Dragón Ball Z no me pertenece, los derechos son exclusivamente del maestro Akira.


Arrodillados, arrodillados frente a Dios, estaban todos los fieles de aquel pueblo. La misa en esta ocasión en honor a Tarble.

Oramos por el alma del joven Tarble quien luchó en nombre de Dios en una de las santas cruzadas, su sangre no ha sido derramada en vano, lo ha derramado en el nombre de Dios y las puertas del paraíso están abiertas para él, oremos por su espíritu – dijo el padre dando inicio a aquella misa de medio día.

La misa estaba siendo ambientada por el angelical canto de las monjas. Era un coro de ángeles literalmente. De pequeño su madre le había dicho que las monjas eran ángeles que vienen del cielo para dar paz. Era todo un honor para una señorita convertirse en monja un honor tan grande como el de casarse y dar un primogénito varón.

Un extraño escalofrió cubrió la piel de Vegeta se erizo al escuchar el alto de la canción interpretada por las monjas. Le sonaba tan familiar.

Se sentía en el paraíso junto con el alma de su hermano Tarble, lo extrañaría.

Una vez que la misa había culminado las personas se acercaban a la humilde familia a darle sus pésames.

Lágrimas, buenos deseos y condolencias eran recibidas de los creyentes hacia la familia de Vegeta mientras que sus padres intentaban mantenerse con la cabeza en alto, enorgulleciéndose de que su hijo había muerto en nombre de Dios.

Vegeta como primogénito debía dar la cara ante aquella situación, siendo alabado por las ancianas, felicitado por los hombres por su valentía y admirado por los niños.

Mientras Vegeta charlaba con los señores y los niños sobre cómo era la guerra vio que su madre estaba recibiendo las condolencias de parte de las monjas.

Estoy segura que su hijo descansa con Dios – dijo una voz que llamó su atención, no olvidaría aquella voz, tan alegre y dulce.

Se giró a observarla y vio su angelical rostro, su piel blanca porcelana y sus ojos azules como la noche estrellada. Pero deseo no verla, era ella, era la muchacha que había conocido en el bosque. Era la muchacha que deseaba cortejar y convertirla su esposa. Pero ella llevaba un ¿Hábito? ¿Acaso ella era monja?

Muchas gracias hermana Bulma – dijo la madre de Vegeta.

Él lo escuchó, quería negarlo, quería salir de ahí. La única muchacha que consideraba digna de ser su esposa ya estaba casada. Casada con Dios. No podía, estar con ella sería un pecado, las terribles torturas de la iglesia caerían sobre él si lo hiciese.

¿Qué te sucede Vegeta? – preguntó el joven Kakaroto.

Nada – dijo mientras intentaba sacar la vista de la monja.

Debía hablar con ella, al menos para disculparse por haberla visto con el enagua (vestido que se usaba como ropa interior) ella podría denunciarlo con el sacerdote y podría recibir un castigo cruel por ello.

Se acercó y se armó de valor aunque su hermoso rostro sin duda lo cautivaba.

Hermana Bulma, puedo hablar con usted – dijo a lo que ella lo miró y al parecer lo reconoció.

No se alejaron pues era mal visto que un hombre soltero se aleje con una mujer.

Claro joven ¿necesita? – dijo ella con tranquilidad.

Lo que iba a decir le dolía en su orgullo como caballero y su carácter definido, pero debía hacerlo si no quería morir mutilado.

Quería disculparme por verla en prendas menores, le juro que fue solo un accidente, espero que Dios me perdone por hacerlo – dijo no queriendo decirlo.

No se preocupe usted no sabía que se trataba de mi – dijo ella con paz.

De hecho yo no sabía que usted era monja – dijo él.

Así es, dedicaré toda mi vida a hacer el bien y obrar correctamente – comentó.

¿Nunca has querido casarte, y probar otros placeres mejores que hacer el bien? Yo podría mostrártelos – dijo sin darse cuenta con un poco de galantería.

Por supuesto que no – respondió indignada – no hay mejor placer que hacer el bien y ayudar a los demás – expresó – y en cuanto a su propuesta ¿Acaso no se ha dado cuenta que soy una servidora de Dios? Usted está siendo grosero conmigo, podría acusarlo por eso – lo amenazó y se fue.

Vegeta no podía dejar de mirarla, sin duda era hermosa, su apariencia era como el más puro y hermoso ángel, pero su carácter era audaz como el de un valiente hombre.

No podía evitarlo, la quería. La quería para sí. Quería descubrir que había bajo todo ese hábito, quería tener hijos con ella. Pero sabía que eso era imposible.

Su mirada de cambió a una de decepción.

¿Era esa su suerte?

La madre de Vegeta hoyó la conversación, no lo pudo evitar, debía alejar a su hijo de aquella angelical mujer. Sobre todo por su bien. No quería que la muerte de su hijo fuese un asesinato público, no lo quería.

Caminando tristemente se acercó a su esposo, pero cuido en detalle de no comentarle las razones a su esposo.

Querido, debemos casar a Vegeta cuanto antes – dijo la mujer.

El hombre vio la preocupación en el rostro de su mujer. Y accedió.

Mañana mismo iré a la casa de la Tribu Ox, y traeré a su hija junto a su padre y dentro de 5 días podremos casarlos – dijo el honorable padre de Vegeta.

Kakaroto quien estaba presente en ese momento sintió un gran dolor en el pecho. La joven que él deseaba cortejar se casaría con su primo hermano.

No le quedaba nada más que rendirse, Vegeta ya había ido a la guerra y ya era todo un hombre. Mientras que él, solo tenía 12 años.


¿Qué sucederá?