INUYASHA NO ME PERTENECE. ESTA HISTORIA FUE ESCRITA SIN FINES DE LUCRO.


ESTE ES MI PRIMER FIC. HACE POCO DECIDÍ HACER UN REMAKE Y COMENCÉ A ESCRIBIRLA NUEVAMENTE, PERO UN REVIEW ME HIZO ENTENDER QUE NO DEBÍA AVERGONZARME DE LA FORMA EN QUE ESCRIBÍA HACE ALGUNOS AÑOS, YA QUE ESTE FIC, POR SU CONTENIDO, HABÍA SIDO MUY INFLUYENTE E IMPORTANTE EN LA VIDA DE ALGUNAS PERSONAS. ES POR ESO QUE VUELVO A SUBIR LA HISTORIA ORIGINAL TAL Y COMO LA ESCRIBÍ EN EL AÑO 2006. (EL REMAKE LO SUBIRÉ APARTE Y SE TITULA "MI VIDA CONTIGO").

ESPERO LA DISFRUTEN, LA VOLVERÉ A SUBIR EN HONOR A USTEDES.


Cuando la vida de Sesshomaru Taisho termina de ser destruida por una horrible calumnia, jamás imaginó que la idea de su hermano lo llevase a vivir con Lin Susuhara. Ahora el destino lo obligaba a sacarla de un abismo y construir sobre una vida llena de heridas. ¿Podría encontrar los trozos del corazón de su pequeña pesadilla sin empeñar el suyo propio en el intento?

AMPLITUD

Claudia gazziero

CAPÍTULO III

IDIOTA

I

Esa noche la paso casi en vela. Solo había podido dormir unas dos horas, y cuando se levantó se sentía como si hubiese jugado diez partidos de fútbol consecutivos. Tenía unas ojeras hasta la nariz, y los ojos hinchados. Se levantó con pesadez, y se dirigió al baño de su habitación. Cuando se miró al espejo notó por fin que no se veía peor de cómo se sentía. Además, no había podido dejar de pensar en Taisho. Ni siquiera le había importado que ella decidiese colaborar con algo de lo cual no tenía idea. No le había agradecido. Aún así, se sentía terriblemente mal. No sabía si el le había abierto una puerta a su vida, pero ella había respondido con miradas desafiantes y escrutadoras. Por lo demás, aunque él lo hubiese hecho, ya debía haberla cerrado. Sin embargo, cuando hablaba con el periodista sintió placer. En poder mirarlo así. Aunque las miradas no fueran benévolas, se sentía bien solo con tener algo íntimo con el, a pesar de que no era precisamente un lazo positivo.

Estaba terminando de vestirse. Se había metido a la ducha durante un buen tiempo y cuando salió sintió que llamaban a su puerta. Se sintió muy confundida, si era Taisho vería quién era ella. ¿Con quién creía que trataba? Un día le gritaba, al otro le cerraba la puerta en la cara y luego le llamaba en su habitación.

—Desconsiderado —gimió mientras se dirigía en bata a la puerta. Cuando la abrió vio al culpable de su insomnio parado con una mano en el umbral y mirándola.

—¿Tienes un minuto? Debemos conversar. —Su rostro era duro, y tenía el ceño fruncido. Lin tenía la impresión de que sus regaños no eran como cualquiera. Su semblante era inescrutable.

—Claro —respondió dubitativa. La inseguridad no era algo común en ella. Lo siguió hasta la mesa del comedor, donde había una copa. Él ya había tomado durante ese día, y tan temprano… pensó. Sesshomaru se sentó sin mirarla, esperó a que ella lo hiciera y habló.

—El periodista de ayer redactará nuestra entrevista. Abajo hay un centenar de hombres. No tengo idea de cómo se enteraron de que aquí había una historia lucrativa, pero debes mantener la farsa. Llamé a la preparatoria para pedir que se adelante tu ingreso. Podrás comenzar hoy. —Hablaba sereno y sin mirarla —. Cuando bajes no respondas preguntas, en caso de hacerlo, ya sabes lo que debes decir, pero evítalo. Tu clase es la C de último año y entras a las nueve. En la mesa hay de todo lo que puedas necesitar.

