Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, La historia y trama tampoco me pertenece, Es propiedad de Isabella Pattinson Masen, Yo solo soy su BETA.

Comentario de la autora: Bueno aquí comienza mi primer fic con lemmond, Espero disfruten de él, Le quiero dar gracias a mi gran amiga Alice Rathbone Whitlock por su ayuda como beta, Cosa que hace genial y por facilitarme su blog para subir este fic…

Mi advertencia es que este fic está creado para mayores de 18 años y contiene fuerte "Escenas" así que si eres menor de edad y sensible a estas cosas, Obténganse a leer. Gracias por sus Review y besotes a todas. ¿Dejarian un Review, plis?

Capitulo 2: Amigos sin sexo.

La actitud de Jasper Whitlock me enfureció. ¿Quién se creía que era para tratarme así? Puede que el condenado sea muy guapo y todo pero eso no le daba el derecho de tratarme así. ¿Carne fresca? Ya le demostraré lo que es capaz de hacer esta carne fresca.

— ¡Jasper! —exclamó la señora Whitlock enfadada. — Yo no te crié para que trates así a las mujeres.

— No se preocupe, señora Whitlock. El comentario de su hijo no me afectó en lo más mínimo, pero tal vez debería tener un poco más de respeto, no me conoce. —espeté levantando el mentón ligeramente, no me dejaría intimidar para nada.

— Mis disculpas, señorita Brandon. —musitó Jasper, sonriendo torcidamente. Entonces en un rápido movimiento, tomándome con la guardia baja, se acercó a mi para tomarme de la mano y dejar en ella un casto beso. Allí donde sus labios hicieron contacto con la piel de mi mano, me picaba la piel fuertemente y una electricidad me recorrió el cuerpo de pies a cabeza al hacer contacto nuestras pieles.

— Disculpas aceptadas. —murmuré sonriendo falsamente. La actitud de casanova de este chico no me daba buena espina. — Soy nueva en esta cuidad y me gustaría hacer amistades, a veces soy muy sociable.

— Eso ya lo veo. —dijo por lo bajo, Jasper.

— Tal vez deberías hacerle compañía a la señorita Alice, Jasper. —aconsejó la señora Whitlock, enviándome una mirada cómplice. — Preséntala a tus amigos, enséñale la cuidad, sé su amigo.

— Con gusto. —susurró Jasper, mirándome coqueto. Reprimí el impulso de poner los ojos en blanco ante tal filtreo tan notorio. ¿Es que acaso no podía disimular ni siquiera un poco? Con de temor observé que ya era hora de que la señora Whitlock saliera de la escena, estaba segura que Jasper aprovecharía inmediatamente el momento para seducirme y llevarme a su cama, confiando plenamente en su fama de mujeriego y Dios en la cama, como si eso me lo creyera. La actitud de estos hombres me los sabía de memoria, había visto miles de hombres así en mis dos años de ser Sexóloga, ellos se creían lo máximo tanto como en la vida cotidiana como en la vida sexual, eran tan engreídos y egocéntricos que nada les interesaba más que seducir a todas las mujeres que cualquier otra cosa; odiaba los hombres así. Me habían tocado tratar a dos hombre así, el molestoso y grosero de Michael Newton o más bien conocido como Mike, y el ostentoso de Eric Yorkie , quienes siempre en mis sesiones trataban de llevarme a sus camas, ¡ilusos!. Lamentablemente para ellos nunca hubo una cura para ellos, era tanto su ego que jamás cambiarían.

— ¿Me harías el honor de ser mi compañera esta tarde, Alice? —me preguntó Jasper al oído sacándome bruscamente de mis pensamientos. Me alejé inmediatamente de él frunciendo el ceño, mientras miraba con recelo su sonrisita de suficiencia que el muy idiota tenía plantado en su rostro.

— Claro. —acepté de mala manera. Vi por el rabillo del ojo como estaba dispuesto en agarrarme de la cintura para caminar a mi lado pero rápidamente salí de la sala dejándolo con las ganas. Me reí por lo bajo al ver su expresión de desconcierto, apostaba lo que fuera a que estaba acostumbrado a que las mujeres lo aceptaran siempre sin peros arrojándose a él como perras en celo, pero yo no era así y como él no estaba acostumbrado a los rechazos tendría que hacerse la idea nomás.

