"INFIDELIDAD"
Satsuki Idaka
CCS pertenece a CLAMP. Historia escrita sin fines de lucro.
Resumen: Nos encontramos. Tú saciabas las necesidades que tenía, yo las tuyas. Nos complementamos. Ni la soledad ni los miedos de mi pasado existían entre tus brazos, pero sí la tristeza. Y es que, no es fácil ser tu amante, Shaoran
Capítulo III
"Uniendo"
Miércoles 4 de Noviembre, 4:26pm. Edificio de la revista 'Open'.
Sakura estaba sumamente contenta. Aquellos últimas cinco semanas y tres días, habían sido excelentes. Tenía trabajo, un gran sueldo, tranquilidad y un nuevo novio. "Kojishi", pensó Sakura con una pequeña sonrisa en sus labios. Aquel chico, en sus treinta y nueve días de noviazgo le había mostrado un cariño gigante, inmenso. Estaba feliz con él. Es más, aquel día la pasaría a buscar al trabajo para darle una sorpresa. Aunque Sakura intentó eludirlo para intentar sacarle información, no lo consiguió. Se preocupaba mucho por ella, y eso le agradaba. Aunque, aún no sabía si lo que sentía por Kojishi era amor, pero no quería cuestionarse más.
Además, desde aquel domingo 27 de Septiembre, no había sabido nada ni de Tomoyo ni de Eriol. Lo cual la hacía sentir tranquila y en paz, sin tristeza en su interior. Bueno, tal vez la que siempre cargaba: sus recuerdos, pero era algo con que había aprendido a convivir.
En ese momento se encontraba terminando su ya sexta columna. Estaba tan emocionada, había echo lo mejor posible, además, le gustaba el tema: La mujer y la sociedad. Le agradaba. Había decidido que esta sexta edición sería algo un tanto fuerte: "El maltrato de la mujer". Se trataba sobre el maltrato intra familiar, en el trabajo y, pues, en especial, tomaba un énfasis en la violación.
Por fin, había terminado su pequeño reportaje. Imprimió una copia y, luego, se dirigió a la oficina de su jefe. De seguro este se sorprendería cuando la viera llegar con el artículo, pensó. Tocó la puerta tres veces y espero a que se le diera alguna señal para poder entrar. Nada. Tocó nuevamente. Esta vez si recibió un "Adelante" por parte de Shaoran. Al escucharlo, abrió la puerta. Vio a su jefe mirando por la ventana que daba hacia las afueras del edificio, sumido en sus pensamientos. Se sorprendió un poco. Llevaba trabajando casi cinco semanas con él teniendo que compartir varios momentos, y podía notar cómo era que Shaoran era un hombre sumamente frío y calculador, nunca imaginó poder verlo en esa actitud.
- "Eh... Shaoran" – lo llamó.
El aludido no mostró alguna señal de atención. Sakura esta vez sí que se sorprendió. ¿Su jefe tan sumido en sus pensamientos? Bueno, las apariencias engañan, cómo dicen.
- "¡Shaoran!" – subió su tono de voz para que el aludido lo escuchara, pero aún así no consiguió alguna respuesta.
Ya, eso era sumamente extraño. Nunca esperó que su jefe estuviese tan pensativo como para no escucharla. Estaba extremadamente sorprendida. Pero bueno, no estaba hay para ver a su jefe mirando por la ventana, tenía que hacer su trabajo. Se acercó a él, quedando a unos pocos centímetros de distancia. Él no había notado su presencia, continuaba mirando por la ventana. ¿Qué estará pensando para estar tan despistado, pensó Sakura.
- "Shaoran" – lo llamó por tercera vez, mientras colocaba su mano sobre el hombro del hombre.
El aludido se sobresaltó. Giró rápidamente para ver quién era la persona que lo había interrumpido, quedándose de frente con los ojos verdes de Sakura. Se quedaron mirando unos momentos directamente a los ojos. Sakura podía notar un poco de preocupación y, tal ves, tristeza en los ojos de su jefe. Mientras que él, tan solo la miraba atónito.
Nuevamente dijo el nombre de su jefe, en un tono un tanto preocupado. Con aquel llamado, sacó al aludido de sus pensamientos.
Shaoran cerró sus ojos mientras se tocaba la cabeza, esperando poder sacar los pensamientos de su mente. Miró nuevamente los ojos de Sakura y parpadeó incrédulo. Mas, segundos después se alejó de la chica y se dirijo a su escritorio, aturdido.
Lo llamó nuevamente, sorprendida. Ya ni sabía cuantas veces lo había llamado.
Se acercó a su jefe. Estaba frente a él, el escritorio los separaba. Shaoran estaba apoyado sobre el mueble, cabizbajo. Sakura se preocupó bastante al verlo así. ¿Qué le pasaría?.
- "Shaoran, ¿estas bien?" – le preguntó mientras colocaba nuevamente su mano sobre su hombro, e intentaba verlo al rostro.
- "No, no, ¡no!" – gritó furioso entre tanto golpeaba el escritorio con toda sus fuerzas.
Sakura se sorprendió. Nunca había imaginado ver a su jefe de tal manera, salido de quicio tan fácilmente, tan amargado, tan descontrolado, enfadado, dolido. ¿Este era el mismo Shaoran Li que conocía?. Ya no estaba segura.
- "¿Shaoran?" – preguntó angustiada.
¿Qué le pasaba a su jefe? ¿Porqué estaba así? Podía notar la amargura en el hombre, pero en especial la rabia, el dolor. ¿Qué le sucedía? Nunca imaginó ver a Shaoran en esas condiciones. Estaba muy preocupada.
- "¿¡Porqué? ¿¡Porqué tenía que pasar? ¿¡Porqué a nosotros? ¿¡Porqué? ¡No es justo! ¡No lo es! ¿¡Porqué tenía que pasar?" – gritaba lleno de dolor, mientras golpeaba el gran escritorio.
En ese momento, Sakura notó la gran rabia que su jefe sentía. Había perdido el quicio notablemente. Él no era así, él, a pesar de todo, podía mantener la calma y mostrarse serio. De seguro, algo muy grave le había sucedido para que se encontrara de aquella forma. Al pensar eso, Sakura se angustió y preocupó por él. ¿Qué habría podido suceder?.
- "¿¡Porqué? ¿¡Porqué? ¿¡Porqué tenía que pasar? ¡No es justo! ¡No lo es!" – gritaba con su ceño fruncido por tanto enfado, aún golpeando la mesa.
- "Shaoran, tranquilízate. Tranquilo, por favor" – decía Sakura, para intentar calmarlo.
No consiguió nada. Su jefe seguía con aquella angustia, con aquella rabia. Continuaba golpeando el escritorio. Ella no sabía que hacer. Rodeó el escritorio y se acercó a él, tomando sus manos para evitar que siguiera con aquella furia. Él estaba desesperado. Ella intentó abrazarlo para que se tranquilizara. Estuvieron así un largo tiempo, mientras él mandaba maldiciones a todo y a todos. Lo logró. Shaoran recobró la calma, pero estaba tan cansado, tan desesperado, que lo único que pudo hacer fue sentar se en su silla, y murmurar maldiciones. Estaba destruido, Sakura podía percatarse de ello. Se sentó frente a él y preguntó:
- "Shaoran, ¿qué te sucede? ¿Porqué estas así?" – se notaba preocupada.
Shaoran la miró. No sabía si mencionarle lo sucedido, pero, cuanta era la necesidad de desahogarse en esos momentos, cómo era que necesitaba ser escuchado por alguien, sacar toda esa tristeza y rabia de sus adentros. Ni siquiera con su propia esposa había podido hacerlo, siendo que desde aquella noche comenzaron a tratarse mejor. Necesitaba ser escuchado por alguien, que lo apoyaran, saber que no estaba solo.
