¡Muchas gracias por leer, espero que este capitulo también os guste ^_^

III

Estaban en las habitaciones de Draco, en una salita con chimenea, sillones, una mesita de café. Un elfo les había traído un par de whiskys y Harry se había dado cuenta de que Draco también se lo bebía de golpe, como si necesitara ese refuerzo. Eso le había hecho sentirse un poco más tranquilo, pero esa tranquilidad empezó a evaporarse cuando Draco se sentó en un sillón y se lo quedó mirando con expresión inquisitiva. Harry, que aún seguía de pie, no sabía muy bien qué quería, a qué estaba esperando.

-¿Qué?

-Si no recuerdo mal, en Hogwarts te dije una vez que quizás te daría lo que necesitabas si me suplicabas. Suplica, Potter. Demuéstrame lo mucho que quieres esto.

Harry sintió de nuevo ese vértigo y por primera vez, saltó al precipicio que se abría ante él.

-Lo quiero, Malfoy. De verdad. Quiero… quiero que me folles. Quiero sentir… todas esas cosas de las que hablas en tus cartas. Por favor… Por favor.

Draco suspiró, sonriente.

-Está bien, Potter. Será un placer darte lo que necesitas.-A Harry también se le escapó un suspiro. Lo estaba haciendo. Realmente lo estaba haciendo-. Pero antes, dime cuál es tu palabra segura.

-Yo no… no tengo.

-Piensa una. Algo que no vayas a decir de manera natural mientras dura esto, como "pescado con patatas" o "sirena borracha".

-"Sirena borracha" está bien.

Draco asintió.

-Si la dices, pararé. Sea lo que sea que esté pasando, ¿de acuerdo?

-Sí.

Draco le obligó a repetirla y después su mirada se volvió algo más fría.

-Bien, desnúdate del todo. Quiero ver lo que tienes que ofrecer. Y no hables a menos que te dé permiso.

Harry tragó saliva y obedeció con dedos temblorosos. Llevaba duro desde que había llegado al pub –o desde aquella noche en el invernadero, de algún modo- y se preguntó qué diría Draco cuando le viera. Después de unos segundos quedó desnudo del todo y encaró la reacción de Draco con nerviosismo.

-Eres muy hermoso, Harry… Pervertido y hermoso… Date la vuelta, inclínate un poco y ábrete las nalgas para que vea bien tu agujero del culo.

La cabeza parecía flotarle. Harry obedeció y se separó las nalgas con las manos. Sus mejillas enrojecieron más, su polla se puso más dura. Sin girarse, oyó cómo Malfoy se levantaba del sillón y se acercaba a él.

-No está nada mal… ¿Te han follado por el culo alguna vez? Contesta.

-Sí.

-¿Has usado dildos alguna vez?

-Sí.

-¿En qué pensabas?

-En cosas como esta.

Draco le dio un pellizco en el culo y Harry se mordió los labios.

-Eres un pervertido. Dilo, Potter. Di que eres un pervertido.

-S-soy un pervertido.

-Sí, sí que lo eres –dijo, pasándole las uñas por la espalda sin hacerle daño-. Bien, Potter, ponte a cuatro patas y sígueme.

Harry hizo lo que le ordenaba, sintiéndose todavía como si estuviera en un sueño delirante. La alfombra era suave bajo sus rodillas y sus manos, su corazón le estaba ensordeciendo. Draco le hizo gatear hasta una mesa y después le dijo que se levantara y se inclinara sobre la superficie de madera hasta que su pecho quedara recostado en ella; después, con cuerdas de distinta longitud, se las apañó para atarle los tobillos y las muñecas a las patas de la mesa, de modo que quedó completamente inmovilizado, con las piernas abiertas y su culo a completa disposición de Draco. Harry sintió cómo su agujero del culo temblaba ligeramente, ansioso de ser rellenado. La vergüenza le quemaba las mejillas, pero verse así, tan expuesto e indefenso, le estaba volviendo también loco de deseo.

