Los personajes no me pertenecen, sino a SM, yo solo me divierto con ellos =)
Capítulo 3
Jessica se giró para ver a quién me refería y soltó una risita.
-Los rubios son Rosalie y Jasper Hale. Tengo entendido que son los sobrinos de la señora Cullen. El grandote y de pelo negro es Emmett, la otra chica se llama Alice y, el de cabello cobrizo, es Edward. Son los hijos de acogida del señor Cullen y su esposa.
-Jasper y Alice están juntos, al igual que Rosalie y Emmett—dijo una de las chicas, pero no me giré para ver quién era.
Observaba al tal Edward, me miraba con el entrecejo fruncido, intentaba concentrarse en algo, no sé en qué, pero estaba segura que no podría descubrirme. Los Cazadores de Sombras somos muy discretos con nuestra posición.
Poco después sonó la campana que me obligaba a ir a la clase de Biología. Angela y Mike, quien ya me parecía un golden retriever, tenían la misma clase que yo e hicieron el "favor" de acompañarme.
Angela era una chica muy maja, alguien con quien podría trabar una amistad, pero el otro chico era pesado e inaguantable. Se fueron a sus respectivas mesas y fui a que el profesor me firmara el comprobante.
Solo había un sitio libre en toda la clase: al lado de Edward Cullen, que se tensó poco antes de que me sentara en la mesa.
Tenía las manos en puños y apretadas. Parecía que no respiraba: otro punto más a favor de que podría ser un vampiro y que el colgante, de tanto palpitar, me hacía daño. Tenía que serlo, era imposible otra cosa.
Juro que vi que faltaba parte de la mesa que coincidía con la marca de su mano. Tendría que descubrir más cosas sobre ellos.
Estuve divagando sobre los Cullen toda la hora, aunque el profesor no parecía darse cuenta de nada, la verdad. Tendría que llamar a mi padre esa tarde para preguntarle. También sacaría información de Charlie e iría al hospital, ocultándome, para sacar la ficha del doctor.
Cuando tocó, Edward salió corriendo. Eso me daba un punto más: velocidad sobrehumana.
Ahora tendría Educación Física. Mi fiel perro apareció por detrás:
-¿Le pinchaste a Cullen un lápiz o algo así? Nunca se ha comportado de esa manera—preguntó Mike.
Así que, más o menos, era amable. Poco lo ha demostrado. Aunque sus ojos eran negros… se morirá de sed.
El entrenador no me obligó ponerme el uniforme ese día, aunque ya me emocionaba la idea de hacer otra cosa que no fuese una clase normal.
Al terminar, me dirigí a la oficina principal a entregar mi justificante. Allí me encontré con Edward Cullen, que intentaba cambiar su clase de Biología de 5ª hora por otra clase.
La señora de la oficina le decía que todas las demás clases estaban al máximo y que no podía hacer nada por él.
Cuando una chica entró por la puerta, Edward se envaró y se marchó después de verme con ojos odiosos. Entregué el comprobante. No oí lo que la señora dijo. Solo asentí y me fui de allí.
Cuando llegué a casa, recogí todos los informes que tenía de vampiros italianos y me los estudié. Cuando llegó Charlie, no me di cuenta, pero me trajo un trozo de pizza mientras yo releía una y otra vez los papeles.
Envié un correo electrónico a mis padres pidiendo más información. Me enviaron justo lo mismo que tenía yo. Lo que suponía que teníamos muy poca información sobre esa clase de vampiros.
Mi madre también estaba preocupada que les pidiera esos informes en particular. Temía que hubiera encontrado vampiros italianos en Forks. Si fuera así y tuvieran los ojos rojos, me pidió que saliera corriendo, que daba igual la misión. Estaba muy preocupada por mí.
Por la noche, cuando Charlie se durmió en el sofá, partí hacia Seattle, a hablar con los hermanos silenciosos de allí para que me dieran algo más de información. No es que me gustaran mucho, pero algo debía de hacer…
Ellos tampoco tenían nada. El viaje hasta Seattle no había servido para nada. No era muy tarde cuando volvía a "mi casa". Serían las doce de la noche, pero, de repente, el coche se paró en medio de la carretera hacia ninguna parte. Me maldije y salí fuera a colocar los triángulos de emergencia.
-¿Ha ocurrido algo, pequeña?—me preguntó una melodiosa voz detrás de mí.
-Se me ha acabado la batería del coche. Tengo que esperar a la grúa o algún coche para poder cargarlo.
-Puedes usar mi batería, si lo prefieres.
Entonces me giré, no me di cuenta. ¡Pero qué tonta había sido! Si me hablaba en mitad de la carretera significaba que habría parado a ayudarme. Quien me estaba hablando era un joven, de unos veinticinco años, rubio, alto y de ojos dorados. Era muy pálido. Cómo no pensé. Llevaba una bata de médico y una chapita identificativa: Doctor Cullen.
El coche era un Volvo plateado. Pensé directamente en que, la persona del coche, sería Edward Cullen, pero no había nadie dentro. Alice Cullen había salido y me miraba extrañada. Sus ojos habían cambiado de color, del negro al dorado.
