Disclaimer: Crepúsculo no me pertenece. La trama de esto es completamente mía, y si alguien se roba la idea o algo así, lo voy a mandar matar. (?) Si, bueno, soy un poco posesiva.
Summary: ¿Una humana con una habilidad especial que es perseguido por un vampiro que quedo hipnotizado con su sangre y es ayudada por un alma en pena a la cual tiene que hacer que valla a la paz eterna? ¡Neh! ¿O si? Bella/Edward. UA.
Summary completo: Bella tiene una misión: ayudar a Alice a encontrar la paz eterna, pues ella siendo un alma en pena, fue en busca de su ayuda. Edward tiene otra misión: encontrar a Bella para beber de su deliciosa sangre, la cual lo hipnotizo. «Es solo su sangre lo que me llama. Solo eso… creo». Los dos sientes atracción. Nada más atracción, ¿no? Claro, los vampiros no son capaz de tener sentimientos, ¿cierto? ¿Y ella, enamorándose de un vampiro? ¡Vaya broma! Edward/Bella. UA.
N/A: Esta es una historia diferente. Habrá romance, lo juro —como no lo habrá con lo cursi que soy—, pero también habrá otras cosas. Muchas más cosas. Es una historia romántica, pero no esta basada 100% en los problemas de una pareja que no puede estar junta, o cosas como esas. Es una historia Romance/Fantasy/Drama/Humor/Supernatural/Relationship/Accion/Sci-Fi. Ah, tengo que aclarar que en este fic se mencionara la existencia de Dios, el cielo, y algunas otras cosas como esa. Si les molesta leer cosas así, favor de abandonar el fic. Pero prometo que no será mucha la mención ;) Aun así, leer con mente abierta. Otra cosa, el Edward que verán en mi fic, será un vampiro tradicional. Y mmh, cualquier duda ya saben a donde acudir. ¡Nos leemos abajo y, disfruten! *guiñando el ojo* *sintiéndose muy tonta* xD
Capitulo 2:
Primer Encuentro
Tic, tac, tic, tac…
La mente de Bella comienza a divagar…
Flash Back
—¿Quién eres? —pregunto la chica de ojos marrones. El muchacho río con su deliciosa voz y después la acorralo contra un árbol.
—Oh, que descortés soy, no me he presentado —dijo, mientras terminaba de acorralar a Bella—. Me llamo Edward Masen.
Con que la perfección tiene nombre, pensó Bella. Edward Masen. Alto, pálido —aun que de un pálido diferente al de ella—, y demasiado guapo. Poseía una mandíbula fuerte, una nariz recta, unos ojos rojos. Pelo color bronce, tan despeinado que prácticamente gritaba «No tengo peine».
—Mmh, Edward, creo que necesito espacio —murmuro bajo su respiración, mientras sentía su pulso acelerarse.
¿Cómo es que se había metido en esta situación? Tan solo había salido a dar un paseo al parque. Y ahora, en medio de la oscuridad de una noche sin luna, yacía contra un árbol y contra un hombre con mas parecido a Dios que a hombre. La tenía más que hipnotizada.
Y tenía unos ojos que daban ganas de salir corriendo.
El chico río ante lo que dijo la muchacha y después, agarro su brazo. Ella se espanto ante el frío tacto de él, pero mas espantada quedo, cuando sus dedos recorrieron toda su piel hasta llegar a su muñeca, y después la acerco a su nariz. E inhalo.
—Hueles tan bien, demasiado para tu propia seguridad… —murmura, con los ojos cerrados y aun con la muñeca pegada a su cara. Parecía un drogadicto consumiendo de su droga.
—¿Gracias? —se atrevió a responder ella, con una sonrisa forzada y su ceño fruncido, claramente incomoda.
Si creía que estaba sorprendida, no era nada a lo que sintió cuando él, saco su lengua y comenzó a pasarla una y otra vez sobre su pulso.
—¡Eres un depravado! —grito, intentando quitarse de su agarre. Pero él, mucho más fuerte, le apretó la muñeca y río.
—Lo siento bonita, pero no tienes escapatoria —murmuro, y cuando su boca volvió a la muñeca de la chica, esta vez con mas intensiones que solo lamerle, una pequeña niña con aspecto de duende (o tal vez un duende de verdad) apareció a su lado, y comenzó a discutir con él.
