In The Dark

Pétalo Escarlata

Capitulo 3

El cabello rubio de un hombre fue lo único que diviso frente a sus ojos. Él se paró frente a ellos y con un golpe a cada uno los empujo y alejo. El moreno se quedo sin habla, al ver la fuerza y la rapidez que tenia aquel chico.

-¿Estas herida?- pregunto el rubio sin voltear a mirarlos. Natsumi quedo en el centro de ellos. El rubio la protegía mientras observaba con sus ojos escarlatas los otros vampiros.

-No- le respondió. El rubio se volteó y observó la pequeña herida sobre la mejilla. Alzó sus manos hasta ella y deslizó sus dedos sobre la sangre, haciendo que esta se quedara en sus dedos, los cuales llevo hasta su boca. –Eso no es nada-

-Él también está herido- dijo dando énfasis al humano. -Llévatelo de aquí. Yo me encargare de Miyuki y los demás-

-Te lo agradezco- Natsumi intentó mirar a Shouji, pero el moreno le apretaba con un poco de fuerza. Cuando notó que ella quería mirarlo, la soltó. –vámonos de aquí. Es peligroso que nos quedemos- él (aun aturdido) no pudo negarse. –Vamos- Le tomó la mano y lo arrastró hacia el bosque, para buscar una salida de ese peligroso lugar.

-Es peligroso ese bosque- le dijo ella con una sonrisa, mientras caminaba entre los árboles. –Más cuando hay sangre-

-¿Qué diablos son ustedes?- preguntó, aun con la pistola en su mano.

-Es difícil de explicar, pero lo mejor seria que no hicieras más preguntas- Shouji se detuvo, a mitad del camino.

-Ya ni siquiera puedo pensar en otra cosa- la apuntó –sé que no mueren con esta clase de armas y que no soy una amenaza para ustedes, pero quiero saberlo- Natsumi bajo la mirada.

-Primero salgamos de aquí. Iremos por alguien que te atienda y luego te lo diré- Natsumi levantó su mirada cargada de ternura y con una sonrisa y se acercó hasta él, para juntar sus labios en un suave beso.

--.--.--.—

Shouji abrió los ojos y se incorporó en la cama, estaba agitado y transpirado. No recordaba que había soñado, pero había sido un mal sueño. Se levantó y caminó hasta la cocina. Sacó un poco de jugo y volvió a su habitación, mientras lo bebía.

Que tendría que hacer, para poder saber más de ellos. Esa chica le había dicho que le contaría todo acerca de ellos, pero solo se descuido un momento, suficiente para que ella desapareciera.

Bebió otro poco de jugo y se recostó en la cama, recordando el beso que le había dado. Aun cuando cerraba los ojos sentía el rose de sus labios, aunque un poco fríos y secos. Negó varias veces con la cabeza y se cambio de posición, no quería seguir pensando en ella, necesitaba dormir y descansar, pero el recuerdo de ella no lo dejaba. Era extraña la manera de hablarle, de tocarlo, de mirarlo; lo trataba como si lo conociera y mas encima lo cuidaba. Los ladridos de un perro lo desconectaron de sus pensamientos. Era normal que algunos cachorros le ladraran a todos los transeúntes nocturnos, así que ya estaba acostumbrado. Volvió a recordar lo que había sucedido en la tarde: después de que ella lo besara, fueron hasta el hospital y esperaron hasta que lo atendieran, para ese entonces la herida de la mejilla de ella ya había desaparecido. Tokaurin mantuvo la distancia, pero no le quito la vista de encima, no quería que ella se fuera. Mientras la enfermera lo atendía, ella los dejo sola al decir que no soportaba la sangre y se fue de la sala, perdiéndose de su vista.

Esta vez fue el aullido. El cachorro no dejaba de aullar. Se acercó hasta la ventana y vio a dos personas paradas frente a la reja de su vecina. Tenían un perro imponente y amenazador. El cachorro le ladraba, pero el perro se mantenía sin ningún movimiento frente a este.

