SUMARY: Terry tenía una falsa amnesia y que no dudaba en aprovecharla para seguir viviendo bajo el mismo techo que Candy y volverla a conquistar. Pero habían dos problemas…

Pareja principal: Terry x Candy

Pareja secundaria: Albert x Candy

Género: Drama & Romance

Disclaimer: Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, sino a sus creadoras Kyoko Mizuki y YumikoIgarashi.


FALSA RENDICIÓN

by: Atori


CAPÍTULO 2

Los días seguían pasando, y aunque le había costado, poco a poco Terry había ido ganándose la confianza de su hijo Abel. Algo que emocionaba a Candy y a tener la esperanza de que pronto recuperaría sus recuerdos, sin sospechar para nada de la realidad.

Entonces, una oportunidad perfecta se presentó para el moreno ante el anuncio de que Albert tendría que marcharse de viaje por negocios.

Estaría muchos días fuera, meses quizás, o eso es lo que Abel le había dicho a su padre con una cara tan larga, por tenerlo lejos durante mucho tiempo.

Con él lejos de su campo visual, sería una perfecta oportunidad de conquistar a Candy y recordarle el romance que habían tenido en el pasado. Ese romance que estaba destinado a ser para siempre, de no ser por la intervención de Susana y su estupidez en suicidarse.

-Mañana se marcha tío Albert –le dijo su hijo con cierta pena, que molestaba a Terry-. Pero me ha prometido traerme un regalo. Seguro que si se lo pido, te trae algo a ti también. ¿Qué es lo que te gustaría, papá?

-Ahora mismo, no necesito nada –y esas palabras, entristecieron al más pequeño. Algo que Terry se percató y se maldijo a sí mismo. Su hijo era inocencia pura, por lo que era normal que tuviera preferencias sobre Albert que era encantador y amable. Mientras que él era todo lo contrario, falso, hipócrita y dispuesto a quitarle la mujer de otro.

Aunque, la verdad, más bien no era arrebatar la mujer de otro, sino a recuperar a la chica que había amado.

Albert sabía de sobra los sentimientos que habían mantenido en el pasado, y que por culpa de otros, se habían visto obligados a separarse, hasta llegar a la ruptura absoluta. Pero no porque dejaran de amarse.

Él nunca dejó de amarla. Y Candy… lo averiguaría muy pronto.

.

El día de la partida de Albert llegó y Terry tuvo que ver con sus propios ojos como la parejita se despedía, con palabritas de que se echarían de menos y la promesa de escribirse casi cada día.

Resultaba tan repulsivo cómo el beso de despedida que tuvo que presenciar delante de sus narices.

Sería el último que viese, prometía Grandchester.

Cuando Albert volviese, Candy ya sería suya.

-Cuida bien de Candy, Terry –le pidió el rubio con una sonrisa sincera, ajeno a los planes maquiavélicos del moreno-. Espero que a mi regreso, ya hayas recuperado tus recuerdos.

Su mano sobre su hombro en señal de apoyo y deseo sincero, hizo sentir mal a Terry.

En el pasado ellos habían sido muy buenos amigos, donde habían compaginado al instante.

Pero también, había sido él el que se había aprovechado de la tristeza que sufría Candy para que le olvidara. Y con esa mentalidad, Terry asomó una sonrisa tranquila, en su buena actuación de buen amigo agradecido en ser cuidado por esas personas que conocía desde hace poco.

-Descuida, Albert. Abel y yo cuidaremos muy bien de Candy.

El niño al sentirse nombrado, gritó de alegría, dándole la razón a su padre, asintiendo una y otra vez con la cabeza.

Albert sonrió y tras acariciar la cabeza del niño, se metió al coche donde George lo estaba esperando. El coche arrancó y antes de perderse en la lejanía, Albert asomó la cabeza para despedirse efusivamente de Candy.

Candy le devolvió la despedida con una agitación energética de mano y con una sonrisa en la cara, a medida que le gritaba que regresara cuanto antes. Una actitud poco digna de una dama de la alta sociedad, donde Terry agradecía de que ella siguiera igual de natural que siempre.

Cuando ya no vieron el coche, Candy dejó de agitar la mano, dejando entrever una expresión algo triste, como si realmente le afectase el estar tanto tiempo lejos del hombre que amaba.

-Ya se fue –murmuró con cierta pena, pudiendo asomar sus verdaderos sentimientos ante la marcha de Albert.

Mirándola de reojo, Terry sintió cómo los celos florecían con sus afiladas espinas.

-¡Ah! –quejándose de un terrible dolor de cabeza, que incluso le impedía estar de pie.

-¡Papá! –gritó el niño.

-¡Terry! –y antes de que cayera al suelo, Candy consiguió que se apoyara sobre ella- ¿Qué te ocurre?

