Y llegamos al final, como prometí. No quería alargarlo más, asi que adios Amor de las estrellas
III
El elegido para mí
Híbridos.
—He terminado.
Koushiro sacó la cabeza por debajo de la cama flotante mientras ella le sonreía desde la puerta. Una boca perfectamente estirada y cuyos dientes hubieran asustado al más pintado. Sus ojos parpadearon mientras le miraban, con ese brillo que Koushiro había aprendido a interpretar.
Se puso en pie y se limpió las manos en el trapo más cercano mientras ella casi volaba hasta su altura. Una que sobrepasaba considerablemente. No le llegaba más que al pecho y ella siempre tenía que inclinarse para que pudiera besarla. O tomarla del talle era una odisea.
Cualquiera que los viera, besarse o abrazarse pensaría en el declive que era todo aquello. Extraño, incomprensible.
Él continuaba sin entenderlo del todo.
Si echaba la vista atrás se recordaba a sí mismo sentado en la cama de un hotel del amor con un extraterrestre en sus propias narices, sonriendo de par en par en una carcasa que no era ella era misma. Tras la hembra se había abierto un agujero oscuro que enseguida puso a trabajar al curioso que había en él. Pero sin darle tiempo a vestirse si quiera, ella lo empujó dentro y tras un viaje bastante movidito en los que la gravedad jugó una mala pasada con su estómago, llegar al nuevo planeta fue casi como darse un garbeo en barco —exceptuando que tu cabeza de pronto estaba en tus pies o al in revés, cosa que en un barco se agradece que no pase—.
—Este será nuestro hogar.
Había dado un respingo al escucharla hablar, de una forma diferente, el mismo tono de voz que escuchara la noche que había querido suicidarse y por culpa de su intromisión, ella lo evitó.
—¿Qué dices? —había exclamado con la sorpresa y el temor en la garganta—. ¿Y el aire? ¿Y si muero? ¿Y las posibles causas de muerte al salir del planeta? ¿Seguro que no quieres comerme? ¿Queréis comeros mi cerebro por algo?
Ella le había mirado perpleja, mientras su disfraz o coraza humana iba desapareciendo de su piel y dejaba ver sus formas alienígenas. Y tal y como le había dicho, se percató que no era tan diferentes de las humanas.
Cuando se rio fue como una canción melodiosa.
—No voy a comerte. Te he elegido como mi macho para toda la vida. Nadie te hará nada. Oh, pero antes hemos de cumplir ciertos rituales. Además, no vas a morirte. El mismo oxígeno de tu planeta hay en este. Ya te dije que éramos muy compatibles.
Koushiro se percató de que era cierto. El aire que entraba en sus pulmones parecía incluso más limpio que el terrestre y pese a que la flora era puramente geométrica y sin sentido alguno a sus brillos extraños, parecía tan viva y brillante. La tierra era volcánica y el suelo estaba lo suficiente caliente como para que sus pies no se helaran.
Y a su alrededor había más… más Mimis.
Grandes y altos, con rostros semejantes y color de piel inusual. Algunos con cabello, otros tenían cierta barbita apenas visible y los hombres no ocultaban para nada su masculinidad. Koushiro se sintió, para su pesar, muy pequeño en muchas partes de su cuerpo.
—Has regresado.
Ambos se volvieron hacia otra hembra, cuyo vientre estaba sumamente inflamado y, gracias a su piel pálida se podía ver el crecimiento de un feto en su interior. Koushiro se sintió tan maravillado que casi sintió ganas de palparlo, si no fuera por sus alturas lo detuvieron y el macho que se interpuso frente a él, sin obviarlo.
Estiró el cuello para poder verlo y jamás podría olvidar el rostro severo del macho, que parecía haber leído sus intenciones. Tenía una escasa perilla rubia en la barbilla y sus ojos brillaban demasiado azules.
—¿Es el macho que has elegido, Bcijd?
Mimi asintió con orgullo y se lo mostró más a la hembra, la cual inclinó la cabeza para mirarle, de arriba abajo. Frunció el ceño al notar la única prenda que cubría su cuerpo y levantó la mirada, con unos tonos rojizos que le llamaron la atención, hasta Mimi.
—¿Es defectuoso?
—¿Qué? —mascullaron ambos a la vez.
El macho levantó las comisuras de los labios al escuchar su voz y cuando Mimi entró en su campo de visión casi se había sentido aliviado, si no fuera porque tiró de la toalla bruscamente y quedó completamente al aire.
