Capítulo 2 'Necesito un novio'

Los personajes son de Stephenie Meyer, la cual no ha aceptado regalarme ni un solo vampirito. La trama es nuestra.


Alice POV.

―¿Segura que no te pasa nada? ―preguntó Bella―. Te noto extraña.

―Segurísima, estoy bien. ―contesté.

―Si tú lo dices. ―no estaba convencida, pero se encogió de hombros y no siguió insistiendo mientras caminábamos a la cafetería.

Estaba cerca de cumplir los cuatro meses de embarazo y nadie lo sabía en la secundaria; aunque cada vez era más difícil ocultarlo. Se hacía demasiado evidente el cambio en la forma de mi cuerpo con cualquier camisa entallada, así que la ropa holgada se había vuelto mi mejor amiga.

Además, no sólo era Bella la que comenzaba a sospechar que algo andaba mal. Como sea, era imposible que alguien siquiera se imaginase lo que pasaba en verdad. Al fin y al cabo yo entraba en el rango de "mojigata que va a terminar soltera y con cinco gatos el resto de su vida" para muchos. Cosa rara, no me gustaban los gatos.

―No me extraña que hayas subido de peso con todo lo que comes. ―el comentario de Leah me hizo rodar los ojos.

Mis amigas llevaban semanas escandalizadas por mi creciente apetito; pero al menos eso excusaba mi aumento de peso, el cual sí que era evidente, aun detrás de la ropa. Como sea, tampoco lo llevaba tan mal; aunque Jamie no era de mucha ayuda. A ver, no me tenía que mirar con reproche por estar avergonzada de mi condición. Ya sabía yo que la situación no le agradaba porque aún no le había hablado de Jasper ni a él ni a mamá, eso bastaba.

Pensar en "el papá de mi hijo" hizo que le dirigiera una mirada inconsciente a la mesa del equipo de baloncesto. Allí estaba él con… eh, Victoria. Sí, sí, la pelirroja de esa semana se llamaba así. No sabía cómo; pero juro que siempre había una diferente al comenzar el lunes. Despreciable, ¿verdad? Las muy zorras se dejaban utilizar de lo más felices en la vida. ¿Y si les pagaba? Era un asunto de preocupación, yo había hecho todo gratis...

Vale, suficiente pena me debería haber dado saber que era parte de su colección como para siquiera haber considerado ese asunto. Era patético que antes no supiera quién era Jasper Hale y ahora no pudiera pasar dos segundos sin ver qué estaba haciendo. Él se había vuelto parte de mi vida y seguro no tenía idea de que fuese así.

Por si no se notaba, mis conversaciones mentales de autocompasión, se estaban volviendo cada vez más seguidas. Mis amigas también se quejaban por mis silencios prolongados. Me la pasaba todo el día callada y sumida en mis pensamientos. No sé qué pensaba tanto, pero en ocasiones como esta parecía autista.

Cuando salí de mi trance para ver qué pasaba a mí alrededor, Leah se había ido a no sé dónde y me había dejado sola con Bella y Edward. Por cierto, luego del viaje a la playa ambos habían comenzado a llevarse muy bien (es un eufemismo, desde ese momento habían follado como conejos). Fue cosa de un mes que se hiciesen novios. Y todo me parecía muy bien excepto por estos momentos en los que se besaban como si no hubiese mañana y yo era el mal trío.

Puse cara de asco y dirigí la vista hacia otro sitio. ¿Adivinen adónde? Correcto, hacia donde estaba Jasper. Su amiga especial le estaba besando el cuello mientras él conversaba distraído con Emmett. Pasó que se volteó y nuestras miradas se conectaron por unos segundos. Desvié la vista hacia mi plato otra vez.

Qué incómodo. No sabía quién había atrapado mirando a quién; pero preferí no hacer suposiciones. Quizá si me concentraba lo suficiente, mi bandeja vacía podría hacerme invisible por arte de magia o algo parecido.

Alumnos, es importante recordar que todos deben dirigirse al auditorio luego del almuerzo ―dijo la directora a través de los altavoces.

