Avanzamos un poco más en la historia de estos dos. Gracias a todas las que dedicáis unos minutos a leerme y en especial a las que también lo hacéis para dejar alguna review y no os puedo escribir por ser Guests. Espero que os guste.
No había dejado de dar vueltas en la cama desde que se habían despedido hasta al día siguiente. Esa mujer era sin ningún tipo de dudas una fuente inagotable de sorpresas. No iba a entenderla jamás, y sin embargo le apasionaba, le enganchaba su manera de ser. Era capaz de sacar lo mejor de él. Desarrollaba, fortalecía su imaginación como nunca imaginó sería posible. Era definitivamente su musa. Ya había recreado lo que depararía la mañana, el día siguiente de cien maneras diferentes. Quiero que me conozcas tal como soy ahora y que valores si vale la pena lo que sea que puede venir cuando nos vayamos de aquí. ¿Qué había querido decir con eso? Probablemente me harás llorar, quizás querrás irte antes del lunes, olvidarte de mí, pero me arriesgaré. Necesito contártelo todo. Y como la nueva reina del suspense, le había dicho que se iba a dormir, y que mañana le explicaría más y que quizás le enseñaría algo. ¿El qué? Si había algo que realmente le reconfortara era saber que en un par de días todas esas preguntas que ella decía él se estaba haciendo tendrían respuesta. O quizás no haría falta esperar tanto y se lo contaría en unas horas. Sin duda había creado mucha expectación, y ahí estaba, con los ojos como platos a las tres de la mañana, escuchando como la lluvia amainaba, como el viento movía hojas de los árboles cercanos, escuchándose a él. Inquieto. Ansioso. Dubitativo. Despistado. Había algo en todos los recientes acontecimientos que se le escapaba. Una pieza perdida que iba a hacer encajar todo el puzzle. Y no tenía ni idea de lo que era. Sólo que se trataba de ella. Y de él. De algo que podría empezar tras ese fin de semana largo. ¿Una relación? Rick, no te ilusiones, se decía ¿Una nueva separación, esta vez más definitiva? Entonces ¿por qué lo habría llevarlo ahí, a solas? No, no era eso. ¿Cómo debía encajar lo que fuera a explicarle? ¿Tenía que ser comprensivo? ¿Seguir enfadado? Aún estaba molesto por haber pasado de él en momentos complicados. Momentos que no solo fueron complicados para ella. ¿Qué le había llevado a aceptar acompañarla? ¿Qué esperaba realmente de esa escapada? Se dio media vuelta más, quedando boca arriba, levantando los brazos ligeramente y dejándolos caer a ambos lados del cuerpo, desesperado por no coger el sueño y por verse sepultado por preguntas sin respuestas. Esas preguntas sin respuestas. Bufó. Mañana estaría hecho un asco. Dio otra vuelta. Y otra. Ahora boca abajo, cubriendo su cabeza con la almohada.
Una quietud que le era extraña le despertó unas horas más tarde. Abrió los ojos y apartó el cojín que apenas le dejaba respirar, acostumbrándose al lugar, recordando entonces dónde estaba y las esperanzas que tenía puestas en que ese día iba a ser especial. Delante suyo, entre las rendijas del ventanal de madera que por la noche no había abierto por el temporal, se colaban los rayos del sol. Parecía mentira que apenas unas horas antes hubiera llovido tanto. Se desperezó, salió de la cama y dirigiéndose a la ventana para abrir los portones, con la clara intención de ver ese lago tan anunciado por Kate. -¡Wow! Se quedó muy corta al decir que esto me iba a gustar. -Dijo en voz alta. Cada mes del año tiene su encanto en la montaña. Los tonos grises, los verdes apagados del invierno, el verde claro de la primavera, algo más oscuro en verano, pero sin lugar a dudas los colores del otoño eran sus favoritos. La naturaleza mostraba entonces todo de lo que era capaz. Mostraba sin pudor su grandeza, regalándonos la impecable mezcla de marrones, naranjas, amarillos en sintonía perfecta con toda la escala de verdes. El pequeño lago que tenía delante era como un cuadro al óleo de esa estación del año. El sol intenso brillando en un cielo azul sin nubes no hacía más que elevar a portentosa la definición de esa escena. Y entre tanta belleza, ella. Sentada en el borde de un pequeño embarcadero en el que descansaba una barquita que no tendría más que dos metros de eslora. Era el mejor despertar que recordaba. Solo por eso y por las expectativas creadas, ya valía la pena haber ido ahí con Kate. Y por la compañía, claro. Intentó retener la imagen. Los meses de baja le habían sentado de maravilla a la inspectora. Estaba estupenda. Relajada. Con algún kilo más que suavizaba la expresión de su cara. Bronceada. Estaba más que guapa. Y él estaba más que molesto pero seguía tan colgado de ella como el primer día, sin olvidar que además ahora la quería con locura. Si sólo ella recordara lo que le dijo en el cementerio. Por una vez que él reunió todo el valor para abrirse a ella, y no sirvió para nada. Se pasó la mano por el pelo, en un gesto con el que intentaba disminuir el agobio que le producía cerciorarse de la ineficacia de lo que él consideraba su gran proeza. E intentando sentirse mejor, cogió una toalla y se encaminó al baño.
