CAPITULO 3.-
POV Alice
Vivo en un rancho pequeño según la mayoría de los criterios, pero todavía más según los criterios de Texas. Enclavado en las fértiles llanuras al oeste del Brazos, con medio kilómetro de recorrido de un afluente del río en el extremo noroeste de la finca, el Twisting Barb que incluía tierras inmejorables, aunque no fueran muchas. El rancho, que contaba con menos de mil cabezas de ganado, tenía espacio para más, pero nosotros no habíamos aspirado nunca a ser unos reyes del ganado.
En la actualidad había una única propietaria. Yo Alice que he asumido la dirección del rancho tras la muerte de mi marido. Yo había aprendido bien cómo había que criar el ganado y podría haberme encargado de todo con facilidad, salvo por algo: carecía de buenos peones que me hicieran caso.
Desesperada, me había planteado seriamente vender el rancho. Todos mis peones buenos se habían ido cuando mi marido había muerto. Había hecho correr la voz en el pueblo de que buscaba personal, pero cualquier peón que valiera algo buscaba trabajo en la finca de los Cullen. Los únicos dispuestos a trabajar para mi eran adolescentes inexpertos y jóvenes procedentes del Este que se habían dirigido al Oeste por alguna razón, pero a quienes había que enseñar todos los pasos de la cría de ganado.
Estaba dispuesta a enseñar. Pero ellos no lo estaban a aprender, por lo menos no de una mujer mayor a la que consideraban una segunda madre. Como un montón de jovencitos, me oían pero no me escuchaban. Las instrucciones les entraban por una oreja y les salían por la otra. Cuando estaba a punto de rendirme y vender el rancho, había llegado Edward Cullen.
Lo conocía desde hacía muchos años. Es el hijo de mi vecino, Jasper Cullen, un ranchero que sí aspiraba a ser conocido como un rey del ganado. Jasper poseía el mayor rancho de la zona y siempre estaba intentando ampliarlo. Habría llamado a mi puerta si hubiera sabido que pensaba vender. Sólo que yo no quería vender realmente, sino que creía que no me quedaba más remedio que hacerlo, dado lo mal que me habían ido las cosas tras la muerte de mi marido.
Pero Edward había cambiado esa situación, y yo seguía dando las gracias por la tormenta que lo había llevado al Twisting Barb hacía tres meses.
--Flash Back—
Había sido la peor tormenta del invierno. Y la única razón por la que Edward estaba cerca cuando estalló era que se había peleado con su padre y se iba de casa para siempre. Yo le había dado alojamiento aquella noche. Y como era un hombre astuto, se había percatado de que algo no iba bien y a la mañana siguiente, durante el desayuno, me había sonsacado los problemas que tenía.
Yo no había esperado que me ofreciera ayuda, aunque debería haberlo hecho, pues Jasper Hale podía tener muy mal genio, pero había educado muy bien a su hijo Edward.
Flash Back
Le estaba tan agradecida que, de haber sido veinte años más joven, me habría enamorado de él. Sin embargo, era lo bastante mayor, o casi lo bastante mayor, para ser la madre de Edward, y lo cierto era que, aunque nadie lo sabía, estaba enamorada de su padre. Lo había estado desde el día en que lo conocí hacía doce años, cuando Jasper fue al rancho a darnos la bienvenida a la zona a mi y a mi marido, y nos había regalado cien cabezas de ganado para ayudarnos a poner en marcha nuestro rancho en ciernes.
Jasper era el hombre más atractivo que yo había conocido en mi vida, lo que, unido a su amabilidad aquel día, le había ido abriendo camino hacia un rincón de mi corazón y se había quedado en él. Mi marido no lo había sabido nunca. Jasper no lo había sabido nunca. Nadie lo sabría jamás si yo podía evitarlo.
Y, a pesar de que la mujer de Jasper había muerto mucho antes de que yo lo conociera y de que mi propio marido hubiera muerto hacía poco, nunca había pensado hacer algo respecto a lo que siento por ese alto texano.
Jasper Cullen era demasiado imponente para mi, era rico, todavía atractivo, con una personalidad destacada; un hombre que podría tener cualquier mujer que quisiera si se lo proponía. Mientras que yo era una pelinegra timorata que no había despertado nunca admiración de joven y mucho menos ahora que se acercaba a los 38 años.
Edward era en muchos aspectos como su padre, demasiado guapo para su propio bien; a pesar de todo, yo no tenía noticia de que hubiera roto ningún corazón por el camino, así que no creía que se aprovechara de su atractivo en ese sentido. Podía haber sido un poco pendenciero de muchacho, podía haber chocado con su padre bastante a menudo, pero era digno de confianza.
