¿Qué mejor manera de empezar este año con una actualización? ¡Yeah! Estoy tan contenta, ojala el 2014 sea bueno para ustedes como para mi, de todo corazón lo digo.

Disclaimer: Ningún personaje de HunterxHunter me pertenece, todos son propiedad de su respectivo dueño: Yoshihiro Togashi.

Advertencia: Shonen-ai en capítulos futuros; situada entre los primeros arcos del anime/manga.


El sol brilló iluminó con todo su esplender en aquella cálida y agradable mañana, ni una sola nube pude ser vista en toda la extensión del manto celeste. La briza matutina y el canto de las aves se encargaban de entretener a cada uno de los habitantes de aquella isla, todo era favorable e indicaba que el resto del día sería perfecto…

…O al menos eso creía Killua antes de tener que llevar a cabo esa "misión" que Mito-san le había indicado, ignorando las constantes quejas de su abuela.

Un suspiro brotó de sus labios y una mueca de disgusto se posó sobre su pálido rostro.

—Esto sigue siendo igual de aburrido. —comentó por lo bajo sin soltar la caña de pescar improvisada—. Aunque Gon dijera que esto era divertido y sorprendente, no le encuentro ningún sentido. —murmuró para sí, ignorando la presencia de los animales del bosque—. Nunca pensé que Mito-san había puesto esta condición para que Gon hiciera el Examen de Cazador.

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—¿El señor del Lago? —repitió confundido sin poder creer lo que la mujer estaba diciéndole.

¿Acaso la tía de Gon estaba hablando en serio? ¿Solo lo dejaría tomar el Examen si atrapaba a un pez gordo y feo? ¡¿En qué estaba pensado?!

—¡Así es! Si quieres convertiré en Cazador y dar el examen, debes atraparlo primero. Después de todo…— Le dio una mirada divertida; y en su interior Killua sintió que ella le estaba desafiando. —Un Cazador puede hacerlo todo ¿No? —decía mientras una pequeña vena pudo notarse en su frente—. ¡Como también puede abandonar a su hijo solo para cumplir su sueño de convertirse en Hunter y conocer el mundo! ¡¿No es verdad?!

Killua contempló algo incómodo a la peli-naranja y estuvo a punto de emitir opinión, pero ante la mirada significativa de la mujer mayor, optó por volver a sentarse en la mesa, cruzado de brazos, maldiciendo mentalmente al resto del mundo. «¡Genial! Sencillamente genial... De asesino de élite a pescador de miedo tiempo». Sabía que no tenía otra alternativa. «Bueno, no puede ser tan difícil ¿No? Además ¡Un Zoldyck es capaz de realizar cualquier desafío!»

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—¡Agh! ¡Esto es estúpido! ¡Cuando encuentre a Gon, juro que lo golpearé muy fuerte por idiota! Para él fue fácil, después de todo, siempre usaba su caña de pescar y yo ¡Uso esto!—. Contempló asqueado la rama de un árbol caído. —Bueno, él me enseño como hacer una caña improvisada. Tal vez no fue una buena idea aceptar la propuesta de su tía—. «La última vez que vine aquí, si logre atrapar a este monstruo... pero, Gon me ayudo a lograrlo». pensó con cierta melancolía, pero luego terminó bufando.

Killua contempló por el rabillo de su ojo los animales a su alrededor, ardillas, aves, conejos y alguno que otro insecto, tragó con pesadez ante eso último y volvió la vista al lago. Optó por quedarse tranquilo y esperar pacientemente a que algo sucediera, mientras las hojas verdes caían sobre su cabeza y hombros… aunque, él mismo sabía que en esta instancia su paciencia llegaba a su límite.

Un gruñido se abrió paso en su garganta.

