SasuNaru en Cenicienta

Go! Go!


Érase una vez, cuando los bosques y los humanos aún vivían en harmonía, que un niño nació, fruto del amor entre padre y madre. Vivió su infancia alegre, su madre era la mujer más amorosa y hermosa que cualquier persona llegase a conocer y su padre amaba a su esposa más que a nada en el mundo. Pero todo lo hermoso perece y la mujer cayó enferma, el padre hizo traer a su hogar a los mejores médicos del reino, pero nada pudieron hacer por la mujer quien no se recuperó. Amigos y vecinos se acercaron a la casa para darle el último adiós a la mujer mientras esta vivía aún, postrada en la cama hace ya varios días sin poder moverse, esperando la muerte que pronto se la llevaría.

Entonces un día pasó que, sintiéndose aquel día mucho más débil que antes, pidió ver a su hijo una última vez, ya se había resignado a que aquel día, sería el último. Y deseaba ver a su hijo una última vez.

-Naruto, hijo mío. Haz caso de tu padre, cuidale por mi cuando yo ya no esté. Trabaja duro y se bueno. Come todas tus verduras y crece fuerte. No seas exigente. Báñate todos los días y abrígate bien. Duerme tus horas, no te quedes despierto hasta tarde. Y sobretodo, siempre se amable. La amabilidad no cuesta nada al que la da y lo es todo para el que la recibe.

Y tal y como la madre sospechaba, aquel fue el día en el que vio por última vez a su hijo. La muerte la fue a reclamar de madrugada y durante todo el día nevó. Pareciese que incluso los cielos lloraron la pérdida de tal mujer. Al cabo de un año, su padre se volvió a casar. "Un niño necesita una madre." decía el hombre, repitiendo lo que las mujeres del pueblo repetían cuando veían al padre o al hijo.

La mujer con la que se casó tenía dos hijas de su anterior marido, Sakura y Karin. Ambas eran bellas, pero altamente exigentes con él. Y para desgracia de Naruto, poco después de la boda entre su padre y la madrastra, su padre murió, dejándolo huérfano y a cargo de su madrastra y hermanastras. El joven era explotado por ellas. Cocinaba, fregaba, cortaba y traía la leña, estaba encargado de limpiar y encender la chimenea.

Por todas esas labores, sus ropajes siempre estaban manchados de ceniza, y para humillarlo incluso más, las hermanas lo llamaban Cenicienta.

Un día, mientras estaba de compras con sus hermanas, estas cargando sus preciosos, llamativos y muy caros vestidos al pobre joven, se escucharon las campanas y la gente empezó a correr hacia la calle principal al grito de que el príncipe había regresado de la guerra, resultando victorioso. En la calle principal, se reunían todos, empujándose unos a otros para ver al príncipe. Entre tener que hacer malabares con las cajas de ropa y que la gente no paraba de empujar, Naruto acabó cayendo, desparramando lo que llevaba en el suelo, haciendo que la gente se apartara de golpe y el caballo que iba a pasar, se detuviera.

-¡Cenicienta! ¡Mira lo que has hecho! ¡Nuestros vestidos por los suelos!

Naruto se tuvo que calmar y acordarse de todo lo que su madre le dijo el día de su muerte para no responderles y acercó rápidamente a recoger la mano llegó antes al vestido que había caído más lejano y se lo dió a Naruto. El joven levantó la mirada para encontrarse con la muy divertida mirada del principe.

-¡P-príncipe…! -una de sus hermanastras chilló ahogada antes de ordenarle- ¡Cenicienta!, deja pasar al príncipe! ¡Eres demasiado torpe, inútil! ¿¡Recuerdame porque te tenemos contratada!?

El joven únicamente cogió la prenda de la mano del príncipe, con educación pero con ganas de arrebatarselo y tirar al suelo el vestido y pisotearlo. Con una ligera reverencia, volvió donde estaban sus hermanastras con todos los vestidos en mano.

Cuando llegaron a su hogar, las hermanastras no paraban de decir lo muy guapo que era el príncipe y que se había fijado en ellas. Y echarle la culpa a Cenicienta acerca de avergonzarlas delante del futuro monarca.

Al día siguiente, grandes noticias llegaron a cada rincón del reino. Habría un gran baile en palacio en dos días, y se urgía a todas las jóvenes casamenteras y jóvenes solteros a ir en busca de pareja. El baile contaría con la presencia del recién llegado príncipe, quien conocería a su futura esposa y reina en ese baile. En la casa de Naruto, sus hermanastras empezaban a prepararse para la gran fiesta. Y decían al joven:

- Tú, no irás. Te quedarás limpiando la casa y preparando la cena para cuando la que no se case con el príncipe, vuelva.

-Después de todo, ¿qué mujer querría a alguien en harapos viejos y andrajosos, inútil y feo? No hace falta que vayas.

