Bueno, aquí estoy con otro capítulo de esta historia que en realidad se iba a limitar a uno, pero que cada vez más va teniendo vida propia. Cosas que pasan. Después de más de seis meses sin actualizarlo, se me ocurrió que podía continuar así. Espero que os guste y por favor, dejar algún comentario! ;)
Capítulo 3
Con sus tazas de café caliente en la mano, Laura guió a Bill por la pequeña escuela enseñándole cómo se habían apañado para adaptar una tienda hospital para sus necesidades. El equipamiento militar estándar no contemplaba una tienda dedicada a la enseñanza, pero sí para los heridos en combate. Otro problema había sido encontrar el material y los libros para sus alumnos. Laura le explicó, con disgusto, cómo Baltar se había desentendido totalmente del tema alegando que tenía asuntos más importantes a los que atender. Todos sabían que esos asuntos tan importantes eran la selección de sus "secretarias personales". Además, Baltar no tenía ningún interés en facilitarle las cosas a su predecesora. Ante esto, Laura había reclutado a un grupo de personas para conseguir lo necesario y darle por la cara al engreído del Presidente. No iba a descuidar la educación de nadie por el capricho de una persona.
Le enseñó el mural que estaban haciendo sus alumnos en una de las paredes de la tienda, explicándole uno a uno de quién era y lo que había dibujado. Bill se dio cuenta del orgullo que sentía por cada uno de ellos y de la pasión que ponía cuando hablaba de su trabajo como maestra. No le extrañaba nada. Solía poner toda su energía en todo lo que hacía. Su presidencia había sido así. Apenas había conocido a Laura antes de los ataques, no sabía si ella había sido siempre así o había cambiado después de la destrucción de sus mundos. De hecho, todos habían cambiado, una experiencia como esa era imposible que no dejara huella. Evidentemente, había un antes y un después. Antes tenían un hogar y ahora luchaban por sobrevivir. Todo era radicalmente diferente. Eso le hizo pensar en los preparativos para la retirada de Galáctica, en la visita de la entonces Secretaria de Educación a la nave y en cómo discutieron sobre la red informática que debía ser conectada. Bill no pudo evitar sonreír ligeramente y tomó un sorbo de su café. Laura lo miró levantando un poco las cejas, en un gesto inequívocamente de confusión. Bill sonrió un poco más.
- Estaba pensando en el día en que nos conocimos, en cómo discutimos por la conexión a la red de Galáctica.
Laura no pudo evitar reírse.
- Discutimos ese día y no paramos en un año y medio.
- Incluso te metí en una celda ¿Recuerdas?
- Sí, es algo que no olvidaré nunca - dijo seria de repente.
Bill la miró sorprendido. ¿Le guardaba rencor por aquello? Sus ojos decían todo lo contrario y se dio cuenta, con alivio, de que le estaba tomando el pelo.
- Pero luego todo cambió - continuó Laura sonriendo de nuevo.
- Sí.
- ¿Por qué? ¿Qué pasó? - había genuina curiosidad en sus preguntas.
- Kobol - respondió Bill, encogiéndose de hombros.
Laura lo miró, esperando una respuesta más elaborada, pero él simplemente le dio un sorbo a su café sin añadir nada más y miró al suelo. Bill sintió cómo lo miraba y supo al momento que Laura no se iba a conformar con una palabra, que necesitaba una explicación. Suspiró.
- En Kobol entendí que juntos era la única manera de salir adelante. Me di cuenta de que podía confiar en ti, plenamente, sin fisuras. Tú le diste significado a la búsqueda de la Tierra. Hasta entonces solo era una palabra vacía, un sueño disparatado que había usado para mi propio beneficio. Una mentira piadosa para que la flota me siguiera. Estaba amargado, lleno de rabia, muerto por dentro. Dejé de lado a las personas, me convertí en una máquina. Cada día era idéntico al anterior, una lucha sin propósito, desesperada, deseando que llegara rápidamente el fin que acabara con todo ese sufrimiento. Te hice la vida imposible. Pero en Kobol me demostraste que podíamos encontrar algo mejor, que podíamos ser mejores, que los sueños se podían alcanzar. Sin ti no hubiera podido seguir adelante. Tú me diste esperanza, me diste fe... me devolviste a la vida, Laura.