Shouji observó que los dueños de aquel imponente animal, reían y se burlaban del pequeño cachorro. –"jóvenes"- pensó –"no tienen nada mejor que hacer"-. No tenían nada que hacer, por eso se la pasaban vagando. Iba a cerrar la cortina, cuando vio los fulgurantes ojos del animal acechador, eran de un fuerte color rojo. El perro de un solo salto atravesó la reja. Sintió el cachorro huir, ladrar y aullar. Shouji se quedo estático en su posición.

El silencio volvió a embargar la noche, el cachorro ya no hacía ningún ruido y el perro volvía con sus amos. En su hocico traía un cinturón o más bien un collar. Uno de sus amos lo tomó y comenzó a jugar con él, mientras molestaba al otro y se iban de ese lugar, riéndose de sus maldades, mientras que el perro se quedo observando a su alrededor.

Por un momento sintió que sus miradas se cruzaban, pero a los segundos el canino dio vuelta la cabeza y comenzó a caminar, mientras su cuerpo sufría extrañas mutaciones. Antes de que hubiera caminado tres pasos era un hombre vestido de negro con cabello oscuro. Sus ojos ya no despedían su color rojizo.

Shouji se quedo en silencio. No podía moverse, ni hablar, apenas respirar -"¿Qué demonios son?"- se sentó sobre el piso, en un intento desesperado por apoyarse en algo. –"¿y ellos querían que los dejara de perseguir? No podía, simplemente no podía hacer algo como eso"-

Se quedo toda la noche sentado a los pies de la ventana.

--.--.--.—

Michael se quedo recostado sobre el sillón. Natsumi y Aoi hablaban en un lado, y no le prestaban atención en lo más mínimo.

-"Estaba arto de ella"- se dio media vuelta y apoyó su cabeza en su mano, quedando más cómodo. Siguió con su vista un pétalo de rosa que había quedado en el piso. Era roja como la sangre, como la lujuria, la pasión. Sonrió y sintió la discusión que se cernía a su alrededor. Aoi le reclamaba a Natsumi algo, pero siguió con su vista hacia el pétalo, ignorando por completo a sus acompañantes.

-Aoi, evita que Miyuki se vuelva a encontrar con ese hombre, la seguridad de él está en tus manos-

-Lo haré- caminó hacia la puerta y se detuvo cuando Natsumi le habló

-Miyuki sabe que él es importante para mí, por algo lo salvo la primera vez, pero si intenta lastimarlo sabe lo que sucederá-

-Lo sé, lo tengo muy claro y hare que ella lo entienda- respondió y salió de la habitación-

-¿No me dirás nada?- le preguntó Natsumi a Michael que estaba en silencio sobre el sillón jugando con un pétalo rojo

-¿Qué quieres que te diga?-

-¡No sé! cualquier comentario sería bueno-

-Cualquier cosa- le dijo sin tomarla en cuenta.

-Gracias- respondió molesta, al ver el poco interés que le tenía el joven. –pensé que me dirías algo como… "Yo sabía que algo así ocurriría"-

-Pues… para que quieres que te lo diga si ya lo dijiste tú- Natsumi iba a protestar, pero él continuó con su charla –Ahora, si quieres saber mi opinión…-

-Es lo que te he estado preguntando- murmuró.

-…Entonces te diré que lo que más me asusta es lo que él haga-

-¿Él? ¿A quién te refieres con él?-

-Al líder, Natsumi, al líder- repitió. Un momento de silencio se cirnió entre ellos. Natsumi se removió hasta el sillón frente al rubio y esperó hasta que él dijiese algo. -Estoy cansado- comentó con un bostezo, después de un buen rato.

-Ve a dormir un poco-

-No. No de cansancio y tampoco por falta de energía, sino de Miyuki. Por mi ella se iría directo al infierno. Ella te traicionara, no solo a ti, sino también a Aoi. Nunca lo ha respetado, ni a querido nada de él. Y cuando se dé cuenta que realmente no fue transformada por el líder, al que tanto admira, y solo fue iniciada por Aoi será su fin- observó a la chica que lo miraba pensativo y sonrió –Pero no te preocupes, para ese momento estaré yo –No voy a dejar a que nadie rompa el equilibrio del clan, por eso la siguiente vez que haga algo que pase sobre las reglas que le diste, la matare-

-Michael- murmuró Natsumi sorprendida.