—¿Qué piensas hacerle? ¡Ni se te ocurra tocarla! —rugió la pequeñita, con su voz de campanitas y su pelo azabache corto, y despeinado.
—Ugh, ¿Qué haces aquí? ¡Vete! —gruño él.
—Ah no, vete tú de aquí, ¡déjala en paz! —volvió a rugir el duendecillo y él suspiro. Dejo caer la muñeca de la humana, que estaba tan blanca como la cal (incluso mas de lo que ya era) y sus ojos estaban llenos de pánico.
—Preciosa, ya nos veremos en otra ocasión. Lo juro —y después se acerco a besarle los labios vírgenes a la chica de pelo café. Sus labios se amoldaron perfectamente, y él le mordió suavemente el labio inferior. Sin lastimarla, pero si dejándole una marca. Ella gimió ante la sorpresa, mientras que Edward río y desapareció.
Desapareció.
Aquel muchacho de pelo cobrizo, que le había robado su primer beso se fue, dejándola parada contra un árbol, aun lado de un duendecillo.
—¿Estas bien? ¿Te hizo algo? —pregunto rápidamente la niña-duendecillo. Bella fijo los ojos en ella, y la pudo inspeccionar bien: no era una niña, aun que lo del duendecillo no podía estar segura. Era pequeña, delgada, hermosa. Sus ojos verdes, grandes y carismáticos, la inspeccionaban, como esperando a que entrase en estado de shock o algo por el estilo.
—N-No…
—Bella —la interpelada se sorprendió cuando ella le llamo de esa forma—, necesitas volver a tu casa. No le debes de decir a nadie nada de lo que acabas de ver. Y tienes que mantenerte escondida, al menos hasta que yo vuelva a verte. Por favor, se que es raro lo que te voy a pedir, ya que no nos conocemos pero, confía en mi. Nos veremos en algunos días, cuídate mucho —y después le beso la mejilla. Sonrío y desapareció.
Desapareció igual que aquel bello hombre.
Fin de Flash Black
—¿Bells? ¿Bells? —llamo una lejana voz. Bella abrió los ojos y se dio cuenta que su mejor amiga, Ángela, estaba parada aun lado de su escritorio. Miro alrededor y se dio cuenta de que ya no había nadie. Genial, se había quedado dormida en clase.
Y lo peor es había vuelto a pensar en el sueño —o lo que se convencía que era un sueño—. No se podía sacar de la cabeza a aquel hombre perfecto, y a aquella duendecillo que le había pedido que confiara en ella.
¡Seguro estaba soñando! Aunque, ese día si había ido al parque en la noche, y se había encontrado con un hombre igual al de su «sueño» y…
—¿Bella? ¡Tierra llamando a Bella! —volvió a decir Ángela. Esta vez ella reacciono. Agito la cabeza, intentando eliminar esos recuerdos tan perturbadores, y le sonrío a su amiga.
—Oh, lo siento Áng, pero es que ando muy distraída.
—Si, lo note —río—. Hey, ¿iras a mi casa esta tarde, como lo prometiste ayer?
—¡Oh! Ángela, lo lamento, lo había olvidado, pero con todo eso de la mudanza--
—Si, lo entiendo, no podrás ir. ¿Quieres que te vaya ayudar?
—Eres un ángel, me encantaría que lo hicieras, tengo muchas cosas que desempacar —le sonríe y comienza a guardar las cosas en su mochila
Isabella Marie Swan. Mejor conocida como Bella. Chica de cabellos color marrón con tonos rojizos a la luz del sol. Diecisiete años. Estatura media y piel tan blanca como la leche —incluso más. Transparente—. Ojos color chocolate. Grandes, profundos. Boca pequeña, delgada, rosada. Mejillas casi siempre sonrojadas. Delgada —tal vez demasiado para su gusto—, normal.
Si, esa era ella. La chica promedio, la chica normal. Con una normal familia, una normal vida, normales amigos. Problemas normales, soluciones normales… si, demasiado normal.
Excepto por el extraño encuentro —o sueño— que tuvo hace exactamente una semana.
Cuando terminaron de guardar las cosas, Bella tomo la mano de su amiga y comienzo a arrastrarla fuera de la escuela.
—¿Tienes prisa, huh? —le pregunta, cuando ya van saliendo de la misma. Bella asiente frenéticamente.