-Se lo agradezco mucho, de verdad, pero primero quiero saber quiénes son ustedes.
-Tú eres Isabella Swan, vas al colegio conmigo. Yo soy Alice Cullen y este es mi padre, Carlisle Cullen.
-Vale, eso ya lo tenía entendido. La pregunta que realmente quería hacer era: ¿qué son ustedes?
Ahí, si que se quedaron sin palabras.
Alice y el doctor Cullen no sabían qué decir. Les había pillado desprevenidos. Fui yo quien cortó el incómodo silencio.
-¿Me vais a contestar? Porque si no es así, agradecería que me ayudarais a cargar la batería del coche para irme.
Entonces reaccionaron, como si les hubiera echado un cubo de agua fría.
Ahora que me daba cuenta… ¿por qué los Cullen, o al menos el doctor y Alice, tenían los ojos dorados? ¿No tendrían que ser rojos por la sangre humana? Tal vez me hubiera equivocado con mi afirmación y acababa de preguntar una tontería.
-Perdonen, no quería ser indiscreta. Vine ayer y no dormí mucho y ahora es muy tarde y se me para el coche. No estoy pensando con coherencia—expliqué, antes de que contestaran.
-No te preocupes, Isabella, ¿tienes pinzas?
-Por favor, llámeme Bella, doctor Cullen, y no, no tengo pinzas—admití, algo avergonzada.
-No te preocupes, pequeña. Mi hija y yo te ayudaremos—sacó las pinzas y las conectó a su motor—. Por cierto, ¿qué haces fuera de casa a estas horas y en esta carretera?
-Vengo de Seattle, de hacer unas compras. Se me pasó el tiempo volando y, cuando quise darme cuenta, ya eran las once de la noche.
-¡Ya está!—comentó Alice desde el interior del coche, después de arrancarlo. Al menos llegaría a casa antes del amanecer.
-Deje que les pague algo por las molestias. Nadie, y menos a estas horas, se habría detenido a ayudarme.
-Sí, si hubieran visto a una chica tan guapa como tú aquí, seguramente que se habrían detenido. Y no, no hace falta que pagues nada, y no insistas—sonrojé ante el comentario de Alice.
-Bueno, Bella. Me alegro mucho de haberte conocido. Nos veremos en el hospital—se despidió el doctor—. Por cierto, llámame Carlisle—comentó como último.
-Nos vemos mañana, Bella. ¡Ven a comer con mis hermanos y conmigo mañana!—se despidió Alice desde el asiento del copiloto.
Eso sí que me pareció raro, pero se marcharon a gran velocidad. Puse en marcha el coche y me marché.
Esperaba que Charlie no se hubiera despertado y se percatara de que yo no estaba ahí. No habría ningún problema, porque llamaría a mis padres y ellos le contarían que fui con ellos.
La casa estaba toda tranquila y se oían los ronquidos de Charlie desde el salón de la televisión. No se había despertado y no había ningún problema.
Fui cansada hacia mi habitación y me tiré en la cama. Me dormí nada más apoyar la cabeza en la almohada.
Al día siguiente, todo transcurrió normal, excepto en que, cuando vi llegar a los Cullen, Edward no estaba entre ellos. Me acerqué a la hora de la comida a la mesa de los Cullen, como Alice me había dicho el día anterior. Hubo unas cuantas miradas de reproche de la mesa donde me había sentado con los mundanos el día anterior.
-Hombre, Bella, ¿cómo estás?—me preguntó Alice, llevándome a rastras hacia su mesa donde sus hermanos me miraban medio con odio.
-Bien, Alice. Gracias por lo de anoche, de verdad.
-No hay de qué. Siempre hay que ayudar a una muchacha en apuros.
El que más o menos, de los Cullen, no me miraba mal, era Emmett. Parecía divertido por esta situación.
-Hombre, pero si es la nueva. ¡Y sentándose en nuestra mesa!
-Emmett, la invité yo a que viniera con nosotros.
Rosalie me miraba un poco raro. Entre enfadada y asombrada.
-¿Cómo una chica de pueblo como tú puede tener un coche tan asombroso como el Mercedes de ahí fuera?
No sabía qué contestar. A ojos de todos, yo era la hija de Charlie Swan, el jefe de policía de Forks.
-Fue un regalo para que me moviera por la ciudad, ya sabes—contesté, restándole importancia.
-Entonces dime, Bella, ¿por qué me preguntaste eso ayer?—preguntó Alice.
-¿Qué pregunta te refieres?
-A la de qué somos mi familia y yo—no supe qué contestar.
Gracias a todas las personas que me leyeron y mucho mas a las personas que pusieron alertas y escritora e historia favoritas
Pero mucho mas, gracias a las que dejaron su comentario, a las que contesto a todos y cada uno de ellos
Siento decir que no voy a poder actualizar en unas semanas porque me voy por fin de vacaciones =D
Se que no soy antigua ni que llevo mucho escrito, pero espero que lo comprendan, cualquier persona se merece un descansito, creo yo
Muchas gracias adelantadas
Lenny94