—Tranquilamente podría irme de aquí si lo quisiera y si intentara impedirlo yo la lastimaría como… —masculló por lo bajo al recordar un hecho pasado en su familia—. Es… verdad. Cuando me enteré de ese examen, decidí darlo sin el permiso de nadie, pero, mi madre se opuso y yo…. Llevó una mano hasta su frente. —…yo... la lastime… al igual que a mi hermano Milluki. —pensó en voz alta y de repente, una sonrisa apareció en su rostro—… Parece que… aún no olvido algunas cosas…

Un leve tirón sobre la cuerda hizo que su voz se silenciara.

Vio una pequeña onda sobre el agua cristalina, y luego otra y otra, hasta que terminó multiplicándose en cuestión de segundos. Sus ojos azules estaban fijos en el lago, manteniéndose expectante. ¿Acaso ese monstruo había caído en la trampa?

¡Si! ¡Así era!

El albino se levantó de inmediato y con un grito de alegría comenzó a tirar de la cuerda, evitando a toda costa que su presa se escapara. Porque ese pez ¡Era su boleto al Examen de Cazador!

Rodeó una de las gigantescas ramas del árbol y concentró toda su fuerza en el agarre.

—Maldición... ¡Ni creas que me ganarás! —gritó molesto apretando los dientes al final; no iba a volver a estar rodeado de esos sucios animales solo para capturar un estúpido pez

La criatura no había emergido a la superficie.

No era una buena señal.

¡Debía de hacer algo!

─Se...está... resis...tien...do. —murmuró con dificultad tomando grandes bocanadas de aire.

Cayó de rodillas hacia adelante, encima de unas conjunción de hojas verdes…. De no ser que tiró la caña hacia atrás, probablemente habría caído al agua.

«Es más fuerte de lo que creí... No podré capturarlo...». Ambas manos comenzaban a ceder poco a poco. «...no puedo hacerlo... es imposible. ». Sus pensamientos se detuvieron al recordar la sonrisa de su amigo y la manera en que decía su nombre. «...Gon...». Apretó los dientes y un brillo decidido se situó en sus ojos. «¡Pero no lo sabré hasta intentarlo!».

Con gran valor, y tomando el impulso necesario, dio un salto hacia atrás para que la cuerda se enredase con otra de las ramas y fue así como pudo verlo al inmenso pez azul. Sonrió emocionado al ver el resultado de su gran hazaña y sin perder tiempo, se dirigió hacia el pueblo para mostrarle la criatura a Mito-san; tomar al monstruo entre sus brazos no fue algo difícil, tal vez sea por tener la vida de Gon o los recuerdos de su entrenamiento de asesino, pero reconocía que su cuerpo era muy fuerte.

Al llegar al pueblo, las personas lo rodearon y lo felicitaron por cumplir su objetivo, al parecer todos sabía lo que esto significaba, buscó entre la multitud a esa mujer y al encontrarla solo pudo sonreír.

La primera parte del cambio ya estaba hecha.

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—¿Estás seguro de esto, Kill?

—Sí.

—Tu padre te abandonó cuando todavía eras un niño para ser cazador.

Killua chasqueó la lengua y continuó acomodando las cosas en "su" mochila amarilla. —Lo sé. —respondió con calma. «Gon ya me ha contado la misma historia muchas veces». Sonrió ante el recuerdo de las pláticas con su mejor amigo.

—¡Escogió ser cazador antes que a ti!

«Aún me pregunto por qué Gon quiere encontrarlo. ¡Si ese tipo no parece querer saber de él! ¿Por qué le haría eso a su propio hijo? No lo entiendo». Torció la boca en un gesto de disgusto. ─Mito-san. Entiendo que estés confundida y no quieras que me vaya, pero, a estas alturas no cambiaré de opinión—. La miró por encima de su hombro. —No importa el costo, yo ¡Haré el examen!

Ella dio un paso hacia adelante mientras en su rostro aparecía una expresión de enojo. —¡Es un trabajo muy peligroso! ¡Nunca se sabe cuándo podrías morir! ¿Lo entiendes?

