¿Primer día, primer problema?
-¡Chicos!, ¡Chicos!-gritaba Remus mientras intentaba despertar a sus amigos, eran los únicos que quedaban en la habitación, los otros dos chicos habían bajado hacía largo rato. Se resignó al ver que Sirius no demostraba señales de vida y fue a despertar a James.
-Cinco minutos más-murmuraba James todavía dormido-Cinco minutos más…
-¡No!-gritó Remus ya exasperado, buscó la jarra de agua que estaba en la mesita de noche y se la volcó encima.
-¡Ah!-gritó el moreno sobresaltado-¿Por qué hiciste eso?-preguntó tiritando.
-Porque son unos vagos, ayúdame a despertar a Sirius, las clases comienzan en menos de una hora y tenemos que bajar a desayunar-le contestó al borde de un ataque de nervios.
Gritaron, cantaron, saltaron en la cama, pero nada lograba despertar al otro moreno.
-¿Qué hacemos?-preguntó James sentado en la cama mientras miraba con resentimiento a Sirius, quien dormía a pierna suelta.
-¿Y si le volteamos el colchón?-sugirió Remus con una sonrisa malévola. A James se le iluminó el rostro y haciendo como si fueran espías rodearon la cama de Sirius, se colocaron a un costado y agarraron el colchón intentando no moverlo por los momentos.
-A la cuenta de tres-dijo James en un susurro.
-Uno…
-Dos…
-Tres…-y halaron con todas sus fuerza el colchón haciendo que el otro moreno cayera de la cama y el colchón sobre el, dejando un revoltijo de sábanas y almohadas.
-¡Yo no fui!, ¡Nos atacan!-gritó Sirius desde el suelo intentando levantarse-¡Corran!, ¡Nos atacan!, ¡Busquen sus varitas!-el griterío siguió hasta que se percató de las carcajadas que provenían de otra de las camas de la habitación.
Remus y James estaban tirados en una de las camas agarrándose el estómago y riendo a más no poder. En ese momento Sirius cayó en cuenta de lo que estaba pasando.
-Con que muy graciosos-dijo torciéndoles los ojos, pero ya pagarán, nadie se mete con el gran Sirius Black y sale ileso.
-Si, si, que miedo-dijo James secándose las lágrimas-Anda, vamos a cambiarnos que sólo nos queda media hora para desayunar.
Y así entre risas y refunfuños se cambiaron y bajaron al gran comedor.
De día se veía menos impresionante que de noche, pero igual era un lugar imponente. Se dirigieron a su mesa sintiéndose presa de todas las miradas y se sentaron en los únicos puestos libres que había. Justo al lado de una castaña y una pelirroja.
-Buenos días-saludó educadamente Remus a las chicas, quienes les respondieron alegremente-¿Ya repartieron los horarios?
-No-contestó Rachel mirando de soslayo a Sirius quien ya estaba dando cuenta de un gran plato de huevos y tocineta.
-¿Te vas a comer todo eso?-preguntó James impresionado al ver el plato de la pelirroja. Estaba lleno de todo lo que había a su alcance y tenía alrededor todas las fuentes que le fue posible alcanzar.
-Si, ¿Algún problema?-dijo desafiante. No entendía porque la gente se asombraba, si tan sólo comía un plato, exagerado fuera si comiera dos.
-¿Por qué eres siempre tan antipática? –preguntó el moreno, sorprendido por la reacción de la niña.
-Porque todos son unos groseros-contestó Rachel con simplicidad.
-¡Tú no te metas!-intervino Sirius.
-¡No le hables así a Rachel!-gritó Lily.
-No, déjalo Lily, yo puedo sola… ¡Me meto si me da la gana!
James y Remus intercambiaron miradas confusas, no entendían porque se había iniciado la discusión pero se estaba saliendo de control. Justo cuando Sirius agarraba un tenedor con comida, apuntaba a las chicas y disparaba, llegó la profesora McGonagall y recibió de lleno en su traje el proyectil.
Se hizo silencio total, la profesora frunció el ceño de manera amenazadora, se puso roja y parecía que iba a explotar, pero para sorpresa de todos se calmó y comenzó a entregar los horarios tranquilamente.
Sirius, que había quedado estático siguió los movimientos de la bruja con la mirada hasta que llegó su turno de recibir el horario. Extendió la mano temblorosa y lo agarró, suspiro de alivio cuando la profesora se fue.
