obstante, a medida que me hablaba como si no me temiera, y se notaba tan cómoda, que no pude más que velar su sueño.
Que criatura tan curiosa.
Incluso no me quedé tranquilo hasta que vi que Matt la despertaba, ahora tenía a alguien más que la cuidara.