«He convivido con la muerte desde mi nacimiento, eso no me asusta». Bajó la mirada mientras una sonrisa burlona adornaba su faz. —Lo sé, pero, mi decisión no cambiará por ello. Haré todo lo que este a mi alcance para cumplir mi objetivo. No tienes de que preocuparte Mito-san, tengo planeado regresar algún día—. Se levantó del suelo mientras su típica sonrisa gatuna aparecía. ─No será tan fácil deshacerse de mí, te lo aseguro—. Llevó ambos brazos detrás de su cabeza mientras recordaba todos los peligros a los cuales se enfrentó.

Mito suspiró, comprendía que nada ni nadie harían cambiar el parecer de su sobrino, sin embargo, no pudo evitar sentirse un poco intranquila. ¿La razón? Ni ella misma lo sabía, algo le decía que toda la situación era extraño. «Hay veces que lo miro y no... no me recuerda a Ging... es extraño». Killua le sonrió. «Es como si... todo fuera diferente...».

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Al día siguiente, Mito y su abuela despidieron a Killua, deseándole la mayor de las suertes en su nueva aventura.

—Cuídate mucho. —dijo la mujer mayor dándole un último abrazo—. Y trata de ser amable con Gon, no olvides disculparte con él—. El albino rodó los ojos ante ese comentario pero terminó asintiendo.

—Kill—. Ignoró las lágrimas que deseaban escapar y optó por mostrarse alegre. —Tan solo prométeme que volverás a salvo. ¿Puedes hacerlo?

El niño de tez clara sonrió divertido y asintió enérgicamente.

Estuvo a punto de hablar pero al ver que la mujer frente suyo levantaba el dedo meñique de su mano izquierda se detuvo y sus mejillas se sonrojaron por la vergüenza, no el hecho que decidió hacer "la promesa del dedo meñique", sino por conocer la canción y cantarla junto a Mito; al separarse, no espero que ella lo abrazara de repente. La calidez de aquel tacto y el cariño que sintió no pudo compararlo con nada más. Esto era algo que en su antigua vida no pudo tener... cariño y amor familiar.

—...Regresa pronto... —murmuró la peli-naranja con voz quebrada—...Gon...

Killua se sorprendió al oír el nombre de su preciado amigo escapar de los labios de su "tía". ¿Será posible que ella lo recuerde de alguna manera?

—Asegúrate de dar lo mejor de ti ¿Si? —. En medio de la confusión, terminó asintiendo.

—No se preocupen, todo volverá a ser como antes. —fue lo último que dijo antes de partir hacia el puerto.

Todos sus conocidos, o al menos quienes suponía debía conocer, habían ido a despedirse emocionados, pues no todos los días un joven tenía planeado tomar el Examen de Cazador. Era algo para festejar. Él se despidió de ellos con la mano y su típica sonrisa gatuna en su rostro ¡Ser el centro de atención era divertido y por sobre todo, muy satisfactorio! No iba a negarlo; supuso que, cuando Gon se encontraba en este barco tuvo la misma multitud aclamando por él; y cuando el navío se iba alejando cada vez más de la isla se sintió feliz.

Recostó la cabeza sobre el barandal manteniendo la vista sobre Isla Ballena.

«...Voy a extrañar esa vida...». Los desayunos y cenas con Mito-san y la abuela, las tardes en el bosque, las caminatas en el pueblo. Aquella paz y serenidad que en su antigua vida jamás habría encontrado. «...pero así está bien. Después de todo, esa no es mi vida. Es la de Gon». —Debo encontrar la manera de solucionar este problema—. Levantó su puño derecho bien en alto y con una gran sonrisa exclamó: "¡El primer paso es convertirme en un Cazador!"

La risa burlona de un hombre lo sacó de su entusiasmo.

—¿Quieres ser Cazador?—. El albino volteó el rostro, percatándose al fin de la presencia de otros hombres. —Este niño no nos respeta.

—Cada año, hay millones de aspirantes con talento para el Examen de Cazador. Pero solo unos pocos son seleccionados. —comentó uno de los sujetos.

