CAPITULO 2: ABRAZAR A UN VAGABUNDO
Bella analizaba cada rincón de su hogar temporal con absoluta delicadeza. Trataba de memorizar cada ubicación de las cosas mientras Alice le decía donde se encontraba cada mueble. Era un lindo y acogedor departamento, no tenía de mas pero tampoco de menos, era justo lo que ella necesitaba. Una sola habitación con una cama matrimonial y el baño al lado derecho de esta. La cocina era espaciosa y el comedor era una mesa con cuatro sillas y un florero con tulipanes en el centro de este. En la entrada dos sofás color del chocolate hacían juego con las lámparas de las mesitas auxiliares.
—…y por ultimo te entrego las llaves—dijo la pelinegra dándole un llavero con 3 llaves plateadas.
—Gracias, Alice. —agradeció ella un poco avergonzada. Bella sentía que no encajaba en ese lugar y sentía pena por estar en uno de los departamentos de Alice sin siquiera conocerla. Era un grande favor que la castaña deseaba que se le recompensara. —Es un muy lindo departamento.
—Lo sé—la duendecilla sonrió orgullosa—Jasper lo diseño y yo lo decoré. —un silenció de pocos segundos se coló en la conversación. —Debo irme, Jasper sigue en casa de su madre; muy apenas pude escaparme para llegar.
Bella despidió a la muchacha y se sentó de inmediato en uno de los sillones. ¿Ahora que seguía? ¿Qué debía hacer? Ya tenía un techo seguro en el pueblo y un par de conocidos. ¿Qué debía hacer después? La chica pensaba si debería llamar a su familia o por lo menos escribirles un e-mail, sus padres y abuela deberían estar preocupados ¿no? De pronto el ruido de su estomago le despejo las ideas de la cabeza. No había comido desde que termino su desayuno continental en el hotel. Se puso de pie y camino hasta la heladera.
—Demonios—prensó en voz alta al notar que no había nada dentro del refrigerador. En Forks ¿Dónde se compraban los víveres? Debía haber un supermercado donde comprar alimentos y productos de limpieza e higiene pero, ¿Dónde?
Regreso a la habitación y cogió una chamarra de una de sus maletas grandes. En Forks hacía frió constantemente y con la sensibilidad corporal de Bella era mejor dar por seguro un futuro catarro.
Camino debajo de la colina encontró a un viejo leyendo el periódico y le pidió cortésmente si le daba indicaciones para llegar a una tienda y entendió que estaba a unas cuadras. Y así fue como pudo llegar sin perderse a un Wal-Mart.
Compró lo necesario para sobrevivir una semana, ya que no contaba con muchos dólares americanos con los cuales completar una despensa adecuada, y regresó con varias bolsas en los brazos.
Se preparó unos huevos revueltos con tocino y durmió en su cama.
Isabella Swan caía, caía y descendía por la profundidad de un agujero cavado en la tierra, ¿es que nadie entendía que estaba viva aun? No podía profanar sonido alguno, aunque tampoco la escucharían, sus movimientos no serían alcanzados a ver tres metros bajo tierra. Y lo peor era que no estaba dentro de una caja de muertos, en un ataúd, sino que ella estaba siendo sepultada a cuerpo suelto. Había perdido la esperanza. Ella se precipitaba al vació.
— ¡Bella! — Alguien le llamó provocándole que el corazón se le acelerara. Era esa voz la que le movía el mundo, y no era precisamente la de su Jacob, tampoco la de su madre o la de Charlie.
—Ayúdame…—siseaba con esfuerzo.
Esa persona, hombre por la gravedad en su voz, estiró el brazo en un intento por recogerla de la , oscuridad pero fue en vano, su mano se cerro vacía , lo único que alcanzó a sentir fue el roce que hubo entre la punta de sus dedos con los de él. Ella sintió una perdida tremenda.
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— ¡Ah! —gritó y se sentó de golpe, intentando recuperar el aliento. Inconscientemente las lágrimas salieron a brote ante tal susto. ¿A quién le gustaría soñar con el día de su muerte? Todo eso debía ser por la perturbación de la horrible noticia que le habían dado el día anterior. Sola se atormentaba hasta en sus sueños.
Se levantó de la cama y se mojó la cara en el baño. Podía sentir la humedad entre las cuatro paredes, seguro seguía lloviendo. —Pueblo de mierda—pensaba. — ¿acaso no existe el calor aquí?
Esa era la triste realidad de Forks, era demasiado extraño ver el sol entre las nubes en el cielo. Ahí siempre era la lluvia y la niebla, o simplemente nublado.
Desayunó uno de los cereales que había conseguido en el supermercado la noche anterior. Uno de esos que traen fruta picada y ciruelas y al terminarlo se dio una ducha rápida para salir y conocer un poco el pueblo.
