Capítulo 3

En cuanto acaba el himno, nos ponen bajo custodia. Una vez dentro del Edificio de Justicia, me conducen a una sala y me dejan sola. Es el lugar más lujoso en el que he estado, tiene gruesas alfombras de pelo, y sofá y sillones de terciopelo. Este es el tiempo que se le concede a los tributos para despedirse de sus seres queridos. No puedo salir con los ojos hinchados y la nariz roja; no puedo permitirme llorar, porque habrá cámaras en la estación de tren. No voy a otorgarles el placer de verme llorar, sin mencionar que a los otros tributos les parecería débil. Tengo que ser fuerte por ellas y para la audiencia.

Mi hermana y mi madre entran primero. Extiendo los brazos hacia Prim, y ella sube a mi regazo y me rodea el cuello con los suyos. Mi madre se sienta a mi lado y nos abraza a las dos. No hablamos por un rato, pero después empiezo a decirles las cosas que tienen que recordar, ya que yo no estaré para ayudarlas. Les dije todo lo que tenían que hacer e incluso le prometí a Prim que intentaría ganar. Después aparece el agente de la paz para decirnos que se ha acabado el tiempo, nos abrazamos tan fuerte que duele y lo único que se me ocurre es:

-Las quiero, las quiero a las dos

Ellas me dicen lo mismo, el agente les ordena que se vayan y cierra la puerta. Escondo la cabeza en uno de los cojines, como si eso pudiera protegerme de todo lo que está ocurriendo.

Alguien más entra en la habitación y, cuando miro, me sorprende ver a Bryanna, la hermana de Aaron. No puedo creer que haya venido a visitarme; al fin y al cabo, pronto estaré en una competencia a muerte con su hermano. Pero nos conocemos un poco, cada vez que iba a la carnicería ella o su madre me recibía. Ella al igual que su hermano tiene sus ojos azules solo que su cabello es castaño como el de su madre. Ella es dos años más grande que nosotros, por lo que, esta fue su última cosecha.

Bryanna se sienta, incomoda, en una de las lujosas sillas. Es probable que acabe de despedirse de su hermano menor, se nota porque tiene los ojos hinchados y la nariz roja.

Saca un paquete envuelto en papel blanco del bolsillo de su vestido y me lo ofrece. Lo abro y encuentro una tira de carne seca, un lujo que no nos podíamos permitir muy seguido.

-Gracias- respondo

No se me acurre que más decir, así que guardamos silencio hasta que llama el agente de la paz. Ella se levanta y tose para aclararse la garganta.

-No perderé de vista a tu hermana. Me asegurare de que coma. Y Katniss… por favor cuida que mi hermano pequeño no haga alguna estupidez

Asiento con la cabeza y observo como se va. Siento que al oírla decir que va a cuidar de Prim desaparece parte de la presión que me oprime el pecho. La gente trata conmigo, pero a ella le tiene cariño. Suficiente cariño como como para mantenerla con vida.

Mi siguiente visita también me resulta un poco inesperada: Madge viene directa hacía mí. No esta llorosa, ni evita el tema, sino que me sorprende el tono urgente de su voz.

-Te dejan llevar una cosa de tu distrito en el estadio, algo que te recuerde a casa. ¿Querrías llevar esto?

Me ofrece una insignia circular de oro que antes le adornaba el vestido. Aunque no le había prestado mucha atención hasta el momento, veo que es un pajarito en pleno vuelo.

-¿Tu insignia?- le pregunto.

-Toma, te lo pondré en el vestido, ¿está bien?- No espera mi respuesta, se inclina y me lo pone-. Katniss, prométeme que lo llevaras en el estadio, ¿sí?

-Sí

Carne seca, insignias… Hoy me están dando todo tipo de regalos. Madge me da otro regalo más: un beso en la mejilla. Después se va y me quedo pensando que quizá, al fin y al cabo, sí era mi amiga.

En último lugar aparece Gale, y aunque no haya nada romántico entre nosotros, cuando abre los brazos no dudo en ir a ellos.

-Escucha-me dice-, no te resultara difícil conseguir un cuchillo, pero tienes que apoderarte de un arco. Es tu mejor opción.

-No siempre los tienen- respondo, pensando en el año en el que solo había mazas con picos con las que los tributos tenían que matarse a golpes.

-Pues fabrica uno. Hasta un arco endeble es mejor que no tener arco

-Ni siquiera sé si habrá madera

-Casi siempre hay madera desde aquel año en que la mitad murió de frio-me responde Gale-. No resultaba muy entretenido

Es cierto, pasamos unos juegos enteros viendo como los jugadores morían congelados por la noche. Apenas aparecían, porque se limitaban a resguardarse y no tenían madera para hogueras.

-Sí, es verdad

-Es como cazar, y eres la mejor cazadora que conozco

-No es como cazar, Gale, están armados. Y piensan.

-Igual que tú, y tienen más práctica, práctica de verdad. Sabes cómo matar

-Pero no personas

-¿De verdad hay tanta diferencia?- pregunta Gale en tono triste

Los agentes de la paz vuelven y se lo llevan cerrando la puerta detrás de ellos. La estación de tren está cerca del Edificio de Justicia, aunque nunca antes había viajado en coche y casi nuca en carro. En la Veta nos desplazamos a pie.

