¡Hola! :D

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Por cierto, a partir de ahora este fic entra en la categoría de Rise of the Brave Tangled Dragons jeje

¡Arriba el Shipp Cassarian!


— DEJAME AYUDARTE A OLVIDARME —

3


Gothel vivía con odio. Vieja, encorvada, adolorida, pero vivía. Porque mala hierva nunca muere, no había vivido cientos de años confiando en una adolescente... Pero por mucho que odiase eso, ahora estaba llegando a su límite y la llave de su salud la seguía teniendo Rapunzel.

Esa niña. Esa tonta niña enamorada, lo que la hacía todavía más tonta. Madre sabe más, princesita. Se necesita algo mejor que un corte horrible de cabello para acabar con la mismísima hija del diablo. Aunque le costase reconocer que debido a ello sus poderes, así como su fuerza vital, fueron fuertemente mellados por culpa de Flynn Rider y su amor inconsciente por la rubia. Pero aun le quedaba algo a lo que aferrarse. Ah, su viejo libro de hechizos había sido una lectura realmente reconfortante durante los 6 meses que necesitó de recuperación, después de verselas con esa asquerosa pareja.

Había sido como un puñetazo en el estómago darse cuenta de lo tonta que había sido al confiar su salud en una flor, flor que ahora era Rapunzel, pues la princesa de Corona era la única que guardaba dentro de sí los poderes curativos... ¿y si existiera la posibilidad de que ella no fuera la única? Para su suerte, existía, y lo que quedaban de sus poderes sería el móvil.

Lo que pretendía hacer ahora iba mucho más allá de solo la inmortalidad. Una venganza, perpretada con los poderes del abismo, tiene un precio alto. Que un alma inocente se pudriese y fuese llevada por el camino del infierno sin posibilidad de retorno, sin posibilidad de arrepentimiento, para ser exactos.

En un principio esa alma iba a ser la de Rapunzel, que venganza tan dulce a sus ideales, por eso utilizó sus hechizos del libro para crear las Rocas Negras, los mejores potenciadores de los poderes de la flor, y enviarlas hasta Corona. Rapunzel por supuesto no pudo evitar sentirse atraída hacía ellas, aunque no se diera cuenta de lo que estaba ocurriendo en verdad. Gothel podía verlo todo a través de ellas. Que tonta ella, llendose a vivir al lugar más obvio, más le hubiera valido huir. Ay, su pequeña niña, siempre tan confiada...

Entonces llegó Varian. Que niño tan dulce, tan inocente, tan lleno de vida... y tan enamorado. Eso al igual que Rapunzel le hacía un tonto. Un amor no correspondido, vulnerable. Aunque muchas veces un amor no correspondido también convierte a uno en un monstruo. Podía aprovechar el momento de vulnerabilidad de ese chico para afianzar la posibilidad de que estuviese de su parte, una vez convertido en monstruo.

¡Que perfección! Él iba a ser su moneda de cambio y a la vez su mejor herramienta. La conexión que el alquimista tenía con la princesa, esta vez iría para el beneficio de Madre. Casi no podía esperar para ver la cara de ella, al darse cuenta de que el ser de uno de sus amigos caía en desgracia para siempre, por su culpa.

Madre sabe más, preciosa, y nunca pierde la oportunidad de castigar como se debe a una hija rebelde.


— Por última vez, hija, la Seguridad alrededor de los escritos de Corona se ha aumentado —él Capitán de la Guardia ya no podía con Cassandra—. Ten en cuenta que estoy depositando toda mi confianza en ti, en el caso de que estés equivocada...

— No lo estoy —Cassandra estaba muy segura de ello—. Andrew trama algo, es culpable.

El hombre miró a su hija con sobreprotección.

— Entonces no deberías pasar tiempo con él.

Cassandra le interrumpió con una mano.

— No, entonces sospecharía.

— Hija, sabes que no estoy hablando de eso.

Ella rodó los ojos.

— Papá... —suspiró.

— Hija —él siguió.

— No voy a enamorarme de él de verdad, no seas iluso.

— Es atractivo...

— Y peligroso y nada de fiar, también posiblemente cruel. Papá, sé con quien estoy tratando, creo que incluso mejor que tú, porque no te fías de mi cuando digo que Andrew es un espía.