-¡Mi cabeza! ¡Me duele muchísimo!

Viendo cómo sufría, Candy se alarmó por completo. Con la máscara de una enfermera profesional, se dirigió al niño.

-¡Rápido, Abel! ¡Vete a pedir ayuda! –necesitaba a alguien para cargar a alguien más pesado que ella.

Pero el niño ya estaba de camino a la casa principal para pedir ayuda a la muchedumbre. Cuando Terry se percató de que estaban asolas. Dejó caer medio muerto su cuerpo sobre Candy, haciéndole creer que había perdido la consciencia.

-¡Terry! ¡Terry! –y tener ese cuerpo tan pesado a punto de caer, hacía que Candy tuviera que emplear toda la fuerza que tenía, para que no cayera bruscamente.

Con cuidado y con mucho esfuerzo, trató de sentarse sobre el césped, para así no tener tanto peso sobre ella.

Alegre por haberlo conseguido, Candy suspiró aliviada. Ahora tenía que revisar sus constantes vitales, pero antes de que pudiera hacerlo, escuchó cómo Terry comenzaba a susurrar algo intangible.

-Beth… Elisabeth…

La rubia quedó en estado de shock.

Aquel nombre.

Era el de su colega enfermera que había perecido durante la Gran Guerra.

Y también…

Pero no pudo hurgar más en sus pensamientos, ya que notó cómo Terry con los ojos medio cerrados, como si estuviera en algún tipo de trance, le cogía la quijada.

-Beth… -susurrando de nuevo ese nombre, pero con una voz tan dulce y llena de deseo que le erizó todos los vellos de su piel.

Y Candy no pudo evitar lo siguiente que ocurrió.

El beso.

La unión de sus labios.

Con los ojos abiertos y sin poder creerse lo que estaba sucediendo, Candy no hizo el amago de separarse.

Fue un beso corto, pero tan lleno de sentimientos que le resultó familiar.

Y cuando Terry se separó, la miró con esos ojos llenos de felicidad sincera y antes de volver a caer en la inconsciencia absoluta, volvió a susurrar.

-Beth…

Fue justo en ese momento, cuando Abel llegó corriendo con varios de los mayordomos de la casa, mientras que Candy trataba de recuperarse de lo que había sucedido.

-¡Señorita Candy! ¡Oh! ¡Dios mío! –murmuró uno de ellos viendo el estado del joven Grandchester.

-Por favor, llévenlo a su dormitorio. Enseguida iré a revisarlo –ordenó la rubia con la cabeza gacha, mientras los empleados cargaban al moreno. Se sentía tan avergonzado, que si alguno de ellos notaba el rojo en su rostro, comenzarían a sospechar de que algo raro había pasado.

Abel veía a su padre en ese estado, y desesperado, empezó a derramar lágrimas de preocupación.

-¿Por qué…? ¿Por qué le ha pasado esto a papá? Si empezaba a ir a mejor…

El lamento del más pequeño, hizo que Candy se sintiera mal por haber creado una montaña por un grano de arena. Estaba claro que Terry había comenzado a recuperar sus recuerdos, y simplemente la había confundido. Además, se notaba que había sentido un profundo amor por su colega fallecida. El mismo que ella sentía ahora por Albert. Con esa firme creencia, abrazó al pequeño con ternura para tratar de animarlo.

-No te preocupes, Abel. Es lo que suele pasar cuando empiezas a recuperar tus recuerdos.

-¿Empieza? –mirándole con una interrogación.

-Ajá –asintiendo con un guiño-. Mientras no estabas aquí, tu padre ha mencionado a tu mamá.

-¿De veras? –exclamó el niño ahora emocionado.

Candy asintió con la cabeza toda feliz.

Y el niño empezó a gritar de alegría, donde Candy no pudo evitar reír.

Esa era la realidad.

Terry comenzaba poco a poco a recuperar su memoria. Y había comenzado al recordar a la mujer que había amado, dándole un delicado beso, como los que él le había dado en el pasado.

¡Fuera!

¡Tenía que olvidar esos sentimientos que había tenido por él en el pasado!

Ahora ella estaba felizmente con Albert y Terry había sufrido una confusión al verla.

Pero entonces, ¿por qué no se había apartado, pudiendo hacerlo?

.

Cuando Candy entró al dormitorio donde estaba Terry, éste seguía con los ojos cerrados.

La escena del beso aparecía en su mente una y otra vez.

¡Basta!

¡Tenía que olvidarlo!

Ahora lo más importante era revisar sus constantes vitales.

Tenía que hacer a un lado sus sentimientos personales y centrarse en su deber como enfermera.

Pero al acercarse, y observarle… más bien, esos labios carnosos donde los había probado más de una vez.

¡Basta!

