Me costó esta imagen porque recién leí hace poquito el fic de Mid y no quería hacerlo igual. Así que salió esta cosita :3


Imagen: Un anciano dormido y niña que sujeta un caramelo.


El deseo hecho caramelo

Taikari


—Dicen que si compras un caramelo en ese señor el deseo que pidas mientras te lo comes, es mágico y se cumplen.

Él no había querido mirar. No. Eso eran cuento de niños. No tenía nada que ver. Pero ese grupo animado de niñas en vestidito le daban una esperanza a la que le gustaría aferrarse. Las vio correr hacia el hombre, mirar atentamente los caramelos que querían y tomar uno cada ella para dejar el dinero sobre una cestita. Cuando el anciano emitió un ronquido salieron corriendo y emocionadas, levantaron el caramelo hacia el cielo.

Quizás realmente hiciera efecto.

Caminó con cuidado entre los diferentes puestos hasta detenerse frente al hombre. Estaba colocado de una forma que no podías saber si realmente dormía o estaba muerto. Aunque cuando gruñó un ronquido se percató de que todo era sueño. Si lo miraba un poco más físicamente le recordaba al abuelo de Heidi.

Sus ojos pasaron por encima del mantelito y los diferentes dulces. Se detuvo frente al que más llamó su atención. Uno amarillo y con lacitos como cierre. Era una pequeña cosa dulce que le sorprendía que hubiera sobrevivido a la visión de las niñas.

—Todo el mundo tiene algo pronosticado, Taichi.

Dio un respingo al escuchar su nombre. Miró al anciano con ojos entrecerrados. No había señal alguna de que hubiera hablado. Tampoco de haberse movido. Giró la cabeza de un lado a otro. Aunque hubiera gente a su alrededor nadie se había detenido a fijarse en él.

Alargó la mano tras tragar y cogió el caramelo del mismo modo que había visto hacer a una de las niñas. Buscó rápidamente en el bolsillo, dejó algo de dinero y salió corriendo.

Corrió con todas sus fuerzas. Levantó el caramelo al cielo como hicieran las pequeñas y puso rumbo al lugar por el que quería que su deseo se cumpliera.

Por favor, rogó, que se cumpla mi deseo.

Se detuvo al llegar a su destino. La flor de girasol que su madre había llevado brillaba con los rayos que entraban por la ventana. Los pequeños pies de su hermana asomaban a los pies de la cama y la escuchó bostezar.

Al entrar, sus ojos se encontraron y una sonrisa creció en su rostro.

—Hermanito —saludó extendiendo sus manos hacia él.

Taichi se subió al banquillo junto a la cama y le cogió las manos. El caramelo pasó de su mano a la de su hermana y esta miró el objeto como si fuera algo mágico. Le sorprendía la facilidad de la niña en convertir algo mundano en algo mágico y maravilloso.

Sin necesidad de explicarle nada, y agradecido, pues creía que se moriría de vergüenza si le contaba la verdad, Hikari abrió el caramelo y se lo metió en la boca. El sabor, de su agrado claramente, hizo hasta que se le saltaron las lágrimas de felicidad.

—Gracias, hermanito. Esto realmente me encanta. Está delicioso.

Taichi suspiró aliviado.

Ahora solo le quedaba esperar a que su deseo se hiciera realidad…

Años después…

Taichi se detuvo frente a los puestos y miró hacia el hueco vacío. Ya no estaba aquel anciano. Tampoco nadie vendía caramelos. O quizás es que él ya no necesitaba verlo.

—¿Qué ocurre, hermano?

Taichi negó y miró hacia Hikari. A sus hermosas mejillas sonrojadas. Sus ojos brillantes. La salud en su rostro y cuerpo.

Le pasó un brazo por los hombros y la pegó a él en un acto sorprendente de amor y besó su cabeza.

—Todo el mundo tiene algo pronosticado, Hikari.

Su hermana no lo entendió pero aún así le sonrió. Le tomó la mano en una tierna caricia y regresaron a su hogar.

Aquel caramelo funcionó.


Nota: La idea es un TaiKari hermanal, pero cada quien es libre de interpretarlo :)