8 años después.
Con mi tiempo aquí he aprendido que las calles de Berk no siempre son las más tranquilas. Siempre llenas de autos ruidosos y personas quejumbrosas desesperadas por llegar a tiempo a donde sea que se dirigen.
Salir de casa, cruzar el puente, hacer una parada en el centro y seguir caminando hasta el trabajo. Mi emocionante aventura de cada día. Aunque a veces suelo creer que caminar medio dormida por esta estrepitosa ciudad no es muy buena idea...
—¡Buenos días, señorita Astrid! —escuché un saludo alegre detrás del mostrador. Aquel acento italiano no pasa desapercibido nunca.
—Buenos días, Johann —respondí. Mi café esperaba tranquilamente en la barra de la tienda.
Johann's Coffee Green, mi parada cotidiana de cada día. Dos calles después de cruzar el puente, un café descremado me espera aquí, cada mañana listo para ser transportado hacia mi trabajo. Y sí, lo sé. Qué extraño nombre para una cafetería... pero tiene una muy buena explicación, después de todo.
—¿De nuevo temprano querida? —preguntó Johann, tenía un trapo rosa en la mano y limpiaba el mostrador con toda tranquilidad.
Miré mi reloj de muñeca antes de tomar mi café. Eran las 7:38 am.
—Al parecer sí —dije, aproveché esos benditos diez minutos y me senté en uno de esos bancos altos frente a la barra—. ¿Cómo va todo por aquí, Johann?
Él tenía puesto un delantal caqui, con un cuadrado marrón del lado izquierdo del pecho que tenía bordado su nombre y el de la cafetería, de color verde.
Coffee Green abrió sus puertas con una temática muy ecológica, he aquí por qué "El café verde de Johann". El establecimiento es una combinación bastante acogedora de colores oliva, café chocolate y caqui. Además de que, según me enteré hace poco, este lugar cuida que la gran mayoría de sus utensilios desechables (servilletas, vasos, cucharillas...) sean lo más amables posible con la naturaleza.
Como dije, tiene una buena explicación. Aunque suene rarísimo.
—¡Oh, excelente! —exclamó Johann entrelazando sus dedos, como si apreciara algo maravilloso—. De hecho estoy buscando nuevos empleados. Hemos crecido tanto que ya no puedo atender yo solo.
—Me alegra que te esté yendo tan bien —en un comienzo este lugar no era muy atractivo para el público, así que de verdad me sentía bien por él—. Al menos a ti te está yendo bien... —comenté en voz baja.
Johann me miró confundido, estuvo a punto de responderme, pero un cliente recién llegado acaparó su atención.
Mientras se alejaba al otro lado de la barra para atender a la persona, me entretuve con el vaso descartable lleno de café que tenía en mis manos. Lo adornaban los mismos agradables colores de la tienda, mas otros finos detalles. Mi nombre estaba escrito al lado de forma vertical, con perfecta letra cursiva. Pasé mi dedo índice por las lineas que seguro un delgado rotulador negro había marcado pocos minutos atrás.
—¡Gracias por su compra! —se despidió Johann del sonriente muchacho. Se escuchó la caja registradora. Luego regresó frente a mí.
—Creo que ya es hora de irme —dije levantándome.
—Bueno, fue un gusto tenerte aquí por un rato —respondió con amabilidad—. Ten un buen día linda.
—Gracias Johann. —Y, aunque sin muchas ganas, sonreí. Creo que por primera vez en el día.
Desde una calle antes de llegar pude ver a los trabajadores descargando los camiones de mercancía.
Nadder's Room, una mueblería de cierto prestigio en la ciudad, con mucha variedad en productos y bla bla bla... el lugar donde trabajo. Y ya han de presentir que mi ocupación ahí no es de mucho emocionante.
—¡Cuidado con eso! Se ve costoso... —alcanzaba a oír a los empleados de descargo.
—¿Y qué cosa no lo es? —ironizó otro de ellos.
—Sólo pásamelo, ¿Quieres?, con cuidado.