-Me encargare de ella- Se levantó lentamente e ignorando sus palabras caminó lentamente hasta la puerta, pero antes de que él tocara la perilla para irse, ella apareció frente a él y se apoyó en la puerta bloqueándole la salida –Déjame pasar-

-No- ella le afirmó de los brazos, evitando que él se moviera de su posición -Deja que Aoi se encargue de ella-

-La estaré vigilando - deposito sus manos sobre los hombros de la chica y la obligó a mirarlo directamente a los ojos -¿Sabes cuál es el problema de Miyuki?- Natsumi negó y acarició los brazos de Michael –Es que él tiene envidia de todos, de Kinoshita, Aoi por estar a tu lado; de mi porque conozco al líder y de ti, porque eres la amante del líder- Con cuidado la removió del lugar dejando el camino libre.

-Si él me lo ocultó- murmuró, con la vista fija en el piso -¿Por qué lo hizo?- su pregunta quedó flotando en el aire, su voz se quebró un momento cuando él la tocó y lo dejó que se fuera. Un vacio se interpuso entre ellos, mientras Natsumi se alejaba para dejarlo marchar. Michael se quedo de pie, en el mismo lugar, junto a la puerta y notó el objeto que tenía en sus manos, objeto que no recordaba haber tomado.

-¿Sabes lo que es mas hermoso que la sangre?- preguntó para romper el silencio. Natsumi se detuvo antes de llegar a los sillones y lo observó con sus ojos enrojecidos y brillosos –el odio y el amor, juntos- la miró y cerró la puerta con llave, para volver a su eterno sillón, junto a ella. Natsumi se sentó a su lado y apoyó su cabeza en su hombro. Michael la rodeó con su brazo y la hizo apoyarse en su pecho, mientras que su otra mano libre jugaba con el pétalo. -Sabes que el amor y el odio pueden fusionarse, o cambiar rápidamente… al igual que la pasión y la brutalidad- puso su mano sobre el mentón y levantó su cabeza, para que ella lo mirara.

-Suenas como un masoquista-

-¿O como un Hunter?- la levantó y la hizo quedar muy cerca de sus labios, paso el pétalo por ellos y sonrió al ver los matices de colores. Natsumi tenía los labios sonrojados, un poco mas rojos que lo normal y eso se debía a la sangre que bebía y teñía su piel, mientras que la rosa, por su color natural llevaba ese hermoso color. -Quizás esta será nuestra última noche… por mucho tiempo- Natsumi asintió y observó la puerta que conducía a su dormitorio y que estaba cerrada con llave –será mejor que me despida, porque quizás mañana estarás en los brazos de otro- bajó las manos hasta los botones de la blusa y comenzó a abrirlos.

-En ese caso… tendré que protegerte a mi lado- levantó el rostro y dejó su delgado y largo cuello al desnudo.

-¿Estás segura? Las leyes del clan lo prohíben-

-¿Y quién puede sancionarme por ello?- se acercó a sus labios y lo beso apasionadamente –Vamos…- le dijo cuando se hubiesen separado –Hazlo… antes de que me arrepienta- el rubio pasó su lengua sensualmente por el (cuello) y sus ojos se tiñeron levemente rojos, mientras sus colmillos aparecían –A diferencia de otras noches, esta serás mía, porque es mi despedida- ella se aferró a la camisa de él, mientras los colmillos mordían la carne bruscamente.

El pétalo escarlata caía suavemente sobre el piso.

--.--.--.—

No podía quedarse tranquilo, sabiendo que aquellos seres vivían en su mismo sector y que en cualquier momento podían atacarlos, pero de momento él no podía hacer mucho, la policía no le creía y si siguiera insistiendo sin tener pruebas creerían que estaba loco, y eso Sí sería peor, ya que no podría hacer mucho.

Suspiro aliviado. Estaba en casa, sano y a salvo, aunque se había visto en un grave problema. Tres vampiros (porque estaba seguro que eso eran) lo habían intentado matar "aunque él se lo hubiese buscado" actuar de una manera tan cobarde para salir airoso de tal situación. Había tomado como rehén a una de ellos y si no fuera por el chico rubio, no estaría ahora para recordarlo.

