DISCLAIMER: MAHOU AHOUJO LYRICAL NANOHA NO ME PERTENECE, ES PROPIEDAD DE SUS RESPECTIVOS AUTORES.
AGRADECIMIENTOS: No saben cuánto les agradezco por la confianza en esta historia humilde y típica, y en mí; también agradezco las palabras alentadoras, creo que eso me anima más a seguir con ésto :) Por todos sus comentarios, por su confianza y su forma de alentarme, este capítulo es para ustedes.
Se separaron lentamente, renuentes a hacerlo, pero la falta de oxígenos fue la causa que las obligó, inevitablemente.
El chasquido que provocaron sus labios al apartarse sonó en la quietud de la noche primaveral, como un pequeño repiqueteo de una gota de agua; como tal, se perdió rápido, mientras una leve brisa les desordenaba, apenas, el cabello.
Nanoha abrió sus ojos lentamente, sentía su corazón latir desbocadamente en su pecho y sus mejillas arder notablemente; quiso observar a su acompañante, pero encontró a Fate aún abrazándola y con su rostro casi pegado a su oído derecho.
La rubia soltó una pequeña risita.
Nanoha se estremeció al sentir su aliento tan cerca, otra vez, un agradable aire tibio que le provocó un cosquilleo inexplicable en el vientre.
―Jamás hubiese imaginado que terminaría así… Contigo. ―dijo Fate en voz muy baja y recostó su mentón en el hombro de la pelirroja.
Nanoha no encontraba palabras con las cuales responder. ¿Qué se supone que debía decir? Ella tampoco había imaginado algo como eso, siquiera alguna vez.
Por un lado, quería apartar a la rubia y abofetearla por impertinente, pero, por otro, quería que volviese a besarla tan bien como lo había hecho. Nunca la habían besado así, de esa forma tan… Un momento, ¿estaba deseando otro beso de Fate? Quien, además, de ser esa persona arrogante y desagradable de siempre, era una mujer.
Simplemente no podía gustarle.
Pero no puedo evitarlo…Me atrae aunque sea una mujer, aunque sea desagradable y altanera… Me gusta.
―Me apartarás y me dirás que fui desubicada contigo, ¿no es así? ―preguntó Fate con cautela y trató, internamente, de controlar sus nervios, no obstante, su corazón no dejaba de palpitar con fuerza e ímpetu.
La pelirroja tragó saliva. Debía responder, pero no sabía qué. Era un manojo de nervios, porque de ella dependía si ese beso volviese a suceder o no.
Tenía que tragarse sus impulsos, sus deseos y decirle que no debía volver a pasar nada entre ellas, que había sido su error haberla dejado avanzar tanto.
Y que, por más que le doliese, no sucedería nada porque ambas eran mujeres y eso no estaba bien.
Decidida a explicarle su equivocado impulso, fue detenida por la suave voz de Fate, cantando dulcemente en su oído:
"Slide away and give it all you've got
My today- fell in from the top
I dream of you and all the things you say
I wonder where you are now?
Hold me down all the world's asleep
I need you now, you've knocked me off my feet
I dream of you - we talk of growing old…" (1)
Fate se apartó un poco y le sonrió con calidez. Nanoha volvió a perderse en esos ojos escarlatas que la observaban con un brillo intenso.
―Sé que dije que eras insoportable y todo eso… Pero… ―comenzó la rubia y un leve rubor apareció en sus mejillas. ―Quiero conocerte, porque me gustas… Es decir, me gustas porque creo ver a alguien interesante detrás de esos hermosos ojos… Por eso, ¿me dejarás? ―preguntó despacio y ella misma se sintió ajena a esas palabras, expresadas con tanta delicadeza.
Todo parecía un dulce sueño.
Una vez más, Nanoha vaciló. Realmente, Fate le gustaba, le atraía de sobremanera aunque fuese una mujer… pero existían varias contras para que no aceptara conocerla de la manera que la rubia le proponía.
Apartó la mirada y tomó aire para decir lo siguiente sin que sonara como un horrible rechazo.
―La verdad es que… Me atraes, pero… No puede repetirse porque… ―dijo Nanoha lentamente, mas, una risita pícara la interrumpió.
Ambas miraron hacia la entrada del balcón, y palidecieron al ver quién las había descubierto en su recién comenzado idilio.
La persona intrusa siguió en su misma posición, sin inmutarse, recostada en el marco del ventanal de donde había observado con detenimiento cada detalle de semejante acontecimiento.
Ver el rostro abochornado de las sorprendidas ya no-enemigas-declaradas no tenía precio alguno, así que, su sonrisa se ensanchó aún más.
Se regocijó por dentro, pero, a la vez, se sintió feliz por su amiga Fate, la intrusa y testigo, Hayate Yagami.
TODO LO QUE NECESITO
"No quería huir, pero cada vez que te acercas
Me siento más viva que nunca
Y sé que es demasiado.