El hombre tomó un marco de decoración alargado que le tendió alguien desde dentro del camión. Lo cargó bajo su brazo y volteó para dirigirse a la puerta sin percatarse de que yo pasaba por ahí.
—Uh! —se echó para atrás y yo hice lo mismo para evitar un accidente—. Las damas primero —ofreció haciendo un ademán con su mano libre.
Apreté los labios en un amago de sonrisa y rodé los ojos—. Muy gracioso, Eret. Ten cuidado con eso.
—Tranquila fiera, ¿Crees que no sé lo que valen estas baratijas?
—Te aseguro que nada cerca a lo que en realidad llames baratija —comentó uno de los hombres que cargaba un sofá con ayuda de otro—. Eso vale más que tu trasero.
Ambos rieron y nos pasaron de largo para seguir con su labor.
—Ya, que graciosos —dijo Eret—, sigan haciéndome pasar el ridículo enfrente de la dama.
—Los que saben, saben... —me burlé, y antes de que él pudiera replicar me di media vuelta para entrar a la mueblería y caminar hacia mi oficina.
Pero claro, una no puede pasar inadvertida un lunes a su hora de entrada.
—¡Oh! ¡Ahí está la chica que quería veer! —canturreó alguien detrás de mí. Llegó dando saltitos hasta donde estábamos.
—Buenos días Kathe —dije no tan animada.
Kathe es la recepcionista en Nadder's Room, y su manera de ser enérgica y sonriente la hace perfecta para el trabajo. Ella muestra los productos de la empresa, osea los muebles, a los visitantes. No somos muy amigas, pero no puedes evitar socializar con el personal que trabaja contigo. Menos tratándose de Kathe.
—No te hagas la desentendida —me acusó con el dedo—. ¡No creas que no me enteré de tu cita! —volvió a canturrear.
—No sé de qué me estás hablando... —ladeé la cabeza. Ella me agrada, pero tengo derecho a hacerme la desentendida—. Tengo que ir a trabajar.
—¿Uuh, escuché cita? —preguntó Eret.
—No. No escuchaste nada —miré a Kathe—. No tuve ninguna cita.
—¡¿Le dijiste que no?!
—¿Todo en orden? —preguntó alguien más.
Ojos verdes, cabello pelinegro. Heather se atravesó en mi camino viéndonos a los tres.
—Sí...
—¡No! —intervino Kathe—. Astrid rechazó a un chico que la invitó a salir, y no quiere decir nada.
Heather me miró confundida y yo dejé caer los hombros con cansancio—. No quiero hablar de eso ahora, ¿Okey? —dije mirando a Kathe.
Ella alzó su labio inferior a modo de puchero, casi logro zafarme de ellos otra vez, pero como dije, nunca inadvertida.
—Hofferson.
Oh, no... ¿Ahora qué?
Fingí mi mejor sonrisa y al igual que los tres chismosos a mi alrededor, volteé hacia quien me llamaba.
—Buenos días, Rachel.
Rachel. La... encantadora... jefa de tienda.
—¿Buenos días?, ¿Sabes que olvidaste pasar por los recibos ayer, no?
Abrí los ojos como platos, ¿Que qué?
—Nunca los llevaron a mi oficina, Rachel —repliqué dando un paso hacia ella.
—Ese no es mi problema... sabes lo que se le adjudica a un retardo en la entrega de esos papeles.
Mi mandíbula cayó hasta el suelo. Rachel alzó una ceja con indiferencia y se fue. Este día ya empezó mal...
Los demás sólo me miraron pero ni me detuve a poner atención a sus expresiones, exhalé con frustración y me abrí paso hacia mi oficina. Dejé mi café en el escritorio y me senté frente al ordenador. Heather me había seguido y entró preocupada cerrando la puerta detrás de ella.
—¿Todo bien? —preguntó.
Solté un largo suspiro y la miré. Heather ha sido mi mejor amiga desde la adolescencia, cuando me mudé a Berk y la conocí en la escuela gracias a una clase de historia que nos hizo trabajar juntas. Desde aquel entonces hablamos y nos preocupamos la una por la otra.
—No puedo creer que me haga esto —dije, refiriéndome a Rachel—. ¡Es la tercera vez! Otra semana con descuento de sueldo...