Los últimos lunes de cada mes nos reunían a todos en el auditorio para hablarnos de algún "tema de importancia para nuestro desarrollo personal". Era una actividad realmente aburrida.

―Bueno… ya nos vemos ―dije y ni Edward ni Bella dieron muestras de haberme escuchado y siguieron en lo suyo. ¿Cuánto tiempo podrían aguantar la respiración? Debía ser bastante.

Suspiré mientras me movía hacia al auditorio. El pasillo estaba vacío porque nadie quería estar ahí antes de la hora. Bueno eso decía, antes de encontrarme con una pequeña sorpresa a medio camino.

Vamos a describir la escena del crimen: Leah recostada a una pared y frente a ella Jacob que la tenía apresada poniendo las manos a cada lado de su cabeza. Leah le rodeaba el cuello con los brazos. ¿Tensión sexual? Ni se diga, yo no pude moverme de la impresión que me causó la imagen.

―Esto no es justo Black. ―dijo ella.

―No es mi culpa que ser irresistible. ―murmuró Jacob.

Juro que si hubiese sabido adónde salir corriendo lo hubiese hecho; pero cualquier movimiento los alertaría de mi presencia.

―¿Sabes que eres un tonto ególatra?

―Pero te encanto así.

Jodida mierda.

―Hum… puede ser ―Leah se acercó para besarlo.

De acuerdo, ya era suficiente; no tenía que presenciar eso. Avancé por el pasillo tan rápido como pude y al pasar frente a ellos, esperé que no se percataran de mi presencia. No tuve suerte, Leah se separó de Jacob con expresión aterrorizada. Nuestras miradas se cruzaron. En sus ojos había culpa y en los míos enojo. Seguí de largo.

―¡Alice!

No respondí y aceleré el paso. Llegué al auditorio, que para mi suerte estaba vacío, y me senté en una de las sillas de la última fila.

No sabía a qué venía tanto enojo. No tenía moral para reclamarle a Leah por haberme ocultado el asunto. ¿Pero es que ahora todo el mundo tenía una pareja? Creo que sentía celos. No por Jacob en sí, porque no era para nada mi tipo; sino porque mis amigas tenían a alguien a su lado. Ni se fijen, adiós a mis ideales de independencia femenina; yo también quería una persona que ocupara toda mi atención sexual. Patético, lo sé. Una embarazada solterona y amargada que quería un novio.

―Alice. ―la voz de Leah atravesó el silencio de la sala.

Me sobresalté.

―¿Qué quieres?

La verdad no tenía ánimos de hablar con ella en especial; aunque no tuviera la culpa de mi desgraciada vida.

―No… no esperaba que te enterases así. De verdad lo siento.

―Mira, no tienes que disculparte. Tampoco es que tengas que preguntarme con quién puedes o no andar.

―Estás molesta. ―de acuerdo, no había discusión en ese punto.

―No contigo. ―intenté que mi tono sonara más conciliador y añadí―: De verdad, tengo muchos problemas existenciales.

Leah se acercó a mí y tomó asiento en la butaca de al lado. El silencio volvió a cernirse sobre nosotras, pero no era incómodo esta vez. Fueron cinco minutos en los que ambas pensamos en nuestras vidas, que aunque tomaran caminos distintos, siempre seguirían conectadas por una hermosa amistad…

La verdad me he puesto muy cursi. Filosófica y profunda, pero cursi.

―No importa lo que pase, siempre te apoyaré. ―dijo.

―Gracias. ―medio sonreí.

―Quizá hablar de ello te haga sentir mejor.

O me haga llorar como una histérica, hay que manejar ambas posibilidades.

―Ahora no. Cuando esté lista serás la primera en saberlo.

Quería contarle, no me gustaba guardar secretos con mis amigas; pero otro derrumbe emocional en menos de dos meses no era bueno para la salud.

―Ahí estaré y lo sabes. ―asentí. Otro momento sentimental que me hacía arruinar mi reputación de chica dura. Algún día tendría que pasar eso―. Oye, por cierto, Jacob y yo… eh, bueno.

―Ni una palabra, secreto de estado. ―aseguré con solemnidad.

