Nada de esto me pertenece, todo es de Stephanie Meyer.
Capítulo dos
Pretendiente
TENGO UN PRETENDIENTE.
Nunca creí que mis plegarías serían escuchadas. Es decir, estaban volcadas en un libraco que no era la biblia ni mucho menos y que me aseguré nadie viera. Tal vez deba pedirle más cosas: ganarme la lotería, pasar todos los exámenes con sobresaliente, que Tanya muera… Aunque tal vez no funcione así. Tal vez, Dios se apiadó de mí y decidió que era mi hora. Si tan solo fuera Edward sería perfecto… Pero tanto milagro sería sospechoso en mi vida.
Bueno, contaré como ocurrió todo:
Estaba corriendo apurada a mis clases. Para variar, me había quedado dormida y ya llegaba con diez minutos de retraso a las clases. De pronto veo a un hombre que miraba un papel y luego los casilleros, y luego el papel y así. Se notaba perdido, así que diciéndome que ya que había perdido diez minutos, podía perder algunos más.
- ¿Necesitas ayuda? -él me miró agradecido y asintió.
- Sí, soy nuevo. Acabo de ser transferido de la universidad de New Jersey y la verdad estoy algo perdido -era musculoso y muy alto. Su cabello era liso y rubio y le caía suavemente sobre sus ojos. -Soy Mark.
- Soy Bella, ¿me dejas ver el número de tu casillero? –él me pasó el papel-. Está contiguo al mío. Ven te mostraré.
¿Qué puedo decir? Era sexy, y tenía un sentido del humor muy desarrollado. No había frase en que no pusiera algún cometario gracioso. Conocerlo fue un remanso de paz y alegría en mi monótona y depresiva vida. Estuve todo el día junto a él e intercambiamos teléfonos.
Comenzamos una conversación por mensaje de texto. Me sentía como una quinceañera, fue divertido y no pude evitar comentárselo a todo el mundo.
Alice y Emmett parecían alegrarse de que hubiera encontrado a alguien. Al menos eso me habían dicho antes de conocerlo. Ellos sabían lo mucho que detestaba ser el mal tercio, y se sentían aliviados de saber que no estaría tan sola. Edward por otro lado…
- ¿Qué haces, Bella? -me preguntó una tarde desde mi cama mientras yo me arreglaba para salir a ver una película con Mark.
- Me arreglo -le dije vagamente.
- Lo veo. Gracias, señorita-digo-cosas-obvias. ¿Alguna razón en particular?
- Saldré al cine con Mark -le dije mientras intentaba ponerme un arito en mi lóbulo derecho. Por alguna razón siempre me costaba hacerlo entrar. Noté que Edward estaba extrañamente callado y me volteé a verlo. Él tenía la mirada pegada en el piso-. ¿Pasa algo?
- Hoy es viernes -levanté mi ceja extrañada.
- Bueno, gracias, no me había dado cuenta -le dije sarcástica.
- Los viernes tenemos ciclo de películas antiguas -me di cuenta que tenía razón.
Todos los viernes, donde ninguno tuviera plan, arrendábamos películas antiguas y las veíamos juntos.
- Bueno, hoy tengo planes. Quizás el próximo viernes -le dije sin darle demasiado importancia.
- Sí, claro -algo en su voz me llamó la atención, me senté junto a él.
- ¿Pasa algo malo?
- No… es solo… No me gusta cuando estás a solas con Mark -me dijo en un tono tan bajo, que me costó escucharle.
- Oh… -nunca lo había escuchado decir algo malo de mis amistades y estaba completamente perpleja-. ¿Por qué lo dices?
- No lo sé, Bella, no me agrada -me dijo con la sinceridad brillando en sus ojos. Sonreí tiernamente, estaba realmente preocupado por mí.
- No te preocupes, él es un hombre agradable. Alice y él se llevarán de maravilla -Edward murmuró algo que no alcancé a distinguir. Decidí que le contaría mis nuevos descubrimientos-. ¿Te cuento?- ese tono y esas palabras eran las que daban a entender que era un secreto. Que no saldría de nosotros-. Creo que comienza a gustarme -lo cuál era cierto. Me ilusionaba cada vez más con este hombre… que no era mi mejor amigo, pero al menos estaba a mi disposición.
- ¿En serio? -su tono era entre incrédulo y asombrado, nunca antes le había dicho que me gustara alguien. Asentí despacio. Cerró los ojos unos segundos y luego me abrazó fuerte-. Es maravilloso, Bells… Solo, ten cuidado con él. No me agrada -diciendo esto se separó de mí y se fue de la habitación sin otra palabra.
