Capítulo 3: "Intentando recordar"

Finalmente llegaron a la aldea. Inuyasha observó todo y parecía que había algo distinto en ese lugar. ¿Qué estaba sucediendo?, No entendía nada. Debía buscar a la anciana Kaede cuanto antes y preguntarle que estaba sucediendo, pasó a Kikyo que lo observó confundida y entró a la cabaña en la que vivía, pero se detuvo al instante. Una niña lo observó con una media sonrisa y lo saludó con la mano.

- Hola Inuyasha¿mi hermana viene contigo?- Preguntó.

- ¿Kaede?- Contrarrestó él sin comprender.

- Así es¿qué te sucede Inuyasha?, Actúas como si no conocieras nada- Dijo Kikyo preocupada al ver que el chico no comprendía nada.

- Na... nada- Murmuró.

Esto era tan extraño, parecía como si todo hubiera vuelto atrás. Esto era similar a lo que sucedió hace cincuenta años, pero de forma diferente. Nada era como él lo recordaba, Kaede no tenía aquella herida en el ojo, Kikyo parecía estar bien con él y él, simplemente era... normal. Nadie recordaba a Kagome, ni a los demás, pero él sí. Bajó la mirada con angustia. Observó con asombro que Kikyo llevaba la perla en su cuello. De pronto recordó algo que lo hizo paralizarse. Onigumo... aquel maldito bandido, el que después le daría origen a Naraku. Miró a Kikyo con preocupación.

- ¿Qué sucede?- Investigó la sacerdotisa.

- Onigumo... aquel bandido... el que cuidas en aquella cueva- Respondió él con un nudo en la garganta.

- ¿Onigumo?, Inuyasha, no hay nadie con ese nombre y yo no cuido ningún bandido- Contestó con el ceño fruncido pensando que verdaderamente el hanyou no estaba del todo bien.

- Pero... el ojo de Kaede, debería estar mal por las llamas que quemaron a Onigumo, eso sucedió cuando ella tenía 11 años... creo- Comentó él rápidamente.

- Pues ya tengo 12 y todo esta bien- Sonrió la pequeña con confianza.

Inuyasha las miró a ambas y salió fuera de la cabaña. Kikyo lo llamó pero él no la escuchó, corrió hacia la cueva y efectivamente comprobó que nada había ahí. Luego se dirigió al árbol sagrado, lo miró por largo rato y finalmente visitó el viejo pozo. Sus ojos se fijaron en el interior, pero no había nada, absolutamente nada. Sintió una mano en su hombro y ladeó el rostro que lucía bastante triste y preocupado. Kikyo lo miró sin comprender del todo que era lo que le estaba pasando. Observó el pozo también, pero ella no notó nada distinto. Tan solo un pozo viejo y vacío, igual al de siempre¿qué podría haber cambiado?. Inuyasha suspiró con pesar e inclinó la cabeza con el ceño fruncido. ¿Qué estaba sucediendo?. Kikyo estaba viva, la perla estaba pura, Kaede no parecía tener problemas, Sango y Miroku no estaban, Onigumo no estaba, por lo tanto Naraku no había sido creado y al parecer todo en el mundo de Kagome era normal. Tenía que buscar a alguien que conociera la respuesta a sus preguntas, que supiera que era lo que estaba pasando. No podía quedarse de brazos cruzados, quería a sus amigos de vuelta a su lado, quería que todo fuera como era antes, que Kagome estuviera con él, aún a costa de la vida de Kikyo, quería que todo volviera a su curso normal volver a aquellas peleas, aquellas batallas... ¡batallas!. Abrió sus ojos... después de aquella batalla con el maldito de Naraku... Kagome y él estuvieron hablando. Es cierto, todo esto ocurrió después de estar con ella, después de aquel... deseo. El deseo... que ironía, él había pedido que nunca se olvidara de sus amigos y que jamás olvidara a Kagome...

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- Si me permite decirle... estos pergaminos traerán la buena fortuna a su hogar, ya no tiene que temer a esos feos espíritus que rondan hoy en día, con estos pergaminos les garantizo la protección total- Comentó el monje mientras que mostraba los pergaminos y los paseaba de un lado a otro frente a los ojos de los aldeanos.

- Muchísimas gracias, pero no necesitamos nada de eso... después de todo, esta es la aldea de los exterminadores de youkais- Comentó un hombre que se abría paso entre la gente junto a sus dos hijos.

- Oh, usted debe de ser el jefe... un gusto... mi nombre es Miroku... – Dijo el monje tomando la mano del exterminador mientras que le sonreía ampliamente.