— Me fío de ti y se que no eres el tipo de chica que cae en las mentiras de un hombre —le besó la frente, antes de suspirar—. Al menos recuerda todos los bloqueos y poses defensivas que te he enseñado.

Ella sonrió con condescendiencia.

— Me los conozco bien.

— Y en caso de que ninguna llave funcione...

— Patada en la entrepierna y San se acabó —padre e hija rieron, recordando los tiempo de cuando ella era pequeña.

— Ve con cuidado.

Ella asintió.

— No te decepcinare, ni a ti ni al Rey.

Él asintió y después la dejó.

"Eso es lo único que espero, hija —él pensaba, teniéndola a ella y a Varian dentro de su mente—. Lo único que espero"

En cuanto se quedó sola, Cassandra dejó al descubierto las tijeras que había encontrando tiradas. Las inspeccionó por unos segundos antes de fruncir el ceño.

— Esto es obra de Varian —se aseguró a si misma, sin dudarlo un momento—. ¡Y las deja por ahí tiradas a la vista de cualquiera! Perfecto, simplemente perfecto. Alguien va a tener que enseñarle el significado de la palabra "secreto", tendré que darle una buena reprimenda, ugh.

En su irritación, Cassandra no se dio cuenta de que, durante un momento, en las tijeras se vio reflejado el rostro ajado por la edad muy avanzada de una mujer con intenciones terribles.

"Hazlo, querida —pensaba Gothel con una diabólica sonrisa desde su escondite. Todo le estaba saliendo tan bien—. Así me estarías haciendo un gran favor, ja ja ja"


Un guardia real de melena negra por los hombros hacía su ronda por los pasillos. Rapunzel rápidamente se escondió en el pasillo contiguo a él, arrastrando a Varian con ella. El chico iba a preguntarle a porque de repente actuaba tan raro, cuando susodicho guardia cruzó la esquina y ella por un momento se quedó sin respiración, hasta que le vio bien la cara.

— Alteza —la saludó él con un gesto, antes de seguir su camino.

— ¡Hola, Harry! —ella exclamó con una gran sonrisa, hasta que el tal Harry se perdió de vista y fijó su vista en Varian— ¡Por que poco! Pensaba que era Cassandra y eso sería malo.

Se notaba que la rubia se tomaba muy en serio... lo que fuera. Porque hacía un momento también había mandado a Pascal a distraer a Maximus y dejar la entrada trasera al palacio libre. No sabía que clase de relación tenían su camaleón y el caballo del Capitán de la Guardia Real, pero sabía aprovecharse de ella.

— ¿La estamos evitando? —Varian parpadeó.

¿Qué clase de cosa Rapunzel podría esconder de su dama de compañía? Por otra parte, se le hacía bastante atractivo eso de evitarla.

— Exacto, ella no debe saberlo. Nadie debe saberlo —insistió.

Como la rubia todavía lo tenía firmemente agarrado por la muñeca, en cuanto ella susurró "¡despejado!" no tuvo de otra que moverse porque la princesa lo arrastraba quisiera o no.

Unos pasillos más tarde, ambos llegaron en frente de una pared que aparentemente no era diferente de las otras. Rapunzel miró a un lado a otro antes de clavar la mirada en Varian, quien ya empezaba a pensar que tal vez ella estaba enferma.

— Este es el punto de no retorno —comenzó—. Nadie más que yo sabe lo que se esconde aquí. Ni tan siquiera se lo he dicho a Eugene, así que tienes que prometerme que nunca dirás ni una sola palabra a nadie.

Varian se sintió como en una escena de retroceso, como aquella vez en el que le enseñó a Eugene su "peligroso" secretito. Vale que las máquinas que le mostró terminaron explotando, pero no era como si alguien hubiese salido herido, de todos modos. Dentro de lo malo, había tenido una suerte inaudita.

— Te lo prometo por lo más sagrado —le juró sin necesidad de pensarlo dos veces. Caía de cajón que a la princesa nunca se le decía que no.

Ante eso, Rapunzel le asintió solemne y Varian no pudo evitar imitarla con el mismo semblante decidido que ella había puesto. Fuera lo que fuera lo que la princesa escondía de los demás (menos de él, ahora), ella si que sabía perfectamente bien lo que estaba haciendo.