Draco hizo ondear una corbata de Slytherin ante sus ojos y un segundo después, Harry notó con sobresalto cómo se la ataba en la base de la polla. En cuanto comprendió que no podría correrse así, no si Draco no le daba permiso, su excitación aumentó tanto que gimió y sus caderas dieron una leve sacudida.

La voz de Draco sonó a sus espaldas, haciéndole estremecerse con nerviosismo y expectación.

-Bien, Potter… Ya estás como querías, atado, desnudo y a mi merced. ¿Sabes qué voy a hacer ahora? –Harry negó con la cabeza-. Voy a darte el castigo que te mereces por habernos espiado a Astoria y a mí aquella vez. Sabes que te lo mereces. ¿Vas a aceptar tu castigo como un buen chico? Contesta.

-Sí.

Draco volvió a pasarle las uñas por la columna vertebral.

-Casi estás temblando… Pero tu polla está dura como una piedra. No te preocupes, Potter, una buena azotaina despejará todos tus temores.

El corazón parecía a punto de salírsele del pecho y su cuerpo parecía más vivo que nunca. Pero aun estaba asustado, no por el posible dolor sino por las consecuencias que tendría para él aquella noche.

Sin previo aviso, Draco le dio una fuerte palmada en el culo. Harry, pillado por sorpresa a pesar de todo, dio un pequeño grito, pero antes de que pudiera asimilar lo que estaba pasando llegó la segunda palmada y la tercera.

-Llevas pidiendo esto desde aquel día –empezó a decir Draco, sin dejar de pegarle-. Eres un niño muy malo, Potter. Y esto te enseñará a no espiar a los demás. Voy a ponerte el culo rojo como un tomate por mucho que llores, grites y protestes. Oh, no te cortes, Potter, ahora no tienes por qué guardar silencio. Me encantará escucharte.

Los golpes caían sin descanso y cada vez dolían más. Harry se removió en sus ataduras, buscando inconscientemente la manera de escapar, pero todo lo que podía hacer era menear el culo en el aire intentando en vano huir de los golpes. Las primeras lágrimas asomaron en sus ojos mientras se mordía los labios para no protestar. Él nunca demostraba dolor, era una lección que había aprendido de los Dursley. Pero Draco seguía pegando y pegando y sus duras palmadas caían sobre carne cada vez más abusada.

-Ya… Para…

-¿Parar? Ni siquiera he empezado, Potter. Quiero verte chillar y llorar.

Y desde luego se estaba esforzando en conseguirlo. Harry sentía cómo se escapaba su auto-control a cada azote y las lágrimas cayeron por fin por sus mejillas.

-Suéltame… ¡Suéltame! Malfoy… ¡No, no! Malfoy, por favor…

-Tu culo se está poniendo rojo Gryffindor, Potter. Hasta las sirenas de Hogwarts pagarían por verlo.

La voz carecía de compasión, pero Harry sabía que acababa de recordarle qué debía decir si realmente quería poner fin a eso. Sin embargo, pese a todas sus protestas y forcejeos, pese a todo el dolor, no era eso lo que quería. Deseaba que Draco le azotara sin miramientos, sin hacer caso de sus gritos; que hiciera con él lo que quisiera.

La sensación de los golpes cambió de pronto; ya no era la dureza plana de la palma de la mano, sino algo estrecho y alargado, como una varilla. Dolía aún más y Harry notó cómo se rompía algo dentro de él y de pronto todo su universo se redujo al ardor de su culo, al impecable ritmo de Draco. Su mente se cerró y Harry gritó con abandono, sin importarle ya su vergüenza, su reparo. Por primera vez en su vida, aceptó su derrota.