Pero quizá somos demasiado jóvenes
Y ni siquiera sé qué es real,
Pero sé que nunca he querido tanto algo.
Yo nunca he querido tanto a alguien…
Si te dejo amarme, ser el que adoro,
¿Irías hasta el final?
¿Serías lo que estoy buscando?"
Paramore, Adore.
3
INCERTIDUMBRE
Nanoha se aportó con rapidez y le propinó una bofetada a Fate que resonó en todo el lugar.
―¡¿Qué se supone que haces, idiota? ―gritó a todo pulmón y escapó del lugar como un rayo, ocultando su rostro todavía rojo de la vergüenza.
―Bueno, tenemos un problema, es BIPOLAR. ―afirmó Hayate, asintiendo y haciendo, a la vez, nota mental del hecho.
―¿Acaso no tienes nada mejor que hacer que estar siempre en el medio de todo? ―le recriminó Fate con furia, mientras se frotaba la mejilla dolorida por el golpe.
―Y, la verdad…
―NI UNA PALABRA, ¿me oíste?
―¿Perdón? ―disimuló Hayate con su mejor sonrisa inocente.
―NI UNA PALABRA DE LO QUE VISTE A NADIE. ―reiteró y advirtió Fate con frialdad.
Hayate asintió velozmente, pero sin dejar de sonreír, algo que lograba ofender más a Fate, quien sólo atinó a fulminarla con la mirada por última vez y pasó por su lado.
―Puedo ser una tumba, si lo deseas… Puedo ayudarte si lo necesitas… Después de todo, yo sé que a Nanoha-chan también le gustas, pero Ginga está en el medio. ―le recordó la castaña, y casi sonó como una reprimenda.
Fate, ni siquiera, la volvió a mirar, tampoco se detuvo. Respondió con un "lo sé" sin ánimos y siguió camino a la habitación donde se hallaban las demás.
Hayate suspiró. Era gracioso, entretenido, pero tenía miedo de que Fate terminara enamorándose, porque eso sólo implicaría problemas. Ella sabía que Nanoha le correspondería, pero no podría ser más que un amor pasajero o "pasional", en todo caso; Por lo tanto, ella se encargaría de que así fuera, para que nadie saliese lastimado.
―¿Dónde estaban? ―preguntó Alisa, con su característico pésimo humor, cuando Fate, seguida de Hayate, regresaron a la habitación.
―Fate-chan estaba fumando su décimo cigarro diario, nada malo. ―le restó importancia, Hayate, uniéndose a sus amigas en el sillón frente al monitor.
―Yo… Me retiro. ―anunció Fate, sin pasar del umbral de la puerta. ―Tengo unos asuntos que atender.
Suzuka y Hayate la miraron confusas. Alisa levantó una ceja, y Alicia frunció el ceño.
―Te acompaño…
―No es necesario, Alisa, gracias. Conozco la salida. ―interrumpió Fate a la dueña de la casa y sonrió apenas.
Con un breve saludo, dio media vuelta para retirarse.
Antes de poder, siquiera, avanzar, se chocó de lleno con la figura de Nanoha, que parecía llevar un buen rato allí, o al menos desde que habían llegado con Hayate.
¿Cómo y cuándo llegó?
Fate se extrañó, pero no hizo otra cosa más que sonreírle. ¿Qué podría decirle? Quería quedarse y pasar tiempo con ella, pero Nanoha no lo permitiría, se lo estaba diciendo cuando Hayate las interrumpió, y no había otra solución que alejarse y seguir como siempre, antes de que… Volviese a sentir cosas por ella.
―¡Fate! ―la llamó su hermana mayor apareciendo en escena. ―Te acompaño a la puerta. ―agregó y le sonrió a Nanoha.
La rubia menor asintió, volvió su vista hacia Nanoha, pero ninguna sonrisa se dibujó en sus labios esta vez, y luego, salió, junto a Alicia, del campo visual de la pelirroja.
―Pasó algo entre tú y Nanoha…
―No.
―Fate…
―Alicia, no pasó nada, ¿ok? Me iré porque Ginga me dijo que no se sentía bien, es todo. ―aclaró Fate mirándola directamente.
―No eres su novia. ―le recordó la mayor frunciendo el ceño. ―Ok, estás con un terrible humor y no te preguntaré nada, pero ten por seguro que yéndote me entregarás a Nanoha en bandeja…
Fate gruñó y alcanzó a balbucear alguna queja despectiva, antes de abandonar el hogar de los Bannings. Alicia sonrió y negó con la cabeza, claro que no haría nada con Nanoha, claramente podía ver que el humor tan "agradable" de su hermanita se debía a la pelirroja, y, asimismo, había visto la forma en que se habían mirado en al puerta del playroom.
No era a ella a quien Nanoha miraba, sino a Fate.
Un leve suspiro escapó de sí, e, inconscientemente, volvió a llevarse dos de sus dedos a sus labios para acariciarlos lentamente, totalmente absorta en sus pensamientos.