Él la estaba tratando duramente, como se le daba instrucciones a un ayudante, a una sirvienta. No había ninguna puerta abierta en su conversación, no había ninguna familia, no había nada, solo dos desconocidos. Eso era, él era un gran desconocido. No sabía nada de él y él no quería saber nada de ella. Su corazón estaba abierto para algún lazo, pero el de él estaba cerrado… estaba congelado. Él tenía una barrera que hacía que ella se sintiera tan desalentada, tan sola…

—No hagas nada estúpido —advirtió el cuando hubo terminado. Sí, él se encargaba de mantener la barrera. ¡Cómo podía creer que ella podría hacer una cosa tal! ¡Lo había ayudado la otra noche! ¿Cómo podía ser tan arrogante? Era un idiota. Todas las reflexiones de Lin durante la noche fueron al bote de la basura. Él no merecía que ella le abriera su corazón. Estaba bien solo. Estaba bien sin ella. No le gustaba su compañía. Era una obligación, una carga y, sin saber por qué, eso le dolía. Nuevamente era una molestia pero él no la vería llorar. Él sería el primero que llevaba la carga y no tendría el lujo de verla sufrir. Nadie más abusaría de ella.

—Bien, escúchame tú, ahora. Te ayudé una vez… —Cruzó sus manos debajo del mentón y se inclinó hacia delante, lo miró de la misma forma que él a ella. Solo que también desafiante—. Pero eso no quiere decir que continúe con la farsa. No tengo por qué.

El rostro de Sesshomaru cambió hasta mostrar una mirada de ira. No dijo nada, pero solo sus ojos la hicieron estremecer. Él la estaba odiando. Dudó, pero continuó, ella había sentido su rechazo la noche anterior. Y nadie más la iba a rechazar. —Así es Taisho, anoche cooperé y tal vez ahora también lo haría… —articuló con naturalidad, pero bajó la vista—, …si tú no hubieses rechazado mi ayuda.

—Yo no rechacé tu ayuda. —Si él no fuese un hombre decente, ella ya habría tenido una buena tundra.

Lin lo observó, su mirada lo delataba. Su ámbar estaba más brillante que nunca, sus ojos eran hondos y en sus profundidades solo había odio. Y ese odio la hacía estremecerse. Pero ella era indestructible.

—Recuerdo tu despedida —mencionó.

—Estaba cansado. —Se inclinó hacia atrás muy complicado.

—¿Estás tan viejo que te cuesta abrir tu boca para dar las gracias? —Su voz era burlona y lo imitaba desafiantemente, dejando una mano sobre la mesa. Jugaba con su dedo, dando pequeños golpes a la mesa.

—Hicimos un trato, debes cooperar. —Estaba a punto de explotar, volvió a asirse a la mesa y, en momentos, pareció que se acercaba para decir con voz sombría—: Si no lo haces por las buenas…

—¿Por las malas? —Lo interrumpió Lin con burla—. Escucha, no me preguntaste sobre qué era lo que yo deseaba a cambio y jamás cerré el trato contigo.

—Una cuenta millonaria es bastante razonable —reflexionó Sesshomaru.

—Tal vez para ti.

—Puedo aumentar el número de ceros a la derecha. —¡Cómo podía pensar que era dinero lo que ella quería! ¡No tenía nada de tacto!

—Aunque lo hagas no es el punto. No cooperaré y ya está.

—¡Entonces cuál es el maldito punto! —Se levantó dejando caer la silla por la fuerza con que lo hizo, puso una mano en la mesa y se inclinó ligeramente hasta la chica—. Tienes todo lo que podrías querer. ¡Solo unos malditos diez meses! ¿Por unos diez mil dólares? ¿Es eso lo que quieres? Porque puedo dártelos si tanto los deseas, maldita arpía.

Lin quedó boquiabierta. Él la miró con su típica mirada asesina y ella se sintió desfallecer.

—Puedes agregarlos a mi cuenta. —Le sonrió descaradamente.