Siempre recobraba la inspiración bajo el agua. Era como una musa último recurso que cada mañana le daba algunas ideas para afrontar el día con fuerzas renovadas. Aquel día comprobó que las duchas en la montaña eran igual de efectivas. Había pasado una noche simplemente horrorosa, sin encontrar la posición, imaginando situaciones y escenarios donde arrancaría la conversación, preocupándose por el cambio de actitud de Beckett. Más decidida, hablando directamente. Y ahí, dejando caer la cabeza entre los brazos que apoyaba en la pared, siguiendo el recorrido del agua por su cuerpo, ahí lo vio todo claro. ¿Por qué darle vueltas a lo que iba a venir? Lo que tenía que preocuparle era encajar fuera lo que fuera de la mejor manera. No debía perder el control. Debía dejarla hablar, o mejor aún ayudarle a hablar, ser comprensivo, ponerse en su piel y tenía que ser positivo. Haberle llevado ahí y haberle anunciado su interés en abrirse a él y sobre todo aclarar el tipo de relación que tenían eran unos titulares de lo más prometedores, aunque los detalles no fueran a ser agradables.
Salió a su encuentro un rato más tarde. Relajado, más o menos descansado y con la mente abierta. Beckett seguía en el mismo lugar y casi en la misma posición, leyendo con aparente concentración el libro que tenía en sus manos.
-Buenos días, Beckett. -se paraba su lado en el embarcadero, con las manos en los bolsillos, contemplando el paisaje desde ese nuevo ángulo. -Quién hubiera apostado por un día así ayer por la noche...
-Buenos días, Castle. Sí, desde luego ayer no me esperaba tener este sol. Es lo que tiene la montaña, es imprevisible. ¿Has dormido bien? Cerraba el libro y volvía la vista hacia el recién llegado.
-Me costó coger el sueño. Supongo que estaba inquieto. Pero después he dormido como un bebé. ¿Y tú?
-Ya... Más o menos igual que tú. -ninguno de los dos dijo nada más durante unos segundos. El escritor de pie, contemplativo. Ella reflexiva, suponiendo las razones del desasosiego de Castle la noche anterior. Finalmente fue Rick el que rompió el silencio. -Esto es increíble. No sé por qué no te escapas más veces aquí, a las montañas.
-Sí, bueno. Es increíble, pero si estás solo no se disfruta tanto. Y ya sabes... Demasiados recuerdos que duelen y pocas oportunidades de crear nuevos. No has desayunado, ¿verdad? ¿Preparo algo? -cambiaba de tema.
-Preparemos algo, claro. -y le tendió la mano para ayudarla a levantarse.
No habían podido cenar en pequeño porche de la terraza, en la que con pericia cabían las butacas y la mesita, pero disfrutaron ahí del desayuno. Aquel lugar era simplemente de ensueño. Tan tranquilo, tan acogedor, tan espectacular. No le extrañaba en absoluto que Kate hubiera decidido trasladarse ahí para recuperarse.
-Así... ¿Qué decías que estabas leyendo cuando he aparecido yo esta mañana? -le preguntaba mientras alcanzaba la mermelada.
-"El cuerpo del delito", de Patricia Cornwell. ¿La conoces?
-Las conozco. Tanto a Patricia Cornwell, que por cierto no es mi tipo, como a Kay Scarpetta. Me sucede una cosa rara con Kay. Me la imagino como un cruce entre Lanie y tú y... Me cuesta meterme en los libros. -le ponía cara de disgusto.
-¿Un cruce entre Lanie y yo? Muy buena, Castle. -se reía a gusto Beckett. -Tengo que contárselo cuando la vea. ¿Sabes que me recomendó ella esta colección?
-Me lo podría haber imaginado. -mordió su tostada.
-Supongo que me quiso devolver el favor por haberle recomendado yo los tuyos. -le guiñó el ojo al escritor con el que compartía desayuno, que abría los ojos como platos mientras tragaba lo que tenía en la boca. -¿Tú recomendándome? No sabes cómo me has alegrado el día, Beckett. Juraría que desde ese lejano primer caso juntos, no habías vuelto a hablar de mis libros... Ahora que ya no soy un extraño para tí ¿Cuál te gusta más? ¿Solo te gustan mis libros o eres fan? ¿Has hecho cola alguna vez para que te firme un libro? ¿Has...?
-Pues sí... -Interrumpía el bombardeo de preguntas que he hacía Castle casi sin respirar.
-¿Cómo? ¿En serio? -su perplejidad no hizo más que aumentar cuando Kate asintió, cogiendo la taza de café, sonriente. -¿Qué libros te he firmado? -se echaba hacia atrás, apoyándose en el respaldo de la butaca.
-Todos. -con cada pregunta que Kate respondía su sorpresa era mayor.
-¿Todos? Bah, no. Bromeas. Me acordaría de tí. -hundió su mano en el pelo, tirándose el flequillo hacia atrás. Pensó en ese momento que le tomaba el pelo como otras tantas veces.