«Oh, genial. Viajo en un barco con hombres borrachos y desdentados. Bravo Killua, eso te sucede por impaciente ¡Hubieras esperado otro barco!». Cruzó los brazos a la altura de su pecho, meditando la situación. «Ninguno de ellos parece ser un aspirante decente ¿Y pretenden intimidarme a mí? Que idiotas». Sabía que uno de esos hombres continuaba hablando más prefirió llamarse al silencio.

Sin embargo, aquello no duró mucho que digamos.

«...Bien, supongo que no tengo otra opción que esperar a que el viaje termine». —¡Oigan, ancianos! —su grito divertido llamó la atención del gran grupo—. Yo que ustedes, me preocuparía por lo que vendrá luego. Se supone que estamos tomando el examen para convertirnos en cazadores ¿No es así? Entonces…—El tono de su voz se hizo mucho más grave y una mirada perturbadora surcó rostro—. Dejen de tratar de asustar a un simple niño... y asegúrense de permanecer con vida hasta el final. —ultimó con gracia mientras levantaba su mano derecha y con solo concentrarse, el estado de la misma cambió completamente. Tomando la apariencia de unas garras filosas.

Con solo ver que intimidó a eso perdedores se sintió satisfecho, volvió su mano a la normalidad y para matar el tiempo, inspeccionó los alrededores de la nave.

Llevó ambos brazos detrás de su cabeza, adoptando así una postura relajada. «Vaya, no esperé que mis habilidades permanecieran intactas cuando se supone que soy el hijo de Ging Freecss... Esto es de familia, no tiene sentido que pueda hacerlo, a menos qué, tenga que ver con los recuerdos de la otra vida...». Contempló su mano en silencio. «¿Tendré otras cosas de mi vida anterior?» —Esto será más aburrido que pescar… —pensó en voz alta en un tono molesto y cansado—. Tal vez haya algo con que...

Su voz se convirtió en un murmullo al momento de que cierta persona pasó caminando por su lado.

Sus ojos se abrieron de golpe al detenerse abruptamente. «¿Acaso él...?». Volteó su rostro y supo que era verdad. «¡¿Riorio?!». Desvió la mirada hacia el lado opuesto y otra persona conocida se encontraba mirando el horizonte despreocupadamente. «¡¿Kurapika?!». ¿Cómo era posible que ellos estuvieran ahí? «Eso quiere decir... que Gon los conoció aquí». Decidió calmarse. «Lo mejor será, conocerlos de la misma manera que él... o al menos, esa sería la mejor opción». Suspiró resignado. —Aunque... no garantiza que el mismo resultado se lleve a cabo.

Oír los gritos de las gaviotas se molestó, mas ello pasó a segundo plano luego contemplar el cielo y percibir algo extraño en el ambiente. Eran los claros indicios de que una tormenta se aproximaba.

Y así sucedió…

Las olas golpeaban con fervor sobre ambos lados del barco, el feroz viento sacudía las velas a su voluntad y el mando oscuro que cubría el cielo era de temer, pero el capitán del barco no se mostró atemorizado y usando toda su experiencia logró sobrevivir a aquel escenario; al estar en una zona más calmada, se dirigió a la habitación donde los postulantes para el examen se encontraban. No se sorprendió de ver a varios hombres desmayados o mareados por las sacudidas de la nave, pero no espero a que solo tres personas hayan sobrellevado de manera notable la situación.

—¡Ustedes! Vengan conmigo. —fue su orden mientras se dirigía hacia la sala del timón y tal como esperó, ninguno había desobedecido—. Primero, quiero que me digan sus nombres. —dijo con voz calmada, mientras un joven a su lado tomaba los datos.

—Yo soy Kurapika. —respondió el muchacho de cabello rubio y mirada seria.

Con las manos en los bolsillos de su pantalón, y una pequeña mueca en el rostro, el más alto murmuró "Leorio" antes de mirar un tanto molesto al capitán.