Los azotes se prolongaron aún más, pero de pronto pararon y Harry, sin saber muy bien cómo, se encontró sollozando contra el pecho de Draco, quien le abrazaba y le besaba el cabello y la frente, diciéndole que estaba muy orgulloso de él. A Harry nunca le habían consolado así; Ginny quizás lo habría hecho si él se lo hubiera permitido, pero estaba demasiado acostumbrado a lamerse las heridas en solitario. Era agradable y Draco olía bien.

-Levántate, Potter, quiero verte bien el culo.

Harry, ya más tranquilo aunque le dolía como mil demonios y todavía estaba muy excitado, obedeció, luchando contra la languidez que sentía en sus piernas y brazos. Draco hizo un ruidito de aprobación a sus espaldas y le dio un tironcito a la corbata que sujetaba su polla, provocándole un gemidito torturado. Pero era cómo Astoria le había explicado, sólo quería reaccionar a las decisiones de Draco, gozar cuando él lo decidiera, llorar cuando así lo deseara.

-Pon tus manos a la espalda. –Harry obedeció y Draco se las ató con lo que parecía otra corbata-. Separa las piernas. Y ya no tienes permiso para hablar.

Era tan fácil seguir sus órdenes como dejarse llevar por la Imperius. De pronto, Harry notó cómo Draco le abría las nalgas e introducía un dildo resbaladizo y no muy ancho en su culo. La intrusión hizo que las rodillas le flaquearan un poco más y volvió a gemir. Tenía tantas ganas de correrse… Draco murmuró un hechizo y Harry soltó un jadeo de placer cuando el dildo empezó a vibrar ligeramente, mandando escalofríos por todo su cuerpo.

-¿Te gusta, Potter? Sí, tu polla está rezumando. Y seguro que tu culo se está apretando alrededor del vibrador. Es todo un espectáculo, Potter. –Harry sólo pudo gemir una vez más para expresarle su miseria y su placer-. Eres mi puta, ¿a que sí? Eres mi puta y eso te encanta.

Entonces Draco le puso la mano en la garganta, en un gesto más posesivo que amenazador, y para sorpresa de Harry lo besó con fuerza, usando la lengua como si fuera un arma. Mil fuegos más se encendieron dentro de Harry, quien se habría caído al suelo si Draco no lo hubiera estado sujetando. Quería apretarse contra él, fundirse alrededor de su lengua, pero Draco se mantenía lo bastante apartado para que la polla de Harry siguiera sin la más mínima estimulación, sola y necesitada.

Sin dejar de besarle vorazmente, los dedos de Draco se cerraron sobre uno de sus pezones y lo apretaron con fuerza. Un calambrazo de dolor y de placer fue de su pezón a sus pelotas y Harry dio un grito ahogado por la lengua de Draco. Draco siguió torturándole deliciosamente los pezones mientras le besaba y de pronto se retiró con brusquedad, dejándole boqueando en el aire.

-Bien, ponte de rodillas. Quiero ver que sabes hacer con la boca.

Draco se sacó la polla de los pantalones y Harry se quedó casi hipnotizado al verla, erecta y rotunda. La boca se le hizo agua; quería sentirla dentro de su cuerpo de un modo u otro. Cuando Draco la acercó la salada punta a los labios, no pudo evitar lamerla con además goloso. Draco siseó, pero le dio una bofetada en la mejilla no muy fuerte.

-Aún no te he dado permiso para que hagas nada. –Harry apretó los labios con frustración, incapaz de resistir la tentacíón, abrumado por su olor y cercanía-. Tú también lo estás deseando, ¿verdad? Quieres sentir mi polla gorda en tu boca. Asiente si es verdad.

Harry lo hizo; no habría sido ya capaz de mentir.

-Bien, entonces chupa a gusto.

No necesitaba que se lo dijeran. Harry abrió la boca para saborear la punta con la lengua antes de tragársela entera y empezar a lamer con entusiasmo. Era un puro éxtasis; su sabor, su indefensión, el ardor que sentía en el culo, la vibración en su ano, la infinita tortura de su polla y sus pelotas… Era aún mejor que todo lo que se había atrevido a imaginar, la libertad de no tener que hacer otra cosa excepto sentir.

