Hola, aquí estoy de nuevo con el siguiente capítulo n.n

A las personas que han comentado y/o agregado a favoritos muchas gracias! Espero que siga gustándoles el transcurso de la historia.

Me costó un poco terminar este capítulo y además salió muy largo, bueno al menos para mi promedio de escritura xD aun así tuve que dividirlo en dos, esta es solo la primera parte! O.o

Advertencias: Este será un capitulo totalmente de acción. De acción "acción", no de acción Alfred+Arthur, eso será hasta la siguiente parte u.u Ojala no se les haga aburrido xP Hice un clon chafa de Kiku y le puse su nombre porque me daba pereza inventarle uno a un personaje random e intranscendental. Las cosas siguen sin ser lo que parecen kukuku …

Gracias por leer.


¿Qué es lo que pusiste en mi vaso?

Eso que hace a mi pecho cerrarse.

No hay motivo para soltar mis lágrimas enfrente tuyo…

Knight's Side

2:17 am, interior de un edificio abandonado. Arthur Kirkland se encontraba con las manos atadas hacia atrás en una silla, de frente a la puerta del cuarto en el que había sido encerrado. Contenía la respiración tratando de mantener la calma, necesitaba concentración pues sostenía con dificultad entre sus manos una pequeña navaja con la que intentaba cortar las cuerdas que lo aprisionaban. Escuchaba pasos muy cerca, ya estaban de regreso. Todo se había vuelto muy confuso, los acontecimientos se daban demasiado rápido…

Pero retrocedamos momentos antes.

Luego de darse cuenta que había estado siguiendo una pista falsa, ese francés rarito intentó alcanzarlo cuando fue noqueado por un sujeto que al parecer había estado escondido todo ese tiempo en el callejón. La mujer que estuvo acompañado a Francis durante la noche le había amagado con un arma obligándolo a subir a una camioneta donde le ataron las manos tras la espalda y cubrieron su boca con cinta, también arrojando dentro a Francis aun inconsciente. Manejaron por un rato más bien corto hasta llegar a una vieja bodega de dos plantas. Arthur fue conducido todo el tiempo por el hombre quien le tomó del cuello mientras caminaban, a la vez que llevaba con relativa facilidad a Francis sobre sus hombros; la mujer iba al lado derecho de su compañero, así que tuvo oportunidad de observarles de reojo. El tipo no le sacaba más de tres dedos de ventaja en altura, rasgos orientales, cabello negro cortado en casquete, probablemente rondaba los 30, esbelto y de músculos duros y firmes tras el traje casual color gris con el que vestía, con toda la pinta de uno de esos yakuzas que tanto se mencionan. La fuerza del sujeto debía ser mucha considerando que era el único acompañante de la mujer y en todo el recorrido no pudo ver a nadie más en el lugar; notó además que no hablaba y se hacía entender con señas; tal vez no hablaba inglés, quizá era mudo? Podría significar una ventaja, tomo nota mental de eso.

Ahora que la veía de pie pudo apreciar mejor las formas de la mujer. Unas amplias caderas se imaginaban tras el abrigo imitación piel que llevaba encima y le cubría hasta las pantorrillas, de piel blanca con las mejillas un poco sonrosadas seguramente por el alcohol que bebió durante la noche, cabello rubio a los hombros un poco ondulado en las puntas con un broche brillante en forma de estrella en el lado izquierdo, Arthur no podía ver su ojos pero debían ser de color claro; chispeantes, curiosos y alertas, no dejaba de mirar a todas partes mientras andaban. De formas generosas, un poco rellenita sin llegar a ser gorda. Se veía joven 20? 25? Más, imposible. En resumen una atractiva chica de apariencia inofensiva de no ser por el arma que aun sostenía en su mano derecha.