—Soy Killua. —mencionó el más joven del grupo al ver que no tenía otra alternativa. Dirigió una breve mirada a los dos sujetos a su lado y mordió levemente su labio inferior. «Maldita sea, esto no puede dejar de ser incomodo... Se supone que no debo hablarles, pero... ¡¿Cómo demonios los conoció Gon?! »

—¿Por qué quieren ser Cazadores?

Leorio señaló al capitán con una clara mueca de disgusto. —¡Eh! ¡Si no eres un Examinador, no puedes darnos órdenes!

El oji-azul bufó por lo bajo. —Tan imprudente como siempre. —murmuró, sin ser consciente de que el joven a su derecha lo había oído claramente.

—¡Solo responde la pregunta!

«Esto no tiene sentido... solo perdemos el tiempo...». Dando un pequeño suspiro, y llevando ambas manos hasta su nuca mencionó, "Ya que nadie parece querer decir algo, lo haré yo". Aclaró su garganta y continuó: —Mi padre es Cazador, me marché de Isla Ballena sólo para poder encontrarlo a como dé lugar y no me detendré hasta dar con su paradero—. «Al menos, eso es lo que diría Gon » completó en su cabeza—. ¿Y qué mejor manera de empezar que convertirme en Cazador, no?

—¡Eh, chico!—. Killua notó que se estaba refiriendo a él, mas decidió molestarlo un poco. —¡No estás obligado a responder esa pregunta!

—Eso ya lo sé ¿Acaso crees que soy idiota? El anciano decrepito preguntó y pienso que no tiene nada de malo hacerlo, además, estoy respondiendo por mí no por ustedes dos—. Descubrió su mirada por un momento mientras una sonrisa maliciosa aparecía.

En su frente podía apreciarse una pequeña vena palpitante. —No estás acostumbrado a trabajar en equipo ¿Eh?—. Con su dedo índice empujó la frente del albino. —No quiero decir por qué estoy aquí.

Antes de que el menor pudiera replicar otra voz se manifestó. —Coincido con Leorio.

«Sea la vida de Gon o la mía, esos dos siempre van a pelear por tonterías...». Veía como ese par había comenzado a discutir, corrección, Leorio discutía y Kurapika hacia todo lo posible por ignorarlo. Al principio tenía una sonrisa nerviosa en el rostro, pero al cabo de unos minutos, terminó disgustándose por lo que estaba sucediendo. «¿Gon tuvo que soportar esto? No me sorprende». Killua notó la mirada del capitán. «Parece molesto pero se mantiene tranquilo. Ahora que lo pienso ¿Qué ganaría con hacernos un interrogatorio? Si su deber es solo llevarnos hasta el lugar en donde tomaremos el examen, no creo que...». Y comprendió a instante lo que sucedía. «¡Es cierto! Es demasiado sospechoso su accionar, no es lo normal y puedo estar seguro que no es solo un anciano entrometido. A no ser que...». Llevó dos dedos hasta su barbilla. «¡Eso es! ¡Este es el comienzo del examen!».

—Como sea, es bastante vergonzoso tener que revelar información sobre mí…. Quiero decir, si tuviera que contarle la verdad, estaría exponiendo mis más íntimos secretos.

—Eh, tú... ¡No me ignores!

«¡Ya me estoy cansando de esto!». —¡¿Qué no pueden cerrar la boca ustedes dos, par de idiotas?! —les gritó al perder el control completamente—. ¡¿Acaso no se han dado cuenta lo que ese anciano está haciendo?!—. Señaló al marinero mientras vociferaba con furia. —¡El examen ha comenzado desde el instante en que pusieron un pie en este barco!

Tanto Kurapika como Leorio lo observaron sorprendido. —¿Qué quieres decir? —preguntaron a coro.

Killua chasqueó la lengua. —¡¿Qué no se dieron cuenta?! ¡Era demasiado obvio! ¡Está más que claro que hacen esto para quitar del camino a todo los perdedores que pretenden convertirse en Cazadores, no es simple coincidencia que este viejo cuestione los motivo por el cual asistimos aquí!—. Llevó ambas manos hasta los bolsillos de su pantalón corto. —Deberían dejar de ser tan estúpidos y responder la maldita pregunta, porque si él lo desea evitara que tomen el examen—. Su típica sonrisa gatuna apareció. —¿No es verdad, anciano?