No había muchos lugares interesantes, he incluso lo mejor era el parque central. No había ni una sola sala de cine donde entretenerse. ¿Conocían la diversión en Forks? Claro que sí. Había un lugar cuyo nombre Bella no recordaba. Era una discoteca juvenil a donde todos acudían por la noche. Lo sabía por el letrero con los horarios de apertura pues no habría durante el día.
Terminó por sentarse en una de las aceras de la calle. Y comenzaba a arrepentirse de estar ahí. Empezaba a sentir que debía regresar. Algo muy dentro de ella lo ansiaba con fuerzas pero otra parte de ella la convencía de que no era eso lo correcto.
¿Qué debía hacer durante esos seis últimos meses? Una idea repentina atravesó por su cabeza. Sacó su teléfono y en el icono de notas comenzó a escribir.
—Mmm… ¿cosas por hacer…cosas por hacer….?— ¿Qué era lo que siempre había querido hacer? —¡Ya sé! —se dijo a si misma y tecleó punto número 1:darle un abrazo a un vagabundo.
Ya tenía el primer punto de su nueva lista y aunque no era algo muy peculiar ella siempre había querido hacer eso. Los vagabundos no recibían abrazos con frecuencia, ¿Por qué no darle uno a un vagabundo? Renee, madre de Bella, jamás hubiera dejado que su hija realizara ese acto, los vagabundos eran gente sucia y sin escrúpulos que ni siquiera tenían el hábito de bañarse una vez al día. Bella jamás había entendido por que a su madre no le entraba en la cabeza el hecho de que ellos no tenían una regadera donde asearse.
Se levantó del suelo y camino con clase hasta llegar a un local de antigüedades.
—Disculpe—su voz sonó baja—¿Podría decirme dónde encontrar vagabundos?
—¿Vagabundos? —la señora dudó. —niña no se para que quieras un vagabundo pero esa gente no es de fíar.
—Solo quiero que me diga dónde puedo encontrarlos. —eso había sonado como un puchero.
—Bajando la avenida principal, das vuelta a la derecha y continúas todo la calle; llegaras a un barrio muy descuidado, supongo que ahí debe de haber algunos. No te desilusiones si no encuentras alguno, tendrías mucha suerte si así fuera.
—Gracias. —se limitó a agradecer y la señora que atendía el negocio le volteó la cara y continuo con su labor.
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—Debería regresar a cambiarme por una muda de ropa que no sea tan fina, podrían asaltarme—hablaba consigo misma al caminar de nuevo al departamento.
Abrió la puerta del departamento y se cambió lo más rápido que pudo. Se quitó las alhajas y pendientes de marca y se vistió con un sencillo pantalón de mezclilla desgarrado y una blusa de camiseta de color lila que le hacían parecer una muchacha cualquiera aun siendo Isabella Mary Swan, única y futura heredera de la fortuna de Swan. Aunque sería demasiado tarde cuando pudiese cobrarla. Volvió a meter la maleta dentro del closet de tal forma que parecía estar escondida.
Salió en busca de su objetivo: un viejo vagabundo en espera de una muestra de cariño. Pero aunque seguía al pie de la letra las indicaciones de la viejita de las antigüedades no daba al barrio descuidado. El día comenzaba a volverse aun más oscuro y los faroles de por ahí no funcionaban a la perfección; algunos se quedaban encendidos al menos diez segundos para luego empezar a parpadear seguidamente y otros de plano no encendían. El corazón de Isabella también se aceleraba a tal punto que ella sentía que se le saldría del pecho. No estaba en zonas seguras ni mucho menos muy conocidas donde la policía llegara a tiempo. ¿Qué es lo que había hecho? Su punto número uno era un fracaso. Solo a ella se le ocurría ir a buscar gente desconocida en un pueblo desconocido para sí misma. —Bien, Bella, eres una idiota incompetente. Solo a ti se te ocurre hacer esto. ¿Dónde jodidos estoy? —se preguntaba mentalmente.
Decidió que era mejor regresar pero ¿por dónde había venido? Estaba perdida en la oscuridad de la noche en una calle fantasma donde no había ni una sola alma. Pasaban autos por lo menos cada 7 minutos pero ninguno se detenía o le prestaba atención.
—¡Niña! —escuchó la voz de un viejo—¡Hey, niña!
Bella aceleró el paso de su caminado asustada.
—¡Oye! Espera yo puedo ayudarte. —decía la voz detrás de ella.
La castaña se detuvo en seco y recordó que tenía un espray de pimienta que le había llamado la atención en donde compró la noche pasada. Cuando el tipo estuvo lo demasiado cerca para cegarle habló.
