Este capítulo está dedicado a los que me dijeron en el capítulo anterior que iba muy rápido. Tomé su consejo. Tardé un año en actualizar (?) espero que les guste. Recuerden que esta historia está cerca del final.


Encontramos un claro. Fue por accidente. Robbie pisó mal y cayó entre unos arbustos, pero su caída se prolongó. Al principio creíamos que era una trampa hecha por algún otro tributo (putos ingleses). Luego vimos que era algo como una guarida secreta. No era muy grande, pero había un árbol de manzanas y un arbusto de bayas. Un estanque de agua clara y dulce. Y no nos quisimos mover. Llevábamos ahí dos días. En esos días, habían muerto cinco tributos más. Según mis cálculos, debíamos quedar cerca de 8 tributos. Cuando murieran otros tres, Robbie y yo no podríamos seguir siendo aliados.

Me di una palmada en el antebrazo, para matar un mosquito. Era el primero que veía en toda nuestra estancia ahí. Y me había dado cuenta del insecto por las cosquillas que me hacía. No había hecho ruido.

... No había hecho ruido...

—¿No te parece raro?— Pregunté a Robbie.

—¿El que los mosquitos no estén haciendo ruido? Sí. Quizá sean una invención de los creadores de los juegos.

—¿Venenosos?

—Quizá.

Un mosquito pasó rozando mi oreja. Sí hacía ruido, pero no era un zumbido, sino una pequeña voz. La voz de mi padre.

—¿Mamá?—Robbie miraba hacia todos lados.

Pasó otro mosquito. Este con la voz de mi hermana.

Sabía qué estaba pasando. En los libros, pasaban Sinsajos gritando con terror y te volvían un poco loco. Aquí eran mosquitos. Era lo mismo. Pero había algo más. La picadura dolía como si te hubieras enterrado un clavo en esa zona.

Pronto el claro empezó a llenarse de mosquitos. Las voces se hicieron más fuertes. Era insoportable, pero era algo que aún aguantaría. Lo preocupante eran las picaduras. Seguro tenían una sustancia alucinógena, yo ya estaba viendo puntitos rojos.

Robbie gritaba por su madre y su novia una y otra vez mientras intentaba inútilmente alejar a los mosquitos. Yo alcanzaba a escuchar las voces de mi padre, mi hermana, mi abuela y algunos tíos. Pero realmente no sentía nada. Era un simple truco, ¿no? Mantenía eso en mi mente mientras me movía para alejar a los insectos.

Luego escuché otra voz. La voz de Tori. Muy tenue, como si estuviera muriendo. Bueno, mierda.

Los puntos rojos se hicieron más grandes, mi cuerpo ya no soportaba el dolor. Robbie y yo empezamos a gritar. Necesitábamos salir de allí. Pero ¿cuál era el arbusto por el que Robbie habDía caído?

Empezamos a buscar tanteando las plantas pero nos espinábamos las manos o golpeábamos con piedras escondidas. Finalmente mi mano se sumergió violentamente en un arbusto y grité hacia Robbie para que saliera conmigo.

Los mosquitos nos persiguieron un rato más mientras gritábamos y corríamos desesperados, dandonos palmadas por todo el cuerpo intentando quitarnos a los insectos de encima y agravando más el dolor que las picaduras ya habían causado.

Nos detuvimos al lado de un árbol y los animalejos se detuvieron y alejaron de nosotros. Entonces vimos a otro tributo salir de entre los arbustos cercanos a los nuestros. Los mosquitos también lo perseguían, pero hablaban otro idioma. Los que solían picotearnos a nosotros se unieron con los demás y bombardearon al chico. Pronto se desplomó en un montón de hojas caídas y el cañón sonó. "Quedamos siete", pensé.

Noté que Robbie, a pesar de todo, había logrado sacar una de las dos mochilas. La de él. Pues era roja, mientras la mía era azul, y contaba con un martillo, en vez de un cuchillo. Decidimos que era mucha adrenalina por un día y subimos al árbol. Había dos ramas exactamente a la misma altura, pero en direcciones distintas. Cada quien se sentó en una rama. Y descansamos un rato. El sol se ocultó. Hicimos esfuerzos sobre humanos para no rascarnos las ronchas.

Una música extraña empezó a sonar y en el cielo aparecieron los rostros de los caídos del día. Hoy habían sido 3. Quizá dos habían muerto mientras Robbie y yo sufríamos alguna alucinación y nuestros gritos opacaron los cañones. Aparecieron otras letras que mencionaban a los que seguían vivos. Eramos los dos norteamericanos, ambos ingleses, y un chico alemán. Bueno... Adiós alianza.

—Quedamos 5, Jade—Robbie, recalcando lo obvio.

—Ajá.

—Bueno... Será mejor que me vaya. Pero antes... ¿Puedo hacerte una pregunta?