— Te gusta hacerte de rogar, ¿no? —preguntó con una sonrisa socarrona, alcanzando mi paso con facilidad.

— No tendría por que hacerme de rogar, tu y yo solo nos estamos conociendo. —respondí secamente, su pose de arrogante ya me estaba hartando, juro que si seguía su rostro tendría una muy bien relación con mis puños. Engreído de mierda.

— Eres rebelde, ¿he? Pero hasta el más fuerte de nosotros cae en la excitante tentación.

— ¿Tú excitante tentación? —me mofé poniendo los ojos en blanco. — Claro es que eres tan hermoso que no podré vivir nunca más sin ti o sin tu verga.

— Aunque ahora estés ocupando el sarcasmo, juro que alguna vez rogarás por tenerme dentro de ti, rogarás por que mis manos recorran tu cuerpo, quieras o no lo harás. Y yo seré el que no querrá en esos momentos. —juró firmemente pero justo en el momento en que me disponía a responderle sus creencias con unos "muy pocos" insultos, una aterciopelada voz muy sexy me interrumpió.

— Al parecer se te está esfumando el encanto, primo. —se burló un hombre extremadamente guapo. Era alto, de cabellos rubios, unos hermosos ojos color violeta y unos gruesos, deseables y apetitosos labios. Al verlo le sonreí coquetamente, hace bastante tiempo que no tenía una buena aventura; tal ves esa circunstancia cambie con este chico.

— James. —gruñó Jasper de mala gana. — Alice le presentó a James Vulturi, mi estúpido primo legal. James, te presentó a la señorita Alice… y ahora nos vamos.

Tomándome nuevamente con la guardia baja, Jasper me tomó bruscamente de la cintura llevándome lejos de su primo, quién se reía a carcajadas para luego guiñarme un ojo con picardía. Le sonreí coqueta, pero luego me di cuenta que el estúpido de Jasper aún me tenía entre sus brazos, con furia me debatí entre sus brazos y me alejé de él para luego fulminarlo con la mirada.

— ¿Quién te crees que eres para alejarme así de la gente? Yo decido con quién entablo amistad y con quién no. —espeté con furia.

— A mi no me vienes a hacerme un desplante frente a todos, humillándome frente a mis amigos. —vociferó con enfado, agarrándome de la cintura para acercarme a su cuerpo. — Menos frente al estúpido de James, eso no te lo permito. Además quieras o no terminarás en mi cama, como todas.

— Eres un imbécil. —entonces le abofeteé con fuerza el rostro. Jadeé con fuerza, jamás era tan violenta pero este hombre sacaba lo peor de mí, aunque es hermoso, guapo, tiene unos ojos tan lindos…. ¡stop! ¿Qué mierda estoy pensando? Jasper me observó muy sorprendido, al parecer no se esperaba esa reacción mía. Antes de que pudiera articular palabra alguna, escuché las carcajadas muy conocidas para mí, Edward y Bella estaban detrás de Jasper riendo a carcajada limpia. ¡Incluso llegaban a llorar!

— Jamás había conocido a una chica que sea capaz de abofetear a Jasper Whitlock, eres genial, Alice. —se burló Bella, sonriéndome con diversión. Para mi sorpresa Jasper no se enfadó por el comentario, al contrario sonrió con verdadera alegría, la primera sonrisa sincera que le vi esbozar en todo el día.

— Muy graciosa, Bells —se mofó poniendo los ojos en blanco.

— OH, vamos Jazz, tienes que reconocer que Alice tiene su carácter. —se burló Edward, pasando un brazo despreocupado por los hombros de Jasper. Observé esto con incredulidad, parecía que Jasper Whitlock era una persona totalmente diferente con sus seres queridos, ojala el idiota se comportara así con todos.