Draco se corrió con un gruñido y Harry tragó ávidamente el semen que le inundaba la boca, succionando después cada gota como si fuera pura ambrosía. Después de unos segundos, Draco le pasó la mano por el pelo en un gesto afectuoso y se retiró de su boca, riendo suavemente.

-Deja de ordeñarme, Potter, ya no vas a sacar nada.

Harry gimió por la pérdida y se lamió los labios, el paladar de su boca; el orgasmo de Draco, sin embargo, lo había llevado por completo al límite y tenía la sensación de que iba a desmayarse si no se corría pronto también. No saber qué tenía planeado Draco para él sólo acentuaba su tormento y su placer.

Apenas sin mirarlo, Draco se guardó de nuevo la polla, ahora fláccida en los pantalones, y con su varita hizo aparecer una bandeja con una botella de vino y dos copas. Después llenó una y se la dio a beber a Harry. Era un vino exquisito, sabroso y un poco ácido y Harry bebió con ganas porque tenía sed y porque era lo que Draco quería, pero también lamentó perder el sabor de su semen en la boca. Su objeción desapareció cuando Draco volvió a darle un beso posesivo y abrumador, pero Harry ya no podía hacer otra cosa que gemir, casi sollozar. Estaba demasiado caliente y cualquier estímulo se traducía ya en pinchazos dolorosos entre sus piernas. Pero no se atrevía a hablar por miedo a que Draco se enfadara y quisiera castigarle sin darle el alivio que tanto necesitaba.

-¿Quieres decirme algo, Harry? –susurró Draco, usando por primera vez su nombre de pila. Harry se estremeció aún más al oírlo, sin saber por qué-. Puedes hablar si quieres. ¿Qué quieres?

Fue como si Draco hubiera abierto una compuerta.

-Quiero correrme, Malfoy, por favor, por favor, haré lo que me pidas, pero deja que me corra, por favor, por favor…

Las palabras salían solas de su boca; ya no las obstaculizaba ninguna vergüenza, ningún recato. No podía contenerlas como no podía contener los temblores de su cuerpo.

-Estás caliente, ¿eh?

-Sí, sí, no puedo más, Malfoy, lo digo en serio, ya no puedo más…

Draco lo miró como si estuviera calibrando que decisión tomar.

-Bueno… considerando que es tu primera vez y que has sido tan buen chico… creo que voy a escuchar tus súplicas.

El alivio que sintió habría bastado para llevarlo hasta el orgasmo si aquella corbata no se lo hubiera estado impidiendo.

-¡Sí! ¡Sí! Gracias… Gracias…

-No creas que siempre vas a tener tanta suerte. Ahora vuelve a ponerte como cuando has recibido tus azotes.

Harry casi voló hasta la mesa y apoyó rápidamente el pecho en la superficie de madera. Sin que Draco se lo ordenara, abrió bien las piernas. Draco se acercó a él, retiró bruscamente el dildo que aún tenía en el culo y usó los pulgares para separar sus nalgas y dejar al descubierto su entrada.

-Se me está poniendo dura otra vez sólo de verte, Potter. Tan dispuesto, tan ansioso por sentir mi polla.

-Sí, sí…

-Bien, voy a follarte bien duro, Potter. Y procura no correrte sin mi permiso.

Los dedos de Draco, ahora aceitosos, le penetraron rudamente, abriéndole más de lo que había hecho el dildo. Dolía un poco, pero el dolor sólo contribuyó a aumentar su placer, y hasta ese dolor se hizo insignificante cuando Draco frotó un par de veces su próstata, haciéndole gritar de gozo. Después de unos segundos, Harry notó la polla de Draco presionando en su entrada y movió el culo para apresurar las cosas, lo cual le valió una fuerte palmada en las nalgas.

-Vuelve a hacer eso y te pongo el hechizo del invernadero durante una semana –dijo Draco con voz dura.