- "¿Shaoran?" – lo llamó nuevamente – "Shaoran, ¿porqué estas así? ¿Qué te sucede? Vamos, puedes confiar en mí" – le dijo mientras le tomaba la mano.
- "Gracias, Sakura" – respondió Shaoran, por fin – "Pero, necesito que guardes el secreto, no quiero que alguien más se entere. Es algo muy personal"
- "Esta bien"
Shaoran se levantó y nuevamente observada desde su ventana las afueras del edificio, totalmente pensativo. No sabía muy bien porqué iba a comenzar a contarle aquello a ella, tal vez por que estaba ahí, a su lado justo cuando más necesitaba ser escuchado. Shaoran comenzó a recordar lo sucedido el día anterior, mientras le contaba con todos los detalles sus recuerdos a Sakura:
"Flash Back"
Martes 3 de Noviembre, 3:21pm.
Él, Shaoran, se encontraba en su oficina leyendo los reportajes que sus trabajadores le habían entregado. Estaba más tranquilo que días anteriores, ya que desde esa conversación con su esposa el día 28 de septiembre, la convivencia entre ambos había mejorado, y cada día mejorada un poco más. Sonó el teléfono, haciendo que dejara su lectura y tuviera que contestar.
- "Aquí Shaoran Li, ¿quién habla?" – preguntó con su característica seriedad.
- "Señor Li, le hablamos desde el hospital. Su mujer tuvo un accidente" – dijeron del otro lado del teléfono.
- "¿Qué?" – no podía creer lo que estaba oyendo.
Colgó el teléfono, tomó sus cosas, salió de la oficina, bajó las escaleras y se subió a su auto. No supo cómo, pero en menos de diez minutos ya se encontraba en el hospital. Fue a la sala de emergencias y se acercó a la recepcionista.
- "Mi esposa, ¿qué le pasó a mi esposa?" – le preguntaba a la mujer desesperado.
- "¿El nombre de su esposa?" – preguntó la recepcionista, claramente acostumbrada a aquella desesperación en la gente.
- "Meiling Li" – respondió él, histérico, antes de que la recepcionista comenzara a teclear en el computador.
- "Su esposa tuvo un accidente automovilístico, señor".
- "¿Qué? ¿Accidente automovilístico?" – seguía sin poder creer lo que escuchaba.
- "Así es. Si quiere saber el diagnóstico de su esposa tendrá que esperar al médico que la atiende. Tome asiento si lo desea" – le explicó la mujer.
Shaoran le hizo caso. Se sentó en una de las sillas, y esperó. Estaba bastante preocupado. No solo por la vida de su mujer, sino que también por la del hijo que traía en el vientre. ¿Irían estar bien los dos? Esperaba que sí. Se quedó en aquella sala esperando al médico, por lo menos sus 30 minutos, hasta que este apareció y se colocó frente a él.
- "¿Señor Li?" – preguntó el médico.
- "Sí" – contestó – "¿Cómo está mi esposa, doctor?"
- "Su esposa esta bien, señor. Tiene algunas heridas leves, pero se recuperará".
- "¿Y el niño? Por favor dígame que esta bien" – rogó Shaoran.
El médico suspiró y se sentó junto a él. Shaoran ya temía lo peor.
- "Lo siento, señor Li. El niño no sobrevivió" – contestó el doctor.
Por tercera vez en el día, Shaoran no podía creer lo que escuchaba. ¿No sobrevivió? ¿Aquel niño ya no estaba en su mundo? ¿Había muerto? Pero, ¡ni siquiera había nacido! ¿¡Cómo podía ser posible, pensaba incrédulo.
- "Lamentablemente, su esposa recibió un golpe bastante fuerte en el vientre. Un golpe mortal para un no nato" – explicó el doctor.
Shaoran sintió un rabia, un dolor inmenso. ¡Había perdido a su hijo! ¿¡Cómo era posible? No quería creerlo, no podía. ¿Porqué, se preguntaba. ¿Porqué tenía que pasar? No aguantaba con la furia que sentía, y de un momento a otro, comenzó a llorar. Ni él podía creer que hubiesen lágrimas en sus mejillas. Sus manos las volvió un puño y con ellos comenzó a golpear sus rodillas. No podía creer lo que estaba sucediendo.
- "Lo siento, señor Li. Hicimos todo lo que pudimos" – dijo el doctor, mientras se levantaba del asiento para volver a su trabajo.
- "No, no lo hicieron. De ser así mi hijo estaría vivo. No muerto" – susurró Shaoran. Luego, en un movimiento rápido, tomó al doctor de su bata blanca y lo levantó del suelo – "¡Fue su culpa! ¡Por su culpa mi hijo ya no sigue vivo! ¡Usted lo mato! ¡Lo mato por su incompetencia, por no querer hacer nada por él! ¡Usted fue! ¡Es un asesino!" - gritó furioso.
- "Señor Li, suélteme" – pidió el médico.
- "¡No! ¡Usted mato a mi hijo! ¡Si en verdad hubiese hecho todo lo que estaba a su alcance, el estaría vivo! ¡Usted lo mato!".
En ese momento, unos guardias se acercaron a ellos. Al ver lo que sucedía, separaron al médico y a Shaoran, sosteniendo a este último. El castaño intentaba soltarse, pero no podía, los guardias eran más fuertes que él.
- "Para que sepa, señor Li, su hijo llegó a la clínica ya muerto. Intentamos revivirlo, pero fue imposible. No me culpe a mí, no me diga asesino, ya que de mí podría depender su vida y la de su familia. Mi trabajo no es matar, mi trabajo es mantener a la gente con vida" – aseguró el médico. Luego, se alejó para continuar con su trabajo.
Luego de que el doctor se fuese, los guardias soltaron a Shaoran. Este se sentó nuevamente, apoyó su cabeza sobre sus manos que a la vez que estos estaban apoyados en sus rodillas, y respiró hondo.
No sabía que hacer, aún no podía creer lo que estaba pasando... Había perdido a uno de sus hijos. ¿Cómo podía ser? ¿Era aquella la realidad o era una pesadilla?. Cómo le gustaría saber que era la última de esas dos opciones. Pero, al fin y al cabo, sabía que no era cierto, que aquel momento era totalmente real, que había perdido a su hijo y que no había nada que él pudiese hacer para cambiar esa situación. No podía creer el dolor que sentía, lo inútil también. ¿Porqué no lo evitó? ¿Porqué?... Pero, en realidad, ¿cómo habría podido? No sabía que Meiling saldría en auto. Aún así, no podía evitar sentirse de aquella forma. ¿Porqué no pudo hacer nada? ¿Porqué? ¡Su hijo murió! ¡Murió!... Su tercer hijo ya no se encontraba junto a él.
Esperó un par de horas a que diesen de alta a su esposa, aún con aquel cargo de conciencia en su alma, al igual que el dolor, la furia, la desesperación, la inutilidad. Pero, en especial, un mal presentimiento. No sabía el porqué de esa sensación, pero sabía que con la muerte de aquel niño, las cosas cambiarían, y mucho, tal vez.
6:38pm.
Una enfermera se acercó a Shaoran. Lo llamó varias veces, pero él no contestó. La enfermera tocó su hombro entra tanto lo llamaba, para así llamar su atención.
- "¿Señor Li?" – lo llamó nuevamente.
- "Sí" – contestó él, mirando a la enfermera.
- "Puede entrar a ver a su esposa, si lo desea"
- "Seguro, la iré a ver" – respondió serio.