-No bromeo, Castle. ¿Hago cara de estar riéndome? Tus libros me ayudaron a superar la muerte de mi madre. La justicia como eje central de cada historia... Creo que soy policía en parte gracias a ti. -se acababa el desayuno y se limpiaba con la servilleta antes de proseguir. -Además, es normal que no te acuerdes de mí. Nunca me has firmado en... Ya sabes. -intentaba aligerar el ambiente.
-Precisamente por eso. Si te miré a los ojos, nunca debería haberme olvidado de tí, Kate. -bajó su mirada hacia su plato, sonrojada, mordiéndose delicadamente el labio inferior. -Oye, que la de las confesiones incómodas este fin de semana soy yo. No te me adelantes.
-¿Por qué me cuentas esto ahora, Kate? Nos conocemos desde hace tiempo. Hemos compartido mucho juntos. Nunca, jamás habías ni tan siquiera sugerido que eras fan de mis libros y de repente... Uff.
-Ayer te lo avancé, Rick. Siento la necesidad de contarte todo lo que soy, y en especial todo lo que he pasado últimamente, mi recuperación, porqué he desaparecido de tu vida por meses sin decir nada. -cuando parecía que iba a seguir hablando, calló. -Espérame aquí. Ahora vuelvo. -entró en la cabaña, regresando tras unos segundos a su butaca. Castle no perdía detalle. No podía apartar la vista de lo que había ido a buscar dentro y que ahora sostenía entre sus manos.
-Unos diez días después del disparo empecé a escribir una especie de diario en el que he ido explicando todo lo que me iba pasando por dentro. Aquí está todo, Rick. Y me gustaría que lo leyeras. -le extendía el cuaderno para que pudiera alcanzarlo. -Cógelo.
-Kate... No creo que sea una buena idea. -rechazaba su propuesta levantando la mano.
-Por favor... -Rick dudaba. -Mira. -se acercó de nuevo la libreta, la abrió por la última página y le enseñó lo que buscaba. -¿Te acuerdas de este día? Supongo que sí. Todo lo que hay aquí. Bueno, parte de lo que escribí tras dejar el hospital se lo explicaba a esta foto. A ti concretamente. Fue cuando empecé a ver un poco más allá del odio que tenía a los que me desmoronaron la vida. Cuando empecé a estar mejor, cogía la foto, la ponía en una de las dos hojas y simplemente me inspirabas. También tú tienes un punto de musa, ¿Sabes? -sonrió. -Te lo he estado contando a ti, pero ya sabes, soy complicada. Nada de llamarte y hablar. No. Eso es para la gente normal. Yo... Yo no me atreví. Ahora deberías leerlo. Entero.
Después de unos minutos de vacilación por parte de los dos continuó. -No tenemos nada para comer y es una pena no aprovechar este día. Te llevaré a un sitio especial para mí. Iba con mis padres a hacer picnics. Me voy a acercar al pueblo a comprar cuatro cosas. Esta noche, si quieres y te apetece, podemos ir a cenar a un sitio que conozco. -se puso en pie, empezando a recoger los platos de desayuno. Con el trasteo de vasos, tazas y platos, dejó el cuaderno en la mesa frente a él con la foto encima. -No te levantes. -le dijo al escritor cuando empezó a ayudarla. -Rick, esto es importante para mí. -le miraba suplicante. -Estás en tu casa, en la nevera hay refrescos, y... Bueno, ya lo sabes. Oye, cuando vuelva hablamos de lo que quieras, ¿vale? Te explicaré lo que necesites. Y Rick, gracias.
Kate y bandeja desaparecieron dentro de la casa, dejando a un Rick solo y completamente confundido delante de lo que para él era sin lugar a dudas el diario de Beckett. Cogió la foto en la que estaban juntos, muy juntos en aquella noria. Su inspiración... ¿él? Irónico. Volvió la mirada hacia el paisaje que tenía delante, escuchando entre el cantar de los pájaros el motor del coche alejándose.
Inmóvil. Aturdido. Incapaz de reaccionar. Digiriendo las primeras revelaciones de muchas otras que iban a venir. Ella fan de él, ella explicándole cosas, ella queriendo aclarar su relación. Estuvo un buen rato en la misma posición. Valorando qué debía hacer, aunque en el fondo ya lo sabía. En la ducha había decidido ayudarla, ponerle el camino fácil y eso pasaba por coger la libreta y empezar a leer hasta acabar. Con poca decisión la tomó en sus manos, pasando sus dedos por la tapa, sin saber que era un gesto que solía hacer Kate cada vez que se disponía a escribir unas nuevas líneas o a releer algunas páginas. Consciente de que nunca estaría más preparado, la abrió. Y empezó a leer.
26 de mayo de 2011
Duele. Duele mucho. Y la marca es horrible.
Entonces supo que aquello también le iba a doler a él.
En el cuarto prometo animar las cosas. De algún modo empezaremos a remover sentimientos. Nos leemos pronto., mientras tanto se agradecerán los comentarios.
Isabel