Sesshomaru estaba fuera de sí. Cerró los ojos y tiró la bandeja de plata que había sobre la mesa. Se dio la vuelta y se quedó estático en su lugar con los puños apretados.

Lin aprovechó para levantarse y dirigirse a su habitación. —Supongo que mis gastos durante mi estadía, no serán tomados de mi dinero. A los huéspedes se les trata con atenciones.

Si Sesshomaru había pensado que ella era una buena chica se había equivocado, y en ese momento, además de sentirse solo, sentía que su pecho se había enfriado, a pesar de que el Sol quemaba ya a través de la ventana.

—Kaguya… —murmuró para sí, para luego dirigirse al minibar y servirse una nueva copa. El whisky siempre lo relajaba y, cuando se la hubo terminado, abrió los ojos y vio a un costado del sillón la fotografía hecha por Kagome. Se pasó la mano por el pelo confundido.

Con paso lento se dirigió, la tomó del piso y se vio en ella. Sonreía sinceramente, feliz, y abrazaba a… ya no abrazaba más a Kaguya. En su lugar había una niña de unos trece años. Tenía el pelo azabache ondulado en las puntas y se dejaba acurrucar. Sonreía también, pero no era una sonrisa como la de él, era una sonrisa melancólica. Volvió a pasarse la mano por el pelo, confundido. Sus ojos… estaban tan tristes y tan distantes. Aún así, eran brillantes y no reflejaban nada en ellos, solo angustia y pena. Y sin embargo, a pesar de eso, era tan bonita. Sintió, de repente, una gran ternura por la niña de la foto. Sonrió de costado y acarició su mejilla. Lástima. Él estaba sintiendo lástima por… ¡por esa malcriada!

En ese momento la puerta de la habitación de Lin se abrió y ella salió sin mirarlo por la puerta principal. Iba vestida con una falda un poco más arriba de la rodilla y una blusa ceñida al cuerpo de color café clarísimo. Había tomado sus cosas y llevaba el bolso negro que le había llevado InuYasha esa mañana muy, muy temprano, sin despertarlo. Él no había podido dormir.

Observó nuevamente la fotografía y a la niña de la foto mirándolo con nostalgia. Retrocedió un paso, le pareció tan inocente que volvió a sentir ternura. —Inocente… —se mofó y se llevó la fotografía a su habitación, para ponerla sobre la mesita de cama y prender su notebook.

Su ira había desaparecido.

Lin caminó con desgana. En recepción había una decena de periodistas esperándola. Aunque el reportaje no había salido, ellos ya se habían enterado. Todos querían una entrevista. Cerró los ojos, la actuación había comenzado.

Sonrió ampliamente y apretó su bolso con las manos. Todos se acercaron a ella. Con una elegante postura hizo una seña que daba a entender que no abriría la boca. Cuando salió del edificio se acercó un hombre que dijo, era el encargado de llevarla a la escuela. No fue problema parecer una señorita, después de todo, ella lo había sido alguna vez… hacía mucho tiempo.

En la preparatoria todo le pareció tan extraño. La gente murmuraba sobre la nueva alumna y nadie le dirigió la palabra hasta la segunda clase. Después del receso una chica se le acercó, lucía un vestido ligero y un bolso. Tenía el cabello negro como ella y los ojos de un marrón claro. Si se les daba una mirada rápida podía decirse que se parecían mucho, aunque la muchacha mostraba mucha más clase que ella. Todo en ella era más refinado.

—¿Puedo sentarme aquí? —Le preguntó, moviendo la silla de la derecha.

—Claro.

—Mucho gusto, Kagome Higurashi… —se presentó ella—. Quería conocerte.

—¿A mí?

¿Es qué acaso era tan notorio que era una novedad en aquel lugar? Era un hecho que estaba en desventaja con los demás alumnos, por eso creyó que nadie se le acercaría.

—Por supuesto… —Sonrió Kagome—. Lin Susuhara… —La llamó por su verdadero nombre.

Lin iba a decirle que su apellido era Taisho, pero ella ya sabía su verdadero nombre así que no tenía caso. Se escandalizó, si ella lo comunicaba Sesshomaru él creería que ella andaba de chismosa. Arruinaría su plan. Bueno, no debía preocuparse por eso, después de todo, el ya creía que ella era una manipuladora y caza fortunas. Daba lo mismo si también creía que era demasiado comunicativa.