Esa chica, no había intentado hacerle daño, incluso lo había ayudado. Aunque hubiese querido agradecerles ellos eran responsables de todo lo que le ocurrió y como si no fuera suficiente estaban involucrados en la muerte de su hermano. Suspiró y se movió por la casa.

No quería estar ahí, pero que podía hacerse, si ellos podían estar observándolo.

El crujir de las tablas del segundo piso lo hizo distraerse, parecía que alguien caminaba por ahí. Tragó saliva dificultosamente -"ellos no se hubieran atrevido a entrar en su casa ¿o sí?". Tomó su pistola y se dirigió hasta la escalera, sin dejar de mirar el techo. Llegó hasta el primer escalón y se quedo parado, esperando que alguien apareciera. Si se le hubiese dejado la opción de elegir no sabría que había hecho. Si alguien estaba arriba y aparecía se asustaría e intentaría defenderse como fuera; pero si alguien estaba y no aparecía, lo dejaría con la duda –"Eso es lo peor"- frunció el ceño y comenzó a subir la escalera con cuidado, observando cada cosa que pudiera darle una señal de lo que pasaba.

Llegó hasta la parte superior y observó el pasillo que era rodeado de cinco puertas. Originalmente una correspondía a sus padres, otra a su hermano mayor Satoshi (que ahora vivía en Tokio con su esposa y su pequeña hija), la que inicialmente compartía con su hermano Sho, la del baño y la que conducía a la escalera del ático. Lentamente se dirigió hasta la puerta más cercana que era la de su habitación, que en un principio era de sus padres, y observó que todo estaba en orden, cerró la puerta con cuidado y atravesó el pasillo. El baño –"Todo en orden" se dijo a sí mismo, mientras cerraba la puerta. Caminó a la tercera puerta, una habitación con una cama en el centro y algunos muebles, con algo de polvo. Esa habitación era de Satoshi y como no se usaba muy seguido había dejado de asearla. La cuarta habitación que era inicialmente de él, de los gemelos. Tragó saliva y abrió la puerta. Observó con cuidado y notó que todo estaba tal cual lo había dejado. En la habitación había una sola cama (la de él) porque la que correspondía a Sho, se había desarmado y se encontraba en el ático. Los muebles estaban con polvo y parecía no haberse movido mucho. Suspiró aliviado, otra vez se había salvado.

Algo cayó sobre el piso, de la habitación sobre esa. -"El ático"- pensó nervioso y observó el techo. –"aun falta el ático"- los pasos (de una persona) se volvieron a sentir en el piso superior. Cerró la puerta con cuidado y abrió la que conducía a las escaleras. El estrecho lugar era oscuro y asfixiante; el polvo, el calor encerrado y el olor a humedad llegaban a ser molesto. Esperó a que algún indicio, le dijera que algo estaba ahí arriba, pero nada. Ningún movimiento, ningún sonido. Caminó con cuidado hasta una de las ventanas y la abrió. El viento entró a la habitación, dejando escapar el mal olor. No había revisado ese lugar desde hace mucho tiempo, desde que sus padres habían muerto unos meses antes (debido a su edad y problemas cardiacos). Como Satoshi ya se había casado y vivía en Tokio, y por obvias razones Sho no estaba, él se había encargado de la casa.

Observó, ahora con luz natural, el lugar. Todas las cajas que estaban ahí (estacionadas) estaban llenas de polvo y de telas de araña. En ese lugar se guardaban las reliquias familiares. Pero para él la mayoría de las cosas eran un montón de cachureos que su familia no había querido botar. Estaba la ropa de Sho, sus primeros juguetes, cuadros antiguos, cuadernos de fotografías, entre otras cosas.

Aunque nunca le importó ese lugar tendría que hacer aseo, sino tenía la posibilidad de que una nueva especie surgiera y ya tenía un problemas con vampiros, no quería luchar contra otra.