La enfermera guió a Shaoran por los pasillos del hospital, para que pudiesen llegar a la habitación de Meiling. El castaño, en toda la caminata, parecía 'ido', cómo si su alma ya no estuviera en la tierra, cómo si solo fuese un cuerpo caminando mecánicamente. Él, en sus pensamientos, seguía preguntándose quién era el culpable de aquella desgracia, el porqué de esa pérdida, claro que sin dejar de sentir inutilidad, tristeza y rabia en su interior. Llegaron a la habitación de su esposa y la enfermera se marchó. Shaoran sintió un poco de arrepentimiento al ver la puerta frente a si. No quería verla. Nuevamente los porqué, los cómo, los quiénes volvieron a su mente, el cual ya era un caos... Mas, recapacitó, tal vez su esposa tenía la respuesta a todas esas preguntas. Entró a la habitación. Al hacerlo, vio en ella una escena totalmente mediocre y triste: Su esposa acostada en la cama, mirando hacía la ventana con sus ojos hinchados de tanto llanto, con su nariz con un tono rojizo y con marcas en sus mejillas a causa de las lágrimas.
- "Meiling" – la llamó.
La aludida lo miró. Fácilmente uno se podía dar cuenta lo mucho que llevaba llorando.
- "Shaoran" – dijo ella con una pequeña sonrisa. ¿Cómo lo hizo? No sabía, tal vez era la presencia de su esposo la que la hacía sonreír.
- "¿Porqué saliste, Meiling? ¿Porqué tuviste que salir de la casa?" – preguntó el sumamente serio y frío.
- "¿Qué?" – no podía creer lo que estaba escuchando. Ella que esperaba palabras de consuelo y de cariño tan solo había recibido una mirada fría y esas palabras que la hacían sentirse aún más culpable.
- "Lo que escuchaste... ¡Respóndeme, Meiling! ¿¡Porqué tuviste que salir?" – gritó Shaoran, aún más furioso.
- "Yo... Yo salí porqué... Porqué tus hermanas me habían pedido que saliera con ellas, de compras" – explicó, cabizbaja.
- "¿¡No te das cuenta que fue aquel viaje el causante de que nuestro hijo ya no este aquí con nosotros?" – continuaba gritando sin piedad – "¿¡Cómo pudiste ser tan descuidada? ¿¡Cómo no pensaste en el niño?"
Meiling rompió a llorar desconsoladamente, totalmente dolida. No podía creer la actitud de su marido. ¿Cómo era capaz de ser así? ¿Acaso no podía ver cómo ella se sentía en esos momentos?.
- "¡Por supuesto que sí! ¡Por supuesto que sé que por un descuido mío en el auto he matado a nuestro hijo! ¿¡Eso era lo que querías escuchar? ¿¡Mi culpabilidad? ¿¡Eso era lo que deseabas, no?" – gritaba con la misma furia, y tal vez aún más con la que Shaoran la había tratado, la diferencia era que ella estaba empapada en lágrimas – "Eso era lo que querías... Pues aquí lo tienes, ¿¡estás satisfecho ahora? ¡Sí, soy culpable de la muerte de nuestro hijo! ¡Lo soy!... ¿Contento?"
Shaoran no supo que responder, se quedó callado. No creía lo que su mujer le decía, ella no era así. Aunque, tal vez sí, tal vez él sí quería escuchar aquellas palabras que la culpaban a ella por ese suceso. Por esa obsesión que él tenía por encontrar al menos al culpable de esa muerte o por lo menos un porqué, había herido a su mujer en lo más profundo. Las lágrimas que Meiling lloraban le decían que ella estaba sufriendo cómo él, tal vez, hasta más que él. Se sentía horrible y arrepentido por haber dicho esas palabras, al fin y al cabo era su esposa, ¿no, aún después de todo lo sucedido.
Había un silencio entre ellos dos. Tan solo se escuchaban los sollozos de la morena, quién aún no podía parar de llorar. Fue Shaoran quién rompió el hielo:
- "¿Cuándo te dan de alta?"
- "Mañana, tal vez" – respondió ella entre tanto se secaba las lágrimas.
- "Pues, te vendré a buscar mañana... Me voy, adiós" – dijo.
Y, antes de que Meiling pudiese decir algo, Shaoran ya había salido de la alcoba. Pocos minutos después, salía del hospital, entraba a su auto y se dirigía su hogar. En ese momento tan solo tenía una cosa segura: Desde ese día su matrimonio nunca volvería a ser lo mismo de antes... Recordó a sus hijos, de seguro ellos preguntarían por su madre y que había pasado. Tendría que decirles la verdad, odiaba mentirles a sus hijos. Tendría que decirles que su madre había tenido un accidente y que por eso su hermanito había muerto. O, la otra opción, era esperar a que Meiling volviese a casa y que juntos les explicarán a sus hijos lo sucedido, por lo tanto, por ahora, solo les diría que su madre había sufrido un accidente. Llegó a su casa, entro a esta. Al hacerlo vio a sus dos hijos jugando. Él los acompañó entrando en sus juegos. Siempre sonriente. No sabía porqué, pero cuando estaba con sus hijos todas sus penas y preocupaciones desaparecían. Mas, en un momento esa sonrisa desapareció, cuando le preguntaron por Meiling. Él respondió lo que había pensado anteriormente: "Su madre tuvo un pequeño accidente, pero estará bien. Mañana, podrán verla, ya que vuelve a casa". Más tarde, llegó la noche y con ellos, el dormir.
"Fin del Flash Back"
Sakura se quedó mirando a su jefe boquiabierta, incrédula, aún no lograba asimilar lo que Shaoran le había contado momentos antes. Ahora comprendía la actitud, la rabia, la tristeza que este sentía. Lo que le había sucedido a él, de seguro era un dolor enorme y tal vez irreparable.
- "No sé que decirte, Shaoran" – terminó explicando, aún incrédula.
- "No hay nada que decir, Sakura" – dijo él, dejando de darle la espalda, mirándola.
Ella sentía que debía ayudarlo en algo. Él necesitaba cariño, consuelo. Así que, en un movimiento rápido, se acercó a su jefe y lo abrazó, apoyando su cabeza en el pecho de él por la diferencia en estaturas. Shaoran tardó en reaccionar, no asimilaba el hecho de que ella lo estuviese abrazando, mas, luego, respondió el gesto.
- "Tranquilo, Shaoran. Todo va a estar bien. Cuentas con mi apoyo" – susurró la castaña.
- "Gracias, Sakura. Gracias por escucharme"
- "No" – contestó ella, mientras se separaba un poco de él – "Gracias a ti por confiar en mí y contarme esto" – dijo con una bella sonrisa.
Él, en un acto increíble, también mostró una pequeña sonrisa. Sakura mostró un pequeño sonrojó al pensar en lo atractivo que se veía sonriendo. Dejó de pensar y tan solo lo volvió a abrazar.
- "Cuentas con mi apoyo y mi amistad, Shaoran" – volvió a susurrar.
- "Eh... Gracias" – Él no podía creer que ella ya lo encontraba como un amigo.
- "Llámame para lo que desees, estaré hay para escucharte" – dijo Sakura entre tanto sonreía.
- "Gracias" – repitió.
- "Bueno, supongo que quieres que te deje solo... Me voy" – dijo ella entre tanto se separaba para luego irse de la oficina.
- "No" – susurró él.
Sakura dio media vuelta y se le quedó viendo, un tanto sorprendida. Él se retractó por lo que había dicho, ni siquiera lo había pensado dos veces.
- "Lo siento... Eh, quiero decir sí, puedes irte... Yo... yo necesito pensar algunas cosas" – explicó antes de darle la espalda a la chica.
- "Esta bien" – respondió Sakura.
- "Eh... ¿Sakura?" – la llamó nuevamente entre tanto la miraba, ella ya se encontraba a pocos pasos de la puerta - "Quería... ¿Puedes explicarme a que habías venido?" – le preguntó.