Kagome, al ver que Lin se complicaba, continuó.

—No te preocupes. —Sonrió y le cerró un ojo—. No se lo diré a nadie, señorita Taisho.

La chica se tranquilizó un poco. Sesshomaru la odiaba, pero no quería que el creyera que ella quería arruinarlo, más de lo que ya lo creía, claro estaba.

—Muchas gracias —se sintió más aliviada. La chica era agradable, y al parecer, siempre estaba sonriendo.

—Me da gusto conocerte, tendremos todas las clases juntas. Si quieres puedo ayudarte a pasar las materias, hay profesores aquí que son muy malos con los que entran.

—Te lo agradezco mucho, pero no será necesario. El estudio es lo mío —rechazó. Ella no debía subestimarla de esa forma, no porque fuera una muchacha pobre era menos capaz.

—Yo también creía lo mismo hasta que entré aquí —insisitió ella—. Pero hablaba de consejos —dijo al tiempo que sacaba de su bolso una goma de mascar y se la ofrecía—. ¿Quieres?

—No, muchas gracias —negó con la mano.

—Muy bien hecho, verás: El profesor de biología odia profundamente a las personas que mastican esto. Les hace la vida imposible. —Guardó la barra. Lin rio.

—¿Y por qué hace eso? —La chica era una buena persona. Hablaba como si bromeara todo el rato.

—Ya sabes, masticar… los jugos gástricos, úlceras y todo eso… —En ese momento, un vegete barrigón entró en el aula. Todos se sentaron rápidamente y el hombre comenzó la clase. Cuando Lin tomaba notas de lo que hablaba el profesor, Kagome le tiró un papel y le sonrió cuando le contestó en voz baja que aceptaba ir después de clases a algún "lugar entretenido".

El resto del día transcurrió entre risas y enseñanzas. Ambas se sentaron juntas el resto de las clases. Lin estaba contenta, sentía que podía confiar en ella. Además ella sabía su secreto, sabía que su apellido era Susuhara. Daba lo mismo cómo se había enterado. Era muy simpática y, cuando el profesor la llamó adelante, la alentó diciéndole que era capaz, cuando estaba muerta de miedo. Si no hubiese sido por ella, todo el mundo habría descubierto que ella no tenía clase ni educación alguna. Kagome le recordó de qué se trataba el ejercicio antes: una simple operación de álgebra que, nerviosa como estaba, había olvidado.

—¿Sabes? Me caes bien después de todo. Creo que seremos buenas amigas.

Lin también creía lo mismo y, en ese sentimiento, recordó a Sango… la extrañaba tanto. No había podido cumplir con ella por culpa del engreído ese, pero la llevaba en su corazón, a ella y a su hermano mayor Kohaku. Sango cumplía los dieciocho solo un mes después que ella y ella le había prometido esperarla.

—No soy muy buena encontrando amigos… pero tal vez haya encontrado a una —respondió Kagome. En sus ojos había cierta melancolía.

Lin rio. —La verdad es que yo tampoco, solo tengo una amiga en… —calló. No debía revelar de donde venía. Ella era la hija de Sesshomaru hacía nueve años. ¡Ni ella lo creía!

—…del Hogar de Menores. No te preocupes… lo sé todo.

Lin la miró confundida. Estaba perdida.

—Te he dicho antes que nadie más lo sabrá. Tu secreto está a salvo conmigo. Es una promesa. —Lin se tranquilizó de momento.

—¿Y cómo lo sabes?

—Eso es un secreto, tal vez algún día te lo cuente, pero creo que no te gustará saberlo. La verdad, no es nada interesante.

—¿Entonces debo contar con que no me lo dirás?

—Así es… —rio Kagome—. ¡Vamos, confía en mí! —la animó.

—Está bien —le sonrió. A pesar de que la chica era una alumna antigua, solo se le acercó un muchacho de cabello castaño. Parecía muy idiota, pero no se lo dijo. Él parecía gustar de ella.

