—¡Ah, así que aquí estás! —Exclamó la sombra, sonriendo burlonamente. Se giró a su derecha y pareció hablarle a algo en su bolsillo. —Jamsie, la he encontrado, no pasa nada.
Rose entrecerró los ojos, para intentar distinguirle entre la oscuridad. No era Albus, pues el chico frente a ella era al menos dos cabezas más alto. Y tampoco parecía ser agresivo o desconocido, porque claramente la estaba buscando. Recordó sus palabras, cuando había llamado a un Jamsie. Sólo conocía un Jamsie, que en realidad era su primo James. Y la única persona que solía llamarle así era…
—¿Fred? —Preguntó, confundida. Una palmadita en la cabeza y una carcajada fue toda su respuesta.
Claro que era su primo Fred, incluso con la poca luz que se reflejaba por las ventanas se podían distinguir perfectamente sus ojos verde aceituna y esa sonrisa que sólo tenían él y James.
—¿Qué, esperabas algún bicho raro y mágico? —Inquirió, mientras miraba constantemente a la puerta por donde estaba el pasillo que llevaba hasta el baño donde Rose había estado cuando el tren se había detenido. Fingió un suspiro. —Ay, Rosie, tan dulce como siempre.
—Ojalá y el bicho te hubiese alcanzado a ti. —Bufó la pelirroja, mientras volvía a su cómodo asiento en el compartimiento y Fred se sentaba frente a ella, cogía una rana de chocolate y la mordisqueaba con una sonrisa. —¿Y James? ¿Qué acaso vais a asustar a Lily, porque se les ha acabado la bromita conmigo?
—¿Realmente importa? —Se encogió de hombros.
Rose le miró fijamente. Era obvio que se trataba de Fred, pues todo en él lo indicaba. Su físico y personalidad gritaban que era el primo bromista, el que andaba siempre pegado a James como si de hermanos se tratase. Pero había algo en la misma sonrisa amplia y los ojos que a ella le hacía dudar.
Quizás la mirada era más fría, y la sonrisa más forzada. O quizás se lo estaba pensando demasiado y resultaba siendo paranoica.
—Vale, que ya se han divertido. —Frunció el ceño. —Y sabes que Lily se asusta más fácilmente. —Le recordó.
El chico se acercó a ella, aún sentado en su lugar, cambiando su expresión de burla por una más compasiva.
—Pues esa es la parte de la diversión, ¿no? —Murmuró, mientras alejaba la vista y encendía un cigarrillo. Rose siempre veía fumar a sus tíos Bill y Charlie, incluso a sus primos mayores, pero nunca a Fred. No, él era la parte buena del dúo con James, el con la pose inocente que hacía difícil dudar de él.
—Venga, dónde se ha metido Jamsie. —Gruñó la Weasley, cruzándose de brazos.
Él hizo un ademán con la mano indicándole que esperase a que terminara su cigarro. Pareció recuperar su actitud amistosa, pero le parecía algo forzada. Rose se dedicó a mirar por la ventana, que estaba empañada, y luego sacó su teléfono celular. No podía llamar a nadie, por la magia que había en el lugar, pero siempre podía jugar con alguna aplicación. Notó un par de ojos mirándole atentamente, y levantó la vista. Pegó un salto, porque Fred le miraba con ojos saltones y parecía muy nervioso de repente.
—¿Por qué…? —Murmuró, apretando los puños con fuerza y dejando caer el cigarrillo al suelo sin ninguna preocupación. —¿Por qué carajo aún usas esa cosa muggle? ¿Por qué, Rose? —Volvió a decir, arrastrando las palabras.
La chica le miró con preocupación y guardó el artefacto, lo que pareció calmar un poco a su primo mayor. No tenía nada que hacer, así que se dedicó a escribir nombres de cantantes muggles que solía escuchar con su familia sobre la empañada ventana. Cuando escuchó un extraño ruido, como de algo frotándose, se giró hacia Fred, que le miraba atentamente mientras se revolvía las manos nerviosamente.
Y eso era todo, no podía permanecer un segundo más en aquel compartimiento con él comportándose tan extrañamente. Terminó de escribir un último nombre para disimular y luego se levantó hasta el marco de la puerta. Sólo podía observar los vidrios de otros compartimientos, iluminados desde afuera.
Lentamente, Fred se levantó del asiento con una sonrisa tan natural como la que tenía cuando recién le había encontrado. Quizás el cigarrillo había funcionado calmándole, porque parecía muy animado. Miró de nuevo dentro de su bolsillo y luego a su reloj, y sonrió. Le tomó la mano amistosamente y le encaminó hasta la puerta del vagón por donde él había entrado.
—Jamsie no llega aún, ¿te parece si vamos a buscarlo, Rosie? —Preguntó, abriendo la puerta.
Con el ceño fruncido, Rose asintió con la cabeza. Si Fred estaba tan extraño, de seguro su primo James podría calmarlo o volverlo más agradable. Estaba a punto de cruzar, cuando la puerta al otro lado del vagón se abrió de golpe y pudo reconocer de inmediato un rostro conocido.
—¡Albus! —Sonrió, aliviada.