Cruzaron toda la planta baja del lugar que era bastante más grande de lo que se podía apreciar por fuera, sin divisiones y con las ventanas tapiadas, apenas iluminado por un par de focos distribuidos aquí y allá, se encontraba lleno de cajas de diversos tamaños y materiales que estaban apiladas en filas irregulares de unos dos metros y medio de altura, formando un confuso laberinto. Mercancía robada, armas, municiones, drogas, fue lo que imagino Arthur como su contenido. Este sin duda era su almacén, el estuvieron buscando durante mucho tiempo y al que ahora le traían gratuitamente. Irónico, pensó. Llegaron a unas escaleras por las cuales subieron dirigiéndose al segundo de los cinco cuartos que había en ese piso, donde les sentaron a ambos al centro de la habitación en un par de viejas sillas que ahí se encontraban. Aparte de eso, el cuarto contaba con un escritorio, un perchero y un pequeño librero semivacío colocado en el lado izquierdo y todo el frente y costado derecho cubierto de cajas de cartón apiladas una sobre otra.

Le arrancaron la tela adhesiva de la boca con brusquedad pero Arthur contuvo el gesto de dolor

-Se quedaran aquí quietecitos mientras decidimos que hacer con ustedes, pórtense bien de acuerdo?-Dijo la mujer mientras miraba maliciosamente a Arthur al tiempo que guardaba el arma, la identificación y el teléfono que le había quitado en una de las bolsas de su abrigo dejándole a cambio un beso en los labios al inglés, que volteo el rostro disgustado y un poco sonrojado también. La rubia soltó una risita y salieron de la habitación sin preocuparse siquiera de echar cerrojo, dejándolos en penumbras.

Y así fue como termino maniatado espalda con espalda con ese jodido francés del que aún no tenía idea que pintaba en todo esto.

Arthur miro hacia el techo y suspiro pesadamente-Hace cuánto tiempo llevas despierto?-

Sintió a su acompañante removerse, tratando de acomodarse un poco en la silla –Más o menos? Cuando me arrojaron dentro de la camioneta, no saben tratar a la gente con educación par dieu!-respondió medio riéndose-

Arthur tuvo la impresión de estar hablando con un demente-Por si no te has dado cuenta, fuimos capturados por miembros de una peligrosa banda de delincuentes, estamos atados, atrapados en quién sabe dónde para hacernos quien sabe que! No veo lo divertido de la situación por ningún lado, imbécil!

-Jajajaja- se rio esta vez con ganas el francés- Eres tal y como te imaginaba, bueh después de todo el tratar tanto tiempo con criminales hace que se te peguen algunas malas costumbres.

Las alarmas en la cabeza de Arthur sonaron. Francis ya lo conocía o por lo menos le habían hablado sobre él y sabía lo que estaba haciendo en ese bar. Tanteó el terreno.

-Acaso lo dices por ti mismo?- hubo silencio- Tú no eres un simple cliente de ese bar, me equivoco?- Preguntó el británico. Su interlocutor no respondió, pero a pesar de que Arthur no le veía, podría jurar que estaba sonriendo. Resoplo.

-Aunque es evidente que eres un imbécil, supongo que por lo menos entiendes que en la situación en la que estamos no valen las lealtades. Si no queremos salir de aquí metidos en bolsas de basura debemos trabajar juntos. No me andaré con formalidades ni rodeos, así que dime: cómo es que sabias yo estaría en ese lugar y a lo que iba? Quien te envió? Cuál es su objetivo?

Aun dolorido por el golpe, Francis respondió con ánimos- Arthur mon a mi, lo siento pero prometí guardar el secreto hasta el momento indicado y aunque no lo creas soy un hombre honorable, la palabra dada debe respetarse con la vida; si te lo dijera todo ahora se arruinaría la diversión.

De no tener las manos atadas, Arthur se habría palmeado la frente o mejor aún, hubiera estrangulado al sujeto sentado junto a el– Si tanto les gusta jugar a la ruleta rusa bastaba con pegarte un tiro en las sienes, no involucrando a terceros y menos cuando se trata de meterse en el camino de la policía, porque sabes lo que soy. Tú no estabas ahí por casualidad. Se puede saber cuál es tu interés en mí?- Pregunto de nuevo, agregando mentalmente unos cuantos insultos a su oración.