─¿Cómo... lo adivinaste?

—Bueno, era algo lógico ¿No? —respondió con aires de superioridad—. Yo ya he respondido, creo que solo faltan ustedes dos.

—Deberían haberlo dicho antes.

—No lloriquees demasiado, Oji-san.

—¡Oye mocoso, no me digas viejo! —gritó de manera inmediata, sin embargo, una repentina punzada en su cabeza apareció «¿Cuándo he...? ¿Por qué siento que ya he dicho algo así?». pensó confundido mientras se llevaba una mano hasta su frente.

Por su propio bien, Kurapika obvio la discusión ajena. —Soy el último superviviente del clan Kuruta. Hace cuatro años, mi clan fue aniquilado por una banda de criminales. —murmuró al elevar su mirada y mantener sus ojos fijos en el marinero—. Quiero convertirme en Cazador y eliminar a toda la banda, el Genei Ryodan.

«Sabía del pasado trágico de Kurapika... pero, escucharlo directamente de sus labios es algo diferente». Pensó al compadecerse de la persona que fue uno de sus amigos. «¿Ocurrirán las mismos hechos que antes?». Su boca se torció en señal de molestia. «Bueno, al menos las peleas entre ambos continúan intactas. Mejor interfiero para evitar posibles peleas».

—¡Hey, Oji-san! ¿Por qué quieres convertirte en Cazador?

—¡No me digas viejo!

—¿Ah no lo eres? Se supone que eres el mayor de este grupo ¿Acaso no querías que Kurapika reconociera tu edad? ¡Pues ahí lo tienes!

Apretó los dientes con rabia mas no se negó a responder la pregunta anterior. —¿Mis motivos para ser Cazador? Lo diré rápido. Quiero dinero—. El albino abrió los ojos, sin creer que esa fuera su respuesta. —¡Con dinero puedes conseguirlo todo! ¡Una gran casa! ¡Un bonito coche! ¡Buenos licores!

Mientras Leorio continuaba en su fantasía, tanto Killua como Kurapika decidieron traerlo a la realidad.

—Aunque tuvieras todo el dinero del mundo, no creo que serías capaz de mantenerlo prudentemente.

—No puedes comprar la clase con dinero, Leorio.

Tal parece que el mayor ignoró el comentario del niño y priorizó las palabras del rubio. —Ya van tres veces. —dijo en un tono serio antes de mirarlo—. Vamos fuera, acabaré con la penosa sangre Kurta aquí y ahora.

—¡Retira eso, Leorio! ¡Retíralo!

Cuando ambos optaron por abandonar la habitación, el capitán decidió intervenir. —¡Hey, ustedes! ¡Aún no he acabado todavía!

—Déjalos que se vayan, ellos terminaran solucionando el problema de alguna manera. Mito-san me lo había dicho muchas veces. —comentó sin medir sus palabras—. Deberíamos dejar que lo resuelvan ellos mismos, además, así es mejor. Ya no tengo que escuchar sus peleas de niños pequeños.

—Muchacho, sé completamente honesto. ¿Ese no era el motivo por el cual tomabas el examen, verdad?

Sus ojos azules se posaron sobre el capitán. —¿A qué se refiere?

—Lo que has oído. Responde claramente, recuerda que el pre-examen aún no ha terminado.

Apretando los dientes con fuerza supo que no tenía otra alternativa. Se sentía molesto con sí mismo al ver que estaba en clara desventaja, por no decir que ese anciano tenía el control de la situación.

Suspirando resignado, se dignó a responder la condenada pregunta. —Buscar a Ging era una de mis prioridades, pero, no la principal.

—¿Ging? ¿Ging Freecss?