- "Eh... A nada" – Sakura prefirió no decir la verdad. No quería que se ocupara ahora de nada, y menos por la causa de que leyera su artículo – "Algo sin importancia"
- "Ah, esta bien" – Shaoran volvió a fijar su mirada hacia el exterior.
- "¿Shaoran?" – lo llamó Sakura antes de irse. El aludido dio medía vuelta para poder observarla, esta vez de nuevo con una pequeña sonrisa, volviendo a sonrojar un poco a la chica – "Yo, pues... Me preguntaba si, si tu podrías darme el permiso de salir un poco antes, más o menos a esta hora" – al ver el semblante extrañado de su jefe, prosiguió – "Es que... pues, la razón es que... Me voy a juntar con mi novio" – ahora sí que estaba sonrojada.
- "Ah, claro, ¿porqué no?" – afirmó él con una pequeña sonrisa, un tanto forzada esta vez.
- "Gracias" – agradeció Sakura con una sonrisa antes de hacer un nuevo intento por retirarse.
- "Sakura" – la volvió a llamar. No sabía la razón, pero no quería que se fuera. Ella se detuvo y lo observó – "Que te vaya bien"
- "Sí, gracias"
- "No, gracias a ti"
Los dos sonrieron, observándose fijamente. Estaban a unos cuentos metros de distancia. Había un pequeño silencio, solo se observaban, los dos con pequeñas sonrisas en los labios. Era cómo un momento totalmente mágico y en paz. Ni uno de los dos quería que ese momento terminara, se sentían muy bien así. Observaban sus rostros, sus ojos, la intensidad que cada uno tenía en ellos. ¿Si se sentía una química en el aire? Pues, sí. Mas, ese momento terminó cuando un compañero de trabajo de Sakura entró a la oficina.
- "¡Señor Li!" – dijo el joven.
- "¿Qué sucede ahora?" – Shaoran estaba notablemente molesto.
- "Lo necesitamos en fotografía"
- "Voy en un segundo" – dijo Shaoran antes de que el joven dejara la oficina.
- "Te dijo señor Li" – murmuró Sakura un tanto confusa.
- "Sí, ¿qué tiene de malo?" – preguntó él, cortando la distancia que había entre ambos, gracias a la excusa que momentos antes le habían dado.
- "¿No que no te gustaba que te dijeran de esa forma? ¿Porqué me concediste el permiso para decirte por tu nombre?" – preguntó ella.
- "Por algo simple: ellos no poseen mi confianza, en cambio tú, tú tienes cómo un aire muy agradable, que hace que uno confíe en ti desde el momento en que te ven. O, por algo más simple: con ellos paso menos tiempo que lo que tengo que pasar contigo, por lo tanto, tengo que soportar menos el hecho que me llamen de esa forma" – explicó él.
Al terminar, los dos ya se encontraban a pocas distancias de cada uno, siempre mirándose a los ojos.
- "Ah, ya veo... Bueno, tengo que irme. Nos vemos" – se despidió.
- "Adiós"
Y la puerta se cerró tras ella. Shaoran suspiró. ¿Qué diablos había hecho? Primero, le contaba algo que jamás le hubiese contado a alguien que trabajaba para él. Segundo, le sonrió, ¡eso ni siquiera tenía el privilegio de entregarle a su esposa!. Tercero, esa extraña sensación de que no se fuera, ¿porqué no hubiese querido que volviese al trabajo y en vez de eso se quedase junto a él?. Cuarto, esa extraña sensación de no poder dejar de observar sus ojos. Quinta, ese pequeño enfado que sintió cuando su trabajador los interrumpió. Sexta, ¿¡qué había sido esa explicación por el privilegio que tenía Sakura al llamarlo por el nombre? Había sido cómo, ¿poético?... ¿Coqueteo?... Ah, de seguro ya se estaba volviendo loco.
Queriendo sacar todos esos pensamientos de su cabeza, abrió la puerta y se dirigió al lugar que su trabajador le había indicado.
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5:27pm.
Vaya, si que había pasado bastante tiempo en la oficina de su jefe. De seguro que su novio Kojishi la estaría esperando. ¡Media hora tarde! Vaya que sí se le paso rápido el tiempo. Tomó algunas cosas de su escritorio, caminó por los pasillos, bajó por el ascensor y se dirigió a la entrada de la revista. Buscó por todos lados a Kojishi, pero no lo encontraba. "De seguro ya se debe haber ido", pensó ella un tanto triste, no recibiría su sorpresa. Lo siguió buscando, pero no lo encontraba. En ese momento, una mano tocó su hombro. Gritó con todas sus fuerzas a causa del susto.
- "Sakura, tranquila, ¡soy yo!" – decía Kojishi entre tanto tomaba a su novia de los hombros.
- "Kojishi" – dijo más tranquila – "Me asustaste"
- "Sí, sí me di cuenta y lo siento" – se disculpó dándole un pequeño y rápido beso en los labios a su novia.
- "Estás perdonado" – dijo Sakura con una sonrisa.
- "¿Porqué tardaste tanto?" – preguntó su novio – "Llevo esperándote media hora" – se quejó.
- "Lo siento, es que me quedé hablando con mi jefe" – se disculpó Sakura, siempre tan inocente, pero sabía que Kojishi era lo menos celoso posible.
- "Ya veo... Bueno, ¿nos vamos?"
- "Sí"
Así, la pareja se dirigió al auto del joven, subieron a este y partieron.
- "¿A dónde me vas a llevar?" – preguntó ella aún con su sonrisa. Kojishi era quién iba manejando.
- "Ya lo verás" – respondió él.
- "Bueno... ¿Podemos pasar por mi departamento antes?"
- "¿Para qué?" – preguntó él extrañado.
- "Quisiera cambiarme de ropa, está es muy incómoda"
Kojishi accedió, siempre hacía lo que Sakura le pidiese. Así que se desviaron del camino, para poder llegar al departamento de la chica. Al llegar al edificio, los dos se bajaron del auto para luego ir a su destino. Al llegar allí, se encontraron con una sorpresa.
- "Suéltame Kojishi, me haces cosquillas" – regañó Sakura entre risas, entre tanto cerraba la puerta de su departamento.
- "Si igual te gusta" – dijo pícaro el chico, mientras soltaba a su novia y se dirigía a la pequeña sala.
- "¡Claro que no!" – Sakura iba detrás de Kojishi.
- "Eh, Sakura" – la calló cuando se encontraba en la entrada de la sala – "Tienes visitas"
- "¿Qué?" – La castaña acabó con los últimos pasos que la separaban de su novio, pudiendo observar a quién Kojishi se refería – "¿Touya?" – dijo al ver al aludido.
- "¿¡Quién es este mocoso, Sakura?" – preguntó el aludido enfadado.
Touya Kinomoto, un hombre de ya treinta y dos años de edad, aún así con un buen cuerpo. Poseía un cabello castaño oscuro un tanto desordenado, una piel morena y dos pequeños ojos del color de su cabello, los cuales siempre mostraban seriedad y frialdad. Aún a sus treinta y dos años de edad no estaba casado. Vivió en Gran Bretaña por casi siete años, en donde estudio y se especializó en su profesión: cirujano.
- "¿Qué haces aquí?" – lo cortó Sakura.
Su hermano se sorprendió, pero el único cambio que hubo en su rostro fue que frunció el ceño, cómo siempre lo hacía. Nunca esperó que su pequeña hermana lo fuera a recibir de esa forma, al contrario, esperaba que lo recibiera con algún abrazo o algo por el estilo.
- "¿Qué haces aquí?" – repitió Sakura al no escuchar respuesta por parte del hombre.
- "Pues, que yo recuerde, este sigue siendo mi departamento" – fue lo único que respondió Touya.
