Digimon Adventure TRI
Hikari - Takeru
Capítulo III
—¿Es más fácil decir que no me crees que simplemente rechazarme? —inquirió él.
¿De qué estaba hablando él de pronto?
Estaban caminando como siempre rumbo a sus casas, cuando él se detuvo súbitamente, y ella se volteó para ver si le había pasado algo. Se preocupó cuando vio a Takeru apretar los puños con fuerza y mirando el suelo.
—¿Por qué estás haciéndome esto? —consultó apesumbradamente la chica.
Él la miró contrariado, como si la pregunta que ella le hiciera estuviera completamente fuera de contexto.
—Mi pregunta es por qué estás haciéndonos tú esto —refutó él.
Ella lo miró y observó su postura rígida. Estaba muy serio y no había una gota de ironía en sus palabras.
—No sé de qué hablas… —respondió con sinceridad.
Hikari desvió la mirada, sus ojos claros eran demasiado intensos en esos momentos.
—Me gustas –expuso él primera vez con claridad —. Y creo que yo te gusto también.
Observar a Takeru desde otra perspectiva fue extraño para ella. Hikari conocía al niño elegido, al amigo, al chico popular… pero tenerlo frente a ella, pidiéndole que lo viera como hombre y que le creyera fue algo completamente diferente; una faceta desconocida
Escuchar esas palabras del chico que había sido su mejor amigo por años, no fue algo que ella no hubiese imaginado o incluso fantaseado, sobretodo en el último tiempo, después de aquella salida al cine.
—Creo que estás confundido –manifestó ella —. Es mejor que dejemos el tema hasta acá.
—¿Por qué no me crees si nunca antes te he mentido? —deseó saber él —. ¿Por qué crees que estoy confundido?
Hikari no pudo evitar enseriarse también.
—No pareces tomarle el peso a lo que me estás diciendo —destacó ella —. Te das cuenta que soy yo y no una te tus admiradoras, ¿cierto?
Takeru aminoró la distancia entre ellos y Hikari trató el ocultar el nerviosismo que le provocaba tenerlo tan cerca y mirándola tan sugerente.
—No es que yo no te guste, es que tienes miedo de que te haga daño —aseguró.
—¡No te tengo miedo! —exclamó ella.
—Al menos quiero que me creas —solicitó él —. Yo no te haría daño.
—Lo sé —respondió ella —. No a propósito al menos.
—¿Pretendes entones no relacionarte con nadie por miedo a salir lastimada? —preguntó perplejo
—No, no es eso… nadie me podría lastimar como tu si podrías – dijo ella claramente.
Takeru estiró su brazo y colocó su mano en su mejilla y ella sentía extremadamente cálido su toque, y ella tocó aquella mano fijada en ella.
—Me gustas tú también, Takeru, tienes razón —aceptó ella finalmente —. Pero no estoy segura de sí tanto como para arriesgar nuestra amistad intentándolo. Lo siento.
La chica se con la misma mano que había acariciado la de él, retiró la del muchacho, y ya no hubo más contacto, ella lo miró pero él no levantó la vista.
—Creo que es mejor que ya vuelva a casa —anunció ella.
No escuchó una respuesta por parte de él y en el fondo ella temió que con su rechazo su amistad se terminara dañando de cualquier modo…
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En su cama no dejaba de dar vueltas, intranquila. La noche estaba extraña, porque le daba calor, se quitaba de encima el cobertor y a los pocos minutos volvía a tener frío. Intentaba no pensar en lo acontecido a la salida de clases, y menos aún en pensar en cómo sería volver a verlo; por primera vez ella no sabía qué esperar de él… no tenía ni la menor idea de cómo iba a reaccionar y la incertidumbre se estaba llevando junto con ella las horas de sueño.
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En el desayuno apenas probó bocado.
—Hikari, debes desayunar… te espera un largo día —habló su madre al verla.
—Sí… —contestó ella monosilábicamente.
—¿Te sientes bien? —le preguntó.
—No mucho… no pude dormir —respondió sincera.