Asintió. —Al comienzo, creí que sería algo divertido encontrarlo, además ello me permitiría estar lo más alejado de mi familia. Y con el paso del tiempo, no me arrepentía de mi propia decisión, pero, había algo en mi mente que no me dejaba tranquilo—. Bajó la mirada al suelo, permitiendo que sus cabellos blancos cubrieran su visión. —Tal vez esto no le interese a usted, mas no puedo negar que tuvo influencia en mi accionar. Yo... no quiero ser Cazador, nunca quise serlo y menos en estos momentos, pero, debo dar ese examen a como dé lugar…

—¿Ah sí? Entonces, ¿Por qué te molestarías en dar el examen si tu meta no es convertirte en Hunter?

—Estoy buscando a alguien.

—¿Uh?

—Estoy buscando a alguien muy importante para mí y sé que, la única manera de encontrarlo es dando ese examen. Porque él...—. El capitán notó que ese niño apretaba los puños hasta que algunas pequeñas gotas rojas brotaban de ellos. —…porque esa persona también estará ahí... yo solo... solo... quiero disculparme con él ¡Y regresar todo a la normalidad! —gritó mientras sus ojos azules se veían cubiertos por un brillo de convicción.

—¿Normalidad? —repitió confundido, más el grito alarmado de uno de sus ayudantes lo alertó: una tormenta, peor que la anterior, se estaba manifestando.

—¡Capitán, mire!—. Señaló hacia adelante. —Si ese ciclón nos atrapa, el barco se hundirá.

—¡Plegar las velas!

—¡Sí!

—¡Te ayudaré! —ultimó sin pensar. «¡¿Pero qué...?! ¡¿Por qué demonios dije algo como eso?! Yo... nunca ayudaría... a nadie...». pensó para sí mientras corría detrás del marinero.

Las olas se estrellaban violentamente contra ambos lados del barco, las feroces ráfagas de viento dificultaban cumplir la orden del capitán y a pesar del esfuerzo de los tripulantes era tarea demasiado complicada. Una parte deshabitada de la nave, era el escenario para el posible combate entre dos aspirantes, quien en completo silencio e ignorando las corrientes de agua que se adentraban en el barco, no apartaban la mirada de su contrincante.

—¡Retira lo que has dicho! Retira lo que has dicho y te perdonaré, Leorio.

—¿Cuántas veces tengo que repetirlo? Deberías mostrar un poco de respeto—. Sacó su cuchillo y con una expresión seria dijo "No lo retiraré".

—Entonces, no me dejas otra opción...

Killua vio como uno de los marineros salía despido de la nave al soltar la cuerda. «¡Maldición!». Kurapika y Leorio también lo notaron, y de manera inmediata se dispusieron a ayudarlo, se sujetaron del barandal estirando el brazo libre, pero ninguno logró atraparlo. Chasquearon la lengua al ver que no lo había conseguido, mas no esperaban lo siguiente; el albino de ojos azules se había lanzado, con el impulso necesario, y con sus manos logró sujetar las muñecas del muchacho, mientras que los otros dos se aseguraron de retenerlo de los tobillos.

—¡Tira de ellos! Ahora...

Una sonrisa se situó en su rostro al sujetar por el torso a Katsou. «Siempre fui de los que quitaban vidas, nunca de los que las salvaba... Creo que... ahora entiendo porque Gon siempre está feliz de ayudar a los demás. » pensó al sentir como tiraban de su cuerpo. «... Es tan... gratificante...».

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—¡Idiota!

De alguna manera, todo se sentía familiar

—Si no te hubiésemos agarrado las piernas, serías pasto de los tiburones. —regañó enojado por la actitud del niño.

Killua sonrió, no por verlo molesto a Leorio, aunque internamente sabía que una parte era por ello, sino porque esas palabras le hicieron recordar a los momentos que vivieron juntos, los cuatro.

—De verdad—. Kurapika se cruzó de brazos. —¿Cómo puedes ser tan temerario?