Sakura mostró diversión por lo que dijo su hermano, cómo si este hubiese dicho un chiste o algo por el estilo.
- "Lo dejaste abandonado por cinco años, hermano, cómo también me abandonaste a mí" – respondió ella, intentando no mostrar su dolor.
Kojishi tan solo estaba boquiabierto. ¿¡Hermano? ¿Había escuchado bien? Sakura nunca le había contado que tenía un hermano, bueno, la verdad, muy pocas veces tocó el tema de su familia. Kojishi sintió un pequeño escalofrío al ver la mirada asesina que el hermano de su novia tenía clavada en él. "Vaya, este sujeto da miedo", pensó.
Touya miró a Kojishi con enfado. ¿Era necesario esa escena enfrente de desconocidos?. La presencia de ese hombre lo ponía histérico.
- "¿Puedes sacar a este mocoso de aquí para así poder hablar tranquilos? No quiero que un desconocido escuche nuestra conversación" – exigió Touya, tan serio cómo siempre.
- "Él no es un desconocido. Kojishi, te presento a mi hermano, Touya Kinomoto. Touya, te presentó a Kojishi Hagiwara, mi novio" – Sakura hizo un énfasis en la palabra novio, algo que su hermano notó, haciéndole enfurecer.
Hubo un pequeño silencio, en el cual Sakura recapacitó. Su hermano mayor tenía razón, era mejor no hablar enfrente de Kojishi sobre ese tema.
– "Kojishi" – dijo ella mirando al aludido – "Necesito que cancelemos los planes para hoy" – susurró.
- "¿Qué?" – se mostró enfadado, humillado, no podía creer lo que su novia le decía.
- "Por favor, necesito arreglar un asunto urgente con Touya. Por favor" – rogó la chica.
- "Pero, ya hice todas las reservaciones. ¡Todo esta listo, amor!"
- "Lo sé y lo siento mucho, pero necesito hablar con él, y yo no sabía que iba a venir. Es algo urgente. Por favor, Kojishi, te lo ruego" – explicó Sakura.
- "¿¡Porqué mejor no te vas de una vez, mocoso?" – dijo Touya desesperado por tanto susurro entre su hermana y aquel sujeto.
Kojishi se sorprendió ante la histeria y lo poco agradable que era ese tipo, totalmente diferente a lo que era su novia. De seguro que si ella no le hubiese dicho que eran hermanos, nunca lo hubiese imaginado.
- "Bueno, me voy entonces. ¿Te llamo luego?" – preguntó Kojishi entre tanto se retiraba.
- "No, yo te llamaré" – Sakura habría la puerta mientras decía eso.
- "Esta bien. Adiós" – dijo Kojishi antes de robarle un pequeño beso a la joven.
- "Adiós" – se despidió y cerro la puerta. Después, de dirigió hacia la sala – "No tenías porqué tratarlo así" – lo regañó.
Touya cerró su boca, aún estaba un poco sorprendido por la actitud de su hermana menor.
- "¿Qué haces aquí?" – preguntó Sakura, seria.
- "Pues, vine a ver cómo estabas" – respondió Touya, obviamente, por lo vergonzoso que era, sin mirarla.
La menor de los Kinomoto se sorprendió ante dichas palabras. Era la primera vez que su hermano le decía algo así, que le mostraba sus sentimientos. Pero, lamentablemente, con eso no bastaba.
- "Claro, después de casi cinco años" – continuó ella.
- "¿Porqué estás así? Sakura, por si no te acuerdas estaba estudiando" – se defendió Touya.
- "Por supuesto, estudiando" – dijo Sakura en tono sarcástico.
Touya estaba confundido. Sakura no era así, no era rencorosa, al contrario, perdonaba fácilmente. Algo debió haberle sucedido para hacerla cambiar tanto.
- "Ni siquiera una carta, hermano. ¡Te olvidaste de nosotros! ¡De mí y de papá! ¡Por si no lo sabía él estuvo hasta su último día preocupado por ti! Claro, en el primer año nos llenabas de cartas, pero, ¿y después qué?... Aún recuerdo el semblante melancólico de papá cada vez que eras nombrado, la preocupación que sentía por ti cada día, el deseo de verte antes de que se fuera" – Sakura se sentó en uno de los sofás y rompió en llanto al recordar todo eso.
- "¿De qué estas hablando? ¿Porqué antes de que se fuera?" – preguntó Touya, incrédulo.
- "Papá murió, hermano. Hace casi tres años" – respondió ella para seguir con sus lágrimas.
- "¿¡Qué?" – mostró enfado, histeria, pero más que nada, dolor – "¿Porqué no me avisaste?"
- "¿Cómo querías que lo hiciera sino sabía donde estabas? Intenté buscarte cuando él estaba en el hospital, pero no te logre ubicar. Era cómo si la tierra te hubiese tragado. Él quería verte, aunque fuese por última vez, pero no pudo hacerlo".
Touya se sentó junto a Sakura sin creer lo que su hermana le estaba diciendo. Por culpa de no comunicarse con su familia, su padre se había ido sin su último deseo cumplido. ¡No podía creerlo! ¡Era injusto!... Ahora podía entender la actitud de su hermana.
- "¿De... De qué murió?" – preguntó Touya.
- "Tuvo un accidente, un accidente automovilístico. En él también estuvieron Tomoyo y Eriol, no sé si los recuerdas" – respondió la joven.
- "¿Qué? ¿Hiraguizawa y Daidouji?" – dijo su hermano mayor, un tanto incrédulo.
- "Así es, no les pasó nada. Recibieron algunos golpes, nada grave, ya que estaban en el asiento trasero. Era papá quién conducía" – obviamente, esa no era toda la verdad. Faltaba algo, pero prefería no decirlo. Por aquella verdad ella no quería ver a sus 'amigos'.
Silencio, nadie decía nada, tan sólo se escuchaban los sollozos de Sakura. El mayor de los Kinomotos aún no podía asimilar todo aquello. Sentía dolor, enfado consigo mismo... ¿Cómo pudo ser tan egoísta?
- "Touya, siento haberte tratado así, pero... Cuando recuerdo a papá con ese rostro triste antes de que muriera, cuando recuerdo toda la angustia que sentí por ti todos estos años... No puedo evitar actuar así... Lo siento" – murmuró Sakura antes de abrazar a su hermano mayor.
Touya respondió el abrazo. No podía creer lo que había echo. Había abandonado a su padre en su lecho de muerte, y había dejado a su pequeña hermana sin protección ni consuelo para ayudarla en esa tristeza.
- "Pero, ¿sabes?" – dijo Sakura antes de mirar a su hermano al rostro – "Aún así me alegra de que estés aquí" – sonrió, para luego volver a los brazos de su hermano mayor.
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Jueves 5 de Noviembre, 7:16am. Departamento de Sakura.
El mayor de los Kinomoto se encontraba en la cocina preparando el desayuno. Después de una larga charla con su pequeña hermana, en donde se contaron lo sucedido en aquellos cinco años, ella le había pedido que se quedará junto a ella en el departamento. Obviamente, él no se negó. Extrañaba mucho a su hermana, aunque no lo mostrase demasiado, y que vivieran nuevamente juntos les daba la oportunidad de recuperar el tiempo perdido.
Un fuerte grito se escucho por el pequeño apartamento y los alrededores. Touya no se sorprendió. Parece que habían cosas que nunca cambiarían.
- "¡Es muy tarde! ¡Estoy atrasadísima!" – gritaba Sakura desde su alcoba.
La castaña se levantó rápidamente de su cómoda cama, se acercó a su closet y sacó alguna ropa de trabajo que le sirviera en ese momento. Siete minutos más tarde, se encontraba en el comedor junto a su hermano, tomando desayuno lo más rápido posible.