Se reprendió a sí misma por segunda, mientras se golpeaba el rostro con las palmas de sus manos.

-"Vamos, Candy. No dejes que un malentendido te afecte. Recuerda que no te veía a ti, sino a Beth."

Con esa idea, Candy ya se sentía la misma de siempre.

No tenía porqué seguir dándole tantas vueltas a la cabeza por un error.

Vale que habían sido novios en el pasado, y quizás pudiera haber quedado secuelas, donde un beso era como volver a casa. Pero ambos habían seguido con sus vidas, encontrando el amor en otra persona. Ella con Albert y Terry con Beth.

Tras dejar escapar un hondo suspiro, sintiéndose algo más recuperada, Candy procedió a revisarle el pulso.

Estaba estable.

Buena señal.

Sonrió ampliamente.

Sin embargo, antes de que pudiera revisarle la temperatura de su frente, la mano que revisaba su pulso, se vio cogida por la suya.

-Terry… -viendo cómo él había abierto los ojos y la miraba con esos ojos donde parecía estar en un mundo imaginario.

-¡Beth! –volviendo a confundirla- ¡Te he echado de menos!

Ante esas palabras, Candy se quedó sin habla.

Sus ojos abiertos, viéndola directamente, pero con un extraño brillo donde parecía estar en otro mundo. ¿Sería posible que hubiese recuperado la memoria, pero con secuelas donde confundía lo real con lo irreal?

Bruscamente, Terry la atrajo contra él, cayendo de forma poca ortodoxa entre sus brazos.

-¡Terry! ¡¿Qué estás haciendo?! ¡Suéltame!

-Beth… -volviendo a susurrar ese nombre con tanta ternura, a medida que acercaba su rostro al suyo.

Esta vez, Candy tenía tiempo más que suficiente para apartarlo y hacerle ver que estaba confundido. Ella no era Beth, sino Candy. Si se dejaba besar, entonces, no habría duda de que estaría engañando a Albert.

Cerrando los ojos, Candy se apartó bruscamente de Terry, manteniendo las distancias con él, mientras no dejaba de respirar agitadamente. Con firmeza y gravedad, le espetó la realidad, deseando que así abriera los ojos.

-¡Yo no soy Beth, sino Candy! ¡Beth ha muerto! –clamó entre lágrimas, al recordar el fallecimiento de su amiga.

Vio como Terry se ponía inexpresivo. Irguiéndose lentamente de la cama, acabó por soltar una sonora carcajada ante la sorpresa de la rubia, que no entendía porqué se reía de algo tan delicado. Era como si aquel Terry adolescente que no le importaba nadie hubiera vuelto.

Luego, la miró con tanta arrogancia que la asustó. Levantándose de la cama, se fue acercando hasta ella. Asustada por alguna razón, a cada paso que él daba, ella retrocedía. A través de esos ojos azules, donde podía ver todo y nada, ella podría imaginar cuáles eran sus intenciones.

Su espalda chocó contra la pared, y antes de que pudiera tener la oportunidad de huir hacia la puerta y escapar de aquella habitación, Terry se lo había impedido con un brazo, teniéndola entre la espada y la pared. Su sonrisa se hizo más arrogante.

-¿De qué estás hablando, Beth? –con una ceja alzada- ¿Aún sigues preocupada por lo que hubo entre Candy y yo? Ya te dije que lo que hubo entre nosotros solo fue una aventura para pasar el rato.

Escuchar esas palabras, dolieron profundamente a Candy. Sin importar que tenía delante a un enfermo que estaba afectado psicológicamente, le dio una sonora bofetada y se marchó corriendo de la habitación, maldiciéndolo una y otra vez.

Una vez solo, Terry cerró la puerta y apoyándose sobre ella, se llevó una mano a la mejilla golpeada, mientras no dejaba de sonreír orgulloso de su actuación y de la actitud que había tenido Candy ante sus falsas palabras.

-Sigue siendo igual de temperamental que antes –comentó entre risas. Luego se tocó los labios, recordando el beso que le había dado-. No se apartó y le afectaron mis palabras. Está claro que ella todavía siente algo por mí.

Estaba claro que todavía no estaba todo perdido.

CONTINUARÁ…


Notas de la autora:

Un capítulo más, donde Terry ya se puso manos a la obra sobre sus intenciones de conquistar a Candy, aunque lo haga de forma retorcida. Pero ya sabemos cómo es Terry.

Anuncio ya que hasta junio no volveré a actualizar, ya que se acercan los finales, y es hora de ponerme seria, que he descuidado muchísimo los estudios. Sin embargo, prometo que haré más largo el próximo capítulo. Por supuesto, si os parece bien.

Pues solo me queda agradecer los reviews recibidos, y desear que os haya gustado.

'Atori' – BPS - Begodramon