Hey.
Sé que he tardado un pocon en subir el capítulo, pero es porque he andado algo ocupada. Y esta vez es algo corto, sin embargo el próximo será más largo, aunque pyede que tarde un poco. Sin embargo, lo tendrán.
Ahora si, disfrútenlo.
Había escuchado mucho de ellos. Eran los asesinos más buscados, y más respetados.
Aunque también, de los más odiados.
Los Winchester.
Castiel había escuchado historias sobre ellos desde... Pues desde que corría la noticia de que un par de hermanos, apadrinados por Bobby Singer, habían terminado con Azazel, el más peligroso de su tiempo. Ese estúpido se lo tenía bien merecido.
Castiel había sido responsable de seguir el hilo de la vida de aquellos hermanos, no sólo por obligación. También sentía curiosidad hacia ellos.
Sabía que desde muy pequeños habían comenzado en aquel negocio. Y quería saber qué los había orillado a emprender ese camino, pero sin pretenderlo siquiera se había enfocado más en el mayor de los Winchester.
Había oído e investigado mucho sobre él. En el maletín que solía usar para sus viajes constantemente mantenía fotos del Winchester mayor que le había enviado su jefe para poder identificarlo. Él había hecho una lista incluso de los lugares en los que Dean había estado en determinados momentos de su vda. Solía guardar artículos del periodico en los que el chico podría haber sido el responsable del bandalismo o asesinato.
Pero nada le hacía justicia.
En cuanto lo vio entrar en aquel bar, se quedó sin aire.
Vale. Podía respirar, pero era como si cada parte de su cuerpo se electrizara de tan solo verlo. No podía quitar su mirada de él, pudiendo apreciar aquellos ojos esmeralda que le devolvían una mirada divertida, aunque podría ver que escondía una fiereza que pocas veces había visto en alguien más. Una que solía reconocer a menudo frente al espejo, cuando recordaba los malos momentos que había tenido.
Dean Winchester era toda una leyenda. Castiel sabía que su padre murió cuando tenía tan solo 8 años, y que Singer los apadrinó cuando Dean tenía 15 años. Aunque hay 7 años de su vida en la que no tiene idea que sucedió. No es que fuera un acosador, pero todos sabían que él y su hermano habían desaparecido sólo para reaparecer como asesinos profesionales. No era el único que tenía curiosidad por ello. Aunque Dean también era estúpido. Había caído irremediablemente en una trampa.
Intentó hacerle saber. Pero era demasiado tarde.
Para este punto, Ridick, el tipo enorme que daría el aviso de ataque ya ha hecho aquella señal. Castiel vuelve a suspirar. Se temía mucho que eso pasaría.
Para su sorpresa, Dean comienza a reírse y se cruza se brazos, con una actitud arrogante y desafiante. No puede ver su rostro, pero de algún modo sabe que Winchester está sonriendo. Definitivamente aquella investigación no le hacia ni un poco de justicia.
—¿Eso es todo?— Su tono de voz es divertido, como si en vez de estarse enfrentando a al menos dos decenas de asesinos, estuviera observado a dos pequeños pelear por un caramelo. Castiel sabe que necesita actuar, sacarlo de ahí y hacerle entender que debe ayudarlo en su siguiente movimiento. La pregunta es: ¿como?
-No deberías de jugar a hacerte el machito cuando estas apunto de morir. -Apenas y puede entender lo que Kenya dice. Y le sorprende que Dean pueda actuar tan tranquilo cuando el revolver de la chica le apunta en la frente. Da un vistazo a Gabriel, su joven colega y hermano que se ha infiltrado de algún modo en aquella pandilla de matones.
Gabriel le sonríe, se levanta y aplaude una sola vez.
—De acuerdo chicos. Terminemos lo que hemos venido a hacer aquí. —Esa es la señal que Castiel necesita. Se levanta, sacando al mismo tiempo su propia arma de la parte trasera de su pantalón. Toma la parte trasera del cuello de la cazadora de Dean, jalandolo hacia abajo, obligándole a tirarse en el piso. Alza su arma, una sonrisa expandiéndose en su rostro.
—Buena vida, Kenya.
Y dispara, justo en la frente de aquella rubia.
Un segundo después, toda una balacera se desata dentro del lugar. Alguien dispara hacia los focos de luz y en el oscuro lugar solo se observan los destellos de las balas que van de un lugar a otro.
—¡Castiel! —Sabe que Gabriel tuvo que haber gritado, pero sus oídos zumban a causa de tanto ruido, así que solo puede escucharlo como un susurro entre aquel zumbido.
