"Un nuevo comienzo"

Capítulo 3

"Conclusiones precipitadas"

Sora ya estaba dispuesta a partir hacia donde le habían indicado. Llevaba una mochila roja pequeñita colgada de la espalda, con todas las cosas necesarias y a su lado, Kirara, estaba entusiasmada por acompañar a la chica.

- Volveréis dentro de un mes – dijo Tsatsuki mientras le daba a Sora un bote lleno de alguna substancia extraña – si las circunstancias os lo permiten. Y sobretodo ser discretas. Sabes perfectamente, Sora, que ya hace tiempo le pusieron precio a tu cabeza con un número bastante elevado, vigila con la marine.

"¿Bastante elevado dice?" - pensó Sora poniendo el bote, dentro de la mochila, que le habían pasado – "si no fuera por la culpa de ésta maldita organización ahora no tendría que viajar a escondidas".

- Irá todo bien, no hay problema – dijo Sora – además, con mi poder no hay quien pueda.

- Muy bien, pues entonces podéis iros.

Kirara asintió y dio un pequeño salto que salieron llamas de fuego y acto seguido se convirtió en una elevada proporción que Sora podía montar sobre su lomo. Kirara ahora tenía un pelaje brillante y le salían unos colmillos muy afilados. Sus ojos eran grandes y sinceros.

Sora montó sobre ella y Kirara se elevó por el aire, ya que las llamas de fuego que le salían de las piernas le permitían volar.

- Adelante, Kirara! – dijo Sora entusiasmada – Adiós Tsatsuki!

Tsatsuki vio como se iban y observó hasta que las perdió de vista, luego volvió a su despacho.

Desde una habitación, un chico rubio observaba muy atentamente desde la ventana la situación. Llevaba un papel en la mano y lo observó. En él, salía una chica pelirroja la cual miraba con unos ojos tristes pero sonreía alegremente. Debajo de la fotografía ponía: Dead or Alife y debajo de esto con unas letras medio borradas por el tiempo, unos números el cual el chico se quedó mirando: 200.000.000 berris.

- Espero que salgas viva de ésta, pequeña Sora – susurró.

Y volvió a mirar por la ventana con una sonrisa malévola.

oOoOoOoOoOo

- Nami! – se oyó desde la puerta de la cabina del barco del sombrero de paja – cuánto falta para llegar?

- Aun nos quedan unos tres días, Luffy – contestó ella, mirando hacia el horizonte el cual no se distinguía ninguna señal de que había alguna isla – ten paciencia.

- La comida! – se oyó a Sanji.

Luffy salió corriendo y se sentó en una esquina del banco de la mesa. Los otros entraron sin prisas y se sentaron.

- Ya tenéis decidido que compraréis? – dijo Sanji encendiendo un cigarro.

- Sí! Yo necesito más pólvora para mis proyectos – contestó Ussop entusiasmado.

- Y yo más medicamentos – dijo Chopper.

- También necesitamos comida – dijo Robin recordando lo que había dicho Sanji.

- Sí, y también alguien se tiene que quedar en el barco para vigilarlo – dijo Nami mirando hacia la persona que tenía a su lado.

Todos se lo quedaron mirando hasta que Zoro, que era el centro de atención se percató en que lo estaban mirando.

- Qué pasa? – dijo entre bocados, hasta que lo entendió y puso cara de desconcertado – y porqué siempre me tengo que quedar yo eh!

- Porqué tú eres el único que no tiene que comprar nada! – le chilló Nami a la oreja.

- Tengo que comprar material para limpiar mis katanas! – dijo un enojado Zoro.

-Qué le den a tus katanas! – continuó Nami, que nunca se daba por vencida.

- Qué has dicho? – Zoro se había cabreado y ya empezaba a levantarse cuando Robin lo interrumpió.

- Seis Fleur! – a Zoro le salieron seis brazos y le sujetaron con fuerza.

- Gracias Robin – dijo Nami con una sonrisa picarona.

Robin soltó a Zoro cuando se hubo calmado.

- Pues ya está decidido – dijo al fin Luffy, que ya había acabado de comer – pasado mañana iremos todos a comprar lo que es debido y Zoro se quedará en el barco.

- Eh Luffy! – chilló de repente Ussop – te has vuelto a comer mi ración de comida! Ven aquí!

Y empezaron a perseguirse.

oOoOoOoOoOo

Ya había pasado dos días, desde que habían salido y en la lejanía ya veían a la magnífica ciudad de Altador.

- Es bonita verdad? Le da un aire de tranquilidad – dijo Sora y Kirara asintió.

Se dirigieron a la entrada de la ciudad y Sora bajó de Kirara. Sora llevaba unos pantalones piratas con unas botas grises y una camisa medio desabrochada, llevaba el pelo suelto y un pañuelo muy largo que le llegaba por las rodillas le recogía por encima el pelo y estaba sujeto a la cabeza y las dos tiras del pañuelo que sobraba lo llevaba caído por detrás. La chica le dio las gracias y Kirara se volvió otra vez pequeñita y se subió al hombro de la chica.