Sentía la superficie que acariciaba aún cálida y volvió a estremecerse. Alejó sus dedos.
—Fate…
El nombré abandonó sus labios como un suave soplo y cerró los ojos. En la oscuridad del cuarto de huéspedes que le habían asignado, sintió el sonido de su corazón acelerarse con intensidad.
Se revolvió entre las sábanas, no podía dormir.
¿Qué debo hacer?
La pregunta la atormentaba una y otra vez, como un sonido de eco en su confundida mente.
Volvió a dar otra vuelta en la cama, quedando otra vez boca arriba. No había forma que pudiera sacar ese beso de su cabeza. Esa persona la estaba volviendo loca, y sólo la había besado.
Pero mejor que nadie…
Pensó y se ruborizó inmediatamente.
Recordó que después de haber abofeteado a Fate, no se había alejado ni unos metros cuando decidió, por puro impulso, volver y disculparse. No quería golpearla, pero en ese momento actuó a la defensiva. Era una total estúpida. Estaba reaccionando como una niña. ¿Qué deseaba de Fate T. Harlaown? No lo sabía, no lo comprendía y no encontraba la forma de averiguarlo.
Tanteó en la mesita de luz a su derecha, encontrando su celular allí. Lo abrió. Con un tecleo, el número de Fate apareció en la pantalla. Sus dedos temblaron.
Antes de irse, Alicia le había anotado rápidamente el número de Fate con la excusa que de seguro, ella lo necesitaría por las clases de apoyo que estaba llevando con la rubia. Luego, le había guiñado el ojo y se había marchado entre risas con Hayate. Alisa y Suzuka las miraron sin entender.
Nanoha se mordió el labio inferior con indecisión. Sí, le gustaba Fate, le atraía su persona, y más ahora que había conocido un poquito más de ese lado apasionado de la chica. Quería conocerla, pero… ¿Por qué dudaba tanto? ¿Por su familia? ¿Por el qué dirán? ¿Por su maldito compromiso?
No. Nada de eso tenía que ver en su duda o debate interno. ¿Entonces? Estaba aterrada. Tenía miedo de lo que Fate pudiese provocar en ella, porque si con un simple beso la había desestabilizado de tal manera que ahora no conciliaba el sueño, ¿qué pasaría si le daba la oportunidad de compartir más tiempo juntas?
Se dio pequeños golpecitos en el puente de la nariz con el celular.
Suspiró por enésima vez en la noche y volvió a encender la pantalla del celular.
Apretó su labio inferior una vez más, y con el corazón a punto de estallarle, escribió un mensaje.
Simplemente, es conocernos… Quiero conocerte más.
El sonido de aviso que el mensaje había sido enviado correctamente, resonó en la silenciosa y oscura habitación.
Cerró los ojos tratando de calmarse, de serenar sus palpitaciones. Inhaló y exhaló un par de veces antes de sentir que el corazón volvía a bombear al ritmo habitual.
Volvió la vista al celular. No se arrepentía, ni del beso, ni del mensaje. Inhaló profundamente.
Lo siento, Ginga.
Y luego, soltó todo el aire de sus pulmones en un extenso y prolongado suspiro. El último, al menos, que recordaba de esa noche, antes de quedarse dormida.
Corría con todas las energías que tenía por todo el inmenso campo de deportes. La tarde moría en el horizonte y la iluminación solar se despedía del día.
Sentía su respiración agotada zumbar en sus oídos y su corazón latir a mil por horas en su pecho.
Se detuvo lentamente al llegar al final de la recta, y se apoyó, con ambas manos, en sus piernas para recuperar el aliento.
Tomó un par de bocanadas de aire antes de acercarse a la persona que controlaba su tiempo a un costado de la pista.
―¿Qué tal fue? ―preguntó sonriendo.
―¡Batiste el récord! Felicitaciones.
―Creo que es porque cada vez que vienes y me ayudas, o simplemente, me observas es suficiente para que dé todo de mí.
―Nyahaha, eres tan dulce…
Sonrió al sentir que su corazón daba un salto. Amaba esa risa, amaba a esa chica cuyo rostro se iluminaba al sonreír, y amaba aún más, que esa sonrisa sólo fuera para ella.
Acarició su rostro y trató de dedicarle una mirada cargada de amor.
La pelirroja frente suyo se sonrojó y guardó el cronometro al verla tan cerca de ella.
―Nanoha… ¿Quieres… Quieres ser mi novia? ―preguntó con el rostro repleto de rubor.
La pelirroja sonrió con ternura y llevó una de sus manos al rostro de su acompañante también, acariciándolo con cariño. Ella cerró los ojos al tacto y se recargó en esa suave palma, esperando una respuesta que sabía podía ser positiva…
―Fate…Sí, sí quiero ser tu novia…
…
Abrió los ojos de repente y se encontró con el rostro preocupado de Ginga, quien le acariciaba la mejilla.
―Lo siento, te desperté. ―se disculpó la joven retirando, apenas, su mano.