Se escucharon pasos aproximándose. –Uh? Eso fue rápido- comento distraídamente Francis ignorando a propósito la pregunta que le hicieran, pero… El inglés se sobresaltó al sentir las manos del otro rozar las suyas –Simplemente se trata de ganar una apuesta- Pero antes de que Arthur pudiese reclamar, la puerta del cuarto se abrió dejando ver la figura del hombre oriental que con gesto inmutable se agacho a desatar a Francis de la silla levantándolo bruscamente.

-"Date prisa antes de que esto se convierta en un infierno"-

-Eh?

Arthur ya solo pudo ver como Francis le guiñaba un ojo mientras era tomado por el cuello y llevado fuera de la habitación.

La puerta se cerró y el británico quedo sumido otra vez en la obscuridad, solo con sus pensamientos.

Siendo alguien tan meticuloso y calculador, más que el hecho en sí de encontrarse en peligro, le molestaba esta situación en la que todo el mundo parecía saber más que él. Esto no era para nada lo que le habían dicho que se trataría la operación, además de que estaba más que confundido por la actitud de ese francés. Bajó la guardia porque no percibió ningún peligro en él y lo peor es que aún cree que no es alguien de quien deba preocuparse, con todo y su castrante actitud hacia su persona; pero ahora no servía de nada darle vueltas al asunto, su principal prioridad era salir de ese lugar, entero en medida de lo posible. Solo era cuestión de tiempo para que vinieran por el… así que sacudió su cabeza para apartar los oscuros pensamientos y se concentró en utilizar la pequeña navaja de bolsillo que el otro hombre puso en sus manos antes de que se lo llevaran para cortar las cuerdas que lo ataban.

Se movía despacio y con cuidado, porque si la navaja resbalaba y caía, perdería sus pocas posibilidades de salir de esto. En el transcurso de 10 minutos aproximadamente había logrado cortar algo de la cuerda, maldición porque tenía que ser tan dura! Un sonido interrumpió su tarea. Escuchaba pasos muy cerca, ya estaban de regreso y el aún no conseguía librarse de sus ataduras. Maldijo mentalmente. Los escalofríos aparecieron en su nuca. A partir de ahora, seria tentar a la suerte…

La puerta se abrió, ahora era la mujer rubia la que entraba en la habitación. Encendió la luz y cerró la puerta tras de sí, se dirigió hacia él, Arthur apretó los dientes.

Pero ella solo paso tambaleante al lado suyo sin voltear a mirarlo, como si el no estuviera ahí; se quitó el abrigo y lo colgó en el perchero mostrado su hermoso cuerpo en todo su esplendor. Arthur tragó saliva –pero no por la razón que imaginan- No voltees, no voltees!- era su pensamiento mientras sus manos permanecían quietas, empuñadas, sujetando firmemente la navaja.

Saco el arma que le había quitado a Arthur de entre sus ropas y la coloco sobre el escritorio, bastante fuera de su alcance. Una clara provocación; porque a pesar de no mirarle directamente, la chica estaba al pendiente de su rostro, profundamente divertida con la expresión de frustración en la cara del británico. Sin darse cuenta que el origen de su preocupación era otro.

Camino nuevamente al frente contoneándose sensualmente, aunque parecía que seguía medio ebria porque se sostenía del escritorio como si fuera a caer, para finalmente recargarse sobre una de las cajas que estaban junto a la puerta.

-Me siento halagada de que uno de los mejores detectives de la ciudad sea el que me persigue, de haber sabido que eras tan sexy hubiera planeado nuestro encuentro hace mucho- le dijo por primera vez dirigiéndose a él, cruzando las piernas y recargando la mejilla sobre su mano.

Su espalda está cubierta por la silla en la que había estado sentado Francis, la mujer se concentraba solo en su rostro, eso era bueno, sería más difícil que se diera cuenta de lo que estaba haciendo. Debía seguirle la corriente hasta que se liberara por completo.

-Pues no parecías demasiado interesada en mí una vez que apareció ese franchute, me sentí despreciado, sabes?- le respondió.