El día del baile había llegado. Naruto vió partir a sus hermanastras al Palacio Real y se puso a hacer sus tareas de mala gana e imitando sus voces cuando le ordenaban algo. Realmente hubiera deseado poder ir a palacio y conocer a alguien con quien casarse y salir de aquella casa. Pero, de pronto, se le apareció un Hada que le dijo:

-Dios, ¿y me toca ser tu hada madrina? A mi, el gran Kurama, ¿me ponen al cargo de un mocoso como tú? Arreglate y tira hacia el castillo, ¿no es ahí donde quieres ir? Andando, ¡vamos!

Y le dijo Naruto en un tono ofendido:

-A mi me tenia que tocar un hada drag queen, ¿verdad? Y, para tu información, no puedo ir, no tengo ropas para ir.

-No soy un drag queen, el hecho de que tenga que llevar vestido y alas es cosa de oficio, niño. Eso y que el otro día en la cena de… ¡no te tengo que dar explicaciones!

Y dando un movimiento al bastón -que la empuñadura acababa en la forma de un zorro de nueve colas- que llevaba con él, Naruto acabó limpio y con un traje informal pero elegante. Con otro movimiento, de un cuadro de la pared salió el caballo que estaba pintado, ensillado y con bridas. El conjunto de traje y caballo hacía que el joven pareciese un príncipe.

Y entonces, el hada le avisó:

-Oye, uhmm… vuelve sobre medianoche, no más tarde de… ¿las doce? sep, las doce, porque bueno, esta noche hay fiesta y.. bueno, no creo que mi magia dure en cuanto acabe borracho en sake, ¿sabes? Así que, vuelve a las doce a casa, por si la magia falla. A partir de aquí, te toca, mocoso. Ale, adiós.

Con un caballo que no sabía montar y el aviso de un hada drag queen que acabaría borracha, Naruto fue hasta palacio. Cuando entró al salón de baile, todos se pararon a mirarlo.

Su belleza y la elegancia de su traje rivalizó con la del príncipe, incluso hubieron murmullos diciendo que era el príncipe del país vecino. El pobre Naruto bajó las escalinatas, con toda la decencia y elegancia que pudo, tan nervioso como estaba. Cuando llegó al final de todo, el príncipe lo esperaba. Ambos se saludaron con una ligera reverencia de cabeza, y el príncipe lo guió hasta una habitación apartada.

Cuando ambos jóvenes desaparecieron, los rumores acerca de que el joven era un príncipe vecino, aumentaron.

Ajenos a los rumores y murmullos del salón principal, Sasuke y Naruto se encontraban en una habitación solos.

-Con que Cenicienta puede vestirse como un príncipe, ¿huh?

-¡Mi nombre es Naruto Uzumaki! -gritó antes de poder contenerse ante el tono de burla del monarca- Y no me disculparé por chillar, te lo merecías.

Estuvieron toda la noche charlando, bueno, en realidad, el príncipe se estaba burlando del rubio y acabaron en una charla de camaradería y amistad extraña, burlándose el uno del otro.

-Príncipe, ¿no debería buscar una esposa? Se supone que esta noche escoge a su esposa. ¿no es así?

-Tuteame, ya me has insultado y te has burlado de mí, ¿qué más da llamarme de tú en vez de usted?

El rubio se puso rojo al recordarlo. Por esto, el príncipe podría haber pedido su cabeza en bandeja.

-Y para responderte, no. No quiero buscar esposa, ¿has visto a las mujeres que hay ahí fuera? Sólo me ven como un cacho de carne, un cuadro y una corona. Podría escupirles, y ellas solo se reirían y batieron sus pestañas seductoramente por mi. Ugh. Las mujeres no son lo mio.

-Dimelo a mi, tengo dos hermanast…

¡TAN! ¡TAN!

¡LAS CAMPANAS DE MEDIANOCHE!

Naruto se levantó de la silla en la que estaba sentado rápidamente.

-Me he de ir, príncipe. He… ¡he de volver a casa! El drag queen me dijo que se emborrachaba después de las doce y… ¡he de volver!

Sasuke lo detuvo antes de que diese otro paso hacia la puerta.

-Dijiste que querías saber mi esposa, ¿no? Sería grosero por tu parte, irte antes. Y podría pedir tu cabeza por ser grosero para conmigo, sirviente.

Sasuke arrastró de la muñeca a Naruto hacia la sala principal, todos los asistentes se giraron para verlos, el rey se levantó seguido de la reina, esperando a su hijo y al príncipe del otro reino. Cuando llegó su hijo al palco en el que estaban los reyes, se dirigió directo hacia los invitados.

-Mi padre prometió dejarme escoger una esposa de todas las doncellas de este reino y por ello decidimos hacer este baile, y tras esta noche y mucho deliberar con mi nuevo amigo, he decidido quién será.

Ambos monarcas y todo el populacho se quedaron de piedra cuando, mientras su príncipe y futuro monarca besaba al príncipe del otro país, las ropas del otro príncipe se convertían en harapos.

-¿¡CENICIENTA!?

Tres voces se escucharon gritar a la misma vez y aquellos que conocían al muchacho tomaban alarmados aires.