Kagome, al parecer, se parecía mucho a ella. No era popular y era muy solitaria. Nadie se imaginaba lo dulce que era en realidad.

II

Sesshomaru había pedido algo de comida. Estaba comiendo en su habitación una ensalada cuando fue avisado de que había un joven esperándolo abajo.

—Dice que se llama Kohaku Ishida y que viene a ver a ¿Lin Susuhara…? —preguntó la recepcionista con voz de chismosa.

—La señorita Taisho —cargó la voz en la última palabra—, no se encuentra en este momento, pero puede esperarla abajo.

La mujer tardó en contestar. —Él dice que tiene algo importante que darle.

—Está bien —exhaló con resignación—. Hágalo subir.

—Como usted diga.

Desanimado, llevó el plato al carro donde se le habían llevado la comida y tomó una copa para servirse un whisky.

Cuando golpearon la puerta principal, se levantó pesadamente y la abrió. Lo que vio no le causó mucha gracia: un muchacho moreno y de mal aspecto, con jeans oscuros y una camisa casi desabrochada. Sus ojos eran castaños y su mirada era sumamente altanera. Llevaba una curiosa caja consigo que lo inundó de curiosidad.

—¿En qué puedo ayudarte? —preguntó con una notable cortesía falsa.

—Vine a traerle esto a Lin. ¿Está aquí verdad? —Lo miró atentamente, Sesshomaru notó él que no había sido de su agrado.

—Está en la preparatoria.

—En la preparatoria, ¿no? —respondió él con hipocresía—. ¿Puedo pasar?

A pesar de que el muchacho no le daba confianza, le intrigaba el resentimiento que tenía con él. Lo dejó acomodarse en la estancia.

—¿Y bien? —inquirió, harto de que el hombre no hablara. Seguía con la copa en la mano.

—¿Qué quieres que te diga…? eres muy considerado, muy caballero. —Lo desafió con la mirada, en cierta forma ese joven se parecía a Lin. Tal vez era su hermano.

—No sé a qué quieres llegar, pero… —Sesshomaru habló pacíficamente. Lo trató de igual a igual y esperaba el mismo respeto a cambio.

—No te preocupes, no me tardaré mucho —respondió—. Al parecer, deseas que vaya al grano, pues bien…

Taisho estaba expectante, quería saber qué ocurría con él. El muchacho hablaba con agresividad y mucha energía contenida. Esperó que continuara.

—…le traje sus cosas a Lin, las que no alcanzó a llevarse cuando un estúpido anciano en pubertad se la llevó. Y con estúpido púber de cuarenta años me refiero a ti.

Sesshomaru se sorprendió. ¿Quién creía que era él para tratarlo así en su propia casa?

—No sé qué intentas decir, pero te equivocas —aclaró, tratando de controlarse. Estaba enojado de nuevo, no permitiría que lo malinterpretasen de aquella manera.

—Dime la verdad, dónde está ella. ¿Ha huido de ti, pervertido? —Se levantó.

—Claro que no. No tendría por qué…

—¿No? —irónizó el chico y se acercó a él. Sesshomaru bebió de su whisky, sin inmutarse.

—¿Aún no le has puesto un dedo encima? ¡Qué considerado eres! —lo halagó con sorna—. ¡Seguro te mueres de ganas! Es obvio que hiciste un buen trato con Trueno para quedártela. De hecho, no sé cómo ese estúpido accedió a venderte a Lin. ¿No era él quién tanto la amaba? Lin era su favorita…

—¿Qué estás diciendo? Déjate de idioteces y explica mejor eso. —Sesshomaru prestó más atención. Tenía un ligero horrible mal presentimiento sobre esas palabras.

—¡No vengas a decirme que no lo sabes imbécil! Claro, debiste pedir una recomendación, y él muy idiota te entregó a su preferida. Ahora dime, dónde está. —Le ordenó, ya frente a el.

—¡Qué tiene que ver Trueno en todo esto! ¿Él hacía lo que creo que hacía? —Lo agarró de la camisa, y lo levantó hasta que sus pies casi estuvieron en el aire. Sesshomaru era mucho más grande.