—Pero me atraparon, no entiendo por qué están tan molestos—. Se acomodó mejor en el suelo, mirándolos con esa sonrisa descarada que lo representaba. —Los dos me atraparon ¿Qué eso no es lo importante? Además… hicieron algo juntos, se olvidaron de la pelea y me atraparon.

—Bueno, supongo que sí...—. Confundido, llevó una de sus manos detrás de su cabeza. —¡Pero eso no quita que hayas sido imprudente!

—¡Agh! Deja de molestarme, Oji-san.

—¡Que no me digas viejo, mocoso!

—Pues dile eso a tu cara, pareces un anciano decrepito.

—¡¿Qué dijiste?!

—¡Killua!—. El menor del grupo notó la presencia del marinero que había ayudado. Éste corría hacia ellos con una sonrisa en su rostro; el albino se levantó de inmediato. —¡Gracias, Killua! Me has salvado.

Sus mejillas se colorearon levemente al sentirse avergonzado. —Eh... la verdad. No fue nada, pero, no podría haberlo hecho solo. Esos dos me ayudaron—. Dirigió una mirada al moreno y el rubio. —Así que, a ellos también deberías agradecerles.

—¡Muchas gracias! —dijo inclinándose en señal de respeto.

Kurapika cerró los ojos manteniendo la mirada serena. —No, no tienes que agradecerme nada.

—Bueno... Sí, me alegro de que estés bien—. Leorio sonrió algo apenado.

—¡Si! ¡Volveré a mi puesto! —fue lo último que dijo antes de retomar sus tareas.

—¡Oh vamos! No sean tan aburridos y muestren un poco de sentimiento—. Sonrió al ver que sus "amigos" le miraban molesto. —No todos los días se salva la vida de alguien ¿No creen?

El joven Kuruta sonrió, sin decir en voz alta que estaba de acuerdo, y dirigió una breve mirada a Leorio. —Me disculpo por mis malos modales. Gracias, Leorio-san.

Un casi imperceptible sonrojo se situó sobre sus mejillas. —¿A-a qué viene ese cambio? Parece que somos extraños...—. Desvió la vista moviendo una de sus manos en señal de desinterés. —Puedes llamarme Leorio. Con Leorio está bien. —murmuró—. Yo... también lo siento. Retiro todo lo que he dicho, estaba equivocado.

—No, está bien.

«Así está bien... Todo parece ser como era antes...». Sonrió a gusto. —Bien, bien. Ya basta con el momento cursi entre ambos—. Se carcajeó al ver los rostros sonrojados con miradas sorprendidas. —¡Era broma, era broma!—. Esquivó el ataque del mayor. —¡No te atrevas a golpearme, Oji-san!

—¡Deja de decirme viejo!

La estruendosa carcajada del capitán del barco se hizo presente. —¡Me agradan, muchachos! ¡Bien!—. Dio un último sorbo de su botella de alcohol. —Me haré responsable por llevarlos a ustedes tres al puerto más cercano al sitio del examen.

—¿En verdad? —preguntó emocionado, sin ocultar sus sentimientos—. Pero... ¿Qué sucederá con su examen?

Subió por las escaleras externas, deteniéndose al oír aquella pregunta. —Como he dicho... Es decisión mía. ¡Y ustedes tres han aprobado!

Sonrieron complacidos ante los resultados, Killua dio un salto de alegría levantando el puño bien en alto. «Gon... Cada vez falta menos para volver a vernos. Yo... ¡Me aseguraré de no dejarte ir esta vez!». Prometió convencido sin despegar la mirada del horizonte. «Todo volverá a la normalidad, te lo aseguro».

Y de esta manera, comenzaba la verdadera aventura. Para dar el examen de Cazador y encontrar a Gon.


Muchas, muchas, pero muchas gracias por los reviews/favoritos/seguidores... Son todos muy amables y en verdad, me alegra que les guste mi historia. Recuerden que hago esto por ustedes... Así que, solo gracias.

¡Espero verlos pronto! ¡Cuídense mucho! ¿Si?

Atte: Canciones de Cuna.