-Amigo, te salvaste esta vez-le susurró James. Sirius asintió con vehemencia, todavía no se le pasaba el susto.
-Pues yo creo que debieron castigarte por revoltoso-agregó Rachel co tono de superioridad.
Sirius la miro con cara de pocos amigos pero su respuesta se vio sofocada por el timbre que indicaba el inicio de la primera clase.
Todos los alumnos se levantaron con un gran estruendo y se dirigieron a sus respectivas clases.
El día transcurrió tranquilamente para los estudiantes de primer curso, solo algún retraso o pequeño error en las clases, pero no era nada de que preocuparse. Llegó el momento de la última clase que era pociones.
Los alumnos de Gryffindor y Slytherin bajaron a las mazmorras un poco asustados. Se rumoreaba que pociones era la asignatura más difícil que iban a cursar, pero a pesar del temor de los pequeños se podía notar la tensión entre las dos casas, no simpatizaban en lo más mínimo.
Lily y Rachel fueron las primeras en llegar y esperaban sentadas en el piso contra la puerta mientras los demás chicos de su casa hablaban en una esquina acerca del mejor equipo de quidditch y los de Slytherin estaban apiñados al otro lado del pasillo susurrando. Todos estaban metidos en sus asuntos hasta que un chico pálido y de cabello negro llegó sombríamente acompañado de un chico robusto con cara de Troll.
-Mira James, ahí está el pelo grasiento-dijo Sirius provocando la risa de sus compañeros.
Lily sintió un nudo en la garganta cuando el niño pasó y ni siquiera la miro, yendo directamente a reunirse con los demás de su casa. No entendía porque su amigo se comportaba así con ella.
-Ya pueden pasar-dijo una voz desde el interior del salón. Rachel y Lily se llevaron un susto de muerte cuando la puerta se abrió y casi se van para atrás.
Todos entraron en tropel pero cada casa se sentó en un lado de la mazmorra dejando varias filas de pupitres de por medio.
-Muy buenas tardes-dijo el profesor que estaba sentado tras el escritorio, era un hombre de unos cincuenta años, gordo y con bigote que le daba aire de morsa-Mi nombre es Horace Slughorn y soy el encargado de introducirlos en el sutil arte de hacer pociones. Probablemente muchos piensen que está clase va a ser una piedra en su zapato, y es verdad-Lily tomaba nota de todo lo que decía el profesor mientras Rachel dibujaba garabatos en su pergamino-No todos tienen las habilidades necesarias, pero para aquellos que las tengan se les abrirán muchas puertas.
-¡Mira!-susurró Sirius pasándole un pedazo de pergamino a Remus y a James. Era una caricatura del profesor, que curiosamente le daba más aspecto de morsa del que tenía.
Los chicos rieron por lo bajo, James tomó el pergamino y se dispuso a garabatear algo que se parecía mucho a un chico pelinegro que estaba sentado con los Slytherin.
-Y ahora saquen sus instrumentos y sigan al pie de la letra las instrucciones que están en la pizarra-y acto seguido golpeó con su varita la pizarra y aparecieron las instrucciones.
Poción cura furúnculos
Ingredientes: ortiga seca, colmillos de serpiente machacados, pedazo de cuerno y púas de erizo.
Colocar en el caldero precalentado el polvo de ortiga, después los colmillos, dejar reposar cinco minutos y añadir los ingredientes que faltan.
Dejar reposar y embotellar.
-Es una poción sencilla y al final de la clase quien tenga los mejores resultados ganará veinte puntos para su casa, así que esfuércense y…-pero se interrumpió al ver a los chicos que estaban en el lado Gryffindor riendo y señalando un pedazo de pergamino. Camino hasta los chicos y se quedó parado en frente de ellos que no se inmutaron porque no advirtieron su presencia.
-¿Se puede saber que es tan gracioso?-preguntó el profesor visiblemente molesto, extendiendo la mano para que le dieran el pergamino que en esos momentos estaba en Manos de Remus.
La cara del profesor se puso roja de la furia arrugó el papel y lo botó.
-¡Cinco puntos menos para Gryffindor!, ¡Y no van a hacer juntos la poción!-gritó el profesor.
-¡Ustedes!-dijo señalando a Sirius y a Kevin-¡Cámbiense de caldero!-y señaló al sitio donde estaban Lily y Rachel.
-¡Y ustedes!-le gritó a James, Remus y un chico bajito llamado Peter-¡Se quedan ahí y trabajan con orden!