Ambos extraterrestres —aunque en ese momento lo era él—, esbozaron el mismo gesto de sorpresa. El macho se cubrió la boca con una mueca burlesca.
—Ahora está flácido —protestó Mimi mirándole con enfado—. Cuando se hinchan son mejores. Ya lo sabéis.
Fue el turno de la hembra de gruñir y el macho casi pareció satisfecha, porque su miembro se crispó como saludo. Koushiro apartó la mirada.
—En fin, te los presento. El macho es Ymita, que en tu mundo humano se traduciría como…
—Yamato —respondió el macho inclinando la cabeza muy levemente—. Y ella es Kmi, cuyo nombre terrestre sería Sora.
La hembra le había sonreído con calidez aquella vez. Koushiro se presentó lo mejor que pudo, ajeno a que en un futuro fueran a ser uno de sus mejores amigos. La charla hubiera continuado de no ser porque otro macho se acercó a ellos.
Era más fornido y alto y de su cabeza salían castaños cabellos revueltos. Los tres extraterrestres, incluso las hembras, inclinaron la cabeza como saludo.
—Tma —saludó Yamato.
—Eso sería Taichi en tu mundo —susurró Sora guiñándole un ojo—. Es nuestro jefe. Es joven, pero lo heredó. Su hembra es una de nuestros médicos, así que tendrás que verla sí o sí.
Koushiro asintió, maravillado por las marcas en la piel del nuevo macho, quien se detuvo ante él, rodeándole y enarcando una ceja al ver su miembro. Pareciera que eran como animales, juzgándose por el tamaño. Era peor que estar en la escuela y observar entre maravillado y asqueado como se la median en clase.
—¿Es tu espécimen?
¿Por qué diablos todo el mundo le preguntaba lo mismo? Más tarde lo comprendió. La importancia de que una hembra hubiera escogido y lo que ello conllevaba.
—Sí. Su nombre es Koushiro —expresó—. Dmijp en nuestro idioma. Ahora mismo iba a llevarlo a la enfermería e instalarlo.
El macho cabeceó afirmativamente.
—Bienvenido, terrícola.
Y luego se marchó. Simplemente, desapareció. Como si hubiera sido tragado. Los demás no dijeron nada y Mimi se volvió hacia él para guiarlo hacia su nuevo mundo.
Pasó diferentes sistemas de revisión de los que prefería no acordarse y cuando finalmente se cansaron de esperar que su cuerpo reaccionara con ellos —porque al parecer eso era un halago para Mimi—, lo dejaron salir.
El edificio le había impresionado y era demasiado neutro, limpio y acogedor. Tanta blancura siempre le había dado pánico y sin embargo, se sentía cómodo. Ninguna hembra le había mirado de más una vez se acostumbraron a la noticia y los machos decidieron dejar de medir su interés hacia él a base de su sexo.
Aunque se habían molestado con él cuando demando algo para cubrirse por pudor, pues las telas únicas que permitían eran las de las camas y para usos especiales —claramente de reproducción— o noches frías.
Mimi lo había llevado a su propio hogar y no tenía mucha diferencia de lo que sería un apartamento cualquiera del mundo humano, quitando con que las camas flotaban y que había mucha tecnología avanzada a la que estaba ansioso por hincarle el diente.
Ella lo dejó pastar a sus anchas y le explicó las cosas que necesitaba saber de su mundo, su futuro y especialmente, del porvenir.
Dos días después se habían casado casi sin que lo esperase. En realidad, era una unión especial y poco tenía que ver con el matrimonio humano. Pues la lealtad era lo que más apreciaban esos seres y cuando él prometió serle fiel a Mimi por el restos de sus días, los machos gritaron y cantaron canticos que casi le rompieron los tímpanos y las hembras lloraron tanto que casi inundaron el planeta. Mimi había estado entre ellas hasta que decidió llevárselo consigo.
—Ahora tendremos sexo —explicó.
Koushiro había mirado a su alrededor con espanto y ella se echó a reír.
—Has de olvidar que estás en la tierra. Aquí no nos escondemos de nada. El sexo es algo natural. He de reproducirme al igual que las demás hembras. Quiero tener a tu bebé, porque eres el macho que escogí.
—Pero eres… más grande que yo y… —balbuceó sin sentido.
Ella lo medito.
—La verdad es que los machos que vi en las revistas median lo mismo casi que nuestros adolescentes, así que pensé que estarían bien. Pero es verdad que tú no llegas a la altura base.