Fate se incorporó lentamente. Se había quedado dormida en la habitación de Ginga, en su cama y no recordaba más que eso.
Había llegado a la casa de los Nakajima para saber cómo se encontraba su "pareja", la cual la había llamado porque sus padres habían tenido una discusión, algo rutinario en la familia. Pero Ginga siempre quedaba en el medio de ambos y a veces, recibía la peor parte, cuando su padre llegaba a casa ebrio y en un estado de violencia absoluta.
Subaru, la menor, pasaba más tiempo en casa de su amiga Teana Lanster, y era ajena a los sucesos en su hogar, al menos en la mayor parte.
El punto fue que, cuando Fate llegó, Ginga la recibió llorando y aún temblando. Su padre ya no estaba, pero con su madre temían que volviese e hiciera desastres. Fate no podía hacer otra cosa más que consolarla, tenía mucho aprecio por Ginga y en cierta forma, su debilidad le recordaba a su pasado.
Pasó una mano por sus ojos y el sueño volvió vívido a su mente. Hasta podía percibir el aroma de Nanoha, otra vez.
Cerró los ojos con fuerza.
―Fate… ―la llamó Ginga incorporándose a su lado. La madrugada ya había caído en la ciudad, y la única iluminación que tenían era la luz lunar que se colaba por la ventana abierta de la habitación. ―Lamento que hayas tenido que venir, sé que me dijiste que estabas ocupada…
―Está bien, Gin… No podía dejarte sola. ―respondió la rubia sonriendo apenas y miró hacia la ventana.
Y ahí, Ginga notó lo distante que su Fate estaba. No entendía qué le sucedía, pero normalmente era más atenta.
Cuando observó que miraba la hora en su celular, temió que se fuera, así que, rápidamente la abrazó y acunó su cabeza en el pecho de la más alta, en señal de que necesitaba su cariño.
―No te vayas, por favor… No quiero quedarme sola… Me siento segura cuando estás conmigo.
Fate suspiró levemente y correspondió al abrazo.
Volvió a recostarse en la cama con Ginga aún en sus brazos y observó el techo; no se preocupó por sacarse las ropas que todavía llevaba, para dormir, tampoco lo hizo Ginga, así que sólo se limitaría a consolar a la chica entre sus brazos hasta que la noche terminara.
Su madre la reprimiría cuando llegara a casa, de eso estaba más que segura.
Unos minutos después, su celular vibró en su bolsillo. Temiendo que fuese un mensaje de su madre, lo sacó con cautela de no molestar a Ginga y observó el número. No era ninguno que conociese. Leyó el mensaje, llevándose una gran sorpresa en el proceso.
"Siento lo de la bofetada, creo que fue lo único que se me ocurrió en ese momento para escapar de Hayate-chan… Conseguí tu número por Alicia-san, espero no te moleste.
Quería que supieras que me sentí una estúpida por no haber podido decirte nada en ese momento, pero estaba aturdida, confundida y… No importa ya, quiero que sepas que yo también deseo conocerte. Espero que no sea tarde para eso…
Cariños.
Nanoha."
Fate leyó varias veces el mensaje antes de comprender, de una vez, que era la mismísima Nanoha quien lo escribía y que le respondía de manera positiva su propuesta.
Su corazón volvió a acelerarse e imágenes de su reciente sueño volvieron a su mente.
Ginga se removió entre sus brazos y Fate cayó abruptamente a su realidad.
¿Qué estás haciendo, Fate Testarossa?
Era la tarde del día domingo cuando Chrono y Fate llegaron al hogar de los Lanster, en el ala oeste de la ciudad.
Una casa no muy grande, pero acogedora para los que la habitaban. Tiida y Teana Lanster eran hermanos y los únicos que vivían allí, ya que eran huérfanos, y su tío, quien se había hecho cargo de ellos, viajaba constantemente por los negocios de su empresa.
Tiida era el mayor, y compañero de Chrono en la universidad; ambos, habían tenido la idea de armar una banda de rock, en la cual participaban junto a Verossa Acous, el galán de la universidad, y, de vez en cuando, Fate también colaboraba con ellos.
―¡Se tardaron! ―los molestó Tiida cuando los recibió en la puerta de su casa.
―Mamá estaba sermoneando a Fate por su "rebeldía" adolescente. ―respondió Chrono y sonrió con malicia hacia su hermana.
―Y a vos por mujeriego, así que cállate. ―le devolvió la rubia una contestación con el mismo tono de voz.
Tiida rió abiertamente al ver cómo los hermanos discutían entre ellos, pero con esa chispa de complicidad y compañerismo que siempre acompañaba a los jóvenes de la familia Harlaown. El castaño sabía que Chrono se desvivía por sus hermanas y las cuidaba demasiado, intentando ser esa figura paterna que Fate y Alicia desconocían.
