Sólo quiero decir que estaba bajo los efectos de una bebida energizante mientras escribía esto.

Género: Humor

Cantidad de palabras: 280

«D. Gray-man no es mío, sino de Hoshino Katsura. Esta historia participa en "Mes de apreciación: Febrero 2017 - El antaño vuelve" del foro "Resurgiendo entre las cenizas"».


La Orden Oscura generalmente le resultaba un lugar escalofriante. Era un edificio enorme, con una impresionante cantidad de gente dentro, mucho más experimentados que ella en miles de distintos aspectos, con científicos que podían hablarle en miles de formas técnicas que ella no comprendería, con la capacidad de arreglar armas, organizar misiones en horas, y quien sabe cuantas más cosas que ella pasaba por alto.

La palabra clave: generalmente.

Había días en los que se sentía más intimidada por los pasillos de la construcción. Había días en los que caminaba más alegremente por los mismos.

Y había días en los que corría horrorizada mientras huía de un Komurin.

Komui había insistido en que debía de ser una molestia para su amada hermana menor el tener que atarse el cabello todas las mañana y por lo mismo creo aquel robot que para sorpresa de nadie, terminó volviéndose loco.

Gomitas para el cabello de todos los colores y formas volaban por el comedor, inundándolo. Las horquillas desparramadas por el suelo volvían prácticamente imposible el caminar, y el olor de las enormes cantidades de espray para el cabello que habían sido rociadas en la habitación hacían que todos intentaran contener la respiración la mayor cantidad de tiempo que fuera posible.

Al terminar en la enfermería por recibir un golpe con una gomita en el ojo, haberse clavado una horquilla en el brazo y haber tragado una buena cantidad de espray, Miranda no podia hacer más que reír. Quizá era un efecto secundario de algún químico que contuviera aquella sustancia, los médicos no estaban seguros.

Pero ella sabía la razón.

Se sentía bien, por una vez, no haber sido la causante de una catástrofe.