—¡No digas que no lo sabías! ¡Maldición, la trajiste aquí para hacer lo mismo! —gritó en respuesta el chico. Sus ojos destellaban una furia salvaje. Sessh lo sospechaba, pero no había creído que fuese cierto hasta ese momento. ¡Ese imbécil abusaba de ella! ¡Y ese muchacho creía que él también lo hacía!

—No asumas cosas que no son, idiota. ¡No soy un pervertido! —rugió, tomando al chico por la camisa y lanzándolo directo al sofá junto a su copa de licor.

¡Él no era un pervertido, maldita sea! ¡Por qué todo el mundo se empeñaba en recriminárselo!

—Traje a Lin a esta casa para cosas completamente diferentes y no serás tú quién haga falsas suposiciones en mi cara. ¡Vete!

—¡No! No dejaré que la toques más, ¿oíste? ¡Me la llevaré! ¡Me la llevaré lejos de los hombres como ustedes! Tendrás que saciarte en otro lugar —masculló iracundo—, pero con Lin… ¡Jamás! —Dicho esto, tomó la perilla de la puerta y la abrió rudamente.

Sesshomaru fue por su copa, volvió a llenarla para bebérsela de un trago.

—Tal vez se te refresque la memoria cuando estés sobrio —articuló el muchacho desde el umbral de la puerta—. Ella no se negará a marcharse conmigo… porque yo nunca la tocaría sin su permiso. Ella me ama y yo la respeto. No soy como tú… —Y sin decir más, salió del departamento con un portazo, dejando a Sessh con las palabras en la boca.

¿Qué ella lo amaba? ¿Qué él jamás la tocaría sin su permiso? ¿Acaso no era su hermano? Si no eran hermanos, entonces ¿qué demonios eran? Además. ¡Él no la había tocado! Salió del departamento tras él para aclarar la situación e investigar quién demonios era ese tipejo.

III

Cuando iban saliendo del establecimiento, Kagome vio algo y salió corriendo repentinamente.

—Espérame aquí, ¿sí? Vuelvo enseguida.

—Espera, ¡Kag! —Demasiado tarde, ella ya había echado a correr. Estaba reunida con un hombre. Al final, era extraño que estuviera tan sola. Tenía novio. Caminó hasta que llegó hasta ellos y se detuvo cerca a esperar a la chica.

Miró al sujeto con el que hablaba a su, aparentemente nueva, amistad. ¡Ella lo conocía! ¡Era el hermano de Taisho! ¡Y era el novio de Kagome! ¡Qué tonta había sido al pensar que Sesshomaru la dejaría libre! Él debía supervisar que todo saliera bien con su estúpido plan. Kagome estaba ahí para vigilarla, y ni siquiera habían tenido la delicadeza de ocultarlo. Ellos creían que era una mujer sumisa, pero no lo era. Suspiró, era de hecho muy raro que hubiera encontrado una amiga tan rápido. Se dio la vuelta enojada y comenzó a caminar calle abajo.

Kagome e InuYasha al ver esto salieron detrás de ella. En un momento tenía una mano jalándola del brazo. Tuvo que darse la vuelta para librarse, era el otro Taisho.

—¿Qué quieres? ¿Qué no le diga a tu hermano que descubrí la misión? —lo desafió irónica.

—Espera, no es lo que crees. Kagome es mi amiga, vine a verla. —Inuyasha miró a Kag, quien parecía preocupada.

—Y supongo que el que ella se haya acercado a mí no tiene nada que ver con el estúpido plan de ese estúpido.

—No. Fui yo quien quiso conocerte, tenía curiosidad —admitió Kagome.

—¿Nunca has visto un pez de pecera en un acuario?

—No hables así —se complicó el peliplata—. Nada tiene que ver ella con el objetivo de Sesshomaru.

—¿También la engañaron a ella? ¿Qué sigue… le preguntaste ya que había hecho durante el día?

—¡No quiere vigilarte! —le insistió de nuevo el chico.

—Creo que esta es la razón por la cual no tienes amigos verdaderos —se dirigió mordazmente a la azabache—. Yo nunca he traicionado a ninguno y ellos están conmigo siempre.