- Vamos, que tenemos muchas cosas que hacer.

En la entrada había dos guardias que vigilaban a los que entraban. Uno de ellos se acercó y la inspeccionó y acto seguido la dejó pasar. Al entrar, se quedaron impresionadas de lo grande que era. Por toda partes había gente que entraba y salía de las casas, niños que corrían, animales, gente que cambiaba mercancías, etc.

Todo parecía ser una ciudad alegre y majestuosa.

- Primero tenemos que dirigirnos al mercader que nos dijo Tsatsuki – le dijo a Kirara- pero el problema es que no se donde dirigirme.

Fueron paseando por las grandes calles, mirando las casas y las construcciones que se encontraban y a las grandes paradas de objetos, comidas, mercancías, productos, etc.

- Tsatsuki me dijo que el hombre que debía buscaba se llama Sr. Börk – susurró Sora para ella misma – y se encuentra en la calle: c/Pasadizo Chía núm. 6.

Fueron pasando por callas más vacías y estrechas. Las paredes eran de un gris pálido y sombrío, no se encontraba gente en la calle y más allá observó una taberna.

- Por aquí hace pinta de ser un barrio muy humilde – le dijo a Kirara – haber… la calle Pasadizo Chía…

Miró hacia arriba y observó el cartel de la calle. Era esa misma calle. Ahora solo tenía que encontrar el número. Fue mirando cada puerta con mucha atención.

- La 4… la 5… y la… - y se quedó callada.

En la puerta número seis, no había número, de haber, no había ni puerta. Estaba toda destrozada y las ventanas estaban rotas y los cristales medio caídos. En un lado de la puerta, estaba escrito: "Sr. Börk".

- Pero que es esto? – dijo Sora asustada.

Kirara hizo un pequeño silbido. No entendía que era aquello. Miró a su alrededor para mirar los otros números, pero la numeración estaba correcta. Confirmó el cartel de la calle: era correcto.

De repente, de una esquina de la calle, salió una señora anciana que se dirigía hacia ella.

- Muchacha que buscas a alguien? – dijo con una voz dulce pero destrozada por los años.

- Pues sí… pero por lo que veo… no está.

La anciana miró hacia donde miraba la chica.

- El señor Börk… - susurró – vaya…

- Lo conoce? – dijo Sora – sabe donde vive ahora?

- Pues si que lo conocía – contestó – pero no llegué a decirle adiós.

Sora se quedó pensativa por las palabras de la anciana. Ahora lo comprendía todo.

- Qué le pasó? – preguntó intrigada – tengo sabido que era bastante joven, no?

- Sí, y lo era. Pero una noche de invierno, vinieron unos muchachos. Parecían ser amigos de él, porque se hablaban con naturalidad y parecían conocerse. Pero tuvieron una discusión muy fuerte y uno de ellos le disparó y le prendieron fuego a su casa. Fue horroroso.

Sora escuchó atentamente. Estaba confundida. "¿Cómo era posible que Tsatsuki y los demás no lo supieran?" – pensó Sora - ¿A caso es que lo sabían y no me lo quisieron decir por alguna razón?" Se quedó pensativa.

- No hace falta que le des tantas vueltas a la cabeza, muchacha – dijo la anciana – vete de éste lugar. Es peligroso.

"¿Peligroso? – pensó – con lo bonita que es esta ciudad…"

- Gracias por la información – dijo Sora.

- De nada, mujer – contestó ella – pero… ahora te habrás quedado sin productos verdad?

- Eh? – dijo Sora pensativa – pues… ¿cómo lo sabe?

- El señor Börk era famoso por sus productos de intercambio – rió la anciana – pero también le buscaba la marine y una vez vendió un producto que fue casi mortal, pero tan grave que le pusieron precio por él, siempre estaba huyendo. Pobre chaval.

- Oiga¿cuándo pasó todo eso? – preguntó intrigada.

- Pues hará… - dijo la anciana pensativa – unos… diez años. Bueno, muchacha, me tengo que ir. Que te vaya todo bien. Adiós.

Sora se quedó pasmada. ¿Podía ser cierto lo que le había dicho la anciana, con su teoría?

"Podría ser que él fuera… - pensó Sora – la edad es exacta y todo concuerda. Pero es imposible… algo me dice que no es posible, seguro que son conclusiones precipitadas. Aunque… me gustaría saber más de todo esto. Pero no puede ser porque yo fui la causante de todo!"

Se asustó ella misma. No lo podía haber dicho. Tantos años fingiéndolo y ahora…

Agachó la cabeza y miró el suelo.

"Lo siento…" – pensó.

Pero no supo muy bien a quien se lo decía.