Fue muy extraño. Nunca había actuado así conmigo, pero dejé su actitud de lado.
La cita con Mark fue maravillosa, él era todo un caballero y mostraba real interés en mí.
Nos dirigimos a un hotel francés muy reconocido en la ciudad. El ambiente era muy íntimo y romántico; se podían escuchar suaves murmullos de las parejas que estaban cerca de nosotros. La mesa que había escogido Mark, tenía vista al patio del restaurant, un patio iluminado suavemente por la luna.
La cena fue muy agradable y distendida. Mark era un estudiante de filosofía, y tenía algunas clases que compartía conmigo, lo que nos permitía tener mucho tema de conversación.
Hubo algunos momentos incómodos, sin embargo, sobre todo cuando él hacía insinuaciones. Él siempre dejó muy claro quées lo que pretendía conmigo:
- Tendré que contradecirte esta vez, Bella -habló Mark después de una meditación larga-. No creo que Helena haya sido la mujer más hermosa.
- Bueno, Mark, según Homero, lo era. Provocó una guerra que duró diez años.
- Ella sólo fue una excusa. Además, veo aquí otra mujer que podría perfectamente crear una guerra de cien años si lo quisiese -me ruboricé y bajé la mirada a la copa de vino que estaba tomando. Mark no había dejado de mandarme este tipo de frases que me ruborizaban y me confundían-. Estás ruborizada, de nuevo. No estás acostumbrada a que un hombre te halague, y me preguntó por qué -me dijo en un tono bajo mientras tomaba la copa con ambas manos. -Los hombres aquí no te han tratado como mereces. Lo bueno es que ha aparecido uno que sabe cómo tratar a damas como usted.
- ¿A sí? -le desafié-. Pues me encantaría saber quién es este hombre que tanto tiempo he esperado.
- Todo a su tiempo, Bela mía, todo a su tiempo.
Esa noche me dio un suave beso, que me dejó pensando… ¿Quiero tener algo serio con él? Sus labios eran suaves y tibios… pero no eran con lo que yo había soñado desde que tenía trece años. Pero al menos tengo estos labios. Tengo la seguridad de que él me tratará con respeto y me tomara en cuenta. Edward nunca lo hará, nunca dejaré de ser su mejor amiga.
La noche del domingo tuve sueños extraños, llenos de una vida que no quería como propia con un hombre que no amaba, pero que al menos… me amaba de vuelta. Vi una vida mediocre, llena de resignación y niños ajenos, porque no eran los que yo soñé. No tenían el pelo cobrizo, ni ojos verdes, ni sonrisa de infarto. Pero eran reales.
La mañana llegó sin que me percatara, para cuando me desperté, me di cuenta que ya era tarde.
Corrí por los pasillos para llegar a tiempo a mi segunda clase, por que la primera de plano la había perdido y mientras corría vi sentado en el jardín a Edward, con sus codos en las rodillas y sus manos en su cabello. Olvidando mi clase y mi apuro, corrí a verlo.
Él no se percató de mi presencia, por lo que me senté junto a él y esperé.
- Quiero estar solo -murmuró cuando abrió los ojos y notó que había alguien a su lado. Yo permanecí ahí sentada sin decir nada. Se giró. Probablemente para echarme, y al verme su cara mudó. Una tenue sonrisa se formó y apoyó su cabeza en mi hombro-. Siempre me encuentras.
- ¿Quieres hablar de ello? -él negó con la cabeza y yo asentí.
- Quédate Bella, quédate conmigo. No te vayas -me murmuró muy bajito en mi oído. Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.
- No me voy a ningún lado, no te voy a dejar solo -desde pequeño Edward tenía esporádicos ataque de pánico.
Después de la perdida de sus padres, se quedó completamente solo y cuando algo le molestaba o preocupaba, solía tener episodios como estos, donde necesitaba sentir a alguien junto a él que nunca le abandonaría. Estaba extrañada, los episodios solían ser de noche y tras algún episodio estresante o doloroso para él. No entendía que podía haber pasado para que estuviera así a pleno día.
- Vamos a mi cuarto. Apuesto que no dormiste nada anoche -él me siguió como autómata, con su mano firmemente asida a la mía.