-¿¡PERO TÚ ESTÁS LOCO!? ¡QUE SOY UN HOMBRE!

Anonadados se quedaron todos cuando el hombre conocido como Cenicienta le intentaba propinar un puñetazo al futuro monarca y este lo paraba y volvía a besar al otro hombre.

-Padre, me pediste una esposa con carácter para soportar el peso de la corona, creo que eso ya te lo ha demostrado, ¿verdad? Madre, me pediste una esposa que fuese trabajadora y temías que se quedase como una muñeca de exhibición, ¿verdad? Mi esposa sabe lo que es trabajar y no creo que se quede quieto y dócil como una muñeca. Pueblo, necesitáis monarcas justos, yo conozco el lujo, mi esposa conoce la pobreza, nos equilibramos y prometemos ser justos.

-¡Pero mi lord! -chilló una de las hermanastras de Naruto- ¡Es un hombre! ¡No una doncella! ¡No puede ser tu esposa!

-Eso, mi querida súbdita, debiste haberlo pensado antes de llamarlo Cenicienta y usarlo como si fuera una criada o una sirvienta.

Y tras eso, dejando a todos con cara de poker, se marchó con su futura esposa y reina al interior de palacio, donde solo la familia real y los empleados podían entrar.

-¿Tu esposa? ¿Yo? ¿Pe-pero tú estás loco? ¡Soy un hombre! ¡No te puedes casar conmigo, eso está mal en muchos niveles!

-Dime, Naruto, ¿acaso el amor no es amor en todos los niveles? ¿Acaso no puedo amar a mi padre como amo a mi madre? ¿Por qué no me puedo casar con aquel que amo? Si el amor que siento por tí está mal, ¿por qué me he enamorado de ti? Una boda, un casamiento, son meros papeles, es una estúpida formalidad. Lo que me une a ti es mi amor por el chico que se cayó desparramando los vestidos de sus hermanastras delante de mí, por el chico que me ha chillado y se ha burlado de mí sin importarle que yo fuera o no fuera un príncipe, por el chico que delante de todo el pueblo y mis padres, los reyes, me ha intentado dar un puñetazo por haberle besado. Me une a ti un amor que espero que sino ahora, más adelante, me puedas devolver. Si está mal casarme contigo, no lo haré, porque no necesito un papel que me diga que te amo. Para eso sólo necesito mi corazón y el efecto que produces sobre mi cuerpo, con un traje de príncipe o con unos harapos. Deseo casarme contigo, quiero que todo el reino y las demás naciones sepan que eres mío. Únicamente mío. Como yo soy tuyo. Si no es legal, las leyes se cambian con unas palabras, sólo hemos de tachar lo que nos lo impide. Esta mal que le suba los impuestos a los campesinos cuando ellos ya no tienen nada, está mal que les exija a las mujeres que envíen a la guerra a sus hijos y esposos simplemente porque quiera un cacho más de terreno. Pero mi amor por ti, eso jamás estará mal.

Naruto se quedó de piedra al escuchar el discurso del príncipe, realmente tenía carisma. Antes de darse cuenta, estaba asintiendo ligeramente y Sasuke lo besó en un beso fiero, posesivo y apasionado.

La boda se celebró a los dos años siguientes, a Sasuke le costó hacer que Naruto dijera las palabras mágicas, pues sabía que su amor lo obtuvo a los dos meses de declararlo como su prometido en aquel baile.

Oh, y el príncipe Sasuke, como pequeña burla y honor a como se conocieron, el dia de la boda mientras su futuro marido se bañaba, le escondió el traje nupcial por un vestido y una peluca. Por el pueblo corrieron rumores acerca de que el príncipe había invitado a una mujer extraña a palacio el día de su boda y no se vio al príncipe Naruto hasta el mismísimo momento de la boda. Pero eso eran simples e infundamentados rumores… ¿o no tanto?

Extra: Al final, tanto las hermanastras como la madrastra tuvieron que trabajar para sobrevivir pues Naruto quería la casa de sus padres tal y como estaba antes de llegar la malvada mujer. La hermanastra mayor, Sakura, acabó casada con un carnicero y la pequeña, Karin, con un pintor y ambas se turnaban para cuidar a su insoportable madre cada seis meses. De la hada… bueno, la hada al final le acabó pillando gusto al hecho de llevar vestido cada vez que visitaba a sus ahijados y lo veían con sus casi dos metros de altura y musculado cuerpo en un vestido de hada. Dicen que incluso participó en desfiles de drag queen, ganando un premio la quinta vez que participó.


Pues ya está, me hizo gracia pensar en un kurama con vestido en plan hada madrina típica de niña pequeña y pues lo puse. Creo que si estas leyendo esto, eres una persona abierta de mente y no te has sentido insultado por ello, si es así, lo siento pero no me disculpo por ello. Por favor, no dejes tus comentarios llenos de odio :)

Para el próximo, decidme cuento vosotrxs :)