Su captora hizo un mohín de disgusto que en otra situación hubiera parecido adorable –Todo era por trabajo, si por mi fuera me habría arrojado sobre ti en cuanto te reconocí -guiño- Y creo que no es muy amable expresarte así de tu amigo-

Las manos del inglés seguían trabajando sin ser vistas-No sé de qué estás hablando, en mi vida había visto a ese sujeto. Y ciertamente nunca me hubiera imaginado que ejem "alguien como tú" fuera siquiera parte de esa banda de malnacidos-

La mujer comenzó a examinar distraídamente sus uñas - Ese tipo se nos acercó hace tiempo diciendo que era un agente libre recién llegado de Europa y que acababa de instalarse en la zona. Pidió unirse a nosotros a cambio de obtención de información y espionaje en contra de nuestra competencia. Hizo un buen trabajo, pudimos deshacernos de varios tipos molestos gracias a él. Y luego vino con una propuesta tentadora: el grandioso Arthur Kirkland que llevaba pisándonos los talones desde hace tiempo y parte importante de la investigación en nuestra contra, estaría en el Edén Hall esta noche, solo, tomándose un tiempo libre completamente desprevenido, dándonos la oportunidad de atraparle. Todo podría haber sido perfecto de no ser que… descubrimos su pequeño plan. Que el en verdad había hecho un trato con la policía para entregarles información y así llegar hasta nosotros, y que tú estabas ahí para recibir esa información. Pero no contaba con que descubrí todo, fue un error tan absurdo que aún me rio de lo idiota que fue.

Sabes porque alguien tan hermosa, dulce y adorable como yo es la líder de esta área? –Ella hizo una pequeña pausa esperando una respuesta que no llego- Porque como ninguno de ellos sabe que soy yo quien da las ordenes, bajan la guardia ante mis encantos y acaban cometiendo estupideces como la de tu amigo el francés, yéndose descaradamente tras de ti. Si hay algo que detesto es a los hombres que me mienten, me lo cobro personalmente y muy caro-termino con la maldad asomándose a sus ojos azul hielo-

Procesando toda la información recibida, Arthur llego a una conclusión: esa mujer o trataba de probarlo o era una paranoica con delirios de persecución. Eso no era ni por asomo lo que había ocurrido y ahora habían perdido a un valioso miembro de su organización acabado por ellos mismos. Aunque podría ser considerado bueno, el no aceptaba el asesinato bajo ninguna circunstancia.

-Como te dije antes- dijo el británico masticando las palabras- yo a ese sujeto es la primera vez que lo veo y desearía nunca haberlo hecho, la verdad-

La chica parpadeo confundida -Entonces el francés no iba a ponerse en contacto contigo para entregarnos y tenderme una emboscada?- dijo regresando de repente a su gesto despreocupado.

Arthur rodo los ojos, esta tipa no era muy perspicaz que digamos (quizá solo seguía ebria), en verdad era un miembro importante?

El hombre sentado enfrente no mentía, eso era seguro. Ella pareció meditar la situación unos momentos y después simplemente se alzó de hombros –Un error lo comete cualquiera y pues que se le va a hacer, de cualquier forma Kiku ya debe estar encargándose de "solucionar ese error" así que les diré a mis jefes que ustedes tuvieron un enfrentamiento y el perdió, espero que no te moleste demasiado. Como sea ahora lo importante es que te tengo aquí y esa es una gran hazaña, seguro que no les preocupara la ausencia de Francis, hasta puede que reciba un premio por esto-Le guiño un ojo a Arthur y este solo frunció el ceño.

En serio, de dónde diablos había sacado todo esto esa mujer? Plan? Soplón? Sería verdad? Él no estaba enterado! Acaso la información que le dieron no era la correcta?