— ¡Perfecto! Toca la pared, sin guantes.

Varian obedeció la orden, para rápidamente apartar las manos en terror. Sus ojos azules se abrieron como platos al contemplar como, ante su contacto, la pared cambió de color a un gris piedra, antes de desaparecer y dejar al descubierto unas escaleras de aspecto dudoso. Rapunzel, sin embargo, le observaba con los ojos brillantes y su típica sonrisa inocente que mostraba todos sus dientes, como si no fuera consciente de la cara shokeada del más joven.

"Sabía que tenía que ser él —pensaba Rapunzel, controlándose para no pegar saltitos de la emoción. Pero entonces su cara se tornó pensativa y se llevó una mano al mentón—. Bueno, no lo sabía, pero lo sospeché. ¿Eso cuenta?"

— ¿Estás escaleras han estado siempre aquí? —preguntó el chico, sacando a la rubia de sus tribulaciones, y haciéndose valer de su curiosidad científica, posó uno de sus píes en el primer escalón, no sin miedo— Quiero decir, como, aparecen en los planos del castillo, ¿verdad?

— No —contestó la chica con felicidad, antes de adelantarse al más joven y subir los escalones de dos en dos.

Varian la contempló alejarse totalmente en shock, hasta que ni tan siquiera su gruesa coleta al viento se veía flotar tras ella... Un momento, ¿al viento?

— ¡Vamos, Varian! —le apremió la voz de ella desde quien sabe donde— ¡Hace un día espléndido aquí fuera!

"¿Aquí... fuera?" —repitió el más joven en su mente. Al final, la curiosidad innata en él fue más fuerte que la extrañez y subió por las escaleras.

Solo se paró una vez, al notar un estruendoso ruido detrás de él y se dio la vuelta, para notar que unas antorchas colgadas de las paredes se habían encendido solas. Sus llamas que crepitaban y se movían solas, confirmaban que realmente una corriente fresta del exterior soplaba en ese pasadizo y que no era su imaginación, iluminaban detrás de él solo una gruesa pared. Ahora no podía volver atrás.

Varían no tenía ni idea de tener algo de claustrofóbico, hasta ese momento. Asustado por la pared, salió corriendo escaleras arriba, sin siquiera pararse a pensar que clase de explicación científica podía existir para todo eso, sintiendo el viento golpearle la cara y preguntandose como Rapunzel pudo haberla subido con los píes descalzos sin congelarse. Las antonchar se apagaron cuando las escaleras dieron paso a un pasillo, que más parecía el interior de una cueva, iluminado por luz diurna.

Rapunzel le esperaba con una gran sonrisa, a la salida de la misma.

— Bienvenido a Raven Point —le dijo antes de apartarse y dejar que el más joven viese el panorama.

Ante éllos se abría en todo su esplendor un claro lleno de verde, rocas y rodeado de árboles. En su centro, un gran lago de agua pura y cristalina. En su conjunto, era hermoso.

— Woah —susurró Varian, maravillado, su miedo anterior esfumándose por completo—. Es mucho mejor que mis maquinas.

— ¿Cómo dices? —Rapunzel en verdad no había escuchado su susurro.

El de ojos azules se avergonzó y negó con la cabeza.

— Nada, nada —apartó su mirada del lugar para verla a ella—. ¿Cómo encontraste este sitio?

— Ehh... —los ojos verdes de Rapunzel se movieron nerviosos mirando de un lado para otro. Se esperaba la pregunta, pero no tenía ni idea de como comenzar— Mucho que explicar, mejor hacerlo calmadamente. Primero de nada, quiero presentarte a alguien.

— ¿A quién?

— Un amigo con el que estoy segura de que te entenderás muy bien... —Rapunzel decía mirando hacía arriba como buscando algo, entonces su vista se iluminó y le señaló al más joven un punto en el cielo— ¡Hablando de él! Sabía que no tardaría mucho.

El pelinegro miró hacía donde la princesa le señalaba y ahogó un jadeo.

— No puede... ser...

O una de dos, o necesitaba gafas urgentemente, o eso que veía en el cielo acercándose a ellos era un dragón.