Aquí está la continuación :) ¡Comentar, por favor!


- No pienses en ello, Jane – ordenó la forense.

- A veces es difícil – contestó ella, en apenas un susurro – Se hace duro tener que lidiar con estas cicatrices…

- Suelen desaparecer con el tiempo, ten en cuenta que tu cuerpo solo está recolocando el colágeno de tu piel.

Una triste sonrisa apareció en los labios de la detective.

- Dudo que éstas desaparezcan algún día – dijo, alzando las manos y estirándolas para que quedaran bien marcadas dos cicatrices en forma de X.

Maura envolvió las manos de Jane entre las suyas, acariciando por encima las marcas y viendo como la piel de la morena se ponía de gallina.

- A mí me gustan… - murmuró, con la vista fija en ellas, su dedo acariciándolas.

- Serás la única – comentó la detective en tono sarcástico.

- ¡No, Jane! – Le reprendió la forense, fijando sus ojos en los de ella, viendo el trasfondo de dolor en aquel marrón chocolate – Pueden parecerte imperfecciones pero son tus imperfecciones y como tal las tienes que aceptar, y alguien que te quiere verá en ellas más que meros defectos. Yo no las veo como algo feo, al revés, estas marcas en tus manos me recuerdan día a día que eres una luchadora que jamás se dará por vencida. Y me hacen admirarte más… - "Y quererte más" dijo para sus adentros.

Jane apartó la mirada bruscamente, cogiendo aire y soltándolo lentamente por la boca, tratando de calmarse. Parpadeó varias veces, con el nudo de la garganta soltándose poco a poco, dejando de oprimirla tanto que costaba respirar. Sacudió la cabeza y esbozó una sonrisa de disculpa.

- Perdona, yo… - la voz se le quebró y tuvo que aclararse la garganta.

Maura le acarició suavemente la mejilla y la detective tuvo claro que tenía que hacer. Rodeó el menudo cuerpo de la rubia entre sus brazos, enterrando su cara en sus rizos y aspirando el aroma que desprendía la piel de la forense: una mezcla entre calor, colonia y algo de morgue todavía. Era su olor, el mismo que impregnaba su casa y su ropa, y a Jane le encantaba. Cuando sintió que el abrazo se estaba tornando en algo más, y la incomodidad crecía en su interior, soltó a Maura y le apretó el brazo cariñosamente.

- Gracias – susurró.

La forense encogió la nariz en un gesto adorable y volvió al espejo para ponerse pintalabios.

- ¿Lista? – preguntó Jane, cuando vio que Maura echaba miradas de aprobación a su reflejo, con su cazadora de cuero puesta ya.

- ¿Tú que dices? – preguntó ella a su vez, girando sobre sus tacones - ¿Parezco ardiente y tentadora?

La detective escaneó a la forense. Rizos sensualmente alborotados; los ojos ahumados; los labios de rojo pasión; el vestido de cuero negro que se ajustaba a la perfección a sus curvas, con un escote sugerente; las largas y morenas piernas, bien moldeadas; y, finalmente, los taconazos negros.

- Totalmente – contestó, encontrando voz de donde no la tenía y tragando saliva inexistente.

- ¡Genial! Entonces sí estamos listas – Maura sonrió, entusiasmada, guardando el móvil y las llaves de casa en un pequeño bolso.

Estaban saliendo por la puerta cuando Jane se encontró con un juego de llaves desconocidas en su cara. Las cogió, extrañada, y miró el llavero.

- ¡Oh, no!

- ¿Qué? – preguntó Maura, preocupada.

- Dime que no lo has hecho – dijo Jane, con cara de espanto.

- ¿El qué?

- Pedirle el coche a Giovanni.

La forense se mantuvo en un adecuado silencio, dejando que la detective llegara a la conclusión por sí misma.

- ¿Culpable? – preguntó Maura, insegura sobre que debía decir.