— Es obvio que tiene… cierto encanto, pero es una insoportable. —musitó Jasper mirándome con ojos entrecerrados, reprimí el impulso de sacarle la lengua como una niña pequeña.

— Déjame decirte, Alice, que eres la única, aparte de mi esposa, sus padre y yo, que puede ponerlo en su lugar sin temor a que nunca más nos hable, eres valiente.

— Eres un idiota. —Jasper golpeó a Edward por sus palabras y este solo se rió por lo bajo. — Mejor voy a entretenerme con otra… cosa.

Observé con una sonrisita como Jasper se mordía el labio lascivamente al ver a María en frente de de él, moviendo sus caderas sensualmente para llamar su atención, el cuerpo de Jasper se tensó en esos momentos mientras Bella y yo nos reíamos por lo bajo; él era peor que un adolescente lleno de hormonas. Con precisión Jasper se acercó a mi prima y la tomó de la cintura fuertemente por detrás, obviamente restregando su miembro en el trasero de esta. A decir verdad me asombré al ver que Edward y Bella parecían acostumbrados a esto, como si siempre pasara aquella situación; pero claro, debí predecir que esto siempre pasara pues al parecer era verdad el que Jasper era adicto al sexo. Entonces este chico le susurró algo a mi prima que causó que esta se riera como una loca, los dos más juntos que nunca se fueron a la grande casa de los Whitlock donde todos sabían lo que harían allí.

— Creo que después de todo debí esperar esto de su parte. —musité riendo.

— Acostúmbrate, Alice. Esto es así todos los días. —me contestó Bella coreando mis risas.

— ¿Desde cuando lo conocen?

— Yo desde pequeño, él y yo éramos inseparables desde niños, incluso en el instituto. Él es mi mejor amigo. —contestó Edward, melancólico por los recuerdos.

— Y yo desde lo conozco desde que me presenté a todo el mundo como la novia de Edward, hace más de 6 años. Debo decir que siempre me llamó la atención aquel chico de cabellos rubios que se juntaba con el chico que me gustaba, siempre estaba tan alegre, era tan coqueto, tan picaron con todas. Desde fuera se veía frío y prepotente pero al conocerlo bien me di cuenta que era un buen chico. —Bella sonrió ante los recuerdos.

— O sea que siempre ha sido mujeriego. —observé con una sonrisa.

— Sí, desde pequeño, pero así lo queremos.

Después de eso comenzamos a conversar sobre la vida de Jasper, poco a poco fui informándome como era ese te chico desde pequeño hasta ahora y debo decir que no había diferencia alguna, siempre fue un chico coqueto, siempre era conocido por sus amores pasajeros, por sus relaciones que duraban menos de una semana. También me di cuenta que jamás Edward o Bella me decían si alguna vez Jasper se enamoró verdaderamente, jamás escuché decir que Jasper se halla enamorado aunque sea una sola vez verdaderamente. No es que sea mi caso, yo tampoco nunca me he enamorado verdaderamente pero si llegué a querer mucho a uno de mis novios; Matt Growney. Es hombre fue muy importante para mi vida, siempre desde que tenía memoria me gustó pero el era mayor que yo, dos años mayor que yo y por ende jamás se me cruzó por la mente la sola idea de que él se fijara en mi, pero un bendito día me quedé "mágicamente" encerrada en una clase con él, ese día él se me declaró y me pidió noviazgo; más feliz que nunca acepté su petición. Pero lamentablemente la relación terminó por que Matt tuvo que irse a España a terminar sus estudios y desde ahí que no nos veíamos, cuando estaba de novia con el fue desde los 15 años hasta los 17, además nunca lo olvidaría pues perdí mi virginidad con él y eso nunca se olvida.

En un momento dado, Edward y Bella hicieron una escapadita para tener un poco de "privacidad", me reí ante el sonrojo de Bella cuando Edward le propuso la escapada al oído, ¡la pobre estaba más roja que un tómate! Yo por mi parte solo sonreí, era normal eso en todas las parejas y más en los casados, siempre deberían tener su "tiempo a solas". Justo cuando me estaba aburriendo al máximo, una suave mano se posó en mi cintura y un cuerpo se acercó al mío, sonreí al deleitarme con el perfume masculino que mi visitante poseía.