—Aléjese—pidió con la voz temblorosa. —O después…
—¿Después qué? —dijo el viejo, que resulto ser muy joven, con indiferencia a su amenaza—Eres solo una niña. Deja de jugar a la valiente y deja eso en el piso. —el muchacho se acerco un paso más.
—Le he advertido que se aleje. —dijo casi en un susurro poniendo aun más firme el dedo índice en el espray.
—Y yo te he dicho que dejes de hacerte la mujer maravilla. —dijo sin aumentar aun paso más. —He visto que estas pérdida, yo te puedo ayudar a encontrar el camino de nuevo a Forks.
—¿Acaso no estoy en Forks? —dudó.
—Sí, si lo estas pero estas en el lado malo de Forks. Yo quiero llevarte al bueno.
—No puedo confiar en usted.
—Deja de hablarme de usted como si fuese yo un anciano. Tendré a lo mucho cuatro años más que tú.
—Las apariencias engañar.
—Me llamo James Gigandet, soy de la policía, estaba buscando melandros pero de pronto te vi y no dudé que estuvieras perdida.
—Pruébelo y bajo el gas.
James sacó su placa de su chamarra de mezclilla y le dio un poco de confianza a Bella.
—Oh—fue todo lo que salió de la boca de ella. —No me arrestara por haberlo amenazado ¿cierto?
—No, pero te llevare a tu casa. —Bella frunció el ceño.
—Si eres policía, ¿dónde está tu uniforme? —preguntó volviendo a dudar.
—No soy de caricatura. Soy agente, los agentes no llevamos uniforme azul con gorro y toda la cosa.
—Ah—volvió a decir Isabella.
Una vez de regreso Bella entró en el auto de James. Había calefacción y se sintió agradecida por ello; sentía que se le partirían los dedos si no entraba en calor. Observó cada facción del policía. Era apuesto pero no lo era tanto como Jacob, tampoco tenía cara de agente, pero había una placa que lo probaba, su cabello cortó y rubio en conjuntos con sus facciones faciales le daban un toque de chico malo. Tal vez por eso era agente, porque sabía cómo pasar desapercibido.
—¿Qué hacías por acá, chica?
—Suena absurdo pero buscaba a un vagabundo.
— ¿Un vagabundo? —La mujer asintió—si quieres te presentó a mi hermano, es todo un vago.
—Quería darle un abrazo a un vagabundo—James no pudo evitar soltar una carcajada.
—Valla, si que tus gustos son extraños.
— ¡no! Es que…—estuvo a punto de decir la verdadera razón por la cual buscaba a quien buscaba. —Como decirlo…es algo que siempre he querido hacer. A ellos nadie les da un abrazo. Dígame, si usted fuera un vagabundo ¿no le gustaría un abrazo de vez en cuando?
—Pues si me lo planteas de esa forma, mujer maravilla….creo que sí. —Gigandet dio vuelta al auto y entraron al centro de Forks— Bien, niña, ya estamos en el buen Forks, ¿Dónde te dejo?
—Aquí está bien. —indico ella.
— ¿Segura? Puedo llevarte hasta tu casa.
Bella no quería llegar a su casa con él. Aun tenía sus dudas y si la llevaba hasta el departamento capas y tendría que invitarle a tomar café del poco café que tenía. Además era el segundo día en ese edificio y ya traería gente.
—No, gracias. Aquí me bajo. —y así fue. Ya ubicada pudo llegar a su departamento.
Estaba triste por no poder cumplir con su misión, el primer punto y no lo había logrado. Era una verdadera desgracia que así pasara.
Subió hasta su cuarto piso y abrió la puerta. El corazón latió con fuerza al escuchar ruidos en la habitación. La sala era un desastre, había botellas de licor tiradas en la alfombra, la heladera estaba abierta, todos los refrigerios estaban intactos, debajo de la mesa había un par de zapatos negros en talla grande.
—Dios—exclamó alarmada.
Tomó el cuchillo más grande que su vista fijó, y camino hasta la habitación de donde provenían los ruidos sucios. Ruidos que ella no estaba acostumbrada a escuchar. Giró la perilla y al abrir por completo la puerta los gritos del cobrizo y los de ella formar un solo hilo.
disclaimer: Los personajes no me pertenecen ya que son de SM, pero la historia si es solo mía.
Hola! ¿Que les pareció este capitulo? Esta recien salido del horno...
ojala si les haya gustado porque tuve mucha inspiracion para escribirlo. Su punto numero uno esta un poco loco no? y wuajajaja a que ya adivinaron quien esta en el mismo departamento:D
Le pueden dar al hermoso globito de abajo que dice review? Se que a todas y todos nos gustan los reviews!a mi me hacen muy muy feliz!
Gracias a los que agregaron a alertas, favoritos y a los que dejaron review, tambien a los que leen solamente.
Me despido y un beso a tods!