He hecho bien en no llorar, porque le estación de tren está a rebosar de periodistas con cámaras apuntándome a la cara. Pero tengo mucha experiencia en no demostrar mis emociones, y eso es lo que hago. Me veo de reojo en la pantalla de televisión de, y me alegra comprobar que parezco casi aburrida.

Por otro lado, Aaron parece alegre, tiene una pequeña sonrisa en sus labios e incluso de vez en cuando saluda a las cámaras. Me pregunto al instante si será una estrategia para los juegos: parecer encantado de ir a los juegos y una actitud arrogante para después dar la sorpresa luchando. Es la estrategia que los profesionales utilizan y ellos consiguen muchos patrocinadores, no me sorprende que intente la misma táctica.

Tenemos que quedarnos unos minutos en la puerta del tren, mientras las cámaras engullen nuestras imágenes; después nos dejan entrar al vagón y las puertas se cierran detrás de nosotros. El tren empieza a moverse de inmediato.

Al principio, la velocidad me deja sin aliento. Obviamente, nunca había estado en un tren, ya que está prohibido viajar de un distrito a otro, salvo que se trate de tareas aprobadas por el Estado. El tren de tributos es aún más elegante que la habitación del Edificio de Justicia. Cada uno tenemos nuestro propio alojamiento, compuesto por un dormitorio, un vestidor y un baño privado con agua corriente caliente o fría.

Hay cajones llenos de ropa bonita, y Effie Trinket me dice que haga lo que quiera, todo está a mi disposición. Mi única obligación es estar lista para la cena en una hora. Me quito el vestido azul de mi madre y me doy una ducha caliente. Me pongo una camisa y pantalón de color verde obscuro.

En el último segundo me acuerdo de la insignia de oro de Madge y le echo un buen vistazo por primera vez: es como si alguien hubiera creado un pajarito dorado y después lo hubiera rodeado con un anillo. De repente lo reconozco: es un sinsajo.

Mi padre sentía un cariño especial por los sinsajos. Cuando íbamos a cazar, silbaba o cantaba complicadas melodías, y después de una educada pausa, ellos la repetían. No fui capaza de seguir la costumbre después de su muerte. En cualquier caso, ese pajarito tiene algo que me consuela, es como llegar a mi padre conmigo, protegiéndome. Me lo prendo en la camisa y espero a que Effie Trinket venga a recogerme.

Cuando Effie viene, la sigo por un estrecho pasillo hasta llegar a un comedor. Hay una mesa rodeada de platos muy frágiles, y Aaron está sentado esperándonos, con una silla vacía a su lado.

-¿Dónde está Haymitch?- pregunta Effie, en tono alegre

-La última vez que lo vi me dijo que iba a echarse una siesta- responde Aaron

-Bueno ha sido un día agotador- comenta ella, creo que se siente aliviada por la ausencia de Haymitch. ¿Quién la puede culpar?

La cena sigue su curso: una espesa sopa de zanahorias, ensalada verde, chuletas de cordero y puré de patatas, queso, fruta y tarta de chocolate. Yo me atiborro, nunca había visto una comida así, tan buena y abundante, y probablemente lo mejor que puedo hacer es ganar unos kilos para los juegos.

Una vez terminada la comida, tengo que esforzarme por no vomitarla y veo que Aaron también está un poco verde. Nuestros estómagos no están acostumbrados a unos alimentos tan jugosos. Sin embargo estoy dispuesta a aguantar esto.

Vamos a otro compartimento para ver el resumen de las cosechas de todo Panem. Vemos las demás ceremonias una a una, los nombres, los que se ofrecen voluntarios y los que no, que abundan más. Examinamos las caras de los chicos contra los que competiremos y me quedo con algunas: el chico del Distrito 2 que se apresura a presentarse como voluntario, una chica del Distrito 5 con cara astuta, un chico cojo en el Distrito 10, y una chica de doce años en el Distrito 11. Tiene los ojos y la piel obscuros, pero, aparte de eso me recuerda a Prim tanto en tamaño como en comportamiento.

Por último, aparece el Distrito 12: la selección de Prim yo corriendo para presentarme como voluntaria. Veo a Gale quitándomela de encima y a mi misa subiendo al escenario. Después sacan el nombre de Aaron y él ocupa su lugar en silencio, nos damos la mano, ponen el himno y se acaba el programa.

Effie por alguna razón esta disgustada con Haymitch

-Su mentor tiene mucho que aprender sobre la presentación y comportamiento en televisión

-No lo culpo, estaba borracho- responde Aaron riéndose de forma inesperada-. Se emborracha todos los años.

-Todos los días- añado, sin poder reprimir una sonrisa

-Sí, que raro que les parezca tan divertido a los dos. Ya saben que mentor es el contacto con el mundo exterior en estos juegos, el que los aconsejara, les conseguirá patrocinadores y organiza la entrega de cualquier regalo. ¡Haymitch puede suponer entre la vida y la muerte!

En ese preciso instante, Haymitch entra tambaleándose en el compartimiento.

-¿Me he perdido la cena?-pregunta arrastrando las palabras. Después vomita y cae encima de la porquería

-¡Sigan riéndose!- exclama Effie Trinket; acto seguido se levanta de un salto y sale de la habitación.