— Hola, hermosa. —susurró una sexy voz, inmediatamente la reconocí como la voz de James, el primo de Jasper.

— Hola, guapo. —les contesté coqueteándole.

— ¿Qué tal si me acompañas un poco adentro de la casa?

Wow, eso si que fue ser directo, James fue directamente al grano sin tapujos ni rodeos. Una parte de mi se negaba a aceptar la petición que James me estaba haciendo, pero la otra parte gritaba a gritos que aceptara. Para ser sincera mi cuerpo necesitaba un buen polvazo pues hace más de dos semanas que no tenía sexo, además quería divertirme un rato y dejar salir mi ninfa malvada, mi ninfa del sexo, así que sin pensarlo demasiado asentí con la cabeza y pronto me vi arrastrada por James para la gran mansión Whitlock. Subimos al tercer piso de la casona y nos adentramos en una de las habitaciones que había allí sin importarnos mucho donde fuera, rápidamente juntamos nuestros labios y comenzamos a quitarnos nuestras ropas que estaban estorbando en nuestros morbosos planes.

Cuando estaba en ropa interior, James comenzó a besar mi cuello incesantemente, chupándolo con fuerza; estaba segura que mañana estaría en mi cuello la evidencia de las malas acciones que ahora estaba haciendo. Con manos expertas me desabrochó el sostén sin dejar de besar mi piel, yo por mi parte tironeé de su bóxer que estaba sobrando en todo esto, debo reconocer que James tenía un cuerpo de infarto, tenía un pecho muy bien marcado y fuerte, con brazos musculosos y piernas fuertes. La mano de James comenzó a bajar nuevamente, me arrinconó contra la pared mientras besaba mis pezones con fuerza, chupándolos peor que un bebé recién nacido.

— Dios. —gemí fuertemente cerrando los ojos, dejándome llevar por la exquisitas sensaciones que James me estaba dando. Entonces sentí como James ingresaba dos de sus dedos en mi estrecha cavidad, haciendo que yo gritara de placer y me debatiera en sus brazos. Con precisión movió sus dedos expertamente, en un punto exacto que me daba un placer inigualable.

— Estás tan mojada para mí. —jadeó contra mis pechos para luego volver a su trabajo con mis pechos. Con sus dedos jugó con mi Clítoris, apretándola fuertemente entre sus dedos mientras aumentaba el ritmo de sus manos. Cuando por fin pude deshacerme de su bóxer, tomé su bien apremiado miembro entre mis manos y comencé a acariciarlo de arriba y abajo, sentí como su cuerpo se tensaba ante mis caricias.

— Ugg Alice, me…. Matas. —gimió entrecortadamente. Sonreí engreídamente, me encantaba escuchar que los hombres disfrutaban de mis caricias en la cama. — Ya… basta… de…juegos...

Entonces sacó sus dedos de mi interior haciendo que yo lloriqueara por la falta de la exquisita sensación que sentía con sus dedos, me dio la vuelta bruscamente dejando que mi rostro se presionara contra la pared de la habitación, nuestros gemidos y jadeos se escuchaban por todo el tercer piso. Hasta que de pronto James me tomó con la guardia baja al meter su miembro en mi cavidad de un solo golpe, gemí como una maldita vaca sin poder evitarlo. ¡La sensación era tan…sabrosa!

— Dios…James. —gemí cerrando los ojos nuevamente.

— Inclínate hacia delante. —me ordenó dándome una nalgada en mis glúteos. Gemí nuevamente pero de igual modo le hice caso y me incliné hacia la pared, haciendo que la penetración se hiciera más profunda, ¡diablos! Sentí mis piernas flaquear ante el placer y tuve que agarrarme con las manos de la pared para no caer de al suelo, gemía fuertemente cada vez que el miembro de James entraba y salía con una fuerza ricamente brutal de mi cavidad tan estrecha, la sensación era increíble y deliciosa. James jadeaba con fuerza agarrándome de la cintura para obtener una penetración más profunda, mientras que yo gemía como una loca y me sostenía de la pared inclinándome hacia delante. Las estocadas se volvieron más fuertes y rápidas cada vez más hasta que mi cuerpo comenzó a convulsionarse debido al orgasmo que estaba llegando.