―Gracias ―suspiró aliviada―. La verdad es que no sé por qué sigo en esto. Él no quiere nada serio conmigo y yo no quiero que me vean con él.

―Leah, yo no soy el doctor Phil. ―dije con sarcasmo; pero su expresión me hizo retractarme e intenté de nuevo―: A ver, si Jacob de verdad te quiere, no dudará en estar contigo. Habla con él. Y ni se te ocurra pensar qué dirán. Todos se pueden ir al infierno si no les parece bien que estén juntos.

Sí, qué buena era yo dando consejos, debería haberme dedicado a eso. Ojalá y hubiese logrado solucionar mi propia situación con la misma eficacia.

―Tienes razón, hablaré con Jacob a la salida. Las cosas no pueden seguir así. ―respondió, un poco más animada―. Gracias, Alice. Me ayuda mucho tener con quién hablar el asunto.

―Para eso están las amigas. ―juro que la frase me hizo sentir una punzada de culpa mientras la decía.

Luego hablamos de trivialidades. Pronto las personas comenzaron a llegar. Bella se sentó con nosotras y a su lado adivinen quién estaba. Sí, mis queridos amigos, están muy intuitivos. Edward me ponía los nervios a veces.

Jacob también pasó y la expresión de Leah fue un poema cuando él se sentó unas dos filas adelante de nosotros con el equipo de baloncesto. El lugar no tardó en llenarse. Cuando todos estuvimos adentro, apagaron las luces y comenzaron a mostrar el documental. Esa vez aprenderíamos "los hábitos para una buena higiene personal'. A mitad del filme, ya muchos estaban dormidos.

Debo admitir que hubo una parte que me tocó el corazón. Decía que recordáramos lavarnos las manos con jabón y mostraban el antes y después de las bacterias. Me sentí mal por las pobres bacterias que había matado todos estos años. ¿Si eran padres de familia? ¿O eran pequeñas bacterias que tenían todo un futuro por delante? Mostraron los créditos y yo seguía llorando.

―Oh, vamos. Tienes que estar bromeando. ―resopló Leah.

―Es que... ―me sorbí la nariz―. Me conmovió ese documental.

―Ya decía yo que estabas de la puta cabeza. ―se burló una voz que no reconocí como la de Leah. Era masculina y gruesa… oh, la recordaba a la perfección.

Alcé la vista. Jasper estaba ahí con una sonrisa de suficiencia. La primera vez que me dirigía la palabra en cuatro meses y era para eso. Tenía ganas de asesinarlo y me costó mucho no llevarlo a cabo.

―Tú… ―hablé entre dientes para no gritar. Vale, digamos que si Leah no me hubiese detenido le hubiese dejado sin día del padre. Bueno, no sin día del padre, pero sí con un hijo único.

―Oye, era broma. Deberías relajarte.

Le dirigí una mirada de hastío. ¿No lo entendía? Por supuesto que no; no tenía ni idea. "¿Sabes, gran imbécil? Tengo cuatro meses de embarazo gracias a que esa cosa que llevas debajo de los pantalones no se quiso quedar en su lugar, no me pidas que me calme".

―Lárgate. ―me limité a decir.

―Lo que digas, histérica. ―oh, Jasper estaba jugando con fuego.

Vamos Alice, aguanta. Respira profundo y piensa en algo bonito… algo como Jasper siendo aplastado por un piano. Sí, así está mejor. Sonreí, el se encogió de hombros y se marchó. Al menos tenía algo de sensatez.

―¿No te parece una reacción demasiado exagerada por una simple broma? ―dijo Bella.

Le dirigí una mirada asesina. No era conveniente que me provocaran en estos momentos.

―No estoy de humor para esta mierda. ―murmuré, poniéndome de pie.

―Bella tiene razón; estás sobreactuando la situación.―la intervención de Leah logró ponerme de los nervios.

―¡Es que no entienden nada! ―grité y mis amigas abrieron los ojos con sorpresa. Resoplé, cerrando la boca antes de soltar alguna estupidez. Cuando estuve más calmada, volvía a hablar―: Déjenme sola, por favor. No quiero desquitarme con ustedes; pero me la están poniendo difícil.