- "Sakura, tranquilízate. Aunque supongo que un monstruo como tú no puede hacerlo frente a la comida" – bromeó Touya.
La aludida mostró un semblante de enfado, aunque por dentro sonriera. Cinco años sin escuchar esas burlas que, aunque fuesen fastidiosas, las extrañaba.
- "No me llames monstruo, ¿quieres? Ya tengo veinte y cinco años" – alegó la menor de los Kinomoto.
- "Eso no te quita lo monstruo" – una patada por debajo de la mesa fue lo que recibió Touya gracias a su comentario. Mas, al igual que su hermana, aunque mostrara rabia y molestia, por dentro estaba feliz ya que llevaba mucho tiempo sin recibir esos golpes.
- "¿Estas bien?" – preguntó Sakura de repente, un tanto insegura.
Touya abrió los ojos de par en par. Se sorprendió mucho por la pregunta.
- "Lo digo por lo qué te dije ayer, la muerte de papá" – respondió ella, un tanto triste al recordar aquel suceso.
Su hermano mayor no respondió. Obviamente no estaba bien, había abandonado a su padre, no se preocupo por él, lo dejó sólo en su lecho de muerte. Nunca iba a poder perdonárselo.
- "Si lo deseas, podemos ir a verlo al cementerio hoy" – sugirió Sakura.
El mayor de los Kinomoto sólo asintió con la cabeza, no dijo nada.
- "Aún hay algo que no entiendo, hermano" – dijo Sakura antes de entrar comida a su boca e intentando cambiar de tema.
Touya la miró extrañado y confundido.
- "¿Qué no entiendes?" – preguntó él entre tanto se levantaba de la mesa y tomaba sus platos para dirigirse a la cocina.
- "¿Porqué tardaste tanto en venir a verme a tu departamento?" – preguntó dando énfasis en la palabra 'tu'.
Touya se asomó por la puerta de la cocina y miró a su hermana. "Buena pregunta", fue lo que pensó, y, la verdad, no sabía qué contestar. Tal vez fue por miedo, pero eso era algo que nunca admitiría, menos frente a su hermana.
- "¿Porqué preguntas eso?" – dijo él, intentando evadir la pregunta.
- "Es que es extraño. Recuerdo que, hace poco más de un mes, leí en un diario tu llegada a Tokio. Y, pues, se me hace raro que hayas tardado tanto en llegar a tu propio departamento"
Touya se quedó mirando a su hermana. "¿Porqué tanta curiosidad? ¡Tuve miedo! ¿esta bien? No es cómo para atacarme con tantas preguntas", pensó él, un poco molesto.
- "Tuve que resolver unos trámites, eso es todo" – respondió él, volviendo a la cocina.
- "Ya veo" – Sakura miró su reloj, 7:32am – "¡Es tarde! ¡Tengo que irme!" – gritó antes de levantarse de la mesa y comenzar a tomar sus cosas – "Adiós hermano, nos vemos en la tarde" – se despidió y se fue.
El aludido aún miraba por donde se había ido su hermana. Mostró una pequeña sonrisa. Vaya, si que la había extrañado. Y, al igual que ella, tomó sus cosas y se fue del departamento, pero no a su trabajo, mas bien, a un encuentro con una persona muy especial.
Mientras tanto, Sakura ya se encontraba saliendo del edificio para dirigirse a su lugar de trabajo. Había salido justo a tiempo, era algo bueno, podía caminar tranquila. Mas, se detuvo al escuchar que la llamaban.
- "Sakura" – gritaron.
La aludida no reconocía la voz, era masculina, pero claramente no era de su novio. Miró a sus alrededores a ver si se encontraba con algún conocido. Nada, nadie. Había poca gente en la cuadra y ni a ninguna de ellas la reconocía. Siguió su camino, de seguro llamaban a alguien más.
- "Sakura" – otra vez la llamaban.
Nuevamente vio a su espalda buscando a la persona que la llamaba. Y por fin reconoció a alguien. Un joven de su edad, de cabello azul oscuro al igual que sus ojos y de buen cuerpo se encontraba a pasos de ella. Y, junto a él, una mujer de la misma edad, de una estatura un poco más baja que Sakura, de grandes y bellos ojos azules amatistas, de corto pero ondulado cabello grisáceo y de piel tan blanca como la nieve. Sakura los reconocía, no los había olvidado en aquellos cinco años, pero, lamentablemente, no tenía las ganas de verlos.
- "Tomoyo, Eriol... ¿Qué... Qué hacen aquí?" – preguntó la castaña, mostrándose totalmente aturdida.
- "Sakura, vinimos a verte" – dijo la mujer, con una pequeña sonrisa. Su nombre: Tomoyo Daidouji.
- "Pues, lamentablemente, yo no los quiero ver" – Sakura, ocultando su rostro entre sus cabellos, comenzó a continuar su camino dando por terminada la conversación.
- "Sakura" – dijo el chico mientras se interponía en su camino. Nombre: Eriol Hiraguizawa – "Déjanos explicarte lo que sucedió"
- "¿¡Qué me quieren explicar? ¿¡El hecho de que pareciera que mataron a mi padre? ¿¡Y que, sabiendo el estado en el que se encontraba me abandonaron? ¡No sólo lo mataron sino que también me dejaron sola justo cuando más los necesitaba!" – gritó Sakura antes de sacar a Eriol de su camino y continuar su caminata.
- "Sakura, tú sabes que nosotros no somos capaces de matar a tu propio padre. Las cosas no fueron cómo tú crees. ¡Nosotros estuvimos en el accidente! ¿Crees que seríamos capaces de hacer algo así?. Además, nosotros no quisimos abandonarte, era lo que menos queríamos en esos momentos, pero ¡tuvimos que hacerlo!... Por favor, déjanos explicarte lo que sucedió" – dijo Tomoyo, a espaldas de Sakura, quién se había detenido al escucharla.
La menor de los Kinomoto tan solo se quedó en aquel lugar parada, sin decir nada, siendo que Eriol y Tomoyo lo único que esperaban era que dijese algo. ¿Qué hacer? ¿Escuchar sus explicaciones o correr? Pero, ¿qué tenían que explicarle? ¡Las investigaciones decían que ellos pudieron haber provocado aquel choque! No sólo eso, ¡tampoco se quedaron a explicarte lo sucedido! ¡Ni siquiera se quedaron para apoyarte, para ayudarte cuando más los necesitaste, pensaba Sakura en su interior, intentando ocultar las lágrimas que aquellos recuerdos le traían. Justo cuando había escapado, esto volvía. ¿Porqué? ¿Porqué tenía que ser así?.
- "¡No!" – terminó por decir la castaña – "No sólo pareciesen ser culpables por provocar aquel accidente, sino que me abandonaron cuando lo necesitaba... ¡No estuvieron para escucharme gritar cuando mi padre ya se había ido! ¡No estuvieron para intentar explicarme lo sucedido!... ¡No estuvieron! ¡Así que no esperen que los escuche siendo que ustedes no pudieron escucharme a mí!" – gritó antes de hacer que sus piernas se movieran a la velocidad más rápida que pudiesen.
Sakura corrió y corrió intentando ocultar sus lágrimas con sus cabellos. Se detuvo cuando creyó que ya no podrían alcanzarla. ¿Porqué lloraba siendo que ellos debían tener dolor y no ella? Tal vez, porqué aún los quería. Sí, era por eso. Aunque no lo quisiese, ella aún los tenía en su corazón, al fin y al cabo, se conocían desde pequeños y nunca se habían separado hasta hace tres años. Pero bueno, ahora comenzaba una nueva vida y no quería que ellos la arruinarán. Se secó las lágrimas y continuó con su caminata hacía la revista en donde trabajaba.