Recordó el ruido que había sentido y observó algo que pudiera estar en el piso, pero sí de ahí se hubiese caído, no sabría con exactitud distinguirlo, puesto que había muchas cosas en el piso.

-Ya era hora de deshacerse de mucha basura-

Abrió las demás ventanas para ayudar a la ventilación y bajó hasta el primer piso. Si no tenia nada más que hacer, tenia que de alguna manera matar el tiempo.

Llevaba casi cuatro horas limpiando ese lugar y aun le quedaba para mucho rato. Por lo menos lo había ayudado a despejarse de los problemas que le inundaban.

Comenzó a mover las cajas de posición, para apilarlas en un sitio limpio, después se encargaría de las cosas que tenía que botar. Movió la escoba para seguir barriendo, pero sin querer pasó a llevar una de las cajas y está cayó levantando una gran nube de polvo. Tosió un poco y observó las cosas que estaban botadas. Después de sacudirlas un poco comenzó a recogerlas y dejarlas dentro de la caja, pero desde un cuaderno cayó una foto, que se quedo cerca de su pie. La tomó con cuidado y observó a las personas que había. Era un foto familiar vieja, de cuando era niño: en el centró estaba su madre sentada en una silla, con su elegante Kimono. A su lado, a la derecha, estaban los dos gemelos parados con trajes tradicionales. Al otro lado de su madre, a la izquierda, estaba Satoshi, parado delante de su padre (que también estaba de pie).

Siempre recordaba esa fotografía, pero nunca supo donde estaba. Abrió el cuaderno para dejarla en su lugar y notó la escritura que esta contenía en su reverso "Shouta y Megumi, con Satoshi, Shouji y Sho". Su familia sí que era extraña, siempre les colocaban nombres con "S" a los hombres. Observó la foto que estaba en el álbum y sonrió. En la fotografía estaba sus abuelos (cuando eran jóvenes) y su padre (Shouta) cuando era un niño.

Volteó la página para observar la anterior y notó que estaba su abuelo cuando era un niño, con sus padres. Sonrió al verlo en esa faceta. Recordó que en su familia siempre se había caracterizado por tener descendientes hombres, lo que le daba un buen prestigio a la familia. Sobre lo mismo había una historia, una historia que contaban sobre una única mujer que había nacido en su familia y que había sido criada para casarse con su primo, y así mantener el apellido, pero nunca salió de ser más que un cuento. Si había una mujer quizás en ese álbum saldría. Shouji comenzó a buscar la foto de alguna niña, pero solo eran hombres los que aparecían. Llegando casi al principio del álbum la encontró. Una mujer sentada en una silla, de pie a su lado un hombre y entre ellos, también de pie, una niña con kimono. –"Así que existía realmente"- se acercó a ver a la niña, pero no pudo distinguirla muy bien, la foto era muy vieja y estaba en blanco y negro. Observó la foto siguiente, donde se suponía que ella estaba grande y casada.

Deslizó su vista sobre las personas y pudo distinguirlas perfectamente, su respiración se corto y su cuerpo se paralizó. En la foto estaba la mujer y en vez de estar con su hijo (relativamente grande) ella sostenía a un bebe en sus brazos y a su lado se encontraba su esposo con un traje militar. Shouji acercó la foto hasta su cara para ver mejor a la pareja.

-Imposible- murmuró. Se levantó y caminó hasta un lugar donde los rayos del sol le permitieran observar mejor. Era muy similar a la chica que él había tomado como rehén para escapar. Sacó la foto del papel transparente que la protegía y observó su reverso.

"Natsumi y Shouji, con Satoshi" –Imposible- repitió atónito. Ella estaba viva y además como un vampiro – Esto es de… - se fijo en la fecha inscrita -"1826"- murmuró sin aliento. No podía haber vivido unos doscientos años, pero la similitud era demasiada, hasta tenían el mismo nombre. Recordó cuando Miyuki la llamó Natsumi. Entonces, cuando ella lo salvó era porque sabía que él era parte de sus descendientes, esa era la única razón lógica que encontraba, por eso también conocía a Sho, pero entonces ¿Por qué lo mató?.