Caminan algunas cuadras hacia el este, donde esta la casa de Bella. Ella esta toda emocionada, pues exactamente hoy, llegaron las últimas cajas de la mudanza. No se cambiaron muy lejos de su vieja residencia, pero la ventaja de la nueva es que era más grande y estaba exactamente aun lado de la casa de Ángela.
Llegaron y aventó las cosas al sofá —no es que fuera desordenada, pero estaba emocionada con su nueva alcoba—, y se dispuso a subir a su habitación, para comenzar a desempacar y acomodar todo. Ángela le iba pisando los talones.
Pero en el trayecto, su madre le hablo.
—¿Bella? Que bueno que ya llegaste cariño, necesito que vengas, te tengo una sorpresa —murmuro desde la cocina.
Genial. Esa era una de las miles de razones por las cuales quería entrar a su cuarto pronto. Su mamá desde ayer le había mencionado que le tenía una sorpresa. Y aun que Bella se negó repetidas veces, no gano la batalla. La única persona más testaruda que ella, era por supuesto, su madre, Renée.
—Mamá, no es necesario--
—Ni digas nada, que te va a gustar, así que ven rápido —Bella no pudo evitar rodar los ojos. ¿Cómo le va a gustar lo que le comprara? Sí todos sabían su aversión hacia los regalos, las sorpresas, y todo eso en general. Con paso lento y cansado se dirigió a la cocina, escuchando las risitas de Ángela tras ella.
Y cuando entro, no podía creer lo que veía.
Era pequeño. Con sus cabellos rizados y alborotados color blanco, dándole un aspecto de una motita de nieve. Sus ojos eran azules y su lengua, que salía por un lado de su hocico, era rosada y pequeña, con un lunar en medio.
En cuando Bella miro al perrito, este corrió hacia ella y comenzó a morderle las agujetas.
—¡Oh, me compraste un perrito! —grito emocionada, mientras se agachaba a la altura del animalito y lo tomaba en brazos—. ¡Oh! ¿Cómo sabias que quería uno?
—Soy tu madre Bells, las mamás lo sabemos todo —le sonrío. Bella se paro, aun con el pequeño perrito en brazos, y le dio una mirada sarcástica a su madre—. Bueno, bueno, tal vez escuche por ahí que le decías a Ángela que querías uno —admitió. Le sonrío y se acerco a abrazarla.
—Gracias mamá.
Esa era su vida, completamente normal y feliz.
—¿Cómo le pondrás? —pregunto su amiga, que se acerco y comenzó a acariciarle la oreja al perrito.
—Mmh, ¿pelusa?
—Puedes intentar ser un poco mas original en los nombres, cariño —dijo su madre mientras se giraba hacia el lavaplatos y enjuaga algunos vasos.
—Mmh… ¿Moffie? ¡Si, Moffie!
—¿Moffie? —dijeron las dos al unísonido. Bella sonrío satisfecha y se hincó en el suelo. Bajo al perrito y comenzó a llamarle.
—¡Moffie, Moffie!
El perrito comenzó a correr a todas partes, giro por los pies de Renée y después regreso con Bella. Se subió a su regazo y le dio un lametón en la mandíbula, haciéndola reír.
—Si, Moffie. A él le gusta —se encogió de hombros y acaricio su cabecita.
—¡Es tan grande! —murmuro Ángela cuando entro a la habitación nueva de Bella.
—Lo se, yo estaba igual cuando entre por primera vez —dijo sonriendo, mientras cerraba la puerta tras su amiga.
La habitación era realmente espaciosa. Las paredes estaban pintadas de un color rojo escarlata —Bella no lo podía evitar, pero cuando miraba las paredes recordaba los ojos de aquel extraño (y guapo) hombre—, y el techo era blanco. El suelo estaba cubierto por una alfombra gris. Del lado derecho, pegado a la pared, estaba una cama, cubierto por un edredón azul oscuro. Aun lado estaba una mesita de noche color madera, con una lámpara encima y un libro.
En la pared izquierda estaba un armario grande de madera, y más al sur estaba un mueble con una computadora vieja sobre ella. Aun lado de ese mueble, pegado a la pared sur, estaba un librero, que tenia encima dos portarretratos con fotos. Y una puerta llevaba a su baño privado.
¡Su propio baño!
