Ouija Game
Los personajes de esta historia pertenecen a Stephenie Meyer yo solo juego con ellos.
Chapter II
El silencio fue la única respuesta ya que el marcador ni siquiera se movió un centímetro. ¿Había sido mi imaginación o todos, menos Emmett, habíamos soltado un suspiro de alivio?
—Esto es tan emocionante— dijo con sarcasmo Jasper.
— ¡Emmett!— exclamó de pronto Rosalie haciéndonos sobresaltar.
— ¿Qué sucede?— preguntó preocupado.
— ¿Oyes eso?— dijo tapando su boca con un gesto de miedo.
Yo contuve el aliento y casi tiro a Edward por lo adherida que estaba a él.
— ¡No! ¡Quiero escucharlo también!— chilló su esposo observando a todas partes.
Emmett parecía molesto al ver que no podía escuchar nada y su esposa sí. Alice había escondido su rostro en el pecho de Jasper completamente aterrada y él tenía el ceño fruncido. Mientras tanto, alcé la mirada y observé a Edward sin entender, ya que por su rostro surcaba una media sonrisa.
— ¡Escucha! ¡Son los espíritus de los osos que has asesinado!— lanzó Rose.
Las carcajadas de Edward y Jasper no se hicieron esperar y yo sentí que mi corazón lentamente comenzaba a latir de nuevo. El rostro de Emmett no podía estar más desencajado al haber caído en la broma de su esposa, quien parecía disfrutar en grande del espectáculo. Alice, de repente, cambió su expresión temerosa por una realmente molesta.
— ¡¿Acaso es chistoso?— gruñó enajenada.
—Alice, tranquila— dije casi en un murmullo que nunca debió haber salido de mi boca.
— ¡¿Tranquila? ¡¿Tranquila?— repitió tan fuerte que el sonido de los truenos era música para mis oídos—. ¡Por alguna estúpida razón no puedo ver nada y tú quieres que me tranquilice!— soltó fuera de sí.
Yo bufé poniendo los ojos en blanco. Alice estaba tan acostumbrada a su poder que con sólo estar ciega por unos segundos se volvía histérica.
—Bienvenida a mi mundo— dije por lo bajo y ella me fulminó con la mirada
Edward rió al escucharme y le di un codazo en las costillas aún sabiendo que no le causaría el más mínimo dolor.
—Si ya terminaron sus cinco minutos de felicidad, les importaría acomodarse como estaban antes— musitó Emmett con impaciencia y colocando sus dedos en el marcador, esperando que hiciéramos los mismo ya que los habíamos retirado.
Largué el oxígeno pero hice lo que pidió; cuanto más rápido comprendiera que todo esto no era cierto, más rápido terminaría.
—No sé si tu cabeza lo procesó, pero éste jueguito no sirve ni siquiera para marcar los puntos cardinales— farfulló Jasper y asentimos dándole la razón.
—Eso es su culpa— aclaró Emmett, cruzándose de brazos—. No están concentrados y por eso no funciona— dijo seguro.
—No es cierto. Has preguntado y ésta cosa no se movió— agregué con tono aburrido.
—Admítelo cariño, terminarás usándolo de portapapeles.
Rose señaló la plataforma triangular y luego palmeó la espalda de su esposo con falsa lastima.
— ¡Cierren la boca!— refunfuñó Emmett como un niño—. Empezaremos de nuevo y verán que tendrán que tragarse sus palabras.
Observé a Edward rodar los ojos ante lo que decía su hermano.
—Es la última vez— avisó Alice—. Sí está maldita cosa no funciona, y no funcionará— recalcó—, lo haces desaparecer y jamás se volverá a hablar del asunto— dictó amenazando con la mirada a contradecirla.
Cada uno movió la cabeza afirmativamente, incluido Emmett que parecía el más reacio a la idea, pero no sé opuso al encontrarse con los ojos fulminantes de Jasper.
—Terminemos de una maldita vez— dijo Edward y suspiré hondamente al ver como todos volvían a poner sus dedos sobre el marcador.
Y otra vez se me puso la piel de gallina.
— ¿Hay alguien entre nosotros?— preguntó de nuevo Emmett como mediador.
La casa quedó en completo silencio.
La lluvia, los truenos y relámpagos, no generaban un buen ambiente, al menos para mi gusto personal, para complementarlo con éste tipo de juegos.