Sabía que el inspector Beilschmidt era un hombre maniático (por no decir loco e idiota) que algunas veces se valía de métodos poco ortodoxos para conseguir lo que buscaba, se brincaba las reglas de vez en cuando y le gustaba "poner a prueba la capacidad de improvisación de sus hombres en situaciones de alto riesgo"; fue quien lo sugirió para este caso en específico y convenció a los superiores para que lo asignaran alegando que no podía ser nadie más que él, si estuviera enterado de otras cosas se lo habría dicho, no? Eran amigos además de colegas, el no sería capaz de mandarlo a ciegas a una trampa suicida, verdad?… el sudor resbalo por la frente de Arthur, pensándolo bien ese hombre era PERFECTAMENTE capaz de hacerlo y ahora parece que lo habían metido entre el fuego cruzado de bandas enemigas. Maldito Gilbert, si sobrevivía a esto se lo haría pagar.

Hasta ese punto las cosas podrían tener sentido, además explicaría la insistencia de Francis en tratar de hacer contacto con él y seguirlo, sin omitir el hecho de que lo llamo por su nombre cuando no se lo había mencionado; pero aquí había tres cosas que no encajaban con lo dicho por la mujer. En primer lugar, aunque no estaba muy adentrado en los detalles, tenía una clara imagen de los principales miembros de las bandas criminales a las que se investigaba; nuevos, veteranos, locales y extranjeros y en ningún momento Francis figuraba entre ellos, nunca había visto antes su rostro hasta esa noche.

Segundo, aunque todo lo dicho por ella y que supuestamente había sido informado por el francés era verídico hasta cierto punto, los detalles que variaban eran significativos.

Tercero, el otro rubio se veía demasiado confiado a pesar de la situación (y de ser a todas luces un imbécil), lo único que podría significar eso es que él realmente esperaba una posible traición.

Al igual que esta mujer el francés no vino solo, contaba con un as bajo la manga.

Para Arthur esto significaba una complicación más, porque sin importar de qué bando se trate, definitivamente sería a él al primero al que le dispararían.

–"Ganar una apuesta"- le había dicho. Una apuesta con quién?

Lo lamentablemente obvio, resoplo Arthur, es que el premio parecía ser él mismo…

Un disparo resonó por todo el lugar, seguido de un gran estruendo y por ultimo un silencio casi aterrador.

-Ahí lo tienes, problema resuelto!- dijo la rubia con un perturbador gesto como quien habla del clima.

Arthur abrió exageradamente los ojos, en verdad Francis habría sido… Más importante aún, la cuerda había cedido al fin, ahora estaba simplemente sostenida por sus propias manos. Tiempo de salir de aquí.

-"Realmente es despreciable como caballero tener que hacerle esto a una mujer por muy criminal que sea"- fue el pensamiento de Arthur al levantarse rápidamente de la silla y empujar a la chica contra las cajas que se encontraban a su espalda.

La rubia cayo hacia atrás con un chillido de sorpresa, Arthur se acercó navaja en mano tratando de intimidarla lo suficiente para solo tener que atarla. Pero lo que no se esperaba es que ella se recuperara rápidamente de la impresión y le tirara una patada en el estómago haciéndolo retroceder tambaleándose un poco; maldición, para ser mujer era bastante fuerte.

Arthur vio su arma aun sobre el escritorio a su izquierda, ella había sacado su propia pistola de entre sus ropas y apuntaba con ella a Arthur, siguió con la mirada hacia donde se dirigía la del británico adivinando sus intenciones- No creo que seas lo suficientemente rápido cariño- le dijo mordazmente soltando un disparo que Arthur esquivo a duras penas lanzándose contra el escritorio derribándolo para cubrirse a la vez que había conseguido tomar su arma. Se irguió rápidamente encañonando a la mujer que seguía apuntándole.

Ninguno se movió, no parpadeaban y apenas respiraban. El sudor resbalo por la frente de ambos, la mirada fija en los ojos del otro, pues sabían que a la más mínima distracción, un movimiento en falso y seria su fin, cuando el estruendo de la puerta siendo derribada los hizo voltear al mismo tiempo. Una tercera arma se sumó a la disputa.

-Si fuera tú, soltaría esa pistola y me rendiría ahora mismo. Bueno, quizás yo no lo haría pero creo que es la mejor opción para ti en estos momentos.

Arthur no podía creer lo que veía, era, era…? –El sonido de una explosión en la planta baja acallo su exclamación de sorpresa.


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