- Un placer, yo soy Tetsuko... y ellos son mis hijos... Kojaku... y Sango- Presentó señalándolos.

Las miradas de Miroku y Sango se cruzaron fugazmente y se quedaron unidas en una sola. Ambos sintieron una sensación el pecho, como si ya se conocieran de algún otro lado. Miroku observó a la chica y ella lo miró turbada sintiendo que su corazón latía violentamente. Sin pensarlo se acercó a la chica que hizo lo mismo.

- Disculpa... pero... ¿nos conocemos?- Preguntó casi en un susurro.

- Pues yo... – Respondió ella sonrojada. Kirara que se encontraba en los brazos de su dueña saltó hacia el monje y le lamió la cara con confianza. Vaya, al parecer no era la única que tenía la sensación de conocer a ese sujeto- en verdad... no lo sé-

- ¿Puedo hablar un momento contigo?- Sugirió mientras que comenzaba a caminar. Sango asintió y avisó a su padre que, al igual que su hermano, se extrañó de la actitud de aquellos dos. Llegaron a un pequeño prado que daba a un río. Miroku observó a la castaña sintiendo que su corazón latía violentamente y que algo en esa chica era distinto, sentía, deseos de cuidarla y quedarse con ella- ¿sabes? Tengo una sensación en el pecho- Comentó atrayendo la atención de Sango- como sí ya... te conociera- Musitó.

- Sí... también yo- Concordó mirando el suelo. Además, esa escena cerca del pequeño río le traía como especies de recuerdos que jamás había visto antes. Sentía que todo eso era tan conocido, parecía... normal.

- Ya veo... – Fue todo lo que dijo él.

Se quedaron en silencio un rato. Pero, ese silencio, era algo casi habitual, como si fuera conocido, como sí ya hubiera sucedido antes. Sango lo miró de reojo y sintió algo en su corazón, definitivamente ese hombre era distinto, diferente a los demás. Sintió que sus mejillas se teñían de rojo y bajó la mirada nuevamente. No podía dejar que se fuera, no, definitivamente no lo haría. Debía seguirlo, como si fuera una obligación o una clase de sentimiento al cual debía escuchar y obedecer sobre todo.

- Excelencia... – Llamó. Miroku abrió sus ojos, por alguna razón, esa forma de llamarlo le resultaba conocida, casi como sí fuera de él. La miró apenas y asintió con la cabeza.

- Dime... Sango- Debía llamarla por su nombre, sí, era como si ya lo hubiera hecho antes.

- Usted... debe irse¿cierto?- Preguntó casi en un suspiro inaudible, aunque el joven alcanzó a oírlo.

- Así es, debo partir... – Contestó él un tanto desilusionado.

- Entonces... pienso acompañarlo- Sentenció ella poniéndose de pie.

- Pero... Sango... ¿no crees... qué es demasiado apresurado?... recién nos conocemos- Acotó imitándola.

- No, yo sé que no, hay algo, siento como si ya lo conociera desde antes, una sensación, no sé bien que es, pero está dentro de mí y me veo en la obligación de acompañarlo en lo que tenga que hacer... es como si... mi corazón me dijera que debo hacerlo, además... – Miroku la miró sorprendido- yo... quiero hacerlo- Murmuró.

Un nuevo silencio se interpuso entre ellos, en el cual Sango miraba el suelo sonrojada y Miroku la miraba a ella contento. Sí, estaba contento que esa joven lo acompañara, por algún motivo lo estaba y también deseaba que así fuera, él quería que ella lo siguiera, que estuvieran juntos. Asintió levemente y le dio palmaditas en el hombro a lo que ella levantó la vista enseguida.

- Sí es lo que tú quieres... no puedo decirte que no lo hagas, además... me sentiría muy feliz... sí te quedaras conmigo- Esto último lo susurró al pasar.

Sango se quedó de pie sin ser capaz de decir nada. Lo siguió con la vista y luego caminó detrás de él con las manos en su regazo, sintiendo que una alegría recorría todo su ser. Llegó hasta donde estaba su padre y lo miró, luego de eso le explicó que era lo que quería, que por alguna razón debía seguir a ese hombre, que no le preguntara el motivo, sino que simplemente la dejara hacerlo. Su padre la observó por unos instantes, temiendo por lo que su hija estaba decidiendo, pero Sango era una chica que no hacía las cosas sin un motivo por detrás. Entonces suspiró aliviado y sonrió ampliamente. Tomó las manos de su hija y ella levantó la mirada.