El castaño los guió hasta el garaje de la casa, donde generalmente practicaban. Acomodaron sus instrumentos e improvisaron algo antes que Verossa hiciera acto de presencia, con su típico porte elegante y "metrosexual", y su teclado musical.
Tiida se encargaba de tocar el bajo, Chrono la batería, y Fate, la guitarra.
Tocaron algunas canciones, antes de que Teana apareciera en la puerta anunciando que Hayate y Nanoha Takamachi estaban en la afuera, esperando para verlos.
Fate no pudo contener la sorpresa que eso le causó, ¿qué hacía Nanoha Takamachi allí? Seguro todo había sido planeado vilmente por la única mente siniestra de Uminari, la de Hayate.
Aunque, lejos de enojarse con su amiga, Fate se alegró por que haya traído a la pelirroja; sentía muchas ganas de verla, luego del beso, y más todavía, después de aquel mensaje que había recibido.
Tiida y Chrono se miraron con picardía, ambos conocían a Nanoha, la interesante hija de los Takamachi que tenía medio colegio detrás, pero nunca nadie había salido con ella. Ahora tenían la excusa para acercársele, pero sus ideas y sus instintos hormonales desistieron en el momento que vieron la mirada fría y cargada de advertencia, con la que Fate los observaba.
―¡Oh, vamos, Fate! ―se quejó Tiida, dejando su instrumento de lado y recargándose en la pared tras suyo. ―Es extremadamente linda y nunca tuve la oportunidad de conversar más de dos palabras con ella, que no sean "hola" o "adiós"… ―
―No me digas que ya… ―comenzó Chrono sorprendido.
Fate se sonrojó un poco y frunció el ceño.
―No es justo, Fate, te quedas con las mejores… Hace poco nos quitaste a Ginga, ahora a Nanoha. ―se lamentó Tiida dramatizando su voz.
―¡Que Ginga no es mi novia! ―exclamó Fate molesta.
―¿Nanoha si lo es? ―preguntó Chrono sonriendo de lado.
―¿Quién es Nanoha? ―preguntó Verossa con curiosidad, aunque sentado en un banco cerca de su teclado y mirándose detenidamente en un pequeño espejo de mano, había sonado más casual que tratando de averiguar algo.
―Una hermosa jovencita de 17 años que asiste al Instituto Seishou y…
―¡YA! Párale, Tiida. ―sentenció Fate harta de los comentarios.
―Ok, ok, es tuya, Fate-chan…―continuó Tiida y compartió una carcajada con Chrono, que a la rubia le sonó molesta.
Fate resopló con fuerza fastidiada de que siempre culminaran hablando de ella y sus relaciones, ¿si querían a Ginga por qué no la buscaron? Frunció el ceño aún más y se dedicó a seguir concentrada en las notas de la canción que anteriormente estaba practicando.
―Buenas~ ―saludó Hayate, irrumpiendo en escena, con su típica cantarina voz.
Detrás de ella, en el umbral de la puerta, Nanoha hizo una reverencia seguido de una sonrisa, saludando a todos, un tanto avergonzada.
Fate sintió su corazón acelerarse sin control, por lo que sólo las miró un momento, hizo un ademán de saludo con la cabeza y volvió su vista hacia la guitarra. Seguro había quedado descortés, pero no quería quedar en evidencia tan rápido ante la atenta mirada de Hayate; sus latidos apresurados no cedían.
Estúpido corazón, ¿desde cuándo Nanoha logra esto en mí?
Pensó y se tragó un suspiro que estaba a punto de soltar. Nanoha se avergonzaría si se acercaba ahora a ella para hablar, así que buscaría el momento indicado para estar a solas con ella, una vez más.
Nanoha no comprendía cómo había terminado así, acorralada contra la puerta del baño y siendo besada con tanto fervor por Fate.
No es que le molestara, pero quería acordarse cómo había sido. Lo último que recordaba era a Hayate dejándolas solas en el pasillo que conducía al cuarto de baño, y luego ser arrastrada a éste por Fate, para tener privacidad.
¿Es que acaso importaba cómo había empezado todo? No. Realmente, había deseado que la rubia volviera a tomarla en sus brazos como lo había hecho el viernes por la noche, en casa de Alisa.
Otra vez esa sensación de calma la envolvió, ¿Fate lograba hacerla olvidar de todo y sentir que las preocupaciones, o todo lo malo, se iba? Sí, Fate lograba eso, y la estaba volviendo loca en tan pocos días.
Pasó sus brazos alrededor del cuello de Fate, para abrazarse más a ella y no dejar de sentir esa calidez tan gratificante que le brindaba con su presencia.
―Nanoha…
El nombre se escapó de los labios de Fate, entre besos, como un suave suspiro, que provocó un estremecimiento en todo el ser de la pelirroja.
Nanoha estrujó con fuerza la blusa de la rubia y se separó apenas para observarla a los ojos. Fate soltó un pequeño quejido, renuente a querer separarse.
―Me llamaste por mi nombre por primera vez… ―dijo Nanoha y le sonrió con dulzura. ―Creo que eso es un avance… ¿Dejé de ser la nerd?