— James… me corro. —gemí entrecortadamente.

— Hazlo, dámelo.

Sin poder aguantarlo más dejé que el orgasmo arrasara con mi cuerpo, pegué un gritito de placer y sentí como mis jugos salían de mí, envolviendo el miembro de James cosa que le agradó demasiado. Cinco estocadas más y sentí como James se corría en mi interior, sentí como su semen me llenaba me llenaba completamente. ¡Diablos menos mal que tomaba pastillas porque odiaba los condones! Con una sonrisa satisfactoria dejé que James se saliera de mí mientras que yo me sentaba un poco en el suelo para descansar, los dos jadeábamos fuertemente luego del orgasmo y nos sentamos en el suelo.

— Wow, resistes demasiado, pequeña. —sonrió James, le devolví la sonrisa.

— Eso es uno de los beneficios de ser una Sexóloga. —me reí. Y era verdad, uno de los tantos beneficios de ser una Sexóloga era poder saber las tácticas necesarias para poder durar el tiempo necesario para satisfacer al hombre y satisfacerse a una misma. Así duraba demasiado tiempo y el placer se extendía en su máximo punto.

— ¿Eres una Sexóloga? —preguntó James, abriendo los ojos como plato, súper impresionado. Estallé en risas al ver su expresión de asombro.

— Sí.

— Wow, por eso eres tan experta en la cama.

— Y por la experiencia, claro está. —le guiñé un ojo picarona. Él se echó a reír para luego asentir con la cabeza, divertido totalmente. Entonces se acercó nuevamente a mí y abrió mis piernas para luego acariciar mi sexo con sus dedos, jadeé fuertemente y eché mi cabeza hacia atrás cerrando los ojos.

— Y dígame señorita experta en la cama. —murmuró en mi oído suavemente. — ¿Está lista para una segunda ronda conmigo?

Me reí por lo bajo pero de igual forma asentí con la cabeza.

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— ¿Alice? ¿Estas ahí? —preguntó la voz de Bella, al otro lado de la puerta mientras que James y yo nos vestíamos. ¡Mierda, nos iba a pillar! Miré aterrorizada a James y este solo se echó a reír con despreocupación, bueno si él no se preocupaba tampoco lo haría yo.

— Sí, salgo de inmediato. —contesté arreglando mis ropas velozmente. Me aseguré de que James estuviera vestido y entonces me atreví a abrir la puerta del cuarto en que nos hallábamos mi "amigo" y yo para luego observar divertida la expresión incrédula y asombrada que me daban Edward y Bella al verme encerrada con James. Me reí por lo bajo y con mis manos alisé mi cabello que de seguro era toda una maraña, pues la sesión de sexo que había tenido había sido muy…alocada. Edward disimuló una risa con una tos falsa, mirando a James y a mí divertido a más no poder.

— Bueno…mmmm… nosotros queríamos decirte que ya nos íbamos y si te apetecía irte con nosotros, te podríamos ir a dejar, Alice.

— OH, que amables. —exclamé queriendo abrazarlos pero estaba segura que en estos momentos mi aroma no era muy bueno que se diga, estaba segura que olía a sexo. — Okay, me voy con ustedes.

— ¿No te despedirás de mi, Alice? —preguntó la voz de Jasper. Giré mi rostro y lo encontré a mi lado, sonriéndome torcidamente e increíblemente más guapo que nunca, al parecer tener sexo matutino le sentaba de maravilla. Le devolví la sonrisa pero con un poco menos de entusiasmo, después de todo tenía que de alguna forma convertirme en su amiga.

