Salí de mi habitación, bajé despacio y llegué a la cocina.

- ¡Buenos días, mamá! - la saludé.

- Buenos días, cielo ¿Qué tal tu noche?

- Muy buena…-dije riendo para mis adentros recordando, como si de una película se tratase, todas las escenas del libro.

- ¡Bueno, me alegro!... Mira, me tengo que ir pero…tengo tostadas, jugo de naranja y fruta. Come lo que quieras.

- Perfecto, gracias.

- Pero en verdad come, por favor…

-Sí, mamá-dije entre dientes.

No me gustaba que mi mamá me cuestionara mi forma de comer. Ella pensaba que yo no comía porque tenía algún problema, como la anorexia o algo así, pero yo no comía por qué no me daba hambre…tena apetito pequeño. ¡Y ella insistía en meterme toda la nevera por la boca! Pero bueno, así son las madres.

Mordisqueé una tostada, tomé un sorbo de jugo de naranja y miré mi reloj…faltaban 15 minutos.

Tomé una manzana para el camino y me dirigí a mi Chevy, tiré mi mochila en el asiento del copiloto y comencé a conducir.

Traté de llegar lo más rápido posible, por lo cual aceleré un poco más. Justo cuando estaba por llegar, un hermoso auto, al parecer un Volvo, se me atraviesa y casi choca contra mí.

El auto siguió como si nada hubiese pasado y yo, sin embargo, tuve que frenar y perder el tiempo que me quedaba.

Llegué 5 minutos antes de que tocaran el timbre. Salí casi corriendo de mi camioneta con mi mochila medio colgada de mi hombro izquierdo y susurrando cosas como " ¿La gente ya no tiene ojos para ver por dónde va?", "¡Maldita sea! Si llego tarde…será culpa de ese auto", "Sea quien sea ya no me cae bien", entre otras.

Llegué al aula justo cuando el profesor entraba.

¡Menos mal que no llegué atrasada! ¡Me mato si lo hago! - pensaba.

Soy de esas personas que les gusta hacer las cosas bien y completas…y llegar a una clase y perderse el principio no es algo muy completo que digamos. Incluso tratándose de Matemáticas, la materia más aburrida que tengo.

La hora transcurrió lenta, a la velocidad de la luz… pero de vela. El timbre por fin sonó y, en mi camino a la cafetería, se me apareció una chica. Tenía tez blanca como la mía, cabello castaño claro y ojos azules.

-¡Hola, soy Jessica! - se presentó - ¿Te sentarías con nosotros?

- Yo… Em… ¡Hola! Soy Bella… Sí, claro… pero… ¿con ustedes?

- Sí… Ángela, Erick, Tyler, Mike y yo… Tranquila, no te comeremos

Me causó mucha risa, estaba tan metida en el libro que hasta los nombres de las personas se me relacionaban con él.

- Claro…um…ok -dije un poco dudosa

- ¡Bien!-dijo tomando mi mano y prácticamente arrastrándome a una mesa que estaba en el centro de la cafetería.

- ¡Chicos! Ella es Bella. Se sentará con nosotros hoy… y a lo mejor mañana…

- ¡Hola!-respondí tímidamente. Eso de hablar con gente no era exactamente uno de mis talentos. ¡Maldita timidez!

- ¡Hola, Bella! Soy Ángela… ellos son Erick -dijo señalándome a un chico con acné y pelo negro- Mike -un rubio de ojos azules un poco desordenado -Tyler-un moreno de ojos marrones oscuros, casi negros, y pelo corto color azabache- y… bueno, ya conoces a Jessica. ¡Bienvenida!

- Yo…am… Hola a todos… - ¡Qué estúpida! No pude ser más estúpida.

Me senté entre Mike y Erick, más no prestaba atención a todo lo que decían. A decir verdad estaba aún metida en el libro, era tan…bueno, tan diferente… que me hacía poner los vellos de punta.

Salí de mis pensamientos cuando escuché que alguien salía corriendo y algo se caía al piso. Miré y me di cuenta de que la bandeja de comida de Mike estaba en el suelo y él bajo ella. Quien había salido corriendo era Erick.

- ¡ERICK, ME LAS PAGARÁS! -gritaba Mike mientras iba al baño limpiar su cara y tratar de lavar su camisa.

- Discúlpalos… ellos son especialmente inmaduros… más de lo normal.

-Bella… no te había visto por aquí- me dijo Jessica de pronto

- ¡Claro que no!… Soy invisible ¿recuerdan? - pensé, pero en cambio respondí - Oh… es que no tengo muchos amigos.

-Bueno, ahora tienes dos amigas y…dos bebés -dijo refiriéndose a Mike y Erick.

Empezaron a hablar sobre los chicos y sus trajes de baños… cuando de repente los vi pasar. Iban cada uno de la mano de alguien menos el último, el más hermoso.