Luego del minuto escuchando solamente la tempestad que se desplegaba fuera de la mansión, comenzamos a observarnos entre nosotros. Alice ya no lucía aterrada, quizás porque, al igual que el resto de nosotros, sospechaba que nada ocurriría. Si el estúpido marcador no se había movido aún, era casi imposible que lo hiciera ahora.
Dentro de mí aún quedaba una pizca de miedo e incertidumbre. Aunque había comprobado que todo esto era una gran farsa, no me gustaba para nada continuar rozando con la yema de los dedos cualquier objeto que tuviera una relación cercana a ese juego. Jamás me gustaron las cosas paranormales, ni espíritus o fantasmas entraban en mi vocabulario preferido. Incluso, siempre que podía evitar un cementerio, lo hacía felizmente. Al parecer, todo aquello— menos los vampiros, por supuesto— me hacían aterrar y, estar aquí probando mi valentía, no era algo de mi agrado.
No sé cuánto tiempo habíamos aguardado en silencio, esperando por alguna situación fuera de lo normal, pero todo el misterio se derrumbó cuando Rosalie comenzó a bufar con aburrimiento y yo la comprendía, todo mi brazo derecho se estaba acalambrando debido a la posición en que se encontraba.
Emmett por cada segundo que transcurría lucía más decepcionado y, tal vez en el fondo, muy en el fondo de mi corazón, sentí lastima por él. Al principio parecía un niño emocionado en Navidad y ahora era como si ese mismo niño hubiera descubierto penosamente que Santa Claus no existía. Pero mi felicidad era mucho mayor al sentimiento de pena que él causaba; veía muy cerca mi pase de salida de la casa y, en cuanto Emmett aceptara que ningún fantasma se contactaría con él, obligaría a Edward a llevarme lo más rápido posible a mi hogar, lejos de las locuras del idiota que tenía como hermano.
— ¿Emmett, podemos soltar esto?— preguntó Edward, fastidiado.
— ¡Claro que no!— exclamó el grandote—. Yo sé que pasará algo— murmuró como intentando convencerse a sí mismo de que eso sucedería.
—Sabes que no pasará nada, y te recomiendo que dejes de comprar estupideces por Internet— acotó Rose con cansancio.
—Estoy hartándome— añadió Alice, apoyando su barbilla en la palma de su mano.
Los ojos de Emmett relampaguearon.
—No te atrevas a soltar el marcador— masculló frunciendo los labios.
— ¡Pero si no sucede nada, imbécil!— respondió enfadada.
—Prueba con otra pregunta— comentó distraídamente Jasper, seguro de que nada haría mover la plataforma.
Emmett se animó más con aquella idea y tuve el deseo de asesinar a Jasper. Si continuábamos así, no me iría nunca del lugar.
— ¿Qué pregunto?— inquirió Emmett, indeciso.
—Pregunta si está divirtiéndose— habló Rose con sarcasmo, cuando, de pronto, el marcador comenzó a moverse con lentitud, llevando nuestros dedos en el camino.
Jamás en mi vida había sentido tanto terror, ni siquiera cuando estuve a punto de morir a manos de James. Mi cuerpo en algún momento empezó a tiritar. Quería quitar mis dedos de esa cosa pero estaba tan paralizada que no podía hacer nada, sólo ver como el marcador triangular se dirigía con terrible calma hacia el extremo superior izquierdo del tablero para detenerse allí, en donde un gran SI ocupaba el lugar.
Mis ojos estaban congelados en aquel espacio pero podía sentir perfectamente el cuerpo tenso de Edward a mi lado. No sólo él, todos estábamos completamente rígidos, podía palparlo en el aire y no necesitaba una explicación del por qué.
No sé cómo lo hice pero, con una rapidez que me sorprendió, quité los dedos del marcador como si éste quemara y al mover mis ojos de aquel pedazo de madera triangular, contemplé los rostros de cada uno de los Cullen, haciendo que quedara pasmada. Jamás los había visto tan blancos, mucho peor que su común palidez de cuando ellos necesitaban salir a cazar.
La sangre había caído a mis pies y estaba segura que en cualquier instante la inconciencia me atraparía. En ese mismo momento, la risa histérica y nerviosa de Alice llenó el aire. Ella se había alzado del suelo a gran velocidad, para luego comenzar a caminar entre nosotros con histeria.