Laura alargó su mano y la puso en su brazo. Bill levantó la vista y vio sus ojos humedecidos por la emoción que le habían provocado sus palabras. Sin dudarlo, cubrió la mano que ella había colocado en su brazo con la suya. Laura sonrió, sin dejar de mirarlo a los ojos, pero en seguida cambió de expresión y empezó a hablar con voz queda.
- Cuando llegué a Kobol, estaba ciega. Solo pensaba en mí, la elegida por los dioses. No me importaba nada ni nadie, ni siquiera que Billy me hubiera abandonado. Solo me importaba "mi misión", por mucho que dijera lo contrario. Yo también te hice la vida imposible, Bill. Convencí a Starbuck de que te traicionara, dividí la flota, puse la supervivencia de nuestra gente en peligro por mi estúpido egoísmo. Solo cuando vi morir a Elosha, cuando vi que nos atacaban los cylon y que casi no lo conseguíamos, me di cuenta de que algo no iba bien. Entonces, apareciste tú y supe que tenía que cambiar, que no podía seguir sola el camino, que tenía que contar con la gente, que no solo se trataba de mí. Tú con tu perdón, el que no te pedí y sin embargo me diste, fue lo que me hizo reaccionar. Desde ese momento supe que la gente era lo importante y no yo. Tú me hiciste darme cuenta de eso ese día. Me dijiste que gracias a mí, desde los ataques, cada día era un regalo. Lo que no te he dicho nunca es que gracias a ti, a partir de entonces, cada día es un regalo por que ninguno hubiéramos salido vivos de Kobol si tú no nos hubieras ido a buscar. Si tú no hubieras decidido unir la flota, nadie seguiría vivo. Tú me señalaste el camino. Tú me abriste los ojos. Tú fuiste el que me dio la vida a mí, Bill.
Bill la miró emocionado también, no podía apartar la vista de ella, la claridad de sus ojos verdes lo tenían hipnotizado. No tenía ni idea de que para Laura, Kobol había sido algo tan importante como para él. De forma inconsciente había empezado a acariciar sus nudillos con el pulgar y ahora se daba cuenta de lo cerca que estaban el uno del otro. A él no le importaba y parecía que a ella tampoco.
En ese momento, oyeron unos pasos justo en la entrada de la tienda y a alguien corriendo las cortinas de entrada. Bill soltó la mano de Laura rápidamente, mientras los dos daban un paso atrás y miraban el contenido de sus tazas con mucha atención. Sorbiendo el café disimuladamente, a Laura casi se le paró el corazón cuando vio como Maya entraba en la tienda con Hera en los brazos y rezó a todos los dioses de Kobol para que Bill no la reconociera. Se arriesgó a mirarlo para ver su reacción, pero nada le dio a entender que se hubiera fijado especialmente en la niña.
- Buenos días, Sra. Roslin - dijo sonriendo.
- Es Laura, Maya ¿Cuántas veces te lo tendré que decir? Ya no soy presidenta, ahora solo soy la maestra, no hace falta tanta formalidad - dijo Laura sonriendo pero con un punto de exasperación en su voz. - ¿Ves lo que te espera cuando te retires, Bill?
Adama negó divertido con la cabeza. Maya lo miró horrorizada.
- ¡Almirante! Perdone... no le había reconocido... ¿Cómo está? - dijo titubeando, impresionada por tener al almirante de la flota en persona, delante de ella.
- Bien, gracias - respondió un poco incómodo al ver el nerviosismo de Maya. No acababa de entender esa mezcla de temor, respeto y admiración con el que solía tratarle la gente del asentamiento.
- Si no les importa... voy a dejar a la niña en su cuna. Si me disculpan... - dijo Maya rápidamente, marchándose hacia la otra punta de la tienda.
Bill suspiró.
- Parece que la he asustado.
Laura lo miró resignada.
- Es complicado. Eres el gran Bill Adama, Almirante de la Flota, Comandante de Galáctica, el Salvador de la raza humana. - Bill la miró incrédulo.