—¿Qué diablos haces?—Esa es una voz a lado de él. Logra sentir la calidez de aquel aliento, pero no dura mucho. Entre el tumulto de aquel lugar, alguien lo golpea. Puede sentir el dolor expandiéndose solo unos segundos, recorriéndole por el costado izquierdo.
Un segundo golpe llega a él y cae inconsciente.
El silencio que le rodea es sepulcral. Su cabeza duele horrores y sus costillas también. Un incómodo dolor sordo que se asentua dada la posición en que se encuentra. Sus ojos recorren la habitación, pero todo está a oscuras, a excepción de la luz que entra por la ventana, apenas y alumbrando la habitacion. Mueve su mano izquierda, sintiendo el extraño metal contra su muñeca. Repite el movimiento con su mano derecha, encontrándola con la misma suerte. Al parecer está en una cama. Esposado.
"¿Donde estoy?" Se pregunta, concretamente sobre la localización del lugar. Uno a uno los recuerdos de lo sucedido en aquel bar van llegando a él, embriagandolo de angustia, pues lo último que recuerda es haber sido golpeado por algun desconocido. Inhala hondo, y es ahí cuando siente el peso de alguien sobre su cadera, sentado de cuclillas sobre él. Lo sabe porque también siente unas piernas a cada costado propio.
Intenta mover su torso, pero no avanza más que unos pocos centímetros. En parte porque el dolor lo detiene en seco, como si acabaran de martillarle las costillas y la cabeza y después bailado sobre sus huesos rotos. Por otra parte, se detiene porque, a través de aquel silencio, resuena por toda la habitación el sonido de un arma siendo despojada del seguro. Segundos después tiene el arma pegada en la frente.
—Al fin despiertas, bella durmiente— Es la misma voz que eschuchó antes de desmayarse en aquel bar—. Ahora vas a decirme quién eres y por qué diablos conoces tanto sobre mi.
—¿Podrías bajar tu arma?— Contesta de forma casual, como si conociera a aquel chico de toda la vida. Aún no puede observar bien su rostro, pues la luz apenas y le deja descubrir que, efectivamente, está sentado sobre él, pero no de manera sexual. De hecho, si lo piensa detenidamente no podrá moverse de ahí porque el otro mantiene bien sujetas sus piernas bajo su cuerpo. Aunque logre golpearlo, sabe que no facilmente saldrá de ahí. Mucho menos con las manos esposadas, por lo que intenta relajarse y elaborar un plan de escape.
—¿Quién eres? —Ahora aquella voz está llena de tranquilidad, y eso resulta más escalofriante que la forma en que gruñó lo primero que le escuchó decir. Es una tranquilidad amenazante, y a Castiel le parece que en realidad está calculando la forma más dolorosa de matarlo.
—Castiel. Castiel Collins —Suelta de pronto. El aliento del chico es cálido cuando se ríe, demasiado cerca de su cuello.
—No me digas... Vamos, Novak. Uno diría que sabes mentir mejor —Se tensa de inmediato al escuchar su apellido. Podría jurar que sonó demasiado sincero y creíble cuando soltó ese falso apellido. Solía usarlo de vez en cuando. Cuando era forzoso presentarse y él no quería ni dar una pisca de sí mismo. .
—Me...¿Me conoces? —Se maldice mentalmente porque su voz sale entrecortada y apenas en un susurro. Usualmente Castiel domina tan bien sus emociones que las personas suelen juzgarle como un ser indiferente, especialmente en casos como estos.
—No. Pero tu amigo... ¿Cuál era su nombre? ¿Genaro? ¿Gilberto? ¡Ah! Gabriel. Tu amigo gabriel no ha tenido otra más que decirlo. No ha sido nada dificil averiguarlo. Al menos sigue vivo.
Como si esa fuera una orden contradictoria, un gemido se expande por toda la habitación. La luz es encendida y entrecierra los ojos hasta que deja de serle deslumbrante. El gemido resuena de nuevo, haciéndole girar la cabeza casi por instinto al reconocer de quien proviene, pánico apoderandose de él.
Su único apoyo en la vida, y su más querido y admirado hermano, yace inconsciente en la cama contigua, con una enorme herida en la frente. Segundos después nota que hay un chico con rostro aún infantil inclinado hacia su familiar, con el cabello castaño y largo. Lo reconoce de inmediato y eso solo le deja dos opciones: Vivirá atormentado para siempre, o morirá ahí mismo a manos de esos hermanos.
—No va a morir. Al menos, no de momento. —Le informa Dean Winchester cuando Castiel vuelve la cabeza hacia el hombre sentado sobre él. —Dependerá de ti, Novak. Deberías comenzar a hablar.
