Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, como todos sabéis. El crédito es enteramente de Kishimoto.

Advertencias: Parejas canon por aquí y por allá. En caso de que no deseéis leerlas, ya sabéis.

Notas: Esta vez no he tardado tanto, ¡pero aún así ha sido más de lo que esperaba! Lo siento, en serio, he intentado darme prisa porque he recibido muchos reviews y me hacía ilusión, pero la universidad me sigue teniendo atrapada...

¡Como siempre, esperaré vuestras opiniones!

(P.D: Este es el momento incómodo en el que tengo pensada una historia en este AU para casi todas las parejas. Quiero llorar.)

Falsa alarma.

3.

La tercera vez es el broche de un día especialmente desastroso para Hinata.

La chica sale del despacho de su padre cerrando la puerta tras de sí con suavidad, como si temiera que incluso su huida -porque no puede buscar un sustantivo mejor para lo que está haciendo- fuera a molestarle. Aún siente la mirada de Hanabi sobre ella, cargada de una lástima que sólo parece humillarla más, viniendo de su hermana menor.

Camina a través del edificio de oficinas de la empresa Hyûga, esquivando a los individuos que intentan pararla con miradas curiosas y preguntas listas para ser lanzadas en su dirección. Hinata aprieta contra su pecho la carpeta llena de documentos que lleva, como si eso pudiera servirle de escudo o impedir que su corazón se resquebrajara.

El Sol brilla con fuerza cuando sale, como si se esforzara por contraponerse al humor de Hinata, y la elegante camisa blanca que había elegido para el encuentro con su familia de pronto parece sobrarle.

Con una mano temblorosa, rebusca en su bolso su teléfono móvil, intentando tranquilizar la sensación de ansiedad que presiona contra sus pulmones y le impide respirar con normalidad. Tantea su libreta, dos bolígrafos y su compresa para emergencias antes de dar con el aparato, que saca con un suspiro aliviado.

La fotografía que la recibe al desbloquear el teléfono es una que tomó hace tiempo con Kiba, Shino y Kurenai-sensei, cuando esta última dio a luz a su hija. La imagen suele causar una sonrisa inconsciente que, sin embargo, esta vez se niega a acudir a sus labios. Pulsa el nombre del contacto que buscaba mientras empieza a caminar calle abajo, agradeciendo el sentimiento de anonimidad que le proporciona el gentío propio del centro a esta hora.

Neji contesta al tercer tono.

—¿Hinata?

El tono de voz de su primo es lo que desbloquea la parte de Hinata que aún se sentía congelada por el shock, y siente un picor en los ojos que augura las lágrimas.

—Acabo de hablar con mi padre. —dice ella a modo de saludo.

La afirmación es seguida por un silencio cargado de tensión. Hinata sabe que este es un tema especialmente delicado para Neji, quien decidió estudiar en Hokkaido precisamente huyendo de las presiones que su familia ponía sobre él. Sin embargo, la chica no ha querido acudir a nadie más llegado el momento, porque de algún modo sabe que su primo es el único que va a entender el dolor, la humillación que acarrea esta decisión por parte de su progenitor.

—Ha nombrado a Hanabi como heredera.

—Oh. —la voz de Neji es tan neutral como acostumbra, pero Hinata es capaz de notar la nota de preocupación que oculta. —Pensé que si no lo hacía en el momento en el que decidiste mudarte, no lo haría nunca.

Hinata aprieta los labios con fiereza, cerrando los ojos para evitar echarse a llorar en mitad de la calle. "No eres lo suficientemente buena", susurra una voz en su cabeza. "Nunca serás lo suficientemente buena."

—Parece ser que ha cambiado de idea.

—Pues ha cometido un error.

Neji lo dice con tal naturalidad y seguridad, que por un instante Hinata hasta se atreve a creerle.

—Hanabi está bien preparada... —susurra, con un suspiro. Sabe que no puede negarlo. Su hermana menor tiene una mente aguda y un sexto sentido para los negocios con el que Hinata sólo puede alcanzar a soñar.

—Claro que lo está. Como tú.

Toma saliva con fuerza, pero no añade nada más. Se limita a quedarse en silencio, dejándose envolver durante unos segundos por el ajetreo de la ciudad. Hinata sabe que esto no implica nada: Puede seguir trabajando para la empresa, por ahora. Al menos su padre no le ha prohibido eso aún. Y sin embargo, aún puede sentir todo su mundo derrumbarse a su alrededor.

No eres suficiente, vuelve a repetirle algo en su cabeza. No eres suficiente para nada. Para nadie.

—¿Hinata?

La voz la sorprende tanto que da un saltito, asustada. No es Neji al otro lado del teléfono quien ha roto su cansado silencio, sino que la llamada ha llegado desde su derecha.

Se gira, aunque sabe perfectamente a quién va a encontrar ahí.

Naruto Uzumaki la mira, entre receloso y sorprendido, los ojos muy abiertos posados en la expresión angustiada de ella. Hinata no puede leer mentes, pero está segura de que si el chico fuera un ordenador ahora mismo podría leer un mensaje de "Error. El programa dejó de funcionar" en su pantalla.

—¿Neji? Te...te llamaré luego, ¿de acuerdo?

Hay sólo un sonido de asentimiento al otro lado de la línea antes de que él mismo cuelgue, dejando a Hinata sola con el sentimiento de absoluta vergüenza que le produce ser encontrada semejante situación y con el chico de mirada horrorizada ante ella.

...

...

...