— Claro. —acepté y luego me incliné para darle un beso en la mejilla pero el muy pillo giró su rostro y el beso terminó de lleno en sus labios, rápidamente me alejé de él fulminándolo con la mirada. El muy idiota solo se rió ante mi expresión, puede que sea estúpido lo que digo pero en esos breves segundos que nuestros labios hicieron contacto me sentí en las nubes, una corriente eléctrica me recorrió el cuerpo como un latigazo.

— Nos vemos pronto, Alice. —se despidió para luego dar media vuelta y salir del pasillo del tercer piso.

— Vamonos. —apuré gruñendo, los tontos de Edward y Bella solo se rieron de mi acción. Me di la media vuelta y le sonreí a James. — Adiós, James. Fue un gusto pasar ese tiempo tan… placentero contigo.

— El gusto fue mío, Alice. —se despidió correspondiéndome la sonrisa.

— Ya, ya, mucho doble sentido en las palabras. ¿Nos vamos? —nos urgió Bella, tapándose los oídos cómicamente, todos reímos ante su gesto.

— Vamos.

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A la mañana siguiente me desperté en mi nuevo apartamento, sonriendo como boba al verme viviendo sola por fin, de verdad que me alegraba el hecho de haber dejado atrás el maldito pueblo de Forks donde nadie valoraba de verdad mi trabajo como Sexóloga, ¡por Dios! Si solo los miles de padres en ese pueblo supieran de cómo ayudé a sus hijos llenos de hormonas me estarían agradecidos toda la vida, incluso impedí enfermedades de transmisión sexual o embarazos, pero como nadie sabía esto, nunca sabrían de lo que ayudé a sus hijos. Me levanté, me duché, cepillé mis dientes y me dirigí al hospital de Nueva York donde gracias a Dios había conseguido trabajo con mi profesión tan discriminada, la verdad es que en el hospital de Nueva York me recibieron con los brazos abiertos cuando fui a dejar mi currículum, al parecer le beneficiaba tener una Sexóloga en el edificio pues no tenían ni una sola.

Al llegar al edificio, observé que detrás del mostrador para los pacientes se encontraba una mujer regordeta, con pelo negro azabache y unos falsos ojos verdes, era muy obvio de que estaba ocupando lentillas. Al verme frunció en ceño notoriamente confundida mientras que yo bufaba por lo bajo.

— Soy Alice Brandon. —le informé con una sonrisa. — La Sexóloga nueva.

— OH, claro, la nueva. Buenos días Dra. Brandon.

— Buenos días… mmmm…. Sr. Cope. —la saludé leyendo su tarjeta de presentación que todos deberían tener en un hospital.

— Bueno aquí esta su horario, su esquema de evaluación, su ficha de pacientes al día, sus fichas de enfermedades y por último su tarjeta de presentación.

Sonreí al fijarme en mi tarjeta de presentación la cual decía:

Dra.: Mary Alice Brandon.

Edad: 23 años.

Especialidad: Sexóloga.

Luego de eso la amable señora Cope me mostró cuál sería mi cuarto de atenciones, mis jefes, mi secretaría y el edificio completo para saber con detalle donde se encontraba cada especialidad. Yo me encontraba en el noveno piso ya que ese consistía en todo lo que tenía que ver con sexualidad. Así poco a poco comenzó el agotado día de trabajo y como siempre la mayoría de mis pacientes fueron adolescentes llenos de hormonas. Cada adolescente preguntaba una estupidez distinta, por ejemplo: los típicos anticonceptivos, las maneras de evitar un embarazo lo cual era lo mismo que lo anterior, los mitos de cada enfermedad, las enfermedades de transmisión sexual y sus consecuencias e incluso ¡las posiciones más placenteras!