―Pues ya nos vale. ―Bella se dio la vuelta y salió con Edward siguiéndole. Estaba cabreada.

―Sabes que estaré aquí. ―me recordó Leah y también abandonó el sitio.

Yo tampoco estuve mucho tiempo en el auditorio. No sé, tenía ganas de llorar o romper algo; así que me dirigí al estacionamiento con paso rápido. Me avergonzaba que me vieran en ese estado, con un montón de emociones encontradas por las palabras del idiota de Jasper.

A medio camino vi a Jamie y recordé que hoy debía llevarlo a casa.

―Hey, hora de irnos. ―dije interrumpiendo la conversación que mantenía sus imbéciles amigos. Lo halé del brazo para poder hablar lejos; porque las miradas que me daban esos prepubertos hormonales eran de lo más irritantes.

―Eh, voy dentro de un rato, espérame en el auto. ―Jamie me suplicó en silencio que no lo apenase en público; pero yo no estaba de humor para ayudarle.

―Fue una orden, no una petición.

―Alice es muy temprano. ―replicó en tono de niño malcriado.

―Entonces toma el autobús o camina.

Chasqueó la lengua, yo me crucé de brazos y alcé una ceja esperando su respuesta.

―Los autobuses no llegan a nuestra casa y si me voy caminando no llego hoy.

―Entonces, está dicho. Nos vamos. ―y, sin darle tiempo para procesar la información, lo halé del brazo y lo arrastré hasta el auto. Mi hermano entró a regañadientes en el asiento del copiloto.

―Ah, por cierto; ninguno de tus amigos tiene posibilidades conmigo… pero diles que soñar es gratis.

Jamie rodó los ojos y soltó un bufido. Luego, encendí el auto y salí de allí a toda velocidad. Casi atropello a una anciana que estaba cruzando la calle una cuadra más allá.

―¡Vieja loca! ―agité el puño como una maniaca y añadí otros coloridos insultos.

―Las hormonas te están afectando, ¿eh? ―Perfecto, todos querían bromear conmigo el día en el que estaba de peor humor―. Como sea, no deberías conducir tan rápido.

―Ya veré yo cómo conduzco. Limítate a cerrar la boca si no quieres que te deje varado en medio de la autopista. ―vale, el pobre Jamie se estaba llevando la parte más dura y lo único que quería era ayudar―. Lo siento, no quería descargarme contigo.

Él suspiró y se hundió en su asiento.

―Para eso están los hermanos. ―dijo, encogiéndose de hombros. Sí, lidiar conmigo era un trabajo que no todo el mundo lograba llevar con dignidad.

Llegamos a casa en diez minutos, la mitad del tiempo que tomábamos normalmente. Bajamos y yo subí a mi habitación sin decir palabra y cerré con seguro. Estaba muy alterada y quería estar sola.

¿Quién me iba a querer así de desquiciada? Nadie con suficiente sentido común lo haría. Lloré con amargura por ello y culpé a Jasper por esta desgracia que me había ocurrido. Repito, necesitaba un novio con urgencia.

No bajé a cenar, seguía deprimida y no podía dejar de ver la creciente panza que resaltaba en mi cuerpo. Eso me enojaba y me frustraba a partes iguales. Iba a pasar el resto de mi vida soltera y con un hijo que no terminaba de aceptar. Y sólo por media hora de diversión en un viaje a la playa. Qué pasada.

El sonido de las gotas cayendo me relajaba, me hacía sentir menos sola. Aun así, no dormí muy bien esa noche. No quería seguir con esto; pero no tenía opción. Ahora no sólo podía pensar en mí misma: también estaba el bebé.


Hola chicas. Aquí estoy con otro cap.

En mi opinón personal me quedó muy corto, pero verán.. iba a tener más contenido. Decidí dejarlo para el próximo capítulo el cual realmente estará interesante. Les adelanto el título 'Huyendo de la verdad' Gracias a todos los que leen y como siempre les invito a dejar un review.! Besos y nos leemos lueguito ^^