Kagome la miró cabizbaja, pero Lin se marchó sin mirar atrás. —Es muy desconfiada… —susurró. Ella no la estaba traicionando, pero a fin de cuentas tenía razón en algo: no tenía ningún amigo, solo a InuYasha… y él le había preguntado si Lin había hecho algo escandalizador.

—Debe serlo… —respondió—. Tal vez tuvo una vida difícil. Sesshomaru tendrá problemas —respondió Inu—. ¿No estás enojada? Después de todo sí te pregunté qué había hecho. —La tomó de la mano y empezó a caminar al auto.

Kagome le sonrió tristemente. —Sabes que no puedo enojarme contigo.

—¿Eso me hace el número uno en la lista para almorzar? —La invitó con una sonrisa.

Irresistible.

—Eres el único en la lista, idiota. ¡Pero no me lleves donde la última vez! No puedo comer siempre comida rápida, tacaño. —Lo miró de soslayo. Tenía su sonrisa burlona preferida.

IV

Sesshomaru alcanzó a Kohaku en la entrada del ascensor. Cuando la puerta se abrió, se asomaron tres personas. Sin importarle la presencia de ellas, Sessh impidió que el chico entrara violentamente.

—¡Quién eres, idiota! —Lo arrastró hasta el pasillo. Una mujer gritó dentro del ascensor—. Dijiste que ella te amaba. ¿¡Por qué!? ¡Seguro quieres hacerle lo mismo!

—¡No te incumbe quien soy! Solo debes saber que me la llevaré lejos de ti. —El ascensor cerró sus puertas con la escandalizada gente y quedaron solos en el pasillo. Kohaku se dio la vuelta—. ¡Ah, y se me olvidaba esto! —Volteó de repente y le dio un puñetazo en toda la cara.

Sesshomaru retrocedió unos pasos. —¡Imbécil, me las vas a pagar! —gruñó, avanzando peligrosamente hasta el muchacho. Él sentiría su ira, ¡por Dios que la sentiría!

—¡Me las vas a pagar tú! —se impuso el más joven, para caminar hasta las escaleras y bajar en una frenética huida.

La sangre caía desde la boca de Sesshomaru. ¡Ese cretino ya vería! Mandaría a que lo trajeran de vuelta frente a él.

Alcanzó a caminar solo unos pasos de vuelta al apartamento para llamar a seguridad, cuando la puerta del ascensor de abrió y salió Lin con sus libros.

¡Lo que le faltaba! Quiso entrar, pero se detuvo cuando ella vio su herida.

—¿Qué te sucedió? —Corrió hasta él con una mirada preocupada. Olvidó que lo odiaba por ordenarle vigilancia.

—¡Pregúntale al estúpido ese de tu amigo! —Ingresó al apartamento.

—¿Amigo…? —preguntó sin atreverse a seguirlo.

—Kohaku Ishida…

—¿¡Kohaku! —chilló la chiquilla, dando un pequeño brinco. Sus ojos se empequeñecieron por la enorme sonrisa y, cuando Sesshomaru llegó hasta la cocina, ella ya no estaba en la puerta. Había usado la escalera para ir tras él. Se lavó la cara y se sirvió otra copa.

Se encerró en su habitación y no fue hasta media hora después cuando ella regresó. No escuchó ningún sonido en la casa y, dubitativo, se dirigió al living para ver si ella había regresado. Lin estaba sentada frente al citófono con una enorme sonrisa, sus ojos brillaban y estaba medio despeinada. Había corrido hasta abajo, supuso.

Caminó hasta la cocina y se sirvió un vaso de agua. La miró, pero ella parecía ensimismada.

—¿Está bien que pida un almuerzo? —le preguntó, repentinamente animada.

—¿No lo dije antes? Puedes pedir lo que quieres, va por mi cuenta —le recordó Sesshomaru, rememorando la discusión de aquella mañana.

Lin suspiró y trató de arreglar la situación. —Escucha, yo no… —Sesshomaru la interrumpió.

—Tu amigo cree algunas cosas equivocadas.

