Como siempre he tardado años en subirlo (? Les agradezco por sus reviews.


Take me to Church

"No me toques, homo"

Elevó la vista, buscando una explicación, anhelando que aquello fuese una broma de mal gusto. Lo último que oyó provenir de él fueron sus pasos apresurados, estaba huyendo, de él, de la situación, de esa relación.

Offer me my deathless death

— Me ha tomado por sorpresa. —expresa, lamentándose. —Lo siento, no pensé que estando aquí.

— No necesitas disculparte. — corta Miyuki seriamente. — Masuko-senpai, no estás asignado a él, por lo tanto no debería afectarte. — dijo con calma logrando crispar los nervios del mayor. Kazuya era un hombre increíblemente indiferente si se lo proponía. No era de extrañar que por aquella actitud tuviese problemas con los demás miembros del personal del hospital, incluyendo el propio Masuko. — No me malinterpretes, aprecio tu ayuda para controlarlo, solo digo que no es necesario que te sientas culpable, es mi paciente, si algo le ocurriera la culpa sería en términos técnicos mía.

— Sigues siendo un bastardo, Miyuki. — bufa Jun. — ¡Estamos hablando de una vida aquí! ¡Ese idiota apenas ha llegado y se ha tratado de suicidar! — brama furioso. Yuki, que está a su lado, lo sostiene de los hombros, asegurándose que por culpa de su temperamento no cometiese una estupidez. — ¡Suéltame, Tetsu! ¡Este idiota se lo busca!

— Lo lamento pero concuerdo con Miyuki. — responde Tetsuya captando la atención del resto de los presentes en la sala. — Este es su caso y no podemos interferir en él a menos que sea estrictamente necesario. — Jun a su lado vuelve a sentarse bruscamente murmurando improperios contra su amigo y superior. — A todo esto, ¿Dónde se encuentra él ahora?

— Con Furuya. — contesta el de lentes, pasando del asunto. — Lo dejé a su cuidado.

— ¿Heh? — musita Kominato a su lado, sonriendo malicioso. — ¿No era tu caso?

— No deberías aprovecharte de un practicante de ese modo, Miyuki. — replica Tanba. — Además, Sawamura es un caso muy delicado para que él lo controle.

Maa, maa. — intenta calmarlos. Además de Tanba ve a Tetsuya con ganas de unirse y reprocharle su actitud, no quiere ganarse una pelea con su superior. — Está sedado en este momento y además lo transfirieron a una habitación con barrotes en las ventanas. — se excusa. — No lo dejaría con él si no estuviera seguro de que pueda manejarlo.

— Me pregunto si será cierto. — canturrea Ryosuke.

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El silencio es apreciado por el castaño. Desde que ha despertado su acompañante —quien quiera que sea—, se ha mantenido en un profundo silencio, mientras lee la revista entre sus manos. Cada tanto se digna a mirarlo con sus impasibles zafiros, volviendo nuevamente a enfrascarse en su lectura segundos después. Eijun no sabe si se trata de una persona naturalmente poco habladora, o se trata de una persona que respeta su espacio.

— Les he traído té. — irrumpe una tercera persona en la habitación. Sawamura reconoce a la persona como el joven que anteriormente estaba con él antes de que intentara saltar. — ¿Puedes sentarse, Eijun-kun? — pregunta, en un tono tan amable que ni siquiera él mismo se ve capaz de no responderle. No responde con palabras, lo hace con actos, incorporándose. — ¿Estás mejor?

— Sí. — contesta secamente. Hace tiempo ha dejado de comunicarse con otras personas, no se siente digno de mantener una charla con personas normales.

— Así que puedes hablar. — musita el sujeto desconocido frente a él. Sawamura lo mira enojado, frunciendo ligeramente las cejas.

— No es que tú seas precisamente hablador. — reprocha desviando la vista hasta el té que ahora sostiene entre sus manos. Haruichi hace gestos con sus manos, intentando restar la importancia a la pequeña discusión entre los dos.

— Supongo que no se han presentado aún. — inicia una nueva conversación el pelirosado mientras entrega al desconocido el té. — Su nombre es Furuya Satoru, está en último año de psicología y asiste como un practicante al hospital. — presenta de forma cordial. — Y él es...

— Un suicida. — murmura secamente Furuya.

— ¡Satoru-kun! — replica Haruichi. Voltea a ver a Eijun notando su mirada ensombrecida nuevamente. Sabe que Satoru no lo ha dicho específicamente con malas intenciones, es una persona en extremo arisca que solo piensa en sus estudios, lo que lo lleva a generar malos entendidos con otros. — Eijun-kun él no quería…

— El té está delicioso, Haruichi. — lo interrumpe Sawamura. — Gracias.

El Kominato aliviado sonríe levemente. A pesar de que puede descifrar los sentimientos de Eijun a través de sus expresivos ojos, no hace intentos de mantener una nueva conversación. Porque él puede comprender los sentimientos de Sawamura mejor que nadie ahí.

Pasadas las nueve, debido al toque de queda para los pacientes, se retira en compañía de Furuya, dejando descansar a Eijun.

— Él no es como tú. — susurra Furuya deteniéndose. — Deja que Miyuki se haga cargo de él, tu solo mantente al margen.

— No. — responde sin dudarlo. Encara al otro con una sonrisa que es de todo menos cordial. — No digo que me entrometeré, Miyuki es competente, pero yo quiero ser su apoyo, lo necesita. — y sin esperar por la respuesta de su acompañante, sigue su camino, con los brazos tras su espalda, descubriendo las muñecas cubiertas por cicatrices. Furuya observa atento, esas marcas que ya han sanado, y se odia a si mismo por permitirse que estuvieran ahí en primer lugar mientras se marcha.

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Eijun despierta a la mañana siguiente siendo recibido por unos ojos malhumorados que lo observan como si tuviese la culpa de toda la desdicha de su existencia. Incómodo debido a la inspección silenciosa toma asiento en su cama, esperando el siguiente movimiento de la persona que ha irrumpido en su habitación.

— Tché. — chasquea la lengua irritado. — Así que tú eres la pequeña escoria que me ha robado la habitación.

— ¡Kanemaru! ¡Kanemaru! — escucha a una persona gritar fuera de su habitación. El sujeto vuelve a chasquear la lengua, luce aún más irritado. Sawamura observa como su invitado se aproxima hasta la puerta y la abre solo un poco, inspeccionando el perímetro.

— Ese Toujou… maldito. — musita. — Tendré que irme. — dice para sí mismo. Pronto vuelve a recaer en la presencia de Eijun ahí. — Esto está lejos de acabar, ladrón. — suelta molesto antes de abandonar su posición y abandonar la habitación de Eijun.

El castaño rasca su nuca, incómodo. Parece ser que en ese sitio las personas distan del término agradable. El de la noche anterior y ahora el rubio lo agobian, se pregunta seriamente en qué clase de hospital ha terminado. Se incorpora con lentitud admirando la habitación. Esta luce un poco más lúgubre que la anterior. Ladea la cabeza y descubre que la ventana está asegurada con barrotes de metal, como si fuera una prisión.

Se pregunta si no hubiese intentado suicidarse, ¿estaría ahora en compañía de Haruichi? Probablemente sí. Incluso hubiese tenido un mejor despertar con la alegría del otro joven. Detiene el hilo de sus pensamientos, él no se merece nada agradable, no es una persona merecedora de cosas buenas en su vida.

"No me toques, homo"

Cierto.

¿Cómo olvidarlo?