Koushiro apretó los labios, ofendido. Muchas veces había recibido burlas a causa de su estatura de chica en vez de varón. No podía pedirle más al cuerpo. Sus huesos no se habían estirado más. No podía ser un jugador de basket como eran los de ese planeta o del suyo propio, si lo pensaba.
Mimi no pareció percatarse, porque continuó con su perorata imparable, hasta que se detuvo, le soltó de las manos y corrió hasta el macho llamado Taichi. Este y ella intercambiaron algún tipo de conversación que provocó que él le entregara algo y ella regresó hacia él con esa sonrisa suya iluminándole el rostro.
—Ya tengo la solución —expresó mostrando el objeto en cuestión que se pegó a su muñeca.
—¿Un transformador de células? —cuestionó sorprendido—. Pero eso hará que…
—Que vuelva a tener forma humana —respondió emocionada a la par que apretaba el botón—. Así, no tendrás problema alguno. ¿Verdad?
En realidad, él era muy reservado y nunca hubiera pensado tener relaciones delante de nadie. Mucho menos hubiera pensado que un día estaría viviendo en un planeta de extraterrestres, casándose con uno y estar dispuesto a tener relaciones sexuales con él.
Pero cuando vio a Mimi desnuda en forma humana, su cuerpo reaccionó de sobremanera y aunque muchos machos a su alrededor empezaron a aplaudir, él supo que no tenía motivos para echarles cuenta cuando su hembra, estaba delante de él y totalmente dispuesta.
El paso del tiempo ayudó a que Mimi tuviera que necesitar menos su coraza y que aprendiera a besarla sin que los dientes le hirieran —cosa que pasó más veces de las que deseaba y partes muy sensibles— o que Mimi podía dormir sin cerrar los ojos.
Incluso ahora, tenía que ver cómo su hijo iba creciendo en el vientre de su esposa de una forma puramente interesante como intrigante. Por eso, se enfocó en estudiar todo cuanto podía de ellos y sus costumbres.
Hasta el punto que terminó siendo uno de los muchos investigadores que tuvieran que ver con el planeta tierra y profesor terrestre.
Volvió al presente para acariciar el vientre de su esposa y luego la miró.
—Está sano y rosado, como ha de ser.
—Tendrá tu piel —indicó ella muy segura de ello—. Pero será especial. Por cierto —recordó—. Hoy es el día.
Koushiro asintió y caminó con ella hacia la salida, atravesó los pasillos impolutos y se reunió con el resto en la plaza central, donde Taichi se removía inseguro de un lado a otro, mientras su hembra y su hermana sacudían la cabeza y sonreían.
Koushiro avanzó hasta estar frente a la segunda hembra.
—Jimkai —saludó con cortesía—. ¿Me dejas darle un último vistazo a tu brazalete?
Ella se agachó para mostrárselo, encantada.
El holograma mostraba su coraza, de una chica dulce y encantadora, con cabellos cortos castaños y ojos por igual. Ningún fallo.
—Quiero encontrar un macho encantador como tú, si me permite Mimi decirlo —expresó.
Mimi gruñó a su espalda, pero no objetó.
—Espero que lo encuentres. Te he dado una buena lista de ellos —explicó—. Los he estudiado al dedillo. Pero lamentablemente, es tu corazón y el del macho el que han de decidir.
Jimkai, quien sería Hikari Yagami en su mundo, le sonrió y se incorporó para saludar al resto de sus familiares y desaparecer bajo el agujero oscuro que Koushiro disfrutó apodando agujero transportador que marea.
Más tarde, se encargarían de recibir un mensaje de ella y seguir sus pasos mientras iba en busca de un buen chico que la hiciera feliz. Solo esperaba que fuera tan curioso como él. Que viera la vida de otro modo después y que comprendiera la importancia que había tenido que Mimi apareciera aquel día en su casa, salvándole la vida.
Había sido un genio con depresión.
Ahora era un genio con amor.
Aunque el amor llegara de las estrellas.
Fin
24 de septiembre del 2017
Gracias por leer, por su paciencia y por acompañarme hasta el final.
Notas de autora:
Sé que parece rápido, pero conté todo lo que quería. Y encima, metí un Sorato que me encantó y Koumi que me divirtió mucho pese a su gran OOC. Lo siento por ello.
Todo es inventado y cualquier posibilidad de coincidencia es pura casualidad.
Muchas gracias por leer, en serio =). MI primer Koumi larguito, terminado :D