—Dispara.

—¿Quién es Tori?— Me quedé helada.

—¿Por qué la pregunta?

—Bueno, mientras los mosquitos nos picaban, te oí repetir su nombre varias veces. ¿Quién es?—no respondí.—¿Es la chica por la que te ofreciste tributo?

Me quedé pensando un par de segundos. Posiblemente no viviera después de eso. Ninguno de los dos. ¿Exactamente a qué le temía? ¿Acaso tenía algo que perder? Yo no, obviamente. ¿Pero y ella? ¿Cómo se lo tomaría la gente que le rodeaba y frecuentaba?

—¿Jade?

—Sí –dije finalmente—, es la chica por la que me ofrecí tributo.

—Ah... ¿Buena amiga?—Tardé un par de segundos en contestar. Suspiré pesado.

—Éramos algo así. Pero yo empecé a sentir cosas por ella hace cerca de dos años. No quería realmente que nadie se enterara, y menos de esta forma. Aunque, sabiendo que probablemente no pueda decírselo jamás, ahora... Ahora ya no importa mucho.

—Oh... En verdad lo lamento.

—¿Sí? Yo igual. Deberíamos bajar del árbol para seguir nuestro camino, Robb.

Bajamos con cuidado y nos detuvimos un poco adoloridos a tomar un respiro. Había algo en el ambiente, algo malo. Me puse alerta, pero antes de poder avisar a Robbie, los ingleses nos saltaron encima. El chico me atacó a mí y la chica a ella.

Y allí estaba. Moreno, él. De pelo alocado. Sonrisa encantadora y sádica a la vez. Ojos lujuriosos. Casi podía ver en sus labios la iniciativa de preguntarme de nuevo si sería su "Chica en llamas" (se había leído los libros). No llevaba armas, pero era un par de centímetros más alto que yo, y, obviamente, más fuerte. Mentiría si dijera que no sentí miedo en ese momento. Aún así, al tener ambos las manos vacías, sentía que podía ganar. Robbie, detrás de mí, trataba de esquivar los golpes que la chica inglesa (Ruby se llamaba la puta), le lanzaba con un martillo. Tiempo después supe que él no atacaba porque su martillo estaba atorado. Y que ella, aparte del martillo, llevaba un cuchillo y atacaba a mi amigo con ambos.

El chico inglés (Beck se llamaba el puto) intentó tomarme por el cuello e hice un esfuerzo mayor con mi cuerpo para esquivar. Tenía la ventaja de que su cabello era largo, entonces, cuando se volteó para atacarme de nuevo, alcé mis manos, le tomé del pelo, y lo jalé con todas mis fuerzas hacia mi rodilla. Beck se estrelló con tanta fuerza, que sentí claramente cómo se rompía su nariz. La sangre empezó a brotar inmediatamente. Y en ese momento de descuido, agarré suavemente ambos lados de su cabeza, y con una furia sorprendente, le giré el rostro hacia la derecha. Escuché como su cuello tronaba. Y seguido de eso, se escucharon dos cañones consecutivos. Pero Ruby y mi amigo seguían luchando, por lo que no podía ser de ninguno de ellos.

La chica inglesa reparó en que su compañero de pelea estaba muerto, así que lanzó un grito de terror y sin pensarlo más, clavó su cuchillo en el pecho de Robbie. Ahí donde se supone que están los pulmones. Y luego echó a correr sin molestarse en retirar el arma.

Mi amigo cayó al suelo.

Y yo corrí hacia él.

Su rostro mostraba un inmenso dolor. Pero no supe decir si era por su herida o por saber que estaría rompiendo la promesa que le hubiese hecho a Cat antes de venir a los juegos. De uno de los bolsillos de su pantalón, sacó una pequeña cajita. Me la extendió.

—No voy a vivir lo suficiente, Jade. Así que quiero pedirte un favor: gana. Gana, y viaja a Texas. Luego busca a Cat. Y cuando la encuentres, por favor, dale la cajita. Es un anillo. Iba a pedirle que se casara conmigo, pero ya no hay oportunidad.

Eso me rompió el corazón de una manera extraña. No debería ser yo la que tuviera la suerte de enfrentarse a Ruby, debería ser él. Y debería ganar, y llegar a casa, y casarse con Cat. Y hacer todo lo que yo nunca me atrevería a hacer con Tori.

Me entregó su mochila y se despidió de mí.

—Buena suerte, Jade. Espero que pronto regreses a casa.

Y entonces, un nuevo cañón sonó.


Bueno, es todo de mi parte. Ya saben. Si les gustó, dejen review. Si no les gustó, dejen review. Si les gusta Tegan And Sara, dejen dos reviews. Y si están emocionados porque en estos días sale la nueva canción de Love Of Lesbian, sepan que yo también lo estoy.

Atte. TSS :D