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8:03am.
Había llegado al café al que lo había solicitado. Entró en él y comenzó a buscar aquel rostro conocido para él. Al encontrarlo, se acercó a la mesa. Touya Kinomoto pudo encontrarse con su mejor amigo de siempre: Yukito Tsukishiro. Un hombre de también treinta y dos años de edad, de grandes ojos color miel, de ordenado pelo grisáceo y blanca piel. Yukito, al ver que Touya se acercaba, se levanta de su asiento para saludarlo con un pequeño abrazo.
- "Tanto tiempo sin verte, Touya" – dijo Tsukishiro, volviendo a sentarse.
- "Así es, Yuki" – respondió el moreno sentándose frente a su amigo – "Explícame, ¿porqué me has citado aquí?"
- "Si no te conociera pensaría que no quieres verme" – bromeó Yukito con una sonrisa, típica en él – "¿Y? ¿Fuiste a ver a Sakura?"
- "Sí, lo hice. Me pidió que me quedara con ella"
- "Y no pudiste negarte ante esa petición, ¿o me equivocó?"
El moreno no dijo nada, tan sólo se quedó mirando a su amigo, quién supo la respuesta de su pregunta de inmediato.
- "Parece que algunas personas nunca cambiarán" – comentó Yukito aún con su sonrisa.
- "¿Qué quieres decir con eso?" – Touya se mostró enfadado y ofendido ante tal comentario.
- "Nada. ¿Y cómo esta Sakura?"
- "Bien, trabajando cómo periodista, al parecer, aún con tu hermano"
- "¿Con Yue?" – preguntó Yukito un tanto inseguro.
- "No lo sé, parece que sí. Me dijo que seguía trabajando en un diario" – aseguró Touya – "¿Porqué ese rostro?" – preguntó al ver el rostro de sorpresa de su amigo.
- "Eso es imposible. Yue me dijo que Sakura había renunciado al diario y que, al parecer, se había cambiado de domicilio. Por eso me parecía tan extraño que supieras en dónde se encontraba tu hermana"
Touya mostró un rostro confundido. ¿Sakura cambiada de domicilio? ¡Pero si estaba en el departamento que él le dejó! Además, ¿porqué le habrá ocultado su renuncia con Yue Tsukishiro?.
- "Es extraño" – comentó el moreno – "Sakura se encuentra en el departamento que yo le dejé cuando partí. ¿Cómo se habría cambiado de casa si estaba donde la dejé? ¡Es imposible! Además, no me comentó nada de su renuncia"
- "No puede ser, Yue me comentó que Sakura ya no se encontraba en el domicilio que él conocía, que había cambiado de casa."
- "¿Te comentó porqué renunció?" – preguntó Touya confundido.
- "No, no me quiso comentar la razón de la renuncia de Sakura, lo cual es extraño. ¿Porqué me lo ocultaría? Es más, la renuncia en sí de Sakura es fuera de lo normal. Mi hermano le pagaba bastante bien, hasta llegó a ser su asistente. ¿Porqué renunciar a un trabajo así?" – comentó Yukito.
Los dos se miraron extrañados. ¿Porqué esa actitud de Sakura, pensaron los dos. En ese momento, Touya recordó un tema que habló con su hermana la noche anterior.
- "Yuki, ¿tú sabías de la muerte de mi padre hace tres años?" – preguntó Touya.
El aludido lo miró con sorprendido. ¿Fujitaka Kinomoto muerto?.
- "No, no lo sabía" – respondió Yukito.
- "Sakura me lo contó. No podía creerlo cuando me lo dijo" – comento el hijo de Fujitaka – "¿Tú te comunicaste con Sakura, cierto?"
Yukito hizo una seña de negación.
- "Estuve todo este tiempo haciendo clases en Osaka. Tan sólo sabía que estaba sana y con vida gracias a mi hermano, pero él nunca me contó que Fujitaka había muerto. Y es extraño, ya que Yue debería saberlo por tener comunicación con Sakura, pero él nunca me contó nada" – respondió el menor de los Tsukishiro.
- "Eso quiere decir que Sakura no le contó" – concluyó Touya, pensativo.
- "Puede ser"
Touya estaba confundido. ¿Porqué su hermana no le había contado nada a Yue, siendo que, al fin y al cabo, se conocían desde hace algún tiempo? De seguro Yue le hubiese dado el consuelo que él no le pudo entregar. Era extraño. ¿Acaso su hermana ocultaba algo?.
- "¿Estas bien?" – preguntó Yukito al ver el rostro pensativo y un tanto triste de su amigo.
- "No, me acabo de enterar ayer. Lo peor es que lo deje sólo. ¡No me puedo perdonar una cosa así!" – golpeó la mesa fuertemente con su puño.
Su amigo lo miró preocupado, pero decidió no tocar más el tema.
- "¿Y qué tal la terapia de Tomoyo?" – preguntó Yukito, para cambiar el rumbo de la conversación.
- "No estoy seguro. Al fin y al cabo tan sólo nos vimos dos o tres veces en Inglaterra. Pero, según me contó la última vez que la vi, bien, había mejorado mucho" – respondió Touya sin tomar atención.
- "Me alegro"
Touya no respondió. Estaba muy pensativo. Aquel comentario de su amigo lo tenía así. Al parecer, algo sucedía que hacía que su hermana ocultara cosas. Pues, tendría que hablar con ella en la tarde.
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8:26am. Edificio de revista 'Open', escritorio de Sakura.
La aludida se encontraba con las manos en su rostro, ocultándolo, mejor dicho, ocultando las lágrimas que bajaban por sus mejillas. Aquella conversación con Tomoyo y Eriol le había dolido, ni siquiera sabía el porqué de aquel dolor. Ellos deberían ser los que estuvieran sufriendo, ¿porqué tenía que ser ella?. Le dolía, le dolía mucho. Lo peor de todo es que se encontraba llorando en el trabajo, lo cual le causaba mucha vergüenza, mas, necesitaba desahogarse en ese momento.
Shaoran Li se encontraba entrando al lugar de trabajo de los periodistas. Tenía que cruzar todo eso para poder llegar a su despacho. Estaba bastante cansado, no había podido dormir en casi toda la noche por culpa de sus problemas matrimoniales. Caminó por los pasillos, hasta que se detuvo por culpa de unos sollozos. A pocos metros de él se encontraba el escritorio de Sakura, de aquella persona que lo había escuchado el día anterior, y que, en esos momentos, notablemente se encontraba llorando. Shaoran se acercó un tanto preocupado, aquello era algo que no acostumbraba a hacer, al contrario, ignoraba.
- "¿Sakura?" – la llamó cuando se encontraba frente a ella.
La castaña alzó la vista para mirarlo directamente a los ojos. Se quedaron mirando un tiempo. Shaoran se dio cuenta, gracias a las marcas en las mejillas y el tono rojo de sus ojos, que su periodista estrella ya llevaba bastante tiempo llorando. No le agradaba verla así, primera vez que la veía en ese estado y sentía que el dolor que ella tenía en su corazón también lo sentía él. Era una sensación bastante extraña.
- "Ven, vamos a mi oficina" – dijo Shaoran en un tono suave el cual Sakura nunca le había escuchado. Mas, gracias a ese tono, Sakura se animó a ir.
Llegaron a la oficina, Shaoran abrió la puerta y le pidió a Sakura que tomara asiento frente a su escritorio. Pidió un vaso de agua a la secretaria y luego se quedó mirando a la mujer que estaba frente a él.
- "¿Qué te sucedió? ¿Porqué estas así?" – preguntó él.
Claramente, esta era una de las pocas veces en su vida que hablaba con un tono suave y que demostraba preocupación por una persona a la cual conocía tan sólo un poco. Pero, no le agradaba ver a Sakura en ese estado y sentía que debía ayudarla.