Si decía que haría algo, pasara lo que pasara, lo hacía. Y, por supuesto, lo habían educado para convertirse en el mejor ganadero de los alrededores. Lo habían educado para hacerse cargo de la vasta finca de los Cullen.
Edward no tardó demasiado en transformar el puñado de novatos con los que yo no avanzaba en un equipo dinámico. Los peones lo admiraban, qué caray, lo adoraban. Sabía cómo tratar a los hombres, de modo que ni siquiera se sentían mal cuando tenía que reprenderlos. Estaban más que dispuestos a aprender de él, y lo hicieron.
Edward era ganadero hasta la médula. Lo lógico sería que montara su propio rancho en algún otro lugar. Claro que, de hacerlo, rompería los lazos con su padre, y yo no creo que ésa fuera su intención. Al irse de casa intentaba decir algo a su padre. Daba tiempo a Jasper para que entendiera lo que ese algo significaba y lo aceptara.
De todos modos, yo era realista. Tres meses era tiempo suficiente para que alguien entendiera. Edward se iría pronto, a otro lugar o a casa para arreglar las cosas con su padre. Aunque esperaba que me dejara en buenas manos. Parecía dedicar mucho esfuerzo a preparar a mi peón de más edad, Jacob, para que se hiciera cargo de todo cuando él ya no estuviera.
Uno o dos meses más y Jacob sería un capataz excelente. No me cabía ninguna duda. Pero no sabía si Edward se quedaría ese necesario par de meses más. Seguramente sí. La semana anterior, yo me había torcido un tobillo y, aunque ya me sentía mucho mejor, no lo demostraba.
Edward estaba preocupado por mi desde el accidente, y estaba bastante segura de que, en ese estado de ánimo, el joven se quedaría.
POV Edward
En la noche, después de cenar, me reuní con Alice en el porche para disfrutar un rato de la puesta de sol. Era un porche largo y amplio, y es que la casa que se levantaba tras él era de buenas dimensiones. El marido de Alice no había escatimado al construir su hogar. Como ambos eran del Este, estaban acostumbrados a las comodidades.
Unos años después de que ellos llegaran a Texas habían añadido un segundo piso a la casa para albergar a los hijos que esperaban tener. La verdad no sabía por qué no habían sido bendecidos en ese sentido. No creo que fuera por no haberlo intentado. Supongo que no tenía que ser aunque lo lamentaba por ellos ya que eran unas excelentes personas.
Desde el barracón nos llegaron las notas suaves de una guitarra. Jacob era muy hábil con ese instrumento, y casi se había convertido en un ritual que tocara unas canciones por la tarde mientras los hombres se relajaban tras una jornada de trabajo. Alice y yo siempre los oíamos de lejos. El barracón era el único sitio del rancho al que se prohibía a sí misma el acceso para darles privacidad a sus empleados y yo la acompañaba.
Aunque yo dormía con el resto de los hombres, pero como era el hijo del ranchero más rico de la zona, nadie consideraba extraño que Alice insistiera en que cenara con ella en la casa. También acostumbrábamos a ser sólo nosotros dos quienes ocupaban el porche al anochecer. No siempre charlábamos. El rancho funcionaba tan bien que, la mayoría de los días, lo que había que comentar se decía en la cena y el rato del porche quedaba destinado a una introspección silenciosa.
Esa noche era una de esas, pero la verdad yo me sentía muy nostálgico, extrañaba mucho a papa, siempre habíamos sido muy unidos hasta que se presento ese problema. Me sorprendía que el no hubiese averiguado aún que yo estaba en el Twisting Barb.
Habíamos advertido a los peones que no mencionaran nunca mi nombre cuando fueran al pueblo, pero con la cantidad de alcohol que fluía en esas visitas, era imposible estar seguro de que no se le escapara a alguno. Y sabían que Jasper había contratado a algunos de los mejores rastreadores para encontrar mi paradero.
Aunque no había nada que rastrear porque la tormenta que me había conducido hasta aquí había borrado mi rastro. Y nadie, ni siquiera papa, sospecharía que hubiese recalado tan cerca de casa, a sólo unos kilómetros de distancia. De todos modos, yo extrañaba mi hogar, Alice no intentaría impedir que solucionara los problemas con mi padre. Los dos habíamos estado siempre unidos, a pesar de discrepar en muchas cosas.
¿Le echas de menos? (preguntó Alice en voz baja).
Ni hablar (conteste serio y en un tono quejoso que se la hizo sonreír).
¿Todavía no estás preparado para volver a casa? (ella quiso saber).
¿Qué casa? (conteste con sarcasmo). Se había convertido en un circo con la presencia de Tania y Lauren. Papá había concertado ese matrimonio sin siquiera comentármelo, y las instaló en casa hasta el día de la boda. Todavía no me puedo creer que hiciera algo así. Y luego todavía quería que escogiera entre las dos arpías.