- ¡Eso es ridículo! - protestó.
- Y yo soy Laura Roslin, la todopoderosa ex-Presidenta de las Doce Colonias. Muchos de los que me votaron me siguen viendo como su presidenta y su líder, y mis peleas con la administración de Baltar para mejorar la escuela no hacen sino reafirmar su idea. No hay día que se pase por aquí un periodista para preguntarme qué me parece la última decisión de nuestro amado presidente. - Bill frunció el ceño, no se le escapó el tono irónico de Laura. - Me han pedido más de una vez que me una al Quorum de los 12. Sigo siendo una figura pública. Me tratan con respeto y, algunos, incluso con reverencia. Cuando te tienen en un pedestal no es fácil hablar con la gente. Es difícil superar eso - dijo casi en un susurro. Bill se dio cuenta de que Laura tenía los nudillos blancos de lo fuerte que estaba agarrando su taza. - Cuesta que la gente te vea como Laura, una simple maestra de escuela, y no como la ex-Presidenta Roslin, líder, elegida de los dioses y no sé cuántas cosas más. Maya trabaja conmigo cada día y ya ves...
Bill no pudo dejar de oír el dolor en sus palabras. Todo ese tiempo que llevaba en el asentamiento había sido una lucha constante para ella. La presidencia no le había hecho ganar amigos y los pocos que tenía los había perdido. Había llegado sola y seguía sola, a pesar de que Tory y algunos más de sus ayudantes se habían trasladado también al planeta y trabajaban con ella. Eran más bien sus colaboradores y gente que la ayudaban en su trabajo diario en la escuela. Eran leales y le tenían aprecio, pero no eran sus amigos. No como él. Durante su presidencia, y sobre todo durante su última parte, sus llamadas habían sido constantes, sus conversaciones largas siempre que reuniones o imprevistos lo habían permitido. No solían acostarse sin llamarse y comentar los acontecimientos del día o simplemente contarse las últimas novedades sobre la flota, siempre con una sonrisa o un comentario divertido antes de despedirse. Habían perdido ese contacto permanente, esa amistad o algo más, y notaba que ella lo echaba de menos tanto como él. Bill sintió la urgente necesidad de abrazarla y susurrarle al oído que él siempre estaría a su lado, sin importar lo que pasara. En seguida, se dio cuenta de que las cosas no iban cómo él había planeado. Solo quería bajar al planeta para saludarla y ver que estaba bien, para poder dejar de preocuparse por ella cuando estaba en Galáctica. Sin embargo, veía que sus condiciones allí eran duras y que a pesar de que se dejaba el alma por su escuela y sus alumnos, estaba sola, sin nadie que nadie la apoyara realmente. No tenía a nadie con quién hablar al final del día, un hombro en el que llorar si las cosas iban mal o una roca a la que agarrarse cuando necesitaba un apoyo. Su visita solo había añadido más tristeza a su propia soledad. En cuanto volviera a su nave iba a ser todo más difícil. En aquel momento, se prometió a sí mismo que intentaría venir a verla siempre que pudiera o al menos hacerle llegar algún mensaje. No iba a permitir que las cosas continuaran igual.
Bill consultó su reloj y vio que el tiempo había pasado más rápido de lo que pensaba. Apuró su café y dejó la taza encima de la mesa más próxima. Tenía que marcharse, aunque no quería dejarla, allí, sola. Laura interpretó en seguida sus gestos y lo miró triste.
- ¿Tienes que irte, verdad? - dijo con un hilo de voz.
Bill no dijo nada, solo la miró y dando un paso hacia adelante la abrazó fuertemente. Esta vez fue Laura la sorprendida por su reacción, pero en cuanto se recuperó lo abrazó con la misma intensidad, cerrando los ojos. Tan perdida estaba en él que casi no escuchó como susurraba su nombre en su oído. Bill se separó lo suficiente de ella como para besarla tiernamente en la sien antes de soltarla. Sin mirarla en ningún momento, se acercó rápidamente a la puerta de la tienda, apartó la cortina y salió.