-Lo siento –dijo a toda prisa, temiendo que cambiara de idea-. Lo siento.

-Por esta vez lo pasaré, pero no tientes tu suerte. Tú sólo estás aquí para complacerme a mí, ¿entendido? Tendrás el privilegio de sentir mi polla cuando yo lo desee.

-Sí, lo siento, lo siento.

Draco dio un murmullo de aprobación y volvió a repetir aquel movimiento torturador. Harry apretó los dientes para luchar contra el impulso de intentar empalarse de nuevo en aquella magnífica polla. Draco le acarició la espalda.

-Relájate, Potter, no me gusta ver sangre.

Su mano bajó hasta meterse entre sus piernas y acunó sus pelotas, acariciándoselas también con suavidad. Harry sintió cómo su cuerpo se sacudía con chispas casi eléctricas y lanzó un largo y embarazoso gemido. Casi al momento, Draco empezó a penetrarle con decisión y Harry gritó mientras su culo se abría para acogerle. Era pura felicidad, de nuevo habría caído al suelo si la mesa y el propio Draco no lo hubieran estado impidiendo. Y Draco presionó hasta que Harry, intensamente lleno por primera vez en su vida, pudo sentir sus pelotas contra sus nalgas. Su culo se contraía de la manera más exquisita en torno a la polla de Draco, se sentía totalmente sometido por sus ataduras, por el peso de su cuerpo.

-Joder, Potter… Esto es aún mejor de lo que pensaba… Estás ardiendo…

Con un gruñido de decisión, Draco empezó a follárselo entonces, con un ritmo lento, pero implacable. Harry cerró los ojos y se dejó llevar por completo, amando el modo en que los dedos de Draco se cerraban sobre sus caderas y su polla lo machacaba, gritando cuándo rozaba su próstata y lo empujaba hacia el orgasmo imposible. Oh, Dios, oh, Dios… Era demasiado bueno, era cómo morir y resucitar un segundo después una y otra vez.

Draco aumentó el ritmo y empezó a darle ocasionales palmadas en el culo. Harry estaba seguro de que sus gritos y sus súplicas debían de estar oyéndose por toda la mansión. Pero nada importaba excepto conseguir su orgasmo, acabar con aquella locura.

-Malfoyporfavorporfavor… Ya… Ya…

-¡No te correrás… sin mi permiso, Potter! –replicó Draco, con voz jadeante.

-Ya no puedo más… Malfoy… Por favor… Porfavortelosuplico.

Draco también jadeaba y lanzaba gemidos ahogados y cada vez iba más rápido. Y continuaba follándole con fuerza, sin hacer caso a sus súplicas. Todos sus nervios gritaban de placer y agonía, era un volcán a punto de estallar y Harry tenía la sensación de que con o sin corbata alrededor de la polla iba a correrse de todos modos. Era demasiado, nadie habría soportado aquellas embestidas gloriosas, las oleadas de éxtasis que recorrían su piel, que cosquilleaban en su vientre.

Y entonces, de pronto, el ritmo de Draco se volvió un poco más errático y Harry notó su mano aflojando rápidamente la corbata que tenía atada a la polla.

-Ya… Córrete –dijo, dándole un par de sacudidas.

Fue una explosión. Harry echó la cabeza atrás y lanzó un grito estremecedor mientras su polla se vaciaba en ardientes oleadas. Draco seguía follándoselo, presionando su próstata y alargando su orgasmo durante una exquisita eternidad. Harry notó cómo también se corría dentro de él, clavándole los dedos en las caderas.

Era el paraíso.

Lágrimas de júbilo caían por sus mejillas, no había conocido una paz semejante. Apenas fue consciente de cómo Draco lo desataba y lo hacía tumbarse cuidadosamente sobre la alfombra, ni de cómo lo acunaba. Incapaz de moverse o de reaccionar, Harry se quedó dormido.