- Sango... sé que puedo confiar en ti, por lo tanto... dejaré que hagas lo que tú decidas- Sango lo miró con los ojos lacrimosos y lo abrazó fuertemente- eso sí... llevarás a Kirara contigo- Ordenó.

- Descuida papá, de todos modos, ella quería venir... creo que siente lo mismo que yo- Dijo observando a la pequeña gata que caminaba detrás del monje como si de pronto fuera su amo también.

Sango sonrió complacida de que las cosas fueran así. Es cierto, ella sentía que debía acompañar a Miroku y lo haría, a pesar de todo lo que eso significara, tenía confianza en él. Y como lo había dicho antes, ellos no se conocían ahora, no, algo le decía que se conocían desde antes, que tenía una relación que ni ellos mismo entendían. Todo esto era tan extraño, tan... nuevo, pero a la vez conocido. Miroku la miró también sintiendo exactamente lo mismo que ella, comenzarían un viaje sin saber que estaban buscando a dónde estaban yendo, pero, lo que importaba, era que estaban juntos y que averiguarían el motivo por el cual, se sentían de ese modo, porque al parecer, no era el único que sentía que ya había conocido a Sango antes y que se había olvidado de ella...

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Caminó con tranquilidad mientras que el viento jugaba con sus cabellos azabaches. Había sido un día agotador y estaba realmente cansada. Pasó por delante del enorme árbol sagrado y se detuvo en seco. Lo miró extrañada, era como si... sintiera algo. Muchas veces había estado en ese lugar que le traía tanta paz, pero ahora era diferente, sentía una extraña fuerza que provenía de él, como si hubiera algo más. Siempre le había traído recuerdos familiares, pero esta vez, le dejaba algo distinto, un recuerdo totalmente distinto. Sus ojos se fijaron en el tronco y acercó una mano hasta él. Cerró los ojos y un montón de imágenes se agolparon en su cabeza. Había un joven, si un joven dormido en el mismo árbol sagrado, más bien, tenía una flecha. No llegó a ver su rostro, pero frunció el ceño confundida, ella lo conocía. Sí, ese chico... lo había visto antes... ¿en sueños tal vez?. No, no era de un sueño. Se esforzó más por verlo, pero cuanto más intentaba, menos lo reconocía, como si se hubiera borrado de su mente. Finalmente sacó la mano y miró todo a su alrededor. Algo no andaba bien en ella, lo sabía. Suspiró derrotada y caminó dentro de la casa intentando olvidarse de lo que había visto, pero le parecía imposible. ¿Cómo olvidar lo que había visto?, Estaba segura, ese joven... le traía... tantas sensaciones. Su corazón latía más rápido de lo normal, se sonrojaba de la nada tan solo pensando en él, quería recordarlo, poder verlo y saber dónde estaba, pero eso era imposible. Nuevamente se detuvo y caminó hasta el árbol sagrado. Apoyó el cuerpo contra el tronco y suspiró, sintiendo que estaba muy sola en todo esto. Se sentía devastada. De pronto sintió un agradable calor, como si alguien la estuviera... abrazando. Cerró los ojos sintiéndose protegida y aliviada en parte. Estaba bien, feliz, casi se podría decir que en ese momento no le importó nada más. Alguien la estaba abrazando, casi podía sentirlo a su lado, y eso la hacía estar tranquila.

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Inuyasha se había ido hacia el árbol sagrado. Lo miró con nostalgia. Tantas cosas... tantas cosas habían pasado en ese lugar. Es cierto, ahí fue donde vio a Kikyo por última vez, pero ahí... ahí también había sido el lugar donde conoció a Kagome, ese árbol, representaba tanto para ambos. Muchas veces se había peleado con Kagome en ese lugar, muchas veces la había visto llorar, y muchas veces había sido descubierto en una falta frente a ese árbol. Sí, y muchas veces había sido un lugar de charla para ellos dos. Aún recordaba aquella vez que la encontró sentada en el tronco en vez de Kikyo. Se había lastimado el dedo y él se lo vendó. Sí¿cómo olvidarlo?. Kagome debería haber visto su propio rostro en esos momentos. Estaba tan sonrojada que bien podría habérsela confundido con su haori. Sonrió de tan solo pensar en ella, era tan inocente y podía ser tan mala a veces. Rió de buena gana y estaba a punto de marcharse cuando sintió algo en su pecho. Ladeó el rostro hacia el árbol y notó que estaba brillando. Se acercó apenas y pudo verla, sí, como aquella vez en la que el pozo había quedado inutilizado. Ahí estaba Kagome, con su mochila al hombro y con una mano en el tronco del enorme árbol. Vaya, sus poderes de sacerdotisa eran increíbles. Podía utilizarlos aún desconociendo que los poseía. Sonrió y se acercó él también. La miró con dolor, viendo que estaban lejos y que no podía ni siquiera tocarse. Estiró su mano pero ella se había alejado ya, se sintió frustrado. Bajó el rostro, pero de pronto vio que ella volvía. Sonrió de medio lado y se acercó al tronco del árbol. Por alguna extraña razón, sus brazos llegaron a alcanzarla y pudo abrazarla. Podía sentirla, estaban tan cerca el uno del otro. Kagome no se movía y él tampoco pensaba soltarla, de ninguna manera dejaría que se fuera. Pero tarde o temprano tendría que dejarla ir.

