Hyakuya

La mujer no volvió sino mucho tiempo después, para ese entonces ya la mayoría del cuerpo no le dolía y las personas a su alrededor no le prohibían que se sentara. Caminar le costaba un poco a lo cual culpaba a ese hombre que siempre le tocaba en esa parte preguntándole si lo estaba lastimando, preguntas que no respondía para no darle el gusto de saber que lo estaba logrando.

– Fuiste afortunado de que la iglesia Hyakuya se interesara en ti. No eres precisamente el tipo de niños a las cuales agrade cuidar por lo que hazte un favor al dejar de comportarte como un animal salvaje… aunque en este punto ni siquiera estoy segura de que entiendas lo que te dicen.

Mikaela escuchó a la mujer que tocaba la puerta de lo que ella llamó orfanato sin estar seguro de que esperar. Mientras observaba a su alrededor pudo ver en una ventana a varios niños mas pequeños que él mirándolo con curiosidad los cuales se marcharan en cuantos los descubrió y gruñó. Hacer eso parecía ser un buen método para mantener a las personas lejos, a una distancia donde no volverían a lastimarlo. No siempre funcionaba pero junto a su silencio parecía ser un buen inicio, aunque algunos se enojaban cuando lo hacía. Con ellos era mejor morder, gritar y arañar.

En ese momento la puerta se abrió mostrando a una mujer de cabello corto con delantal y una sonrisa que lo ponía incomodo. Estaba tan perturbado por ella que no se escuchó la conversación que ambas tuvieron como tampoco le importó cuando la señora, que resultó ser la directora de se orfanato, lo condujo hasta una habitación llena con los niños que vio en la ventana.

– Niños, el día de hoy un nuevo hermano se va a unir a nuestra familia y deben portarse bien con él – Dijo la directora empujando suavemente a Mikaela asegurándose de no tocar el hombro que todavía estaba herido, nunca disminuyendo su sonrisa incluso cuando cambio su atención de los niños a él – ¿Por qué no te presentas? Todavía no sé tu nombre.

La pregunta ocasionó que los pequeños lo miraran expectantes aumentando sus sentimientos de incomodidad y nerviosismo. No le gustaba ser observado por tantos ojos curiosos, esperando que dijera algo, analizándolo de pies a cabeza. Mikaela sujetó inconscientemente su todavía adolorido brazo izquierdo mientras les mostraba los dientes y gruñía. Su gesto funcionó porque en ese momento los niños parecieron asustarse lo suficiente como para decidir ignorarlo.

El lugar le desagradaba. Habían demasiados niños en una misma habitación, si no tenía cuidado fácilmente podrían rodearlo y con su superioridad numérica serían capaces de lastimarlo. Sin embargo los cortos trayectos que caminó ese día le resultaron tortuosos por lo que su plan de escape tendría que esperar por el momento.

– No esta bien que hagas eso – Suspiró la directora para luego colocarse a la altura de Mikaela – Como seguro te has dado cuenta eres el hermano mayor, ¿sabes lo que eso significa?

Mikaela estaba tentado a corregirla, él no era hermano de nadie y mucho menos de esos que alcanzaba a ver estaban recogiendo y probando armas para atacarlo, la mayoría era la mitad de su tamaño por lo que era lógico que buscaran objetos para arrojarle. Lamentablemente ella no le importaban sus gruñidos y cuando intentó arañarla simplemente le tomó la mano con una suavidad que le desconcertó.

– El hermano mayor se encarga de proteger a los menores – Continuó la directora usando su otra mano para girar la cabeza de Mikaela cuando notó la mirada asustada con la cual observaba a los otros niños retomando su juego con bloques de construcción – Esta es una familia donde todos los miembros se cuidan entre sí y nadie va a lastimarse así como espero que no los lastimes. Leí que tienes una tendencia a la violencia que espero contengas durante tu estadía aquí. Ahora, ¿Por qué no intentas unirte a su juego?

Una vez libre Mikaela se quedó en su posición sintiéndose nuevamente incomodo con la insistencia con la que la directora lo miraba esperando que la obedeciera. No estaba seguro que hacer, ella parecía ser muy amable y su amabilidad solo resultaría ser tan grande como sus deseos de herirlo, de esa manera siempre ha sido.

"Pero si no hago lo que quiere también será malo"

Al final simplemente se dejó caer en el suelo sentándose en una posición donde podía vigilar a sus posibles atacantes a una distancia segura y con la salida justo detrás suyo. La directora no parecía contenta con su decisión pero en lugar de seguir insistiendo simplemente lo dejó quieto murmurando algo sobre que con el tiempo lograría integrarse al grupo.