—No hay de qué temer, siempre se ha preocupado mucho por mí —dijo ella con la cabeza gacha. Esas cosas equivocadas que él creía, eran el tipo de cosas que le causaban un terrible malestar—. Le dije que no eras esa clase de persona…

—No le contaste todo… ¿verdad? —preguntó, ansioso por la respuesta.

—¿Qué tiene de malo? Ya no creerá cosas que no son. —La verdad era que no le había contado nada, solo le había dicho que el Sr. Taisho no la iba a tocar. Además de eso, ella tampoco sabía mucho. También quería saber por qué todo ese estúpido montaje tan duradero. No era algo de un día, ¡eran diez meses!

—¡Que qué tiene de malo! —se alteró el peliplata—. ¡Se lo dirá a todo el mundo! ¡Estaré arruinado! ¡Nadie debe saberlo! Si la prensa se entera mi carrera terminará en la basura. —Dejó el vaso sobre la mesa y la miró acusadoramente.

—No tiene nada de malo que le haya contado. Además él es de confianza. —Fue también hasta la cocina por un vaso de agua.

—No es de mi confianza —insistió él.

—Le pedí cautela. Él no me traicionaría. —Lo miró para tranquilizarlo con los ojos y bebió.

—Pero quiere destruirme. ¡Maldición, no debiste haberle dicho nada!

Lin gruñó, de verdad que él era sumamente orgulloso. Ella no le había dicho nada, no tenía de qué preocuparse. Aunque se hubiera ido de boca no debía gritarle así.

—¡He dicho que no le dirá a nadie!

—¿Por qué confías tanto en él? —preguntó intrigado.

—¡Porque me ama! —rugió Lin fuerte y de una vez por todas. ¿Es que acaso el no dejaría que nadie la amara? Estaba claro que cariño para ella era algo que, definitivamente, no había en la casa Taisho. Ni cariño ni nada que se relacionase con el corazón. Aquellas cuatro paredes parecían contener el mismo frío del Polo Norte en la ciudad.

—¿Qué? ¿¡Te acostaste también con él!? No sabía que tenía dinero, parecía un muerto de hamb… —Sonó como un estruendo. El vaso cayó al suelo y Lin bajó la mano.

—¡No te refieras a mí de esa forma¡ —sentenció para luego irse hasta su habitación.

—¡Ese noviecito no dejará que recibas tu cuenta bancaria! —amenazó fuerte Sesshomaru. Aún tenía la mano marcada en la mejilla.

—Ese: mi novio, me quiere incluso con todos esos ceros de los cuales alardeas en la izquierda, y no te preocupes… No le dije nada.

Sessh sintió un peso menos sobre sí. Ella cerró la puerta encerrándose dentro.

Después de todo, él era su novio.

¡Maldición! Quiso gritar y retorcerle el cuello a esa malcriada. ¡Y como le dolía la maldita cachetada! Por primera vez en su vida Sesshomaru Taisho tenía una linda marca roja palpitando en su mejilla.

Recordó al gusano del novio. ¡El muy estúpido decía que se la llevaría! ¡Jah! Eso tenía que verlo.

Reflexionó, las cosas no estaban yendo bien. Necesitaba su trabajo más que nunca, o se volvería loco. Había tomado la tutela de una muchacha ignorante y había hecho un montaje en el cual ellos siempre habían sido una familia unida. La prensa esta fascinada con la historia que se suponía, habían mantenido en secreto durante varios años y, ya que lo había descubierto, estaban pendientes de todo lo que la muchacha hiciera. Hasta ahí todo iba relativamente bien, excepto por que la chica era necia, necia, necia. No tenía clase, era inmadura, apenas había ido a la escuela y era grosera. Eso sin contar el hecho de que era una pequeña ramera que, quizás, se había metido en la cama de todo el mundo.

No mordería el anzuelo, no compraba la historia de que ella había sido una pobre muchacha ultrajada desde siempre. No con su actitud, era demasiado altanera para ser una víctima sexual de un sujeto sin escrúpulo.

Debía tener cuidado con ella, mucho cuidado.

CONTINUARÁ…


Republicación: 07/08/2014