— ¡Eres un maldito idiota!— chilló levantando la mirada enfurecida hacia Emmett—. ¡Quieres matarnos, pedazo de descerebrado!— gritó y tomó uno de los almohadones del sillón para arrogárselo por la cabeza con esa fuerza sobrenatural que sólo los vampiros tenían.
Emmett abrió sus ojos sorprendido antes de recibir el fuerte golpe, para luego observarla con confusión en su cara que seguía tan pálida como la de nosotros.
— ¡Oye! ¿De qué rayos hablas?— largó brusco, acariciándose con dolor la cabeza en la zona del golpe.
— ¡Hablo de que mover esa mierda no es divertido!— chilló nuevamente.
Yo quería creer en las palabras de Alice, pero algo en el rostro de Emmett y, también en mi cabeza, me decía que él no había tenido nada que ver con aquello. Tan aterrada me encontraba que me aferré al brazo de Edward como si mi vida dependiera de ello y, de alguna manera lo hacía, porque mi corazón había comenzando a latir violentamente y, sino empezaba a tener un ataque nervioso, era porque la suerte estaba de mi lado.
— ¡Yo no fui!— protestó Emmett en su defensa.
— ¡Claro que sí! ¡No nos trates de idiotas!— contraatacó Alice.
— ¡Estás demente!— bramó el vampiro—. ¡No lo moví, ni siquiera tenía los dedos apoyados allí!
Yo abría y cerraba mi boca como un pez fuera del agua mientras observaba la discusión que se definía en gritos, incluso Rosalie , Jasper y Edward estaban en mí mismo estado: aturdidos, confundidos y horrorizados.
Tenía que haber sido Emmett.
— ¡No mientas! ¡Tanto querías jugar a ésta basura que al ver que no sucedía nada, comenzaste a moverlo!— vociferó Alice con la respiración entrecortada.
Desde hacía algunos segundos que ella había dejado de ser la tierna y divertida hermana de Edward. Ahora estaba fuera de control, jamás la había visto tan furiosa, simplemente buscando una razón para culpar a su hermano.
— ¡Deja de delirar! ¡Te repito que yo no lo hice!— respondió Emmett, alzando sus brazos en señal de impotencia al verse señalado como único culpable.
—Entonces, sino has sido tú, ¿quién demonios lo hizo?— inquirió Alice, bajando el tono de su voz pero aún con su ceño fruncido.
Emmett se agitó el cabello con su mano, sin saber qué responder, cuando de repente, quedó tieso observando a Jasper.
Y volvieron los gritos.
— ¡Tú lo hiciste! ¡¿No es verdad?— lo acusó dejándonos a todos más que sorprendidos.
Jasper lució por un momento desestabilizado pero en menos de un segundo se encontró parado junto a su esposa, contemplando a su hermano con ojos entrecerrados.
— ¿Qué mierda dices?— siseó.
Yo me estremecí levemente. Ver al señor tranquilidad estar a punto de perder el control, no era exactamente lindo y, mucho menos, cuando comienzas a sentir oleadas de furia golpearte velozmente.
— ¡Fuiste tú!— Emmett lo apuntó con un dedo— ¡Lo sabía! Querías vengarte de mí por asustar a Alice y hacer que casi te pidiera el divorcio— terminó sonriendo como si acabara de descubrir el sentido de la vida.
Y la verdad era que estuve a poco de creerle, había sonado bastante convincente, algo raro en él, pero no lo hice al recordar "quién" era Jasper. Las acusaciones de Emmett podrían ser verdad pero… ¡vamos! ¿Jasper? Todos sabían que el rubio amaba silenciosamente las bromas y más si iban contra Emmett, pero me era imposible creer que él hubiera sido la mente planeadora cuando era conciente de que Alice estaba pasando casi por un momento traumático.
— ¡Todos sabemos que tú eres el que movió esa cosa! ¡Tú y tu estúpida idea! — rugió Jasper.
Dios. Jamás en mi vida haría enojar a Jasper.
— ¡Hey, deja de culpar a mí esposo! ¡Ya dijo que no lo hizo y la verdad es que tú tenías más razones para hacerlo que él!