Él la lleva hasta casa en moto, y si su velocidad le produce a Hinata la sensación de que va a morir joven cuando van en coche, con el cambio de vehículo se siente al borde de una taquicardia.

Aparcan bastante lejos de su bloque, porque no hay más sitio, y caminan en silencio durante unos treinta segundos (todo un récord, tratándose de Naruto) antes de que él pregunte qué ha pasado.

Así que Hinata se lo cuenta, en tono bajo y avergonzado, con la cabeza gacha y la mirada puesta en la punta de sus zapatos mientras camina. Naruto no dice nada hasta que termina, pero ella sabe que está escuchando atentamente. Sus ojos azules parecen calentarle aún más la piel que el sol.

—Tu familia es imbécil, ´ttebayo.

—Mi padre sólo hace lo que cree que es mejor para la empresa. —replica Hinata de inmediato, con una frase que lleva marcada a fuego en la mente desde que aprendió a hablar. "Mi padre hace lo que cree que es mejor" es una excusa que ha salvado incontables veces a Hiashi.

—¡Eres su hija, eso es más importante! —dice Naruto, alzando los brazos al cielo. — No puede simplemente obligarte a estudiar para heredar y luego echarte a un lado, no es justo.

Hinata encoge los hombros con suavidad, sin alzar el rostro. Naruto frena en seco para colocar una mano en su hombro y obligarla a girarse para encararle. El corazón de ella salta en su pecho, y parece decidido a escaparse a través de su boca cuando menos mire.

—Hinata, nada de esto es justo. Puedes decirlo en voz alta.

—Pero...

—¿Crees que es justo?

Muy lentamente, ella niega con la cabeza. Se permite mirarle de reojo, insegura como pocas veces. Hay una suave sonrisa tironeando de las comisuras de los labios de Naruto.

—Entonces dilo.

—No...no es justo.

—¿Querías tú que algo de esto pasara?

Lentamente, Hinata niega con la cabeza.

—Quería ser bailarina. —dice, para luego morderse el labio inferior. Teme que Naruto piense que es estúpida tras esa pequeña confesión, pero el agarre en su hombro se aprieta y la sonrisa de él se amplía.

—Hubieras sido una estupenda bailarina ´ttebayo.

Hinata siente sus labios alzarse involuntariamente ante la información, y hasta se permite soltar una risa desganada. No es justo, repite una voz en su cabeza. Suena como la de Naruto. No es justo. Es tu padre.

Más tarde, ella se sentirá culpable por tener esos pensamientos. Pero en el momento se deja envolver por ellos, se regodea en la sensación de la mano de Naruto cuando aferra su muñeca y tira de ella en dirección a su bloque, en la sonrisa que le dedica.

Naruto no es lo mejor que le ha pasado en la vida. Aún no, al menos. No cuando el sentimiento cálido en su pecho apenas está empezando a crecer. Pero en ese momento, todo lo que Hinata desea en el mundo es tener el valor para dejar su mano deslizarse hasta la ajena, para entrelazar sus dedos y apretarlos.

—Puedes quedarte a cenar con el imbécil de Sasuke y conmigo esta noche. —dice, en tono ligero. A Hinata siempre le sorprenderá cómo sus insultos pueden guardar tanto cariño. — Seguro que no le importa. De todos modos, Sakura iba a venir también, así no tendrás que estar sola...

Continúa hablando mientras avanzan, un monólogo que consigue tranquilizar el corazón de Hinata y relajar sus músculos. Durante unos segundos, hasta se permite olvidarse de todo lo que ha ocurrido, de la mirada que le ha lanzado Hanabi y de las palabras severas de su padre.

Naruto sólo le suelta la mano cuando tiene que rebuscarse en los bolsillos por las llaves. A Hinata no se le escapa que hay un llavero en forma de zorro colgando de ellas, y tiene que taparse la boca con la mano para ocultar la sonrisa enternecida que florece en su rostro.

Cuando él abre la puerta, lo primero que asalta los sentidos de la chica es el suave olor a vainilla. Entra en el apartamento tras Naruto, sólo para encontrarse que está siendo suavemente iluminado por velas.

Hay que tener en cuenta que Hinata es una chica avispada. No se le suelen escapar las cosas, y menos cuando resultan tan obvias. Sin embargo, tiene la mente nublada por sus propios problemas, así que ni siquiera se plantea que Naruto pueda estar equivocado cuando masculla un "Se ha debido ir la luz y el imbécil sólo ha pensado en esto...".

Se deshace de su bolso y de su chaqueta. No presta atención a los pantalones blancos que hay colgando de una silla, o a que hay dos vasos medio llenos en la mesa -uno de ellos con labial en el borde.-

Sin embargo, no se le pasa por alto la mochila de boxeo rosa, abandonada al lado del sofá. Abre la boca para avisar a Naruto, pero es demasiado tarde: El rubio está ya abriendo la puerta del cuarto de Sasuke.

—Oye, idiota, Hinata se va a quedar a cenaaaaaaaMISOJOS.

El chillido de Naruto es tan agudo que bien podría estallar una copa de cristal. Se lleva las manos a la cara, para taparse la vista, y trastabilla hacia atrás con la gracia de un pingüino empastillado. Con su suerte, su trasero golpea una de las mesitas llenas de velas.

Hinata ve, casi a cámara lenta, como una cae sobre la alfombra. Se lanza para intentar sujetarla, pero es demasiado tarde.

A uno le sorprendería lo rápido que arde un tejido barato.

La alarma de incendios se mezcla con los gritos de Sakura y Naruto.