―Sólo si tú también me llamas por el mío… ―respondió Fate apoyando su frente en la de ella, mientras le devolvía una sonrisa también.
―Lo pensaré, Harlaown-san. ―la molestó Nanoha y soltó su típica risa cuando la rubia la miró con fingida molestia.
Nunca antes habían tenido la oportunidad de hablar, siempre que lo hacían terminaban en una discusión sin sentido, pero ahora, después de lo sucedido el viernes, no necesitaban muchas palabras para darse cuenta de la química que había entre ellas.
―¡Ey! ¿No piensan abandonar el baño, par de tortolitas?
La voz de Chrono les llegó del otro lado de la puerta. Fate rodó los ojos en señal de fastidio.
―Vamos, Fate-chan…
―¿Fate… -chan? ―se sorprendió la rubia.
Nanoha le sonrió una vez más y, antes de abrir la puerta, le regaló un pequeño beso en los labios.
―¡Al fin! ―exclamó el joven al verlas salir.
Nanoha estaba avergonzada por la forma en que el morocho las había llamado. Aún no tenía nada concreto con Fate, sólo se gustaban, pero quería que quedase entre ellas. Aunque, si Hayate ya lo sabía, seguro todos los amigos de ella y Fate también.
"Que remedio..." pensó y observó la escena de los hermanos Harlaown, divertida. La había pasado muy bien esa tarde junto a ellos y los demás. Podría acostumbrarse a pasar tiempo en la vida de Fate para conocerla más.
Porque eres muy interesante, y me gustas.
―Siempre eres tan oportuno, Chrono… ―le soltó Fate mirándolo, sin ocultar su molestia.
―Ah, sí, me lo dicen muy a menudo, jaja. ―rió el muchacho y se adentró al cuarto de baño, sin dejar que su hermana le respondiese.
Ambas caminaron lentamente, por el pasillo hacia donde se encontraba el garaje de la casa, para encontrarse con el resto de los jóvenes. Podían escuchar la risa descontrolada de Hayate, seguramente estaba haciendo de las suyas con el pobre de Verossa, a quien vivía molestando.
―Creo que ya es hora de que me vaya… No he estado en casa desde el viernes y… Me matarán. ―comentó Nanoha concentrándose en lo importante, y suspiró.
―Gracias por haber venido… ―le dijo Fate y la tomó de la mano, mientras detenían sus pasos, antes de llegar. ―Hayate hizo bien al invitarte a que vinieras.
―Me alegra haber venido y… Verte. ―contestó Nanoha sonriendo, entrelazando sus dedos con los de la rubia.
Fate sonrió, mientras un leve rubor se instalaba es sus habituales pálidas mejillas. A Nanoha le pareció tan adorable, que la hubiese vuelto a besar sino fuera porque la risa de Hayate se había detenido y una figura se paraba delante de ellas.
Fate tragó pesado y Nanoha le soltó la mano despacio, para no llamar la atención. La figura frente a ellas, se acercó lentamente, pero con paso decidido, deteniéndose justo frente a la rubia.
Hayate apareció en el pasillo casi corriendo, parecía que había seguido a la figura, pero no había podido impedir que llegara junto a ellas. La castaña se encogió de hombros, como disculpándose. Nanoha le sonrió apenas, y volvió su vista hacia Fate, quien ni se había dado cuenta de la presencia de Hayate, sólo la de la figura.
―Te llamé… ¿Qué tan ocupada estás, que no puedes atender?
―Lo siento, no tenía el móvil encima… ―se disculpó Fate y miró de reojo a Nanoha. ―Además te dije que hoy estaría con los chicos…
―¿Los chicos? Yo no te veo con ningún chico. ―la interrumpió con visible enojo y miró a Nanoha, casi, con celos. ―No sabía que te llevaras bien con Nanoha-san.
―Ginga. ―la nombró Fate con seriedad y frunció el ceño. ―NO me gustan estos planteos, lo sabes. Detente. Nanoha está aquí porque sabes, perfectamente, que está ayudándome con las materias del instituto, y vino a entregarme unas hojas.
―¿Ahora es "Nanoha"? ¿Ya no más "Takamachi"? ―prosiguió Ginga ignorando todo lo dicho por Fate. Estaba celosa, demasiado y no podía detenerse.
―Ginga, es la verdad. Estoy aquí porque mañana tenemos la clase en la biblioteca y necesitaba que Harlaown-san leyera unos temas antes. Sólo para estar seguras de que estudia. ―dijo Nanoha con tranquilidad e hizo hincapié en el nombramiento del apellido de la rubia, para denotar que no había confianza alguna, más que de compañeras de clases.
Ginga pareció calmarse. Nanoha había logrado el efecto perfecto y sólo con decir el apellido de Fate.