Siguió hurgueteando las cajas que había. Quizás había más información sobre ella, después de todo, esas cajas tenían muchos años y su familia adoraba cualquier cosa de sus antepasados. Revisó otra caja y encontró una espada envuelta en tela. No tenia la funda, pero no el tomó atención. La dejo a un lado y continúo con otras cajas.

--.--.--.—

Kinoshita entró en la habitación de Natsumi. Era de noche y la ventana estaba abierta. Natsumi se incorporó en la cama y la observó, tapando con su cuerpo a la otra persona que estaba ahí. Estaba vestida solo con una delicada blusa blanca, que hacía resaltar mucho su piel pálida.

-Es sobre Miyuki…-comentó nerviosa Kinoshita al darse cuenta de la situación que la castaña se encontraba -…ha salido- Natsumi no se movió de su posición.

–Dile a Aoi y Michael que vallan tras ella, en un rato los alcanzare-

-Si- Kinoshita salió de la habitación.

-Natsumi- la interrumpió su joven acompañantes mientras ella se perdía en sus pensamientos –Mátala si la encuentras haciendo algo indebido…-

-Pero-

-…o castígala-

-Eso suena mejor- le sonrió y se acercó al rostro de su amante

-Ahora, bésame nuevamente-.

Natsumi bajo las escaleras rápidamente, mientras Kinoshita la seguía de cerca. Una de sus sirvientas la esperaban y le sostenía el abrigo.

-Michael y Aoi ya están en camino, ellos le siguen la pista, así que deben estar cerca, nos llevaremos a un grupo reducido-

-¿Cuántos?-

-Doce-

-Son muchos, que sean cuatro, los demás déjalos aquí-

-Pero Natsumi, sabes cómo son las noches aquí-

-Igual que en todas partes- respondió. Se detuvo junto a la joven que le afirmaba la gabardina y la recogió. -¡Nuestro objetivo es Miyuki, solo tienen que encontrarla y traerla de vuelta! Solo irán cuatro, los demás quédense aquí-. Ordenó. –Sepárense, pero nunca vayan solos- Los doce vampiros se miraron y algunos se quedaron en el recibidor, mientras el grupo restante salía –Kinoshita, tú y yo iremos a otro lado-

--.--.--.—

-Se que ella se esconderá aquí. Este es su lugar preferido- le comentó Aoi a Michael. Los dos chicos, observaron los árboles y la brisa fría que corría entre ellos.

-De noche, esta es una guarida de Hunter- informó Michael –hay que ser cuidadoso, ahora… si ella está aquí quiere decir que es una traidora- Los dos se adentraron silenciosamente en el oscuro lugar Aoi prefirió guardar silencio antes de que colocar a Miyuki peor de lo que ya estaba ante los ojos de Michael –siento el olor de Miyuki, es muy fuerte en esa dirección –apuntó un lugar entre los árboles - y no está sola – la mirada amenazadora del rubio hizo temblar a Aoi. Él sabía que si encontraban a Miyuki haciendo otra cosa que irrumpiera las reglas del clan, lo mejor que harían seria matarla.

-Tenemos que ir por ella- comentó Aoi con amargura. Michael emprendió la marcha con cuidado hasta el lugar indicado, seguido de cerca por su compañero.

-Aoi, no intentes protegerla- le dijo, con los ojos rojos por la rabia ocasionada por la traición, al ver a la pelinegro conversando con un hunter. Aoi no pudo hacer nada, solo asintió débilmente y se quedo en silencio, esperando la oportunidad para salir de su escondite y enfrentarse a todos los hunter que se opondrían.

El hombre con el que conversaba Miyuki era viejo y grueso, tenía la cara con una horrible cicatriz, que se debería haber hecho antes de iniciarlo.

-En eso quedaremos. Mataras al chico que te he dicho y te daré a tres Yami- terminó de decir la pelinegro, mientras Aoi y Michael escuchaban.

-¿Y seguro que son de alto nivel?- preguntó el viejo.

-¿Dudas de mi palabra?- preguntó molesta.