- Kagome- Llamó en un susurro.

Ella ladeó el rostro sorprendida y miró hacia todos lados, no podía verlo. No podía ver a Inuyasha por más que lo intentara, aunque ella no sabía quién era él. No lo hubiera reconocido por más que lo viera.

- ¿Quién es?- Preguntó asustada. El ambiente era brillante y estaba lleno de luces, como si fuera todo mágico.

- Soy yo... Kagome- Musitó Inuyasha observándola fervientemente.

Por primera vez ella lo miró. Sus caras se enfrentaron. Ella abrió los ojos con sorpresa y lo observó confundida. Su rostro le era tan... conocido. Se dio vuelta quedando frente a él y acercó una mano hasta su cara, rozándolo levemente. Sus ojos dorados eran tan... le transmitían paz, tranquilidad, le daba la sensación de que estaba en su hogar. Inuyasha se dejó hacer sintiéndose feliz. La miró con devoción mientras que sentía que estaba completo. Kagome frunció el ceño, estaba tan... confundida. No entendía, su corazón le decía que conocía a ese chico, pero, no lo recordaba.

- Perdóname... pero... yo no te... recuerdo- Susurró con vergüenza bajando el rostro.

- Kagome... – Inuyasha estiró una de sus manos y alzó la cara de ella hasta quedar enfrentados con la mirada. Ella se sonrojó y él sonrió a medias- mi... Kagome... soy yo... debes recordarme... dime... dime que sabes quien soy... – Rogó.

Ella se esforzó al máximo por intentar recordar quien era, pero le era imposible. Era como si una parte de su mente estuviera bloqueada, como sí de pronto... su otra mitad no estuviera. Volvió a mirarlo sonrojada y negó con la cabeza. Inuyasha se sintió decepcionado de esa situación, bajó la mirada derrotado. Kagome lo miró y sintió una punzada en el corazón, por alguna extraña razón no quería verlo sufrir, le hacía mal. Acercó una mano hasta él y el hanyou la miró confundido sin comprender.

- Oye... yo... es cierto que no recuerdo quien eres, pero... por algún motivo... siento que... eres parte de mí, que ya... nos conocimos antes... es... absurdo de pensar, pero es lo que siento... yo... sé que te conozco... lo sé- Afirmó con impaciencia perdiéndose en sus ojos dorados.

- Entiendo... yo... también sé que lo sabes... Kagome... yo soy... Inuyasha- Dijo con esperanza de que así lo recordara.

- Inu... Yasha... – Repitió ella como hipnotizada por aquel nombre.

- Sí, tienes que acordarte- Suplicó con dolor.

Volvió a intentarlo, pero nada. Por más que quería hacerlo, no recordaba haberlo visto hasta ese momento. ¿Qué sucedía con ella?. ¡Por Kami¡Debía recordarle!. Cerró sus ojos y de pronto las imágenes de aquel chico dormido en el árbol sagrado volvieron a su mente. Se sorprendió y se llevó una mano a la boca¿acaso sería él?. Inuyasha seguía con la vista de fuego clavada en ella. Apenas pudo decirle algo.

- Tú... yo... no... no sé que está pasando... por favor, esto es un sueño... sí, un sueño... perdóname... yo... nosotros... lo... siento- Balbuceó alejándose de él.

De pronto aquella atmósfera desapareció y ambos se quedaron solos. Inuyasha miró el árbol sagrado¿en qué estaba pensando Kagome?... ¿qué le sucedía?... ¿cómo no podía recordarlo?. Debía encontrar una manera... un método por el cual ella recordara quien era. Kagome en cambio, miró el árbol y movió la cabeza en forma negativa. Eso había sido un sueño, así es, un sueño, un producto de su loca imaginación. Esta vez corrió hasta su casa y se lanzó en la cama.

- Tranquila Kagome... todo esto... fue solo un simple sueño... tu imaginación- Se dijo para sí misma intentando confiar en sus propias palabras- un simple... sueño- Musitó antes de quedarse dormida.