—Sabes cómo es ella... te hace la vida imposible si puede.
—Más si se trata de mí... ¿Qué tiene esa mujer en mi contra? —un golpe de realidad me abordó, y todos los problemas de esos días.
—Astrid... —me miró Heather con preocupación.
—Agh... ella es horrible —dije recargando mi frente en el escritorio, golpeándola contra él una vez—. Mi vida es horrible.
—Astrid, por favor...
—Uy sí, pobre de ti —Eret entró por la puerta sin avisar—. ¿Por una mala cita y problemas con tu jefe?
—Eret, no es momento —Heather se encargó de parar su tren, por suerte, porque estuve a punto de desahogar mi ira contra su preciada cara.
Me acomodé en mi asiento sin mirarlo y encendí el ordenador. Él cerró la boca y me acercó el portablock que traía en las manos.
—Debes firmar.
Miré el recibo de los repartidores e hice lo que me pedía, me recordó que debía pasar por los papeles que Rachel había mencionado.
—Lo siento por meterme —volvió a hablar, se escuchaba sincero—. Es sólo que... son cosas que pasan, Astrid. No dejes que te afecte demaciado. —No esperó una respuesta de mi parte y se marchó, dejándonos solas de nuevo.
Suspiré cuando desapareció detrás de la puerta, me giré en mi asiento y comencé a teclear en el ordenador, mientras Heather estudiaba mis movimientos.
—¿Es verdad lo de esa cita? —preguntó finalmente.
—Sí, pero no la tuve. ¿Recuerdas al cliente que atendí yo el otro día porque tú y Kathe estaban ocupadas? —Heather asintió, con los ojos muy abiertos—. Parecía que quería comprar la mueblería completa, me preguntó por cada cosa bonita que veía y luego se justificó con que le gustaba escucharme hablar —expliqué enfadada.
Heather rió entre dientes y se cruzó de brazos—. Sí, lo recuerdo.
—Pues, oh sorpesa... Terminando sus compras, que por cierto sólo fue una lámpara de techo y un cuadro de la réplica mediana de La gran ola de Kanagawa —hice un gesto despectivo que la hizo reír—, él me invitó a salir.
—Y dijiste que no... —rodó los ojos.
Asentí, siguiendo con mi trabajo en el ordenador.
—Es que no lo entiendo, ¿Por qué te niegas a una oportunidad con un chico, Astrid? —preguntó de repente.
—¿Hablas en serio?
Ella se encogió de hombros—. No puedes vivir pensando que no vas a enfrentarte a esto, Astrid. Tienes Veintitrés y no has tenido una relación seria desde que empezaste la universidad... No lo sé, tal vez en un momento inesperado te encuentras a alguien que quizá logre hacerte feliz.
—¿Tú ya lo encontraste? —pregunté, no me tomaría en serio esas palabras.
—Tal vez... —dijo mirando a otra parte. Casi me levanto de mi silla por esa respuesta, pero se adelantó a lo que yo pudiera decir—. A lo que me refiero es, que deberías hacer algo más. Salir, conocer lugares, o... chicos. Volver a confiar. Olvidarte del pasado.
La miré por un segundo. Hablaba con verdadera esperanza en sus palabras. Aunque esa era regularmente la forma de hablar de Heather. Aún así aquellas posibilidades rondaron en mi cabeza.
Agaché la mirada. Heather estaba preocupada por mí.
La verdad es que es difícil pensar en que encontrarás a "esa persona" que todo el mundo anhela tener a su lado.
Nunca he tenido nada de eso. Nunca ha sido ni de cerca una de mis principales preocupaciones.
Lo único que siempre quise, desde pequeña, fue tranquilidad.
Pero incluso a este punto, pareciera que a la vida le encanta dar muchas vueltas...
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Notas!!
Hiccup llega en el próximo capítulo, no se preocupen. Estoy editando y transcribiendo esta historia aquí a Fanfiction, así que las actualizaciones no tardarán mucho, espero que lo disfruten. ¡No olviden comentar! nn
[11 Jul 2019]