—¿Quieres que vayamos al médico? —sugirió Yuuko.
Lo cierto es que su madre con ella era muy aprensiva, aun cuando su salud había mejorado considerablemente. Ella lo sopesó, si iba al médico podría saltarse el día y prolongar lo inevitable: el reencuentro con su mejor amigo después de aquella nada usual escena de ayer, pero lo cierto es que si iba al médico no le encontrarían nada… lo que ella tenía no era algo que la medicina pudiera curar.
—No… está bien. Esta noche me dormiré más temprano para compensarlo —contestó con una sonrisa.
Haciendo espacio en su estómago para comida que no quería recibir, desayunó para dejar a su madre menos preocupada.
—Llámame si te sientes mal… no necesitas hacerte la fuerte, Hikari —le aconsejó ella.
Su madre no tuvo idea, pero ese mensaje aunque no era en el contexto que ella pensaba, le había tocado una fibra sensible.
—¿Y Tai? —preguntó por primera vez notando que no estaba su hermano.
—Salió temprano —respondió.
Una de las cosas que le gustaba de la mañana era que podía caminar con Taichi, pero eso no ocurría esa mañana, y se lamentó, porque de seguro forzosamente estaría pensando en Takeru todo el camino y claro, por supuesto, también extrañaría el tiempo de calidad con Tai…
Imaginó que él sería indiferente, distante e incluso quizás un poco cortante, pero él la saludó como si lo que hubiese pasado ayer hubiese sido parte de una vivencia exclusiva de ella; era como si nada hubiese pasado y aquello le pareció extraño, pero no sabía cómo exponerlo o si quiera si debía removerlo.
A la salida Takeru se excusó y no se marchó con ella, y así sucedió semana tras semana. No lo parecía… pero algo se había roto.
Esa tarde, a la hora de la salida, que él mismo había dicho que era el tiempo de ellos juntos, vio algo que hizo que su corazón se paralizara: una chica de un curso más grande se le estaba declarando... Hikari sintió su interior remecerse ante esa imagen, y haciendo alarde de fortaleza simplemente miró y no reaccionó ni siquiera cuando Takeru se percató de que ella estaba siendo testigo de esa escena. Se sintió poco oportuna y avergonzada… y profundamente herida, aun siendo que estaba consciente de que no tenía derecho a sentirse de ese modo. Empeoró el malestar cuando su mirada y la de él se sostuvieron un tiempo prolongado y finalmente fue él quien la desvió. Él nunca había hecho eso.
Se dirigió al sector de las bicicletas, donde la suya aguardaba por ella y aunque ella no era una persona intrínsecamente violenta, todo lo contrario, sintió deseos de patear las bicicletas y que todas estas cayeran por efecto dominó al notar que la llanta estaba desinflada. No deseaba estar en ese lugar, quería irse; no quería ver a Takeru, no quería saber qué le había respondido a la chica que muy a su pesar era realmente atractiva… Sacó la bicicleta, resignada a que iba a tener que caminar.
El sonido de las ruedas al girar la estaba invitando a entrar en trance, lo mecánico del camino, lo conocido del lugar le hizo pensar que podía caminar distraída como lo estaba haciendo, por inercia, sus pensamientos estaban lejos, muy lejos de donde se encontraba su cuerpo físico eso hasta que escuchó un sonido fuerte, su bicicleta desaparecer bajo las ruedas de un bus y a alguien sujetándola de la ropa tirándola hacia atrás.
—¿En qué estabas pensando? —le gritó quien la había salvado.
No tenía que darse vuelta para reconocer esa voz.
—¡Mírame! —exigió él.
Ella no tenía deseos de mirarlo ni en ese momento ni nunca. Estaba avergonzada.
—¡Mírame, te dije! —demandó enojado.
A ella no le quedó más opción que hacerlo y tan pronto lo hizo él se apropió de sus labios y la abrazó fuertemente. Ella más tímida en un comienzo respondió al abrazo y segundos después respondió también al beso que Takeru tan vehementemente le estaba dando…
Continuará...