Son simpáticas (comentó Alice, en defensa de papa). Las conocí hace unos años, en una de las barbacoas de tu padre. Y también son hermosas, si no recuerdo mal.
Aunque fueran las cosas más lindas a este lado de Río Grande, saldría corriendo en sentido contrarío (le dije con un estremecimiento).
¿Porque Jasper la eligió para ti? (me pregunto quedito Alice).
Sobre todo por eso (admití), pero si hay un ápice de inteligencia en el cerebro de esas chicas, está ahí por casualidad.
Supongo que no hablé con ella lo suficiente para percatarme de ello (contestó Alice intentando contener una carcajada pero no lo consiguió).
Considérate afortunada (le dije por eso).
Alice no insistió. Estoy seguro que estaba contenta de que no quisiera volver a casa, pero se a la vez que se puso triste porque ella sabía que los dos estábamos pasándolo muy mal con aquel distanciamiento. Lo cierto era que extrañaba a papa como no creí hacerlo.
El cielo se veía aún rojo cuando un jinete llegó a la casa, galopando a toda velocidad.
Será mejor que entres, Edward. Creo que es el repartidor de correo, y si te ve bien, te reconocerá y le puede informar a tu padre (hice lo que me dijo sin discutir).
Buenas noches, Chat. Un poco tarde para hacer una entrega, ¿no? (escuche que le preguntaba Alice).
Sí señora, el caballo perdió una herradura y me ha retrasado unas horas. Pero pensé que podía ser importante y no quise esperar a mañana. (Vi que le entregó una carta que tanto se había esforzado en llevarle y se tocó la punta del sombrero a modo de saludo). Llegaré tarde a cenar. Buenas noches.
Alice le dijo adiós con la mano y entró cojeando en la casa para detenerse en la lámpara más cercana a fin de leer la carta. Yo ya había recogido el sombrero y estaba a punto de irme a dormir pero la exclamación ¡El muy cabrón! que soltó Alice, lo detuvo en la puerta principal.
¿Qué? (le pregunte para saber si podía ayudarla en algo).
Mi hermano, que se ha muerto (me contesto entre dientes y con el ceño fruncido).
Lo siento, no sabía que tuvieras un hermano (le di el pesame).
Desearía no haberlo tenido, así que no lo sientas. Jamás nos llevamos bien. De hecho, sería bastante exacto decir que no podíamos vernos. Por eso esta carta no tiene ningún sentido (me respondió muy seria).
¿Por qué te lo comunican? (le pregunte entonces desconcertado).
Porque ha dejado a sus hijas a mi cargo. ¿Qué rayos espera que haga con sus hijas a mi edad? (me contesto).
¿Tenía alguna otra opción? (le pregunte).
Supongo que no (contestó ella con el ceño mas fruncido), me imagino que ahora que Charles ha muerto soy su única familia. Teníamos otra hermana, que era gemela mía, pero murió hace mucho.
¿Ningún familiar por parte de madre? (le dije, tal vez tuvieran otra opción).
No, ella era la última de su linaje, aparte de sus hijas. (me contesto Alice que seguía leyendo). Vaya por Dios. Parece que voy a tener que pedirte otro favor, Edward.
Ni se te ocurra (exclame, horrorizado por un instante), ni siquiera estoy casado, no voy a criar a unas niñas.
Tranquilo hombre (me interrumpió Alice divertida), sólo necesito que alguien vaya a buscarlas a Galveston y las acompañe hasta aquí, no que las adopte. Al parecer, salieron a la vez que esta carta, por caminos distintos, pero el correo no es siempre más rápido. Ya podrían haber llegado. Yo iría, pero me temo que esta torcedura me retrasaría demasiado.
Es una distancia muy larga, ir y volver podría llevar una semana (le dije).
Sí, pero una buena parte del trayecto puede hacerse en tren, y la mayoría del resto, en diligencia. Sólo es incómodo el último tramo. Pero ya se lo pediré a otro. Siempre se me olvida que estás escondiéndote (me dijo haciendo un pucherito y con ojitos tristes).
No, ya iré yo (le asegure mientras me sacudía el sombrero contra la pierna). No importará demasiado que a estas alturas, papá me encuentre. Saldré mañana a primera hora (le dije saliendo a mi cuarto a preparar mis cosas).
o.k. en el próximo capítulo por fin Edward conocerá a las hermanas Swan.
Gracias a Stalish, pollito, camila anahi cullen, aizen63, vampiregirl90 y lupis por sus comentarios son muy importantes para mi, la historia apenas va agarrando rumbo no se desesperen en lo personal me gusto mucho y creo que les gustara pero paciencia.