- "No lo entenderías" – respondió Sakura intentando secar sus lágrimas, pero estas no paraban de salir de sus ojos.
- "Eso no lo sabrás hasta que me lo digas. Déjame intentarlo por lo menos"
Sakura miró a Shaoran, este se encontraba mirándola directamente con un semblante preocupado. Desvió su mirada, se había sonrojado un poco. Mas, gracias a eso había conseguido tener la confianza suficiente para decirle la verdad a su jefe.
Se levantó del asiento y, como lo había hecho Shaoran el día anterior, miró al exterior por el gran ventanal.
- "Pues, es difícil de explicar... Esta, esta es la primera vez que hablo sobre esto" – titubeó Sakura e hizo una pequeña pausa, para intentar relajarse – "Cuando tenía tres años, mi mamá murió de una extraña enfermedad. Me quedé con mi hermano mayor, Touya, y mi papá, Fujitaka. Éramos una familia muy unida. Mi padre no se volvió a casar. Pero... Hace más o menos cinco años, mi hermano se alejó de nosotros para ir a trabajar a Inglaterra cómo cirujano. En el primer año desde que se había ido nos mandaba muchas cartas, teníamos una gran comunicación con él. Pero, después de eso, dejó de escribir y dejamos de tener aquella comunicación. No sabíamos nada de mi hermano, ni cómo estaba, nada.
"Luego de dos años desde que mi hermano se fue, mi padre tuvo un accidente automovilístico, en el que mis dos y únicos amigos también estuvieron. Mi padre quedó en estado de coma durante una semana. Después, falleció. Él se llevó la peor parte. Mis amigos, Tomoyo y Eriol, estaban en el asiento trasero y tan sólo recibieron algunos golpes, nada grave.
"Pero eso no es todo. Cuando supe del accidente un oficial de investigaciones se me acercó. Me dijo que había evidencia (además que lo afirmaban un par de testigos) de que aquel choque hubiese sido intencional, que había posibilidad de que Eriol o Tomoyo hubiese tomado el volante y obligado a mi papá de chocar contra el otro auto. Lo peor, fue que ni siquiera se quedaron a explicar todo. Se fueron, no sé a dónde, pero un día ya no estaban. Eso me hizo pensar que tal vez sí fueron los culpables de aquel accidente. Además, sabían el estado de mi padre, si son mis amigos y no son los culpables, ¿porqué no se quedaron y me apoyaron? Los necesite mucho y no estuvieron.
"Ahora, han vuelto: mi hermano, Eriol y Tomoyo. Los dos últimos me piden que los perdone y que los escuche, pero se me hace tan difícil. Por culpa de la distancia que me separaba a mí y a mi hermano, comenzaba a pensar que mi padre era mi única familia, y siempre recuerdo las palabras del oficial: 'Ellos pudieron ser los causantes del accidente'... Nunca se supo con claridad, ya que por culpa de su desaparición el caso se cerró. No sé que hacer"
Sakura rompió en llanto. Nuevamente los recuerdos en su mente. Sí, era eso lo que le dolía, pero, obviamente, no lo es todo. Había algo que no la había podido dejar tranquila, mas, era algo que no se atrevía a decir, y tal vez nunca se atrevería.
Shaoran se levantó, no le agradaba para nada verla así. Sentía que debía ayudarla, consolarla, de seguro era eso lo que ella necesitaba. Aquel consuelo que no pudo tener. Se acercó a Sakura, quedando a espaldas de ella y a pocos centímetros de distancia.
- "Ten" – dijo Shaoran extendiendo un pañuelo color verde.
La menor de los Kinomoto se quedó mirando el pañuelo. Giró quedando con Shaoran de frente. Se miraban a los ojos como siempre lo hacían. Cada uno quedaba encantado con los ojos del otro. Sakura tomó el pañuelo.
- "Gracias" – intentó sonreír, pero no podía, las lágrimas no la dejaban.
Dudó un poco, pero luego, cortó la distancia que la separaba de su jefe y apoyó su rostro en el pecho de él. Las mejillas de Shaoran tomaron un leve color carmesí, mas, después, la abrazó para consolarla, mostrando una pequeña pero bonita sonrisa.
- "Tranquila, todo estará bien" – la consoló.
- "Pero, es que... No puedo escucharlos, me cuesta mucho. ¡No sólo se fueron de mí lado sino que mataron a mi padre! ¿Cómo puedo perdonarlos? ¿Cómo quieren que los escuche cuando ellos no estuvieron conmigo? Me es tan difícil... De seguro nunca estuvieron conmigo por amistad, sino que por algo más" – confesó Sakura, aún en el hombro de su jefe.
- "No, no pienses eso. De seguro existe una explicación lógica, sino no te estarían buscando para explicarte lo sucedido. Además de que deben quererte, es difícil no hacerlo, y si se fueron, también deben tener una explicación. No lo veas de ese modo"
Sakura se separó lo suficiente de Shaoran para poder mirarlo a los ojos. El menor de los Li, al darse cuenta de lo último que había dicho, se sonrojó aún más, algo que por suerte, Sakura no notó, ella tan solo le mostró una bella sonrisa, que hizo que el tono carmesí de las mejillas del hombre se volviera más intenso.
- "Gracias Shaoran, de verdad muchas gracias" – murmuró volviendo a abrazar a su jefe.
Shaoran Li tan solo devolvió el abrazo con una pequeña sonrisa y aún con sus mejillas con aquel tono carmesí.
- "Tienes que enfrentarlos, Sakura, sino nunca podrás evitar aquel dolor. Habla con ellos, de seguro te explicarán todo lo sucedido y te darás cuenta de que las cosas no son de esa manera" – dijo Shaoran, mientras acariciaba cuidadosamente el largo cabello de la joven.
Hubo un pequeño silencio. Sakura se separó nuevamente un poco de su jefe, tan solo para poder mirarlo a los ojos. Ella mostró una pequeña sonrisa, suponía que el castaño tenía razón.
- "Sí" – asintió ella – "Lamento ser tanta molestia. Tú tienes ya tus propios problemas y yo molestándote con los míos" – dijo, secando sus lágrimas.
- "No eres una molestia, Sakura. Además tú me escuchaste ayer, tengo que agradecerte ese favor. Supongo, que al fin y al cabo, los dos necesitamos hablar con alguien"
- "Sí" – afirmó Sakura con una pequeña sonrisa – "Y nos tenemos el uno al otro... ¿Amigos?" – extendió su mano haciendo de su sonrisa una más extensa y a la vez más bella.
Shaoran miró la mano de Sakura un tanto dudoso, pero, al ver la sonrisa de la chica, él también sonrió para luego hacer estrechar sus manos.
- "Amigos" – aseguró Shaoran, bastante sonriente.
Las mejillas de ambos se sonrojaron al ver la sonrisa del otro. ¿Cómo no evitar sonreír? Los dos habían hablado de temas sumamente personales con la persona que tenían en frente, se habían desahogado estando el otro presente... Era algo sumamente extraño, tener tanta confianza en alguien que estaban recién conociendo. Pero, aún así, suponían que aquel era el comienzo de una nueva y una gran amistad para ambos.
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Notas de la Autora.
Hola! Lamento la tardanza, pero tuve algunos percances y no pude subir el capítulo hasta hoy. Espero que les haya gustado. Nuevamente, muchas gracias por sus reviews. Este capitulo va dedicado a ustedes! Muchas gracias por los ánimos y, en especial, por leer la historia! . Y no se preocupen, todas sus preguntas serán respondidas a lo largo de la historia!
Bueno, les deseo suerte a todos!.
Nos vemos en el prox capitulo,
Adiós!
Satsuki Idaka.