Sonrió para sí, satisfecha, cuando Ginga le pidió una disculpa por su arrebato. Inmediatamente, su sonrisa interna se borró, cuando la mayor de las hermanas Nakajima se inclinó y deposito un breve beso en los labios de Fate, seguido de una disculpa cargada de amor.
Nanoha se sintió fatal, y quiso huir de allí urgente. Miró hacia otro lado y se mordió el labio inferior. Había mentido por Fate, ¿y de qué le servía?
No tenían nada aún con la rubia, pero ya se daba cuenta que no podría soportar un espectáculo así otra vez. Además de que no quería lastimar a Ginga.
¿Era egoísta por desear a Fate y mentirle tan descaradamente a Ginga? No estaba segura. Ginga no era su novia, así que no era algo tan malo, después de todo, ¿no?
―Bueno, ¿por qué no vamos con los demás? ―preguntó Hayate tratando de llamar la atención.
―Yo me retiro ya, Hayate-chan… Es tarde. Permiso. ―dijo con rapidez Nanoha y salió del lugar apresuradamente.
Fate intentó hacer un paso hacia ella, pero Hayate le advirtió con la mirada que no hiciese nada. La castaña siguió a Nanoha, dejando a la rubia con Ginga.
―No vuelvas a hacer algo como eso. NO somos NADA, Ginga. ―le dijo Fate con rudeza y se dirigió al garaje.
La joven Nakajima frunció el ceño. Sí, no eran nada, pero esperaba que pronto lo fueran.
"Y se supone que sólo estás conmigo, a pesar de que no somos nada." Pensó y siguió el camino que Fate había hecho, de regreso al garaje.
―¡Nanoha-chaaan! ―gritó Hayate coriendo tras la chica.
¿Cómo era posible que caminara tan rápido? Se había alejado casi tres cuadras de la casa en sólo unos minutos, que ni llegaban a ser dos. Nanoha se detuvo.
Hayate llegó a su lado jadeando, por la falta de ejercicio en su vida y se detuvo a tomar aire.
―Quiero… Acompañarte… ―dijo Hayate entre jadeos.
Nanoha asintió, y emprendieron el camino de vuelta hacia la residencia Takamachi.
―Ginga es así… Una celosa sin remedio, cree que Fate-chan es de su propiedad. ―comenzó a contar Hayate, cuando el ritmo de su corazón era ya normal. Nanoha no dijo nada, sólo permaneció con su mirada en el frente. ―Por eso, con Ali nunca estuvimos de acuerdo con que Fate-chan le diese una oportunidad para ese touch and go que tienen. Más que nada, porque Ginga se cree que es la novia, y no es así… Fate-chan la quiere, pero no para una pareja estable.
―Si la quiere no debería hacer lo que hizo hoy, entonces. Estamos haciendo mal, y es mi culpa también. Me siento en medio de esa relación. ― expresó Nanoha y apretó sus manos con fuerza.
―Pero Fate-chan gusta de ti, no de Ginga. No creo que estén haciendo nada malo… Es decir… ―Hayte buscó la palabra adecuada, mientras colocaba su dedo índice en su barbilla. ―¡Sólo diviértete, Nanoha-chan! Tambiñen te gusta Fate-chan, ¿no es así? Bueno, no pierdas oportunidad de estar con ella. Igualmente, no es que te quieres casar con ella, ¿no?, es sólo divertimento adolescente. No lo pienses tanto. ―le restó importancia, dándole palmaditas en el hombro. ―Nadie está lastimando a nadie, mientras no haya amor de por medio.
Nanoha sonrió un poco. Si las cosas seguían así, no le cabía la menor duda que terminaría enamorada de Fate. Si Hayate estaba en lo correcto, entonces, sólo tenía que tratar de tomarlo con calma, como un pasatiempo. Después de todo, eso era ella para Fate.
Las siguientes dos semanas transcurrieron velozmente, y con ellas, la pequeña relación de Fate y Nanoha crecía.
Fate había dejado de ver a Ginga, no le había dicho nada, pero con las clases extras con Nanoha, las actividades de su club, los ensayos con la banda y los estudios para los exámenes antes de las vacaciones de verano, tenía la excusa perfecta para no verla. No se cruzaban en el instituto, no se veían ni en las calles, ni en la casa de los Lanster, donde Fate evitaba ir después de lo ocurrido la última vez.
Hayate, Alicia, Chrono, Alisa y Suzuka ya eran conscientes del amorío que llevaban sus amigas, y que ya no podían evitar. A leguas, podían notar que ambas tenían una química perfecta que no les habían visto tener jamás con nadie. Todos temían que terminaran enamorándose, pero ellas le restaban importancia, aunque por dentro, todavía no sabían explicar esa necesidad de estar con la otra, y la alegría abrumadora que sentían cuando estaban juntas.
Nanoha se estaba enamorando de Fate poco a poco, y la rubia volvía sentir crecer sus sentimientos por la pelirroja, pero aún más intensos que antes.