Los chicos se movieron a regañadientes y se sentaron junto a las chicas.
-¿Qué esperan?-preguntó el profesor molesto y se fue a sentar tras su escritorio donde se enfrascó en la lectura de unos pergaminos.
-¿Qué van a hacer primero?-preguntó Sirius recostándose en su silla perezosamente.
-¿Van?, ¿No querrás decir vamos?-inquirió Rachel molesta. Lily y Kevin ya se habían puesto a preparar los ingredientes.
-Esa poción es muy sencilla, está bajo mi nivel-respondió con indiferencia.
-Ya, pónganse a trabajar todos-cortó Lily la pelea, le hacía mucha ilusión ganar esos puntos para Gryffindor.
Trabajaron tranquilamente hasta que Kevin sin querer derramó el polvo de púas de erizo y era lo poco que les quedaba.
-Yo busco más-se ofreció Sirius y haciendo un avioncito de papel le mandó una nota a James pidiendo que le mandara el ingrediente que le había sobrado, ya que había terminado su poción
James vació un poco del polvo en una hoja, la dobló y la metió dentro del avioncito, todo por no levantarse, y lo lanzó.
El avioncito de papel siguió obedientemente su ruta pero al llegar fue directamente al caldero y se hundió lentamente mientras la poción tomaba un color verde y comenzaba a burbujear.
-¡¿Qué hiciste?!-preguntó Lily alarmada a Sirius, pero una explosión no le permitió al moreno replicar.
Para suerte de ellos se habían logrado agachar bajo la mesita pero Kevin no fue tan rápido y quedo cubierto de la sustancia verdosa que poco a poco le fue sacando furúnculos verdes que tenían aspecto nauseabundo.
-¿Qué pasó aquí?-preguntó el profesor montando en cólera.
-¡Fue culpa de Potter y de Black!-gritó un chica Slytherin. Todos los de esa casa los veían con expresión burlona. Seguramente les iban a quitar bastantes puntos.
-¡Detención a las cinco en punto!-gritó Slughorn-¡Y para ustedes también!-dijo señalando a Lily y a Rachel-¡Tendrán que limpiar la mazmorra!
-Señor McGonagall vaya a la enfermería, usted se libra de la detención.
-¿Ves lo que provocan?-dijo Rachel por lo bajo mirando con cara de pocos amigos a los chicos.
A las cinco en punto los seis niños estaban en las mazmorras con cara de enfurruñados. La profesora McGonagall hizo su aparición y los miró severamente.
-El primer día de clases y ya están castigados, que vergüenza. Espero que esto les sirva de escarmiento. Tienen que dejar impecable este lugar limpiando con los métodos muggles y si eso les toma toda la noche, que así sea. Son unos irresponsables-y dicho esto apareció seis cubetas con esponjas, quita manchas y se retiró.
-Bueno a trabajar-dijo Sirius mirando a las chicas-Las mujeres son las que saben de limpieza.
-¡Black, eres un idiota!-lo increpó Rachel, pero no le dijo mas nada porque Lily se la llevo casi a rastras, agarraron sus cubetas y se dispusieron a limpiar los calderos.
-Nosotras sólo vamos a limpiar esto, todo fue culpa de ustedes-les informó Lily mirándolos con rabia. Los chicos se encogieron de hombros y se dispusieron a limpiar "seriamente" porque a los cinco minutos estaban haciendo guerra de agua.
Una hora más tarde las chicas habían dejado relucientes los calderos y se retiraron no sin antes lanzarles una mirada de desprecio a los niños que ni se inmutaron y siguieron con sus juegos.
-Que carácter tienen-comentó el chico bajito. Su nombre era Peter Pettigrew, un chico bajito, regordete y rubio que también pertenecía a Gryffindor.
-Acostúmbrate Pete, así son todas las mujeres-dijo James como si fuera un experto en el tema, mientas le pasaba un brazo por encima del hombro.
-Si, quien las entiende, son muy complicadas-agregó Remus también un poco frustrado. ¿Por qué lo trataban así si el no tuvo la culpa?
-Bueno chicos basta de lamentarse, por cierto, ¿Notaron como nos veían los Slytherin? Se creen mejores que nosotros, pero hay una manera de demostrarle que no lo son-dijo Sirius con una sonrisa maliciosa.
Los tres chicos se acercaron a Sirius, juntaron las cabezas y comenzaron a tramar un plan. Esos Slytherin se iban a enterar…
Lo que conozcan ya saben de quien es :-p
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