Pueden creer que llegaron chicos preguntando cómicamente cuál era la posición más recomendada por mí, la que según yo daba más placer que ninguna otra. Ante esto solo me reí a carcajadas; estos niños eran tan ingenuos pero debía cumplir con mi labor, aunque sea contestando cosas estúpidas como esas, así que me puse sería inmediatamente y les recomendé, según "mi opinión", cuál sería la más placentera. También llegaron hombres ya bastantes mayores preguntándome como podían despertar a sus "amiguitos" que no reaccionaban con nada, los pobres hombres se veían tan eufóricos por saber como podían despertar nuevamente a sus "amiguitos" que tenían expresiones de ilusión en sus caras, mientras que otros se enfurruñaban diciendo que sus esposas los habían obligado a buscar ayuda con sus "problemitas". Algunos de esos señores me confesaron enfurruñados que ya nada servía para que tuvieran una erección, que incluso sus esposas le habían bailado, los habían sorprendido desnudas en sus casas, las pobres mujeres habían intentado todo lo posible porque sus maridos tuvieran una erección. Profesionalmente les recomendé a esos pobres hombres la reconocida "pastillita azul" o conocida profesionalmente como el Viagra, pastilla la cual servía para estimular al hombre. Para despertar sus hormonas dormidas y así poder tener una erección verdadera.

A la hora de almorzar conocí a mis compañeros y compañeras y la verdad es que todos fueron muy amables conmigo, a excepción de unas cuantas enfermeras que me miraban con odio puro por llamar la atención de los Doctores allí presentes. Después de almorzar seguí trabajando el resto de día hasta que en la tarde me lleve una gran sorpresa al ver a alguien conocido entrar en mi oficina. Observé extrañada a esa persona.

— ¿Bella? ¿Qué haces aquí?

— ¿Alice? ¿Tú eres la Sexóloga? —preguntó mirándome sorprendida.

— Sí. —asentí. —Pero aún no me respondes mi pregunta.

— Bueno… yo…mmmm… venía a ser unas consultas.

— Bueno, okay, entonces bienvenida Señora Cullen. Tome asiento, por favor. —espeté volviendo a mi vocabulario formal, de toda una Doctora. — Entonces dígame cuales son sus dudas. ¿Tiene algún problema con su vida sexual junto a su marido?

— No, para nada.

— Entonces… ¿el que tiene problemas es él? ¿Acaso su marido no puede tener erecciones normales? —inquirí escribiendo su nombre en la ficha. Bella Cullen, escribí en el nombre del paciente. Me reí internamente al imaginarme que alguien tan guapo como Edward tuviera problemas con las erecciones.

— No, eso le funciona perfectamente bien. —murmuró sonrojada, me reí entre dientes.

— ¿Es usted acaso la del problema, señora Cullen?

— No, no, nada de eso. Solo que…

— Solo que… ¿Qué?

— Bueno… yo…mmmm… —Bella comenzó a ponerse más roja que un tómate.

— Contésteme estas preguntas. —suspiré. — ¿Tiene una situación sexual activa con su marido? ¿Ustedes prueban cosas nuevas a la hora de tener sexo?

— Edward y yo siempre probamos cosas nuevas en la cama, fantasías, lugares, posiciones distintas. Incluso me atrevería a decir que nos sabemos el Kamasutra al revés y al derecho.

— Vaya. —exclamé riendo. ¿Quién diría que esos dos fueran tan… activos en la cama?

— El verdadero problema de esto —continuó, sonrojándose aun más si era posible. — Es que somos muy… activos en la cama, somos muy hiperactivos en lo que respecta al sexo. Cada noche tenemos sexo, cada día probamos una posición distinta que nos satisface a los dos, cada vez vamos descubriendo cosas nuevas, ¡pero casi nunca paramos, Alice! Y eso es exactamente lo que me tiene intrigada, porque a decir verdad no me preocupa en lo más mínimo pues si por mí fuera desearía que mi vida sexual con mi marido siempre sea así. Pero, Alice, dime… ¿es normal que seamos tan activos con el sexo? ¿Es normal que cada noche hagamos el amor? ¿Sería normal que lo hagamos tantas veces?