Acaricié suavemente el pelo de Edward sin llegar a despertarle. Estábamos ambos en mi cama. Él dormía desde hace horas y me abrazaba fuertemente. Comenzaba a preocuparme. Iban a ser las dos de la tarde y si mi corazonada era correcta, Edward no había probado bocado desde ayer. Alargué la mano lentamente y tomé mi celular. Llamé a Alice, quien contestó al tercer toque:
- ¡Bella! Estaba tan preocupada. Dime que Edward está contigo
- Sí, Alice, tranquila -susurré-. ¿Podrías traernos almuerzo? Tengo la impresión de que él no ha comido nada desde ayer.
- Así es. Estuve con él toda la noche, pero no parecía mejorar -así que comenzó anoche. Comencé a sentirme mal. Era el primer ataque que tenía Edward, en el cuál no estaba presente, pero Mark me había llamado para que viéramos las estrellas y la noche se me había pasado volando y al llegar a mi pieza caí muerta a la cama-. Estaré allí en diez minutos.
- Está bien, gracias -corté y me volteé suavemente para despertarlo-. Edward -le susurré tocando suavemente su hombro y meciéndoselo-. Despierta corazón, tienes que comer -él se movió lejos de mi toque y abrió un ojo. Al verme, se acercó nuevamente a mí y enterró su cabeza en mi pecho-. Vamos, cielo. Alice estará aquí en unos minutos con comida -escuché una débil protesta de su parte-. No quiero reclamos, necesitas comer -se alejó un poco de mí para susurrar:
- No quiero comer, no tengo hambre -su voz sonaba rasposa y cansada.
- Lo siento, tienes que comer -Edward tendía a dejar de comer en períodos de estrés, así que sabía que esto vendría y estaba preparada-. Hazme caso y te prometo que te dejaré dormir todo lo que quieras después. De otra forma tendré que avisarle a Carlisle… -él alzó su cara para encontrarla con la mía.
- Está bien, comeré -diciendo esto volvió a acomodarse en mi costado.
Miré mi teléfono, realmente deseando decirle a Carlisle. Él siempre me hacía sentir segura sobre lo que estaba haciendo. Lo llamaría cuando Edward volviera a dormir.
Pasamos algunos minutos en silencio, hasta que llegó Alice, quien se excusó y salió tan rápido como había llegado. Yo levanté a Edward y le obligué a comer. Él hizo como le pedí, sin negarse.
- No quiero más -me dijo en voz infantil.
- Haremos esto. Tú me cuentas qué es lo que ocurrió y yo te dejaré no comer más -le ofrecí sabiendo que no comería más.
- Está bien -acomodó su cabeza sobre mi hombro y habló despacito-. Ayer Tanya y yo terminamos -me sorprendí. Usualmente el que terminara no ameritaba un ataque como éste. Esta era la primera vez que lo veía deprimido o entristecido ante un rompimiento. Tragué dolorosamente al pensar que tal vez la amaba-. Y no sé… -continuó luego de una larga pausa-, comencé a preguntarme, si tal vez, no estaba hecho para las mujeres, tal vez hay algo mal conmigo o…
- Claro que no, Edward. Eso es estúpido, eres ridículamente perfecto -le dije sin pensar, cuando me di cuenta de lo que había dicho me ruboricé profundamente.
- ¿Así que piensas que soy perfecto? -dijo con una voz sugerente mientras se ponía sobre mí.
Le golpeé suavemente el hombro mientras me lo quitaba de encima y me dirigí al baño.
- Es obvio que ya estás bien- lo escuché reír quedo. Cuando iba saliendo del baño escuché mi teléfono-. ¿Puedes ver quién es? Debe ser Alice, pero… -él me cortó al decir:
- Es tu pretendiente -tomé mi celular y miré la pantalla.
Ahí estaba en el identificador de llamadas. Pretendiente.
- ¿Aló? -contesté insegura.
- Hola, preciosa, ¿te gusta el nombre que me coloque?
- Mark, ¿qué clase de broma fue ésa?
- Ninguna. Te pretendo, Bella -quedé en blanco mientras solo podía pensar OH DIOS MÍO.
Continuará
Un muy feliz San Valentín para todas y todos!!
Bueno, este capítulo es uno de los más largos que he hecho
La verdad, estoy muy satisfecha por como va la historia, háganme saber si les gusta. También debo decirles que el siguiente capítulo estará para marzo, la razón: Me voy de unas merecidas vacaciones!!!! Prometo, volver con muchos capítulos listos y subirlos tan rápido como la universidad me permita.
Se me cuidan!