—Es enorme —volvió a decir Ángela. Y todavía se veía más grande por que estaba completamente vacío de cosas. El armario no tenía ropa, el librero solamente poseía las dos fotos, y la cama un edredón con su almohada a juego—. Tenemos mucho trabajo.
—Lo se, por eso te agradezco demasiado que vengas. No podría acomodar mis cosas yo sola.
—Oh, ni que fueran demasiadas —se encogió de hombros Ángela, y Bella comenzó a reír.
Moffie entro al cuarto y comenzó a seguir a Bella, que andaba de un lado para otro acomodando cosas; los libros, y los CD's en el librero, junto con otras fotografías. Algunos accesorios de la computadora…
—Bells, ¿te molesta si voy abajo y tomo una coca-cola?
—Áng, sabes que estas en tu casa —murmuro Bella, con unos libros en sus manos—. Y si bajas, me traes una a mí también.
—¡Claro! —grito desde las escaleras. Bella suspiro cuando miro su ropa en una caja y después el armario. Esta era tal vez la peor parte de todas: acomodar su ropa. Con otro suspiro de resignación, abrió el armario.
Moffie comenzó a ladrar histéricamente, y ella se quedo en blanco.
—¿Bu? —murmuro la pequeña duendecillo que estaba dentro del armario. Salio y comenzó a sacudir su vestido blanco—. ¡Oh! Esto me dejara una mancha, es el armario mas sucio del mundo.
—¡Que haces aquí! ¡Se supone que eras un sueño! —casi grito cuando volvió en si. Había una niña/joven/duende/lo-que-sea en su habitación. Y salio de su armario.
—Tranquila, tranquila Bella —murmuro, enseñando sus pequeñas manos blancas—. Vamos respira, uno, dos, si muy bien, respira…
Moffie no dejaba de ladrar. Se escucho como giraban la perilla y rápido murmuro
—¡Escóndete! ¡Escóndete en el baño!
La duendecillo le obedeció, y en un parpadear ya no estaba frente a Bella. Moffie comenzó a caminar hacia el baño y a ladrar incontrolablemente. Ángela entro.
—Creo que necesitare un plano de la casa. Es tan grande y… —hizo una pausa cuando la miro y su sonrisa se borro de su cara—. ¿Bella? ¿Te encuentras bien? —pregunto rápidamente. Owh, pensó Bella, que aspecto tendré…
—No Áng, la verdad es que me siento mal, creo que tengo que acostarme… —murmuro. Ángela rápidamente fue a su lado y le ayudo a caminar hacia la cama. Cuando estuvo recostada en ella, su amiga cariñosamente le puso la mano en la frente, después en la mejilla.
—No pareces tener fiebre, pero es tan blanca como la leche —dijo con voz preocupada—, bueno de por si tú ya lo eres…
—Creo que dormiré un rato, de verdad no me siento muy bien —mintió Bella. O medio mintió, por que realmente no se sentía muy bien, pero no iba a dormir.
—Oww Bells, entonces nos vemos mañana en la escuela, cuídate mucho, descansa y mañana seguimos con esto ¿de acuerdo? —Ángela era demasiado gentil. Siempre se preocupaba por los demás, interponiendo su bienestar ante ella. Bella se sintió mal al mentirle a su mejor amiga, pero tenia a un duende metido en el baño.
—Gracias Áng, cuídate mucho —dijo Bella, medio actuando. Áng tomo su mochila y salio precipitadamente de la alcoba, queriéndole dar privacidad a Bella.
En cuando cerro la puerta, Bella se paro en menos de un segundo y casi-corrió hacia el baño. En el que se encontró a esa niña, rascándole la pancita a Moffie.
—¡¿Quién eres y que haces aquí?!
Ahora si, ya se aclararon un montón de cosas mas xD ¿a que si? (;
Bueno, espero que les haya gustado este capitulo. Amo al Edward que puse, por que es un vampiro malo-sexy(l) ¿o ustedes que piensan? n-n
Quiero escuchar (leer) teorías, ¿alguien tiene alguna? Yo se que si (cejas)
Bueno, solamente les pido que dejen un bonito review, para saber que les parece, ¿les gusto? ¿no les gusto? ¿lo detestaron? ¿o les dio igual?
Tomatazos, Edward's, chicles… cualquier cosa al botoncito verde, ¡se los agradecería!
Bites(k,)
+ Analu Cullen,