La familia Takamachi había pospuesto un poco más el compromiso con Yuuno, cuando Nanoha les había pedido que esperaran hasta que ella tuviese un poco más de tiempo. Sus padres la comprendieron, la escuela, pensaban, la tendría muy ocupada.
Una tarde, Nanoha, al salir del instituto, y de las actividades de su club de literatura junto a Suzuka, se encontró con Ginga, esperándola cerca de los casilleros.
La tarde estaba bastante avanzada, pero el calor no cedía. El verano estaba llegando y los días se volvían más pesados que de costumbre.
―Nanoha-san.
―Ginga… ¿Sucede algo?
―Quisiera hablar contigo, ¿es posible? ―preguntó la joven con la voz apagada.
―Te espero afuera, Nanoha-chan. ―anunció Suzuka, y ante un asentimiento por parte de su amiga, se retiró de allí.
Nanoha volvió su vista hacia Ginga y pudo notar, al acercarse a la joven, su rostro contrariado y lleno de tristeza. Se notaba perfectamente que había estado llorando un buen rato, sus ojos estaban rojos.
―Nanoha-san, yo… No tengo muchos amigos en esta escuela y… No quiero llenar de preocupaciones a Subaru con mis problemas, ya sabes… Con los inconvenientes en mi casa, es más que suficiente para ella. Por eso, como tú siempre has sido cercana a la familia, a nosotras, se me ocurrió que podrías escucharme y… ―las lágrimas que intentaba retener comenzaron a salir nuevamente.
Nanoha se acercó y tocó su hombro, apretándolo en un suave toque reconfortante.
―Fate me dejó… Me dejó porque dice que se enamoró de alguien más. ―lloró amargamente Ginga cubriéndose el rostro con ambas manos.
Nanoha abrió los ojos como plato sin poder creerlo, ¿Fate había dejado esa especie de relación con Ginga? Y… ¿Esa persona de la que se había enamorado era… Podría ser ella?
―Pero, tú y ella no eran nada… Tranquilízate, encontrarás a alguien que te quiera de verdad. ―trató de consolarla Nanoha, aunque por dentro era un manojo de sentimientos opuestos. Le molestaba de sobremanera que Ginga hablara de Fate como si fuera algo de ella, ¿por qué no entendía que NO eran absolutamente nada? ― Las personas van y vienen…
―NO quiero a nadie más, quiero a Fate. ―determinó Ginga levantando el rostro y con la determinación plantada en su postura. Sus ojos brillaban de una manera perturbadora que causó desconfianza en la pelirroja. Parecía una completa obsesionada.
Nanoha tragó saliva, ¿qué debería decirle? Sólo atinó a sonreírle de manera comprensiva, aunque no lo sintiese por dentro, y asintió a sus palabras. Ginga se limpió las lágrimas, le agradeció por haberla escuchado, y le pidió que si sabía algo de esa persona que estaba con su Fate le avisara. Después, se retiró de allí, en dirección a los cursos nuevamente.
Nanoha la vio alejarse con el rostro cargado de confusión, y lo primero que se le ocurrió hacer fue contarle a Suzuka.
Estaba feliz porque Fate ya no vería a Ginga de esa manera, pero, por otro, temía que la joven Nakajima hiciera algo. Esos ojos llenos de furia y obsesión, la habían estremecido.
―¿Y? ¿Cómo resultó, Gin? ―preguntó una voz aguda en los pasillos desolados del instituto.
―Creo que cayó en la trampa… Estoy segura que es ella. ―afirmó Ginga y sonrió. ―Takamachi es taaan buena persona que no puede evitar preocuparse por todos.
―Lo dices con tanto sarcasmo que no suena creíble jajaja. ―rió la joven enfrente suyo, Kyrie Florian, su amiga y confidente, quien había visto a Nanoha y Fate en la azotea de la escuela, muy acarameladas, el día anterior.
―Gracias, Kyrie… Ahora podemos saber qué movimiento piensa hacer. ―aseguró Ginga y sonrió con malicia. ―¿Fate creyó que no me daría cuenta con quién estaba? Qué equivocada estaba… Nanoha Takamachi me las pagará… Maldita zorra. ―escupió las últimas dos palabras con desprecio y haciendo una mueca de reprobación.
(1) Slide Away, de Oasis.
N/A: Este cap tardó un poco más de lo previsto en salir... Hummm no terminaba de convencerme, y creo que aún falta algo. Sé, aunque parece que lo de Nanoha y Fate va rápido es que la trama debe avanzar, lo importante recién está por venir, y, además, ¿nunca se sintieron atraídos por alguien así? Yo sí, y por eso lo entiendo. Igualmente, Fate ya tenía sentimientos por Nanoha, y ésta también sentía algo especial desde que la vio, y etc, etc.
Espero tener el otro más pronto, peeeero, no prometo nada. Está empezado, y eso es un avance xD
Pd: la canción que canta Nanoha en el primer cap es Dig, de Incubus (me olvidaba de hacer referencia todo el tiempo).
Gracias por leer.
Tsunderella~