-¿Y si así lo hiciera? No puedes oponerte a mí. Sabes que estas en mi territorio, además…- sonrió el viejo -me dijiste que habías venido sola- y observó hacia el lugar donde los dos Yami se escondían. Michael salió de su escondite y observó con odio a los dos traidores. El viejo giró hacia Miyuki y le sonrió – ¿Esa es mi parte de paga, por adelantado?- preguntó a lo que la pelinegra asintió con una sonrisa.

–Te daré a una más si eres capas de matar a un simple humano-

-No entiendo muy bien tu plan, pero si es lo que deseas lo haré – le respondió -Pero necesitare algo extra- su mirada libidinosa recorrió el cuerpo de la pelinegro.

-Olvídalo-

-Después conversaremos eso, con más calma- rió y poso, nuevamente, su mirada sobre el rubio y el compañero de este que salía de su escondite.

¡Pero que tenemos aquí!- un grupo de hunter rodeo a los dos Yami, cuando estuvieron a la vista -Mezclándose en nuestro territorio- El viejo caminó hasta ellos y se unió a sus amigos.

–Son de alto nivel- comentó -se les nota en el olor a su sangre. El rubio… –le comentó a sus aliados –… estuvo hoy con el líder de los Yami, y mucho rato- delineó una sonrisa lujuriosa, que hizo que a Michael se le revolviera el estomago.

Miyuki lo observó con odio, ella nunca había estado con el líder. Ojala que se hubiera desecho de ellos antes.

-Lo lamento, escoria del bajo mundo- les dijo el rubio despreocupadamente, con sus ojos rojos y sin siquiera mirarlos a la cara -pero no dejare que me quiten una sola gota de sangre-

-Aun te queda ánimos para hablar, aun cuando sabes que morirás. ¡Atrápenlos!- muchos de los hunter comenzaron a atacarlos con sus cuchillos, dagas y otros instrumentos, pero ninguno siquiera rozó la piel de Michael y Aoi. Miyuki estaba seria ante la escena, los miraba fijamente mientras los hunter los atacaban.

-¡Olvídate de ellos, ve por el humano!- le grito al viejo, al ver que si las cosas seguían así, ni siquiera ella saldría viva de ese lugar.

-¿Vendrás conmigo?- preguntó el hombre hunter.

-Por supuesto, voy a cerciorarme que cumplas con tu trabajo- el viejo sonrió sarcásticamente por el comentario de la chica y la siguió mientras se alejaban de los demás.

-Lo siento, pero tengo una presa que atrapar- dijo Michael al notarse que Miyuki se alejaba a gran velocidad de ese lugar. Sus ojos se colocaron mas rojo de lo que ya estaba y sus uñas crecieron – ¡No me estorben!-. Muchos de los hunter se sintieron hipnotizados por el olor de sangre que el muchacho hizo notar. La sangre de Michael estaba tan conectada a la sangre del líder que muchos vampiros perdían el control. Incluso Aoi se sintió atraído por ella y tuvo que alejarse o concentrarse en uno u otro hunter que se abalanzaba hacia él. Michael tenía una sangre muy fuerte, y eso podía costarle caro, incluso él (Aoi) podía perder el control y convertirse en su cazador si él seguía haciéndose fuerte. Ese pensamiento duró poco, porque pudo observar como Michael se movía ágilmente entre todos aquellos vampiros traidores, entonces se dio cuenta el futuro que se aseguraba si intentaba atacarlo. El solo pensamiento de su muerte a manos de Michael sería suficiente para mantenerlo cuerdo.

--.--.--.—

-Es aquí- le dijo Miyuki a su acompañante. Los dos observaban la casa de tres pisos, con la insignia de los Tokaurin estampada afuera.

-Bien- el hombre se acercó tranquilamente, hasta tocar el timbre de la casa. Sin esperar respuesta, salto la reja y comenzó a caminar hasta la puerta principal. Shouji abrió la puerta y se sorprendió al ver al hombre en su jardín, muy cerca de él.

-¿Qué desea?- le preguntó, pero toda su calma se fue cuando vio a Miyuki, en medio de la calle, sonriendo.

-Vine por tu vida, humano- le respondió el hombre y alzó su mano para atraparlo del cuello.

Continuara…