Sí, eso pensaba ella. Un sueño, pero... ¿qué pasaba con todo eso¿Por qué lo había soñado?. Intentó no pensar en nada más. Se sentía cansada y eso que había visto, de alguna forma había desgastado su energía, por eso tenía tanto sueño. El viento sopló con delicadeza y movió las cortinas de su cuarto. Por un momento hubiera jurado haber visto a ese chico llamado Inuyasha entrar a su cuarto y hablarle de manera atropellada y casi grosera. Una escena que en su interior conocía muy bien. Volvió a negar con la cabeza espantando aquellas imágenes. Se sentó en la cama, no, no podía quedarse así, debía encontrar... una solución. Tenía que verlo otra vez, volver a ese lugar en el que habían estado juntos, en el que él la había abrazado. Se sonrojó con tan solo pensarlo, recién se conocían y se trataban con tanto cariño como lo hicieron antes... Eso era absurdo, estaba segura que se conocían desde hace tiempo, algo en su interior se lo decía, aunque su mente no podía recordarlo, su corazón se lo decía a cada instante... ella lo conocía y debía volver a aquel lugar, tenía que encontrarlo y hablarle una vez más, por alguna razón que desconocía, necesitaba estar a su lado ahora que lo vio. ¡Sí!, Eso era, iba a volver por él, para hablar, para que le explicara, volvería a verlo una vez más, de eso estaba segura... Pero... ¿cómo¿Podría hacerlo nuevamente por medio del árbol sagrado?. No podía quedarse ahí sentada, lo tenía que averiguar, si no intentaba jamás iba a saberlo¿no?. Aún no entendía como sucedió aquello, de un momento al otro estaban juntos como si no hubiera nada que los separara, es como si de alguna manera, algo de magia lo hiciera posible. Tan solo... había apoyado su mano en el tronco del árbol y de la nada estuvieron juntos, como si eso lo provocara. Miró su mano con algo de confusión. ¿Habría sido eso¿Acaso su mano había hecho posible la conexión entre su mundo y el de aquel joven?. En algún rincón sabía que así era, que ella lo provocó, pero... ¿por qué?. ¿Qué estaba sucediendo con su vida normal?. Todo esto era una locura, parecía una de esas historias de fantasía que solía leerle su mamá cuando era pequeña, era imposible que algo como eso fuera verdad. Se sentía tan extraña... distinta. ¿Había dicho que si vida era normal?... pues bien, ella bien sabía que no era así, no, en realidad su vida era muy distinta a la que estaba llevando en esos momentos, entonces... ¿qué era lo que estaba mal¿Cuál de sus dos realidades se había alterado?. Era imposible saberlo. Todavía sentía aquellos brazos fuertes rodeándola, brindándole cariño, protección, ternura... Suspiró con fuerza y se acercó a la ventana de su cuarto. Vaya, que loco era todo esto¿qué pensarían sus amigas cuando les contara que había un chico que la intimidaba?. Seguramente se sentirían desilusionadas, ya que, ellas siempre creyeron que Houyo era la pareja perfecta para ella, aunque no estuviera de acuerdo con ese pensamiento. Seguramente nadie iba a creerle, su familia la tomaría por loca, y muy probablemente ella misma se estuviera sintiendo así en esos momentos. Todo era tan confuso. El cielo estrellado ya se hacía presente, lo miró con devoción cuando vio pasar una estrella fugaz. Sonrió ampliamente y sus ojos brillaron con ilusión. Junto sus manos con mucha fuerza y cerró los ojos. Sí, pediría un deseo, ojalá se cumpliera. Nuevamente abrió sus ojos y observó todo a su alrededor perdiéndose en la infinidad de estrellas que decoraban el hermoso manto azul. Inuyasha... ahora que lo pensaba... aquel nombre... sonaba... muy dulce.

Continuará...

N/A: Hola!! Bueno, aquí otro capítulo, la verdad, terminé agotada!! XD hahaha!! Espero les haya gustado, perdón por lo largo del último párrafo, es que me entusiasmé... jeje!! XD Amigas las dejo, un beso enorme y espero que todo les vaya muy bien. Les deseo lo mejor, gracias por el apoyo y los reviews... Setsuna17, Saku-Kag15, Novelle de Telleyrand, Bela, Friaya, LinaKro, Cherrymosh, Paula, RefiraM, Kagome Kamiya, Kiomi y todos los que simplemente leen!!Me ponen muy feliz poder saber lo que piensan!!, espero sus próximos comentarios!! Las amo con el alma!! Saludos!!

Kag-