— Eso es totalmente normal, señora Cullen. —la tranquilicé sonriendo divertida. — Mire le explicaré, cada pareja matrimonial en el mundo pasan por esta etapa, ustedes llevan solo 5 años casados, no más que eso, y por eso van descubriendo lo que es tener una pareja estable junto a ti sexualmente activa, por ende es de esperarse que si tu eres activa y él también, los dos se complementen demasiado bien en ese aspecto y unen su activa vida sexual. También para las parejas que se aman verdaderamente, como ustedes dos, es normal demostrarse su amor no solo con las típicas caricias inocentes que se dan los adolescentes o los besos, ustedes van más allá de eso por que son dos personas adultas que se aman tanto que se demuestran un poco de ese amor en un acto sexual activo, pues como todos dicen; no hay mejor forma de demostrarle tu amor a alguien que haciendo el amor con él y por lo mismo eso están haciendo ustedes.

— Así que no debo preocuparme. —pensó en voz alta, sonriendo ante la idea.

— Así es señora Cullen, eso que a usted y a su marido les pasa es algo completamente normal.

— Gracias, Dr. Brandon. —sonrió Bella, bromeando. — De verdad que necesitaba de sus consejos, eres muy buena en lo que te dedicas.

— Claro, es algo que amo hacer. —me encogí de hombros.

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Unas cuantas horas después me encontraba tomando un taxi a la casa de los Whitlock, ya que debía cumplir con la labor de mi trabajo extra, el cual consideraba seriamente el más complicado de los dos trabajos que tengo. Me subí al primer carro que paró por mi y le di al chófer la dirección de la mansión, en cinco minutos ya me encontraba en la casa de Jasper. Vacilante subí las escaleras del porche y caminé hacia la entrada para luego golpear la puerta principal. Deseé con toda mi alma que Jasper Whitlock no se encontrara en su casa pero gran chasco me llevé al contemplar como el mismo Jasper me abría la puerta, sonriendo torcidamente al verme.

— Vaya, hola, Alice.

— Hola Jazz. ¿Puedo pasar? —pregunté poniendo mi mejor expresión de inocencia pues aún recordaba la cachetada que le había dado además de insultarlo todo el día porque se los merecía.

— Claro, adelante.

Entré a la gran mansión deleitándome de nuevo con su elegancia y hermosura completa, Jasper me invitó a ir a la cocina ya que según él se estaba preparando algo para comer allí. Con cautela me senté en unas de las sillas que estaban en frente del mesón de la cocina.

— Jazz, yo… quería pedirte disculpas. —mentí bajando mi cabeza para actuar de forma apenada, jamás hubiera echo esto si no fuera por que me estaban pagando un necesario sueldo muy alto por hacerme amiga de este idiota. — Yo me comporté muy mal contigo, empezamos con el pie izquierdo.

— Bueno también debería disculparme yo por la forma en que te traté, no fue mi intención hacerte sentir mal.

Le observé con asombro, ¿de verdad se estaba disculpando por lo de ayer? Al parecer así era ya que tenía una expresión apenada en su rostro.

— Entonces ¿amigos? —pregunté alzando mi mano, él de inmediato la tomó.

— Amigos. —declaró sonriendo. Luego se acercó aún más a mí y me acarició suavemente la pierna, pues andaba con un vestido, subiendo su mano suavemente. Con velocidad atajé sus manos, poniendo los ojos en blanco.

— Amigos sin sexo, Jazz.

— Auch. —murmuró con expresión adolorida, me reí por lo bajo y rodé mis ojos. Entonces en un movimiento desprevenido me tomó de la cintura para luego subirme al mesón de la cocina, inconscientemente envolví su cintura con mis piernas y esbozó una sonrisa torcida ante mi acción. — Creo que puedo cambiar esa circunstancia.

Dicho esto estampó fuertemente sus labios contra los míos en un feroz beso hambriento y deseoso. ¡Que mierda!.


"¿Que les pareció? ¿Les gustó? Espero que si, de verdad. Plis no olviden de dejarme un Review, uno solo alegra mi día notoriamente e imaginense con varios Review como quedo. Espero que hayan disfrutado del capi, ¿que pensaron de la ventura de Alice y James? ¿Y la de Jasper con María? ¿Y sobre el besito de Jazz a Alice? ¿Y la activa vida sexual de Edward y Bella? ¿Y sobre el trato de amigos sin sexo?. Besotes a todas, cuidense. " Palabras de Isabella Pattinson Masen.