Mierda, lo que faltaba, Rosalie uniéndose al equipo y, como siempre, defendiendo a su hombre mono.
Edward y yo nos encontrábamos estáticos, sin saber qué hacer y, meterse en aquella hermosa pelea, no era lo más adecuado por el momento. Vislumbré como Alice saltaba en defensa de Jasper, comenzando otra discusión con Rose, mientras que sus respectivos esposos volvían a lanzarse acusaciones. Lo único que los separaba era la mesa de té de Esme.
—Tú sabes quién lo hizo, ¿no?— susurré en el aire con los gritos de fondo.
Edward se removió intranquilo en su lugar y alcé la mirada para observarlo. Su perfecto rostro tenía una pequeña arruga en medio de su frente y sus labios estaban fruncidos levemente. Podría quedarme observándolo como una idiota por siempre y no aburrirme, pero la curiosidad por saber quién rayos había tenido la brillante idea de asustarnos a todos, era mucho más fuerte.
—Digamos… que no lo sé— respondió bajando sus dorados ojos hacia mí.
Yo lo miré divertida.
—Vamos, Edward, dímelo— pedí casi haciendo un puchero—. Prometo no decírselo a nadie— finalicé.
Él comenzó a mover sus ojos con indecisión y sin evitarlo, alcé una ceja.
¿Qué le pasaba?
—Mí amor, cuando dije que no lo sabía lo decía en serio— musitó en mi oído.
Mordí mi labio inferior. ¿Acaso el mundo se había vuelto loco?
—Deja de bromear— murmuré apagándome inconcientemente aún mas contra su firme cuerpo.
El aire se había evaporado de pronto.
Lo escuché suspirar y sus brazos se ciñeron en mi cintura. Cada una de éstas acciones hacían que mi nerviosismo aumentara mil veces más y comencé a enfurecerme por eso. El enojo de Jasper estaba haciendo efecto en mí.
—No estoy bromeando— me abrazó con más fuerza—. Realmente no sé quién movió el marcador y ninguno de ellos lo hizo o, al menos, eso gritan en sus mentes— mencionó con un tono vacilante.
Tragué con fuerza y mi cuerpo se estremeció ante un nuevo escalofrío.
—Pero, entonces… uno tiene que estar mintiendo, ¿no?— pregunté casi titubeante y rogando porque su respuesta fuera afirmativa.
Él huyó de mi mirada y sentí como si me tiraran un balde de agua helada por la espalda. Edward no era de jugar con esas cosas, y eso me preocupaba.
— ¿Quieres decir que… algo lo movió?— mis labios temblaron ligeramente.
Su boca formó una perfecta línea recta y eso era todo lo que necesitaba saber. Parecía una garrapata por lo pegada que estaba a Edward pero no me interesaba en lo más mínimo, no me movería un centímetro lejos de él.
Sin querer, mis ojos recorrieron la sala. Eran pocas las luces que se encontraban encendidas y de las escaleras hacia arriba la oscuridad había tomado dominio. Corrí rápidamente la vista de allí como paranoica.
¿Por qué rayos sentía que me observaban desde la oscuridad?
…
Hola gente Fanfiquera (?)
¿Qué les pareció éste nuevo capítulo? Quería agradecerles a todos aquellos que dejaron un comentario, agregaron esta historia a favoritos, alertas, etc. Y ya que estamos hablando de eso, los que dejaron un review habrán notado que no respondí los del cap anterior, cuestiones de vaguismo (palabra inexistente, pero viene de "vago" y de "estar al pedo todo el día"), supongo, pero los leí a todos. Igualmente quiero contestar uno porque me parece necesario.
* Iga – 12L: ¡Hola! Bueno, hacer que Emmett bromeé con los muertos me parece algo bastante difícil, ya que ya tengo los capítulos siguientes escritos y, además, no creo que quedaría bien agregarle algo como eso, pero espero que lo que se viene en los siguientes caps te agrade. Igual, gracias por la idea ^.^
En fin, si quieren contar alguna experiencia paranormal, me sentiría muy honrada de leerlas en la noche con la luz apagada. ¿No sería súper divertido? :D
Bueno, ya saben que los adelantos los pueden leer en algunos de mis mundos cibernéticos y cualquier cosa que quieran, pueden joderme